domingo, 20 de mayo de 2012

REGLAS DE ESTADO Y CAPITALISMO



Luc Boltanski, el celebrado autor de “El nuevo espíritu del capitalismo” (en coautoría con Eve Chiapello), ha publicado su último ensayo, “Enigmes et complots. Une enquête à propos d’enquêtes” (Gallimard, Paris, 2012), en el que analiza la novela policíaca y la novela de espías como representaciones útiles de la realidad desde finales del siglo XIX y el comienzo del siglo XX, que giran en torno a las temáticas de la investigación y del complot. Es decir, no sólo como una forma específica de representar la realidad en la literatura popular, sino como formas nuevas de problematizar la realidad que acompañan el desarrollo de las ciencias sociales.

El libro habla de la realidad / lo real y del método científico para conocerla, de los tipos ideales que prefiguran las novelas policiacas, el detective y el policía, de la identificación del agente secreto, del complot y de la paranoia, pero fundamentalmente reflexiona sobre el Estado y la sociedad, el Estado-nación, la administración y la democracia en el marco del sistema económico capitalista. A continuación se inserta una cita en el contexto de estas reflexiones, la que hace referencia a la relación que se establece entre el capitalismo y el Estado democrático, que es especialmente interesante en el momento actual de crisis económica y dominio de los mercados financieros sobre la capacidad legislativa de los gobiernos de los Estados-Nación.

“ La violencia que ejerce el capitalismo tanto sobre los ciudadanos de la nación de la que dependen las empresas capitalistas, como, de manera aún más visible, sobre las poblaciones sometidas de las regiones que ha conquistado no puede realmente desplegarse sin el apoyo de los Estados, como enseña sin lugar a dudas el ejemplo del colonialismo. La participación directa de los actores del capitalismo en el funcionamiento del Estado constituye la manera más apropiada de poner la autoridad del Estado a servicio del capitalismo, sea para garantizar los derechos de propiedad, los contratos, las reglas que organizan los intercambios, sea para fijar los estándares y los códigos que especifican las propiedades de las cosas destinadas a circular bajo la forma de mercancía.

Pero, por eso mismo, el capitalismo no puede prosperar ni acantonándose en la lógica jurídica que es la del Estado, ni aliándose totalmente con los intereses nacionales y a las ideologías nacionalistas que están en la base de las concepciones liberales del Estado, justificadas por la búsqueda de un bien común que se confunde con el bien de la nación asociado a un territorio y a una población. El capital, que no existe sino en la medida en que circula y cuya persistencia o crecimiento dependen en consecuencia de la fluidez de los espacios simbólicos que lo incorporan o/y que le representan, tiende a sustraerse a cualquier tentativa por muy poco creíble que sea, de limitar los movimientos de capitales, sea imponiéndoles reglas estrictas, sea encerrándolos dentro de las fronteras. La misma ambigüedad afecta a las relaciones entre el capitalismo con el campo de la regla, y, en especial, con la de la norma jurídica. Por una parte, el capitalismo, como ya se ha señalado, no puede prescindir de reglas emanadas e impuestas por el Estado para estabilizar sus contornos y, especialmente, para limitar la competencia y hacer posible la distinción entre competencia legítima y competencia desleal, pero por otra parte, en su propio funcionamiento, el capitalismo tiende a sobrepasar las reglas que se le imponen”.




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