domingo, 27 de febrero de 2011

TRABAJO Y DERECHOS PARA LOS INMIGRANTES: HUELGA EN ITALIA EL 1 DE MARZO.







En Italia se da la paradoja de un cuerpo social todavía activo en la defensa en las calles y en las plazas de la democracia social y los derechos de los trabajadores y de la protección social, que contrasta con un marco político envilecido y degradado, y un sindicalismo clasista dividido y enfrentado entre sí. Como ayer se daba cuenta de la convocatoria de la huelga general por la CGIL, hoy esta entrada se hace eco de una acción de movilización volcada exclusivamente en los inmigrantes.

El espacio social de la relación entre el trabajo y el capital está expresando en Italia una alta conflictividad. Se trata desde luego de un proceso que resulta acelerado por el proceso de descomposición de las formas democráticas que se está impulsando desde el gobierno y la mayoría parlamentaria afín a Berlusconi. Desde la CGIL se han ido promoviendo a partir del otoño, importantes movilizaciones sectoriales y manifestaciones masivas, como las marchas por el trabajo en donde se reivindicaba un trabajo decente y estable para los trabajadores precarios, los inmigrantes y los trabajadores del conocimiento. A la huelga general ya realizada por la FIOM, se une ahora la huelga de la enseñanza y de los empleados públicos para el 25 de marzo. En la entrada de ayer de este blog se daba cuenta de la decisión del comité de dirección de la CGIL de convocar huelga general en todos los sectores de la producción de bienes y servicios que se confronta al programa económico y social del berlusconismo, y responde de esta forma al déficit de democracia (sindical y política) del sistema representativo en estos dos dominios.

Junto a estas iniciativas, se desgranan otras. Una de las más significativas es la convocatoria, por organizaciones y centros de coordinación de inmigrantes, de una jornada de huelga para el 1 de marzo. Con el precedente del año pasado, donde se contabilizaron 300.000 participantes, en éste se pretende que la participación sea mayor, sobre todo en las manifestaciones que cerrarán la jornada en la gran mayoría de las grandes ciudades italianas. Con la finalidad de rehusar la Ley Fini-Bossi sobre la inmigración (que introduce en el ordenamiento italiano la llamada “directiva de la vergüenza” europea sobre la inmigración), la jornada de lucha sin embargo pretende expresar un rechazo del trabajo precario y de los tratamientos diferentes y peyorativos del trabajo que se presta en función de ser o no ciudadano italiano. Los organizadores pretenden abolir la desigualdad en el trato entre italianos e inmigrantes en los lugares de trabajo”. Un problema que afrontan estos colectivos es el de hacer intervenir al sindicalismo clasista en la co-gestión del conflicto. Algunas asambleas de fábricas importantes del metal han debatido y aprobado su adhesión a la huelga, y se pretende que la propia FIOM quien haga suya esta convocatoria para facilitar su desarrollo.

Por lo demás, la convergencia en los conflictos no es sino una consecuencia inmediata de la sensación muy extendida de que se están produciendo mutaciones severas de carácter autoritario y antidemocrático en el campo de las relaciones laborales, con alteración unilateral de las reglas aposentadas en el espacio de la autonomía sindical. Y que las condiciones de trabajo y de existencia de la población trabajadora, en especial mujeres y jóvenes, se deslizan hacia niveles muy reducidos, con la inmediata repercusión negativa en términos de ciudadanía y de libertad de decisión de los sujetos afectados. Son frecuentes las llamadas muy específicas a estas categorías especialmente dañadas por la crisis, de forma que se ha llegado a proponer un slogan muy llamativo: “Se escribe huelga general, se pronuncia huelga contra el trabajo precario”. Y por esa vía, se incorporan como eje del conflicto las identidades “diferentes” en el trabajo que se expresan a través de la precariedad extrema (jóvenes, mujeres e inmigrantes). En cualquier caso, se trata como es obvio de procesos de movilización social en el contexto de la crisis que se irán analizando en detalle conforme sucedan.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen ejemplo el de los trabajadores, y de algún sindicato, italianos. Ya se esperaba que el pueblo italiano, por mucho que hubiese prorrogado el poder de un sujeto como Berlusconi y los suyos de forma incomprensible, sacase a relucir su cultura política y los valores que fraguaron después del fascismo.
Las reacciones son un ejemplo, que si bien no exportable exactamente igual a todos los países, de por dónde habrá que transitar para resistir frente al ataque sin medida al Estado social, democrático y de Derecho.

Andrés del Viso dijo...

Totalmente de acuerdo con el anónimo comunicante. Sólo señalaría que en Italia la CGIL está aislada tanto de los sindicatos "hermanos", que buscan en esa división conseguir réditos de representatividad otorgada, como de las instancias de la política electoral, puesto que el bloque del centro izquierda está fragmentado y una buena parte del PD asume sin problemas los presupuestos capitalistas del "autoritarismo de empresa" y les deja sin capacidad de incidencia en el espacio parlamentario, que en Italia ha sido siempre muy importante. Para cerrar el círculo, el PdL con Berlusca a la cabeza está demoliendo progresivamente los pilares centrales del parlamento como expresión de una voluntad política mayoritaria que se ejerce en un marco de derechos y en el respeto de otros poderes democráticos, en especial el judicial. Pero como señala el anónimo comunicante, la capacidad de movilización popular en Italia es impresionante, y causa envidia desde esta península.