sábado, 17 de octubre de 2026

PRIMERAS PRECISIONES SOBRE LA HUELGA GENERAL DEL ONCE DE NOVIEMBRE

 


Se ha puesto fin a la construcción de una alternativa electoral de la izquierda con la negativa de Podemos a la unidad con el resto de partidos - salvo con ERC -  y la formación a nivel nacional del Frente Amplio, como catalizador de la propuesta reformista y de resistencia ante la irrupción del autoritarismo desencadenado del PP y Vox. Durante este tiempo, en el blog nos hemos mantenido en silencio, siguiendo las movilizaciones que se han ido produciendo y en especial la huelga de los enseñantes públicos en Madrid y el retorno de la marea verde (Lean por cierto el artículo de Agustín Moreno en “Público” sobre este hecho social relevante: https://www.publico.es/opinion/columnas/marea-verde-pisa-calles-nuevamente.html) . Pero ahora es el momento de ocuparnos de un acontecimiento fundamental, la convocatoria de una huelga general para el día 11 de noviembre. Vamos a ello.

Como se sabe, el detonante de la huelga general proviene de la inmensa movilización a partir del desahucio de Maricarmen – que posteriormente provocó la acampada en Sol – en la que el Sindicato de Inquilinas popularizó la petición de una huelga general por la vivienda. Una propuesta que sostuvieron junto con CGT, Co.bas y Solidaridad Obrera, pero que inmediatamente obtuvo el respaldo de las dos grandes confederaciones sindicales más representativas a nivel estatal CCOO y UGT. Este hecho fue ridiculizado por el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, que “veía ilegal” una huelga por la vivienda porque “no era un conflicto laboral”. Completaba su argumentación añadiendo que los sindicatos utilizaban la vivienda como “una herramienta electoral contra la oposición”, una precisión que sería empleada por otros exponentes del empresariado y de los partidos de la derecha. Finalmente se alegaba la inoportunidad de una huelga “en pleno período electoral”. Todas estas opiniones fueron convenientemente diseminadas en los medios de comunicación con el apoyo irrestricto de los creadores de opinión o tertulianos del media system.

Sin embargo, la convocatoria sindical unía la vivienda al tema de los salarios y al coste de la vida, elementos centrales del interés colectivo de las personas trabajadoras. Y a su vez, a la necesidad de lograr la firma de un Acuerdo sobre negociación colectiva que sustituyera al V AENC ya extinguido en el 2026. Por otra parte, la cuestión de la vivienda había sido asimismo recogida en la plataforma reivindicativa firmada por ambos sindicatos – la llamada Propuesta Sindical Unitaria - como una exigencia frente a los poderes públicos.

En efecto, las propuestas sindicales se enmarcaban en la propuesta para el VI Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), que incluía, con incrementos salariales entre el 4% y el 7%, cláusulas de revisión salarial y cláusulas para facilitar el acceso a la vivienda, y el desbloqueo de los convenios colectivos encallados, así como en la Propuesta Sindical Unitaria impulsada por ambos sindicatos, que recoge un decálogo por el derecho a la vivienda, que reclama un pacto social y político, un parque público de vivienda protegida y permanente, la limitación del precio de los alquileres y la aplicación efectiva de la Ley por el Derecho a la Vivienda en todos los territorios.

La huelga general interpelaba también a las diferentes administraciones públicas que tienen competencias en materia de vivienda y a las organizaciones empresariales que deben asumir que los salarios tienen que garantizar el acceso a un bien básico como es la vivienda. A su vez, la subida de la inflación provocada fundamentalmente por la guerra ilegal de Trump en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, erosionaba profundamente el poder adquisitivo de los salarios. Este es el contexto en el que se decide la convocatoria de la huelga general para el 11 de noviembre, en perfecta sintonía con el Sinidcato de Inquilinas, sobre la base de lo siguiente

UGT y CCOO llaman a la huelga general el 11 de noviembre para desbloquear la negociación colectiva, para:

● subir salarios

● reducir la jornada

● mejorar la salud de las personas trabajadoras

● erradicar la precariedad,

Y además, CCOO y UGT llaman a la huelga general

·       para emplazar a todas las administraciones públicas a impulsar políticas que acaben con la especulación de la vivienda

·       para que se ponga control a la deriva de los precios que lastran las rentas de la clase trabajadora.

A esa convocatoria de huelga, que se fijó para el 11 de noviembre para no interferir en pleno período electoral, se han unido – y replicado en sus ámbitos territoriales correspondientes – los sindicatos más representativos de Galicia (CIG) y de Euskadi (ELA y LAB). No la secundan, sin embargo, USO ni los sindicatos corporativos del área pública, CSIF o del Comercio, FETICO. La huelga es asi una clara opción del sindicalismo de clase.

El jueves pasado, 15 de octubre, se celebro en el SIMA el preceptivo acto de conciliación previo a la convocatoria de huelga entre CCOO y UGT con CEOE y CEPYME, que lógicamente acabó sin acuerdo. A partir de ahora, se deposita el preaviso en el que se formulan los motivos de la huelga, el ámbito funcional y territorial de ésta y la composición del comité de huelga, que normalmente recae en las direcciones de ambos sindicatos.

Conviene hacer algunas precisiones desde el perfil jurídico de la materia.

La huelga general es plenamente legal, contra lo que afirman, pese a ser conscientes de la falsedad de esa afirmación, los representantes del empresariado y los portavoces del Partido Popular. Se inscribe en el correcto ejercicio del derecho de huelga reconocido por la interpretación del Tribunal Constitucional del art. 11 a) del DLRT de 1977. Sus reivindicaciones no son ajenas a los intereses de las personas que trabajan, por el contrario, la cuestión salarial, la reducción de jornada y la salud laboral, la facilitación de la negociación colectiva y adoptar medidas para eliminar la precariedad laboral son materias notoriamente pertenecientes al ámbito del contrato de trabajo, y la reivindicación de políticas públicas para la realización del derecho a la vivienda consagrado en el art. 47 CE, integra de manera inequívoca el concepto de interés sociopolítico que caracteriza a la representación institucional de los sindicatos garantizada en el art. 7 CE, como asimismo la exigencia de controles de los precios como forma de garantizar el poder adquisitivo de los salarios y de las pensiones.

Toda huelga señala a un interlocutor, y en las huelgas generales la presencia del poder público suele ser determinante. Sin embargo, esto no sucede en esta ocasión, en donde el interlocutor principal de la acción colectiva es el empresariado, CEOE y CEPYME, al que se le requieren medidas fundamentales como la subida salarial, el desbloqueo de los convenios colectivos y la firma de un acuerdo interprofesional que estructure los contenidos de la negociación, la reducción de jornada y la mejora de las condiciones de salud laboral y la adopción de medidas para consolidar la estabilidad en el empleo. En un plano paralelo se exigen medidas de los poderes públicos especialmente en materia de facilitación y reconocimiento efectivo del derecho a la vivienda como derecho social reconocido a la ciudadanía y medidas de política económica de contención de los precios y de la inflación como garantía del mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios. Acostumbrados a huelgas generales que resistían y protestaban contra medidas provenientes del poder público, esta es la primera ocasión en que el empresariado es interpelado directamente como sujeto que debe responder a las exigencias que la acción colectiva y sindical efectúan proponiendo la abstención del trabajo en todas las ramas del territorio nacional, y junto a ello, también están involucrados los poderes públicos en las dos reivindicaciones sobre vivienda y contención de la inflación. Por eso no es admisible que el portavoz del PP, Borja Semper, entienda que se trata de una acción “contra la oposición” al gobierno, salvo que identifique a la CEOE y CEPYME con los intereses directos de su partido político, lo que es cierto, pero no se puede admitir formalmente.

Lo que subyace a esta ceremonia de la confusión en la que colaboran personajes relevantes de la economía y de la política, acompañados por los medios empotrados en sus intereses, es el cambio de sentido que en esta ocasión tiene la huelga general del 11 de noviembre respecto de sus antecedentes. En efecto, todas las huelgas generales que se han producido en nuestro país a partir de la Constitución, desde la primera de 1985 contra la reforma de las pensiones, pasando por la que se conoce como la más grande huelga nacional habida, la del 14 de diciembre de 1988, la muy importante de 1994 frente a la reforma laboral, las del 2002 y, de manera ya en cascada, las del 2010 y 2012 frente a las reformas derivadas de las políticas de austeridad, todas ellas, fueron la respuesta sindical y colectiva de la clase trabajadora frente a cambios legislativos que recortaban derechos laborales o sociales. Es decir, fueron huelgas defensivas, de resistencia ante reformas laborales regresivas levadas a cabo por los poderes públicos. En esta ocasión, sin embargo, estamos ante una huelga ofensiva, que confronta con el empresariado y los poderes públicos para arrancarles mejores condiciones de trabajo y mayores derechos sociales, lo que constituye una novedad importante y con un contenido simbólico fundamental.

Las reivindicaciones sindicales logran además unificar con el ámbito de la relación de trabajo, el espacio de la ciudadanía y los derechos sociales, la grave crisis de la vivienda y la ineficacia de la declaración constitucional de un “derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, asi como del fracaso de las políticas públicas que deberían haberlo garantizado “de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Lo hacen a través del componente de la renta salarial y la necesidad de que ésta cumpla la función social y económica que de nuevo aparece en el art. 35 CE mediante la exigencia de “una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia”, entre las cuales desde luego se encuentra la necesidad de adquirir el uso o la propiedad de una casa para vivir.  Con ello el movimiento obrero ha sabido enlazar con la fuerte movilización ciudadana que ha ocupado las calles y las preocupaciones de una mayoría de personas, en gran medida jóvenes, en defensa de la realización concreta del derecho a la vivienda. Se sitúa asi en el espacio de lo socio-político como condición esencial de su actividad de tutela de los intereses de las personas que trabajan.

Este carácter ofensivo de la huelga general constituye también una prueba para el movimiento sindical y en general para las personas trabajadoras. Es  evidente que una gran participación en esta huelga, además de la presencia en las calles durante y al terminar el día de huelga – se interpretará como un empuje evidente hacia la conquista de derechos laborales y sociales y a la vez, como un rechazo frontal ante la irrupción de la derecha y la ultraderecha, pero también es  obvio que se va a calibrar el seguimiento real de la huelga, su eficacia en la paralización de las actividades y de la vida ciudadana, como un ensayo de la capacidad disuasoria del movimiento sindical ante futuras reformas laborales – y a anunciadas, por cierto – que desmonten el sistema de derechos laborales. Es decir, como un test de la capacidad de convocatoria de los sindicatos y la fuerza real de su organización. Ya algunos medios hablan de la baja participación según encuestas. (Un 70% no participará, aunque el 50% entienden que la huelga está justificada, según El Confidencial,  https://www.elconfidencial.com/economia/2026-10-16/encuesta-huelga-general-preve-baja-movilizacion_4445770/), lo que para los representantes del empresariado – y de las fuerzas políticas reaccionarias - constituye una muy buna noticia. Por eso es imprescindible que la estructura sindical se vuelque en lograr una participación extraordinaria, teniendo en cuenta que contra ello jugarán las opiniones que intentarán colocar a la huelga en el marco de un supuesto apoyo al gobierno que no se corresponde con el contenido real de la acción colectiva.

Es por consiguiente decisivo explicar el sentido de la huelga, sus objetivos, su función legitimadora de una participación colectiva de las personas trabajadoras en la determinación de sus condiciones de vida y de trabajo y extender por doquier la necesidad de parar el día 11 de noviembre en la actividad laboral. Desde ahora mismo trabajemos para ampliar y ganar la huelga a los portadores del desánimo, los promotores de la desigualdad y de la explotación social y laboral, los que ensalzan la violencia y la mercantilización de toda nuestra existencia.

Seguiremos ampliando estos aspectos relevantes, también desde el perfil jurídico del desarrollo de la huelga en sucesivas entradas del blog. Continuará…

 

 


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