lunes, 6 de abril de 2020

LA INMIGRACIÓN COMO OBJETO DE REGULACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA. UN ANÁLISIS NECESARIAMENTE CRÍTICO.



Los flujos migratorios son un fenómeno cada vez más presente en un mundo global. En las sociedades desarrolladas se percibe como un problema frente al que reaccionar a través del establecimiento de prohibiciones y control de los movimientos migratorios, contando siempre con un importante segmento de inmigrantes no reconocidos que integran los estratos en ocasiones muy numerosos de economía irregular. La situación en la Unión Europea es particularmente dolorosa, como lo han demostrado las recientes “crisis” migratorias, en especial la originada a partir de la diáspora derivada de la guerra de Siria y la desarticulación del equilibrio político en el norte de Africa. Se trata de fenómenos conocidos, examinados normalmente desde el punto de vista de los derechos humanos, pero que tiene asimismo una vertiente laboral. Esa es la que analiza críticamente y en profundidad la profesora d la UCLM Nunzia Castelli, en un libro publicado en la editorial Bomarzo cuya lectura este blog recomienda vivamente, aprovechando el confinamiento al que estamos destinado durante estas muy especiales vacaciones de Pascua.

La importancia creciente de la “cuestión migratoria” en las sociedades contemporáneas, la “epifanía” de las migraciones laborales, climáticas o por causa de conflictos armados, ha cobrado cuerpo en la tremenda crisis migratoria de la Unión Europea derivada de las sucesivas guerras que han desestabilizado Oriente medio y el norte de África y en particular la terrible guerra en Siria, que ha sido el caldo de cultivo de un pensamiento refractario a cualquier impulso solidario con las personas que inmigran y la desolación que portan consigo, una ideología que ha nutrido de xenofobia a planteamientos políticos que exaltan la soberanía nacional como repelente al “extranjero” y le privan de cualquier recurso público para la satisfacción de sus necesidades más elementales, la salud o la educación, una renta de subsistencia. Fortalecen sus fronteras – la Europa fortaleza – contra las personas inmigrantes concebidas como un enemigo potencial de su hábitat vital y de sus estándares de consumo. Esta hostilidad ante la inmigración como excusa y cobertura de actitudes neoautoritarias y proteccionistas no suele reposar en el conocimiento de las estructuras jurídicas que regulan este fenómeno, pero sí funcionan cm un potente acicate para el endurecimiento del tratamiento que el derecho nacional – y europeo – experimentan como resultado de estas presiones ideológicas que deshumanizan a las personas que inmigran y las alienen en una condición de enemigo potencial para el desarrollo económico y social de los países que gozan de un cierto bienestar social.

Este libro, por el contrario, ofrece, como señala su título, una mirada crítica sobre la insuficiencia de la respuesta internacional y especialmente europea frente a las cuestiones relacionadas con la inmigración, lo que, en palabras de su prologuista, Lorenzo Gaeta, catedrático en la Universidad de Siena, donde comenzó su carrera académica la autora, hoy profesora contratada doctora en la UCLM, hay que conectar con “la persistente e imperiosa vocación economicista” que explica “la fragilidad de lo fundamentos sociales del proyecto eurounitario”  que no se decide a “la construcción de una ciudadanía social europea que prescinda del elemento de la nacionalidad”. Esa es sin embargo la tesis que sostiene la crítica efectuada por Nunzia Castelli a lo largo del libro, que la condición material del trabajo, el hecho mismo de trabajar, debería ser el elemento que permitiera el reconocimiento a la persona de los derechos sociales.

La obra consta de una introducción y un primer capítulo en el que se describe la perspectiva internacional en el tratamiento de las migraciones, una reconstrucción dicotómica que opone las políticas a las económicas, y que la autora justamente cuestiona no solo desde el punto de vista de su eficacia descriptiva, sino por motivos de fondo, que conducen a la inmigración económica a un problema de decisión individual, de carácter voluntario. Los factores que motivan la inmigración son muchos y variados, pero sus causas estructurales son políticas, y se debe evitar un enfoque “micro-social” del fenómeno. La autora subraya como clave de lectura imprescindible en esta materia “la centralidad del trabajo y la perspectiva laboral” en su explicación y su tratamiento, que es la que propone en su estudio. Desde ese punto de vista, comienza recordando el marco institucional español de reconocimiento de derechos a los inmigrantes, y la dificultad de trascender esta dinámica nacionalidad / extranjería a través de la creación de una ciudadanía de la Unión Europea.

A continuación, la obra entra en la materia que realmente constituye el núcleo de su trabajo, el análisis de las políticas comunitarias en materia migratoria, el continuo peso de la dimensión estatal-nacional en su determinación frente a una “tímida” comunitarización de las mismas y su desarrollo a partir del Tratado de Lisboa del 2009. En este recorrido subraya tres elementos definitorios. De un lado, “la funcionalización de las migraciones a los mercados europeos”, es decir, la selección de los trabajadores “útiles” para los mismos – lo que lleva a la distinción entre migraciones “deseadas” e “indeseadas” - y los procesos de estratificación entre la población trabajadora inmigrante que eso lleva aparejado. Y el tratamiento diferenciado, en términos de permanencia y de “formalización” - residencia autorizada - de su presencia en el país, puesto que los inmigrantes no cualificados o desempleados solo pueden esperar, desde esta perspectiva, “contención, persecución y deportación”. Son estrategias de regulación con un enfoque esencialmente mercantilista y eurocéntrico, todavía fragmentaria y en la que las políticas de integración han sufrido una relativa marginalidad.

Pero además, es claramente identificable, a partir de la irrupción de la violencia terrorista primero y luego de la guerra preventiva inaugurada por la administración Bush Jr - luego seguida por Europa-, un claro desplazamiento de la atención político-institucional hacia la perspectiva del control de las personas, y la consideración como objeto principal de la actividad normativa de la Unión Europea en esta cuestión de la prevención y control de las migraciones irregulares, especialmente la gestión de la “entrada” en una Europa fortificada y militarizada en sus fronteras del este y del sur, a través del Mediterráneo. El problema es que este planteamiento vincula estrechamente la inmigración clandestina – y perseguida - con la carencia de autorización para residir y trabajar, de forma que las estrategias de lucha contra la inmigración ilegal determinan en gran medida la organización y gestión de los cauces legales migratorios, que son objeto de un endurecimiento paulatino y generalizado que afecta al modelo de entrada y las condiciones de permanencia de los extranjeros de terceros países en la UE. A ello se unen iniciativas de privatizar y deslocalizar hacia los países de origen y de tránsito de los flujos migratorios el gobierno del fenómeno, fenómenos en cuya descripción se detiene especialmente el libro comentado.

La última parte del libro se dedica a apuntar los “recientes acontecimientos” y las “últimas tendencias” en este aspecto, que se puede resumir en la “creciente hostilidad hacia la movilidad humana” a través de la hipóstasis de la dimensión securitaria, funcionalista y mercantilizadora de la inmigración, que olvida su carácter estructural y sistémico a nivel global. La crisis de los refugiados además ha provocado un cierta renacionalización de las políticas migratorias  en laUE y una forma de concebir el reconocimiento de derechos laborales y sociales como “concesiones revocables” para los extranjeros no comunitarios que residen en un país europeo, a lo que se une un clima de creciente islamofobia que agrava esta situación. En este contexto, no es de extrañar, como subraya la autora, que se desplace esta mirada desconfiada y reticente hacia la inmigración de origen extraeuropeo – los no comunitarios – hacia la movilidad transnacional de los ciudadanos europeos, afectando y poniendo en crisis la propia libre circulación intraeuropea, y acercando desde el punto de vista sociológico ambas “movilidades”. En algún caso, como en los acontecimientos que rodearon el Brexit, el rechazo a la permanencia en la UE tiene mucho que ver con ese sentimiento contrario a la libertad de circulación de los ciudadanos europeos, más que el sentimiento anti inmigración de países externos a Europa. Es una tendencia que también se manifiesta en el restablecimiento de controles a la movilidad intraeuropea en las fronteras europeas y al endurecimiento de los requisitos de acceso a los derechos de libre circulación.

Hay sin embargo contra tendencias en este tema precisamente en la dimensión internacional. El libro menciona como una iniciativa valiosa la firma del Pacto Mundial sobre Migraciones promovido por Naciones Unidas y firmado en Maarrakesh en diciembre de 2018 por 159 países. La agenda 2030 para el desarrollo sostenible y los ODS que de ella se desprenden, asumen tanto el tema de la inmigración como la cuestión de los refugiados, y establecen puntos de partida firmes, asumidos por los estados firmantes, sobre la base de reconocer el carácter estructural y no reversible del fenómeno migratorio en las sociedades actuales y la responsabilidad compartida de la comunidad internacional en la gestión de este fenómeno, aceptando una serie de objetivos y principios recogidos sintéticamente en la obra comentada. Es llamativo el hecho de que el Pacto Mundial sobre Migraciones no haya sido firmado por países como Estados Unidos, Israel o Australia, junto a Chile o República Dominicana, pero el núcleo de países que lo han rechazado pertenecen a Europa (todos los países del grupo de Visegrado, además de los estados bálticos y Bulgaria, Suiza, Austria e Italia).

Las conclusiones del libro refuerzan el carácter crítico respecto del fallido proyecto de una Europa Social en el que la política inmigratoria tenía que formar parte para rebajar la noción de ciudadanía exclusiva y excluyente sobre la base de una relación asimétrica entre competitividad y solidaridad, entre mercado y derechos. Esta carencia confluye en la crisis de legitimación del proyecto europeo, y la iniciativa del “Pilar Social” es demasiado limitada para poder compensar los déficits de un modelo social europeo sacrificado plenamente a lo largo de las políticas de austeridad frente a la crisis y en las reglas de la gobernanza económica europea que las sostuvieron.

En resumen, se trata de una obra importante, bien escrita y muy clara en su exposición y desarrollo, que sin duda aporta una mirada tan original como crítica a la regulación internacional y europea sobre los flujos migratorios desde la consideración central del trabajo como eje a partir del cual se debe construir la explicación teórica de las instituciones que se superponen en su tratamiento jurídico y político. Un examen de la movilidad internacional que se contrapone a la que la crisis del Covid-19, una crisis ligada directamente a la globalización, ha generado, el confinamiento en los domicilios de una amplísima parte de la población y la restricción de la libertad de movimientos de todas las personas.

LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES. UNA MIRADA CRÍTICA A LA REGULACIÓN INTERNACIONAL Y EUROPEA DESDE LA PERSPECTIVA LABORAL.
Nunzia Castelli. Editorial Bomarzo. Albacete, 2019. 108 pags. ISBN 978-84-17310-90-15. 24 €.


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