lunes, 7 de abril de 2014

CAMBIOS EN EL MUNDO DEL TRABAJO (I)







Acaba de publicarse en la Colección Informes de la Fundación 1 de mayo nº 89 , el texto que recoge la intervención oral en el Foro de Nuevas Respuestas, que versaba sobre “cambios en el mundo del trabajo”. A continuación se inserta la primera parte de la misma, que mantiene el tono coloquial de este evento, celebrado el 27 de marzo de este mismo año.

Cambios en el mundo del trabajo. Foro de Nuevas Respuestas 1 de mayo.

Antonio Baylos

Muchas gracias. Creo que hay que decir ante todo que en este tipo de debates me encuentro especialmente a gusto, con tantos amigos y tantas amigas en la sala, compañeras y compañeros y “gentes del oficio” como decía Brassens, que me acompañan desde hace tanto tiempo. Y hablando de acompañamiento, en esta mesa, dos personas de las que he aprendido mucho, además de aprovecharme de la ayuda de su amistad. He aprendido de ellas lo que significa el compromiso con una idea, la lealtad con una organización y la libertad individual como manera de vivir ese compromiso y esa lealtad. Esas personas son precisamente, por orden de entrada en mi vida, Enrique Lillo y Rodolfo Benito, que junto con un tercero, Luis Collado, enseñan cómo se puede  vivir de manera libre y autónoma un convencimiento firme sobre la capacidad de cambiar el mundo a partir del trabajo y de su valor político, que es el tema que en definitiva nos concita hoy aquí. Gracias por estar aquí esta tarde todos juntos para encontrar respuestas nuevas a problemas acuciantes.

Vamos por tanto a dedicar un tiempo a hablar sobre el trabajo y sobre el cambio de su sentido y de sus reglas. El texto que se ha hecho público como resumen previo de esta charla adelanta lo esencial del contenido del debate.  En este ciclo se dice que vamos a encontrar respuestas, y me parece que va a haber más preguntas que respuestas, una forma por tanto de responder a través de la manera de interrogarse sobre el significado del trabajo hoy en día. Y ello a través de cuatro puntos.

Primero voy a intentar hablar de los cambios en la representación del valor político y democrático del trabajo y en las reglas que disciplinan el trabajo, es decir, los cambios que se están produciendo en las reglas que fijan las relaciones de poder en el trabajo. A continuación se analizarán las consecuencias de estos cambios sobre el sindicato como figura de representación del trabajo y los cambios necesarios para afrontar estos cambios, es decir, qué cambios se necesitan o se pueden discutir para afrontar estas transformaciones.

Cambios en la representación del valor político democrático del trabajo. Es un hecho que no es necesario insistir, el trabajo ha integrado de manera fundamental el consenso constituyente del sistema democrático. Ahora que se habla tanto de la Constitución como Magna Carta, y se denomina al difunto presidente Suárez como el forjador de la democracia, no es preciso recordar que un elemento básico de las constituciones como la nuestra que es una constitución en definitiva de ruptura, de salida del franquismo, se caracterizan por un compromiso constituyente en torno a la idea de igualdad sustancial como objetivo final de la acción política, coherentemente con un compromiso político sobre el trabajo como factor de inclusión social, como factor de cohesión social que nuclea la sociedad y sobre todo como un espacio de derechos que da sentido a la noción de ciudadanía. El trabajo es una relación social sobre la que reposa todo el sistema económico, pero principalmente estructura el sistema social y vertebra políticamente un proyecto de futuro.

Yo creo que eso está claro, porque el trabajo al ser un espacio de derechos es también un espacio de conflicto y de lucha por estos derechos, donde se realiza la idea democrática, un campo de derechos individuales y colectivos que abre además la posibilidad de ser titular de derechos de Seguridad Social, es decir, que enlaza la cláusula de Estado social con una situación de subordinación o de dependencia social y económica que caracteriza al trabajo asalariado como llave de una extensión universal a todos los ciudadanos de estas prestaciones sociales.

Y eso quiere decir también desde el punto de vista cultural que el trabajo aparece como una actividad social creativa, como un elemento central en la creación de riqueza, pero también como una forma de que las personas se sientan socialmente activas, que aportan algo a la sociedad y que, por tanto, esperan como contrapartida unos derechos.

En definitiva que el propio trabajo es, como decía antes Rodolfo Benito, el centro de un proyecto político democrático de emancipación y eso es algo que no sólo está escrito en nuestra Constitución. Lo está ante todo en las figuras que visibilizan esa idea, que son figuras que movilizan y visibilizan este tema, que son fundamentalmente la idea del trabajador, de la trabajadora y la idea del sujeto que representa al trabajador que en este caso es el sindicato. Es decir, se encarna en la figura del trabajador y la figura del sindicato.

Este panorama se ha visto alterado de forma importante en primer lugar por dos factores que hacen referencia a la redefinición de la empresa el primero y a la modificación del trabajador el segundo.

La globalización financiera, el incremento de la competencia en un mundo global, en un mercado global, los nuevos centros de irradiación como China, India, etcétera, los procesos de deslocalización productiva, las innovaciones tecnológicas, las nuevas formas de organización de trabajo, todo eso crea o redefine a una empresa que ya no es la empresa fordista, que no es la empresa de los años sesenta o setenta del pasado siglo, la empresa que acompaña, por así decirlo, el desarrollo legislativo de esa idea constitucional sobre el trabajo. Es una empresa que adelgaza sus efectivos, externaliza su producción, fluidifica sus esquemas de relación organizativa y cada vez mas depende de su financiarización, de su valor financiero antes que industrial o productivo.

Nosotros estamos más acostumbrados a ver no tanto esas modificaciones de la empresa sino las modificaciones inducidas en el trabajo, los fenómenos de fragmentación del trabajo, que fundamentalmente consisten en los fenómenos de subcontratación, de externalización productiva con la creación de unos trabajadores primarios y unos trabajadores secundarios distribuidos por las cadenas de subcontratación que son a su vez trabajadores desiguales con respecto de los anteriores.

O los fenómenos de segmentación que en España han sido extremadamente fuertes, fenómenos de segmentación entre trabajo estable y trabajo precario, la importancia cuantitativa del trabajo temporal y el gran abanico de la precariedad y la sustitución del trabajo fijo por trabajo temporal y a su vez ese margen, esa frontera tan lábil que existe entre el eventual, el precario y el desempleado.

O fenómenos de destrucción pura de trabajo asalariado y de transformación de esa relación salarial en relaciones mercantiles o relaciones de servicios, es decir, la puesta en marcha de una amplia tendencia a la deslaboralización que ha sido acelerada en el marco de la reforma laboral que sufrimos a partir del 2010 con especial virulencia desde la llegada del PP al poder. Para tantas normas promulgadas, la figura básica para la salida de la crisis, la redención de la carencia de empleo no es el trabajador sino el emprendedor que capitaliza retóricamente en el discurso legal las oportunidades de creación de empleo, abandonando la relación salarial como un barco hundido en la tormenta de la crisis.

Sobre este tema, ayer, en una mesa redonda en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Ciudad Real,  una compañera de Derecho Mercantil analizando los datos del Registro Mercantil señalaba que la pérdida de empresas es neta en España en estos últimos años, pero la creación que se produce se realiza a través de empresas unipersonales, en servicios como hostelería y comercio. Trabajo autónomo o autoempleo, en definitiva, como sinónimo de la deslaboralización en la crisis.

Este proceso complejo de desvirtuación del trabajo se complica con la diversidad de las identidades que se formulan en el seno de los trabajadores lo que implica la aparición de identidades más complejas en la figura social del trabajador, que incorpora el sesgo de género, la edad, el carácter étnico. Uniendo ambos temas, fragmentación, segmentación del trabajo y desempleo con las identidades vulnerables de la figura del trabajador da por consecuencia que mujeres, jóvenes, e inmigrantes son las identidades más expuestas en ese tema.

Son problemas complejos que provocan al sindicato a una reflexión sobre la forma de organizar y de trabajar colectivamente estos aspectos, y de hecho es una reflexión que se lleva intentando durante mucho tiempo. Cómo los cambios desarrollados en el mundo de la empresa, en la fisonomía de la organización productiva, las metamorfosis de la figura de la empresa, que afectan sin duda a la estructura del sindicato, un sindicato que sigue todavía pensado sobre empresa y la federación de rama basada sobre el sector productivo y sobre una noción de empresa ligada a la personalidad jurídica de la misma. La externalización de las actividades empresariales, el recurso a la contratación de servicios, problematiza de forma importante la organización sindical y la coordinación de la acción sindical al punto de constituir un tema “clásico” dentro del debate sindical. Como también la dificultad de síntesis que tiene una política sindical, sobre todo confederal, entre ese tipo de trabajadores fragmentados, trabajadores segmentados, trabajadores con identidades distintas.

Sobre esta problemática, agravada por la dimensión europea y transnacional de las relaciones productivas, ha discurrido un amplio debate sobre el trabajo y sus modificaciones, su cambio de sentido y la dificultad de representarlo eficazmente desde la estructura sindical para articular oportunamente el interés de los trabajadores y la acción colectiva para hacerlo posible. En los últimos años, a su vez, sobre estos problemas antiguos ha habido una incidencia extremadamente negativa de una serie de cambios institucionales que alteran de manera muy importante las reglas que disciplinaban las relaciones de poder en el trabajo.

(....Continuará)

1 comentario:

Antonio Ruiz de Pablo dijo...

Estoy siguiendo tus reflexiones del derecho labora,siempre son muy buenas; yo ya ando navegando en el mundo de la precariedad laboral, pero la curiosidad jurídica me sigue llevando a seguir en contacto cono esto mundos, y como no tengo otro remedio de ponerme en contacto contigo, me gustaría que algún miembro de tu equipo jurídico echase una vista a una orden emanada por la Consejería de Economía de Haciendo en el Bocm de 22 de abril del año en curso, cuando leas te darás cuenta de lo que se anda haciendo al personal laboral de la Administración,los niveles de degradación son ya..( bueno no hay palabras para ello)