martes, 29 de mayo de 2018

SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN COLOMBIA. HABLA KARENA CASELLES


Las elecciones en Colombia pueden resultar decisivas para la correlación de fuerzas en América Latina. Tras los acuerdos de paz que permitieron la finalización de la guerra civil con las FARC, la oposición a los mismos por parte del ex presidente Uribe y una inmensa abstención hizo que se perdiera el referéndum sobre los mismos y que la fuerza evidente de este proceso se debilitara. En estas elecciones presidenciales, sin embargo, ha surgido una fuerza importante de la izquierda, en torno a Gustavo Petro, que ha ido creciendo exponencialmente y está en condiciones de competir por la presidencia en la segunda vuelta, a mediados de junio.

Los resultados de las elecciones del 27 de mayo las explicaba de esta manera el diario global El Pais: Iván Duque, candidato del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe ha ganado la primera vuelta de las elecciones en Colombia con el 39% de los votos. El uribista se disputará la presidencia con Gustavo Petro, representante de la izquierda y exalcalde de Bogotá, que ha conseguido el 25% de la votación. A menos de 300.000 votos se ha quedado Sergio Fajardo, líder de la Coalición Colombia y representante del centro político colombiano. El exalcalde de Medellín confiaba en la remontada. Si se hubiera unido a Humberto de la Calle, candidato del partido Liberal, como en un primer momento de la campaña se planteó, hubieran pasado a segunda vuelta. Germán Vargas Lleras, candidato de Cambio Radical y exvicepresidente de Juan Manuel Santos, se ha quedado en el 7% de los votos.

El directorio de los blogs reunidos de Parapanda han encargado a Karena Caselles, jurista del trabajo colombiana, que aparece en la imagen de apertura de esta entrada, una nota de análisis sobre las elecciones en Colombia y las posibilidades que se abren en aquel país. En rigurosa exclusiva, este blog las publica a continuación


Elecciones en Colombia
Posibilidad y Realidad

En el momento en que muchos hacen cruces, otros tantos cuentas, la mayoría desdice y algunos se frotan las manos por retornar al Palacio Presidencial, el tablero de la segunda vuelta para elegir presidente de Colombia no aparece fácil para ninguno de los dos contendientes y eso es ya todo un acumulado para las fuerzas progresistas, que por segunda vez en 200 años tiene vocación real de poder y que, al igual que la figura de Jorge Eliécer Gaitán, de hace 60 años, recogen el sentir de una amalgama de voces que aunque son escépticas, con razón o sin ella, sobre el cambio, tienen la oportunidad de hacerlo.

Si de matemática pura se tratara la suma entre los tres candidatos que apostaron por la paz y que se abanderaron como alternativa, esto es Humberto De La Calle, Sergio Fajardo y Gustavo Petro, alcanzaría, sin más, 9.840.130, que son superiores a los de Iván Duque y que aun contabilizadas con las de Germán Vargas Lleras reflejan 8.977.533, pero como la mayoría de los votos no se capturan, ni las vertientes son un monolito, y no pueden endosarse, el panorama se debate entre la posibilidad y la realidad, que en tres semanas, esto es el 17 de junio, define el quehacer en los años venideros, que en cualquier evento aparecen convulsos.

La estrategia que se cierne contra el candidato de la izquierda democrática Gustavo Petro  es el miedo a la entelequia del castrochavismo que no es cosa distinta que azuzar el fantasma de la precariedad que atraviesa Venezuela, como si la pobreza fuese algo extraño a nuestra realidad, pero además como si el propio espejo de Colombia no fuese más horrendo, no solo por ella sino por los millones de muertos que ha dejado el conflicto interno armado, por los otros tantos millones de desplazados, el aniquilamiento de fuerzas democráticas y aun doloroso y reciente acumulado de asesinato de lideres sociales de zonas rurales que han defendido los Acuerdos de Paz, como carta de batalla democrática. Así mismo le reprochan su Alcaldía de Bogotá las capas medias que, paradojicamente, han tenido una de las peores gestiones pero con el actual mandatario, apoyado en su momento por la coalición de derecha.

El voto ciudadano que parece más esquivo para la alternativa política es el de la clase media emergente, que ve con desconfianza a la izquierda, justamente porque lleva décadas padeciendo, la mayoría sin saberlo, las tesis de la seguridad nacional con su enemigo interno, y para el cual el uribismo, aunque demostradamente corrupto y con cargos de desapariciones y masacres, no lo encuentra tan nefasto, como si lo es para el campesinado que es el que clama el cambio desde las regiones donde con fuerza arrasadora aparece el progresismo político.

Aunque Iván Duque parece en una posición más cómoda, en tanto debe remontar un número menor de votantes y tiene consigo una estrategia que les ha sido efectiva, como demostradamente lo hicieron con el plebiscito por la paz, lo cierto es que la oscuridad de las figuras que tiene a su alrededor parecen no darle respiro, no solo es percibido como lo que es, un apéndice de Álvaro Uribe Vélez,  sino que este trae de la mano a los sectores más retardatarios, los que aspiran a la destrucción del sistema de justicia transicional y del actual poder judicial que ha encarcelado a varios de sus integrantes, por comprobados nexos con la corrupción y el paramilitarismo, así mismo el retorno de figuras de probada oposición contra las libertades sexuales, religiosas y políticas, la libertad de cátedra, los derechos constitucionales, en todo orden.

Iván Duque aunque de edad joven representa lo pasado y lo oscuro, y no tiene posibilidad de desmarcarse de ello, aunque desde ayer intente ocultar sus aliados, o hablar sobre puentes con otros sectores, y ello es así no solo por que las fuerzas de la ultraderecha han cooptado cualquier posibilidad para ello, sino porque con la experiencia de Juan Manuel Santos, ungido en el 2010 por ellos, entienden que deben garantizar la no repetición de lo que entienden como traición, esto es permitir la coexistencia democrática de otros.

El retorno del uribismo, sin duda más perjudicial, arrastra una posibilidad certera de que, como en los viejos tiempos, la censura y sobre todo la venganza, vengan a instalarse como sucedió del 2002 al 2010 y que ya probados huérfanos de poder, nuevamente reformen las reglas para seguir allí, como lo recordó hace poco Andrés Pastrana, turnándose la ultraderecha la Presidencia, sin el mayor sonrojo.

Para que esto no ocurra es necesario seguir acortando la brecha de abstencionistas, a los que pueda movilizar la alternativa democrática, como finalmente aconteció este domingo, pues casi 20 millones de ciudadanos, que representan el 53% del censo, salieron a votar, en su mayoría jóvenes, superando con creces los porcentajes de los últimos años en los que la apatía era superior. En las capitales la alianza entre Sergio Fajardo y Gustavo Petro daría un panorama alentador, porque de lo que se trata es de unir esfuerzos para no permitir que el uribismo retorne, pero aun así también faltaría sumar a otros partidos políticos y sus bases, así como líderes de opinión que trasladen el voto indeciso al de una posibilidad alternativa política, en la que Petro tenga fuerza pero no sea la única y en la que se despeje, en la práctica, los temores infundados de su mesianismo.

La posibilidad de construir un acuerdo sobre lo fundamental y que recoja a amplios sectores sociales y políticos, que es el reencauche del viejo liberalismo político en Colombia entra de nuevo en escena y aparece como válida en este momento en que es necesario cambiar la realidad.





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