martes, 13 de marzo de 2007

DESPUES DEL 10 DE MARZO



Baylos y sus alumnos en el Colegio Mayor "Albert Fina i Sanglas" de Parapanda.



DESPUES DEL 10 DE MARZO: REFLEXIONES Y PREGUNTAS SOBRE EL PARTIDO POPULAR.

Antonio Baylos

Universidad de Castilla – La Mancha.

La manifestación del pasado 10 de marzo en Madrid provoca al observador de la política nacional ciertas reflexiones y algunas preguntas.

Lo más llamativo: el mar de banderas españolas que ondeaban por las calles de Madrid. Los medios de comunicación afectos, siempre desenfocados, hacían notar que no había banderas pre/anti constitucionales en la manifestación, como si ese hecho fuera relevante. La apropiación de la bandera y del himno nacional por el Partido Popular aparecía como algo normal. Y sin embargo es sabido que la bandera nacional, como símbolo de unidad de todos los ciudadanos, no debería ser utilizada con finalidades partidistas. La bandera tiene una función institucional, ocupa los lugares neutros que reflejan la generalidad de los intereses de todos los españoles. La apropiación de la bandera, la audición en marcial actitud del himno nacional en un acto de partido en el que además los insultos al gobierno de la nación y a su presidente constituyeron su eje de desarrollo resulta muy irritante para quienes nos consideramos españoles y no aprobamos los planteamientos políticos del Partido Popular. La apropiación de los símbolos de la unidad nacional por una ideología política determinada es una costumbre del pensamiento totalitario que reniega del pluralismo político como base de la unidad nacional. No es necesario explicar que esta deriva política no debe considerarse democrática.

El problema de los símbolos es su significado. Por eso resulta también preocupante que en el mar de banderas no hubiera ninguna de las Comunidades Autónomas tremolando al viento junto a la nacional. La exhibición de la bandera española sin presencia de banderas autonómicas significa el concepto de nación y de Estado que tiene el PP en la actualidad: un Estado unitario donde la autonomía política de los territorios que lo componen se ha borrado en su simbología más básica, la bandera. Un retorno a planteamientos políticos preconstitucionales que hacen parecerse al PP a su antecesora Alianza Popular y su rechazo al Estado autonómico que diseñó la Constitución de 1978.

El PP no solo se ha apropiado de los símbolos nacionales y los ha pervertido en un diseño totalitario. Se ha apropiado también de otros símbolos de lucha contra el terrorismo de ETA, el lazo azul, o del calificativo de “demócratas” para quienes se colocan en sus posiciones políticas. El resto, va de sí, ni estamos contra el terrorismo ni podemos con justicia calificarnos de defensores de la democracia. Con ello el PP procede a la exclusión radical de un proyecto de civilización que no acepta el terror como arma política de una gran parte de la ciudadanía que no concuerda con su estrategia política. Más aun, expulsa del concepto de democracia a quienes somos partidarios de la legalidad vigente y de su aplicación y a quienes estamos amparados en la búsqueda de una salida negociada de paz para el Pais Vasco por la decisión mayoritaria del Parlamento español, que no hizo suya aquel partido.

Y al final el PP se ha apropiado también del discurso político de este país. Todo el debate público pasa necesariamente por lo que este Partido plantea y para lo que moviliza permanentemente a sus militantes y bases de apoyo. Es desde luego llamativo que toda la opinión pública y los profesionales de la política concentren sus energías desde hace tres semanas en discutir una medida de política penitenciaria que afecta además a una sola persona. Dejando de lado el enaltecimiento mediático de un personaje a la postre insignificante en el desarrollo de los procesos históricos en esta nación nuestra, y la construcción a través de este caso de los presupuestos típicos del derecho penal del enemigo, según el cual a quienes se identifica como tales debe privárseles de cualquier derecho de los que gozan el resto de los ciudadanos, hay que preguntarse por la capacidad que ha tenido el PP y sus agentes mediáticos de secuestrar el debate político en torno a la medida de prisión atenuada para una persona que ha cumplido ya su condena por actos terroristas. Sobre este tema es sobre el que ha girado toda su capacidad de presión y de movilización como primer partido de la oposición, que es como se ha visto, muy intensa y frente a la cual todos, gobierno y partidos políticos, televisiones, radios y periódicos, se han rendido, como presos de un hechizo que les encierra en un recinto del que no se pueden liberar.

Pero posiblemente haya llegado el momento de deshacer ese encantamiento en el que ha caído la opinión pública y del debate político en España a partir de comienzos de año. Ante todo porque no se adivina cual puede ser el siguiente paso en la presión que mantiene el PP sobre el gobierno. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar – y hasta dónde realmente puede llegar – esta estrategia de movilización de militancia que ha puesto en práctica el Partido Popular y sus asociaciones satélites?.Mantener la tensión movilizadora que ha producido ocho manifestaciones seguidas en la capital del Estado español desde el comienzo del año político más innumerables concentraciones en capitales de provincia no es nada fácil, sobre todo porque se ha inducido una estrategia de crescendo que posiblemente haya llegado a su clímax. Y, cuando el ruido de los pasos sobre el asfalto y el ondear de las banderas se ha desvanecido, es difícil de entender que a la postre la negativa del PP a aceptar la decisión parlamentaria mayoritaria de buscar un proceso de paz negociada en el Pais vasco sea el elemento catalizador de tantas pasiones. Cabe la sospecha de que tanto ruido por un tema tan limitado obedezca a una estrategia de ocultamiento de otros asuntos. ¿Qué es lo que no quiere el PP que se vea socialmente, que se debata políticamente?. La respuesta a esa pregunta se la deben hacer los ciudadanos, una vez que se recuperen del aturdimiento al que les han sometido en estos últimos días.

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