lunes, 17 de agosto de 2026

SOBRE ABELARDO DE LA ESPRIELLA Y LA ULTRADERECHA TRIUNFANTE POR DOQUIER (HABLA TARSO GENRO)

 


Cunde el desánimo entre las personas progresistas en nuestro país ante la que se pregona como inminente e irresistible ascensión de un nuevo Arturo Ui, personificado en el bloque de poder de la derecha extrema y la ultraderecha, que sobrepasa cualquier límite moral y democrático gracias a la modificación sustancial de una opinión pública en la que la antropología de la solidaridad que promueve la forma de conciencia creada por la ideología ecosocialista y comunista ha sido sustituida por la aceptación del resentimiento y del miedo, de los rencores privados, las desilusiones particulares y las exclusiones de los diferentes o de los extraños que se suponen invasores de nuestro espacio vital caracterizado por el éxito personal y la confortabilidad del dinero. La violencia permanente que crea el tecno fascismo impulsado desde el gobierno actual de los Estados Unidos y la pulsión de muerte y desolación que lleva aparejado el genocidio de los pueblos árabes de Palestina por el estado de Israel,  sostenido en su extremo terror por la gran potencia norteamericana, está alterando de manera consciente los confines dentro de los que se movía hasta hace relativamente poco tiempo la democracia y los derechos cuyo reconocimiento y ejercicio aparecían garantizados por este sistema político.

En América Latina, esta irrupción del dominio violento de la era Trump ha ido extendiéndose no sólo mediante intervenciones militares directas como en Venezuela o un cerco de privación de energía y de suministros como en Cuba, sino de manera destacada a través de sucesivas victorias electorales frete a candidatos de la izquierda, incluso moderada, como las sucedidas en Argentina, en Ecuador y en Chile, o, más contestadas en cuanto a su resultado, en Perú o en Colombia, en donde la victoria de Abelardo de la Espriella ha sido contestada respecto al contenido final de los votos y en todo caso se ha efectuado con un margen estrechísimo de victoria.

El nuevo presidente de Colombia es un personaje grotesco, que exalta la violencia junto a un sectarismo religioso imponente y que ha rechazado la ayuda internacional ante el grave terremoto padecido de todos aquellos países que no sintonizaban políticamente con su ideario reaccionario, mostrando además una inmediata sumisión al estado de Israel y la aceptación de su actuación criminal y genocida. Colombia debe estar muy atenta a las evoluciones que este presidente puede imponer a la democracia de aquel país, que ha trabajosamente logrado superar la guerra civil interna para llegar a una paz siempre complicada y en equilibrio inestable.

Tarso Genro, gran amigo de este blog y un de los más brillantes analistas políticos de América Latina, interviene a través de la ventana de X con observaciones siempre agudas y radicales sobre la realidad política de esa región. Sus tesis sobre el desdoblamiento de dos niveles del capitalismo (el financiero y el criminal) y la posterior capacidad de ambos de crear una base de opinión pública que se siente representada por las pulsiones de violencia y destrucción que estas estructuras de clase son capaces de producir, permiten una explicación profunda de algunas tendencias sociales e ideológicas en nuestra actualidad. Aunque siempre pensando en última instancia en la posibilidad de una vía alternativa y socialista que surja de un bloque común democrático, para lo cual la evolución de las elecciones brasileñas de octubre son decisivas, ha intervenido recientemente comentando un “post” del presidente colombiano en el que éste recomienda una dieta determinada, con baile y fornicación permanente, como la clave que explica su figura envidiable y su estilo inigualable, en el contexto de la enorme tragedia humana que su pueblo está sufriendo en estos días.

El texto de Tarso Genro es conciso y muy claro, e introduce estos elementos de comprensión que va progresivamente desarrollando en muchas de sus intervenciones en el marco de la elaboración teórica del Instituto Novos Paradigmas que el mismo dirige.

Este es el texto que incorporamos, oportunamente traducido por la versión gratuita de DeepL, revisada posteriormente por el curador de este blog.

LA DECADENCIA DEL PEOR NEOLIBERALISMO

Tarso Genro

Es muy humano afirmar que el pueblo que eligió a Abelardo de la Espriella se merece a este psicópata megalómano y debe padecer lo que está haciendo como presidente. Pero no se lo merece. Tenemos que comprender que este sórdido tipo humano es un fenómeno mundial que asola las democracias liberales occidentales, impregnadas por completo de los valores de la decadencia  del peor neoliberalismo: aquel impulsado por el capitalismo  financiero global clandestino, marginal y criminal. Esta producción criminal de capital está articulada con el sistema financiero global dentro de la legalidad de Occidente (y más allá de Occidente), cuyos reflejos organizativos, tanto materiales como de naturaleza moral, están presentes en el sistema de poder de Epstein y su lista de invitados infames. En ese sistema se pone de manifiesto la radicalización de los antivalores de la deshumanidad y la perversión, que se alimentan de las nuevas formas materiales (científico-tecnológicas) e inmateriales de producir bienes mercantiles e informativos. Pero allí también se producen conciencias, cada vez más uniformes, vendibles y comprables, en el mundo irreal y real de la manipulación de las redes. Agnes Heller —discípula de Lukács— ya había expuesto una nueva posibilidad en un libro publicado originalmente en 1970 («La vida cotidiana y la historia»), en el que examina las «esferas heterogéneas» que pueden chocar en la producción de valores.

Una posibilidad —que no tiene por qué ser contradictoria— es la que se da en la esfera material de la producción del capitalismo industrial clásico, en la que se producen los bienes materiales mediante la agregación colectiva de valor en las fábricas modernas. En estas, la producción de valores materiales se refleja en la esfera inmaterial de la conciencia social y política, vivida y negociada de manera pública —en las calles y en las plazas— en el capitalismo de la democracia liberal «clásica». Aquí, los valores materiales y morales en proceso de producción no chocan de manera radical, sino que se armonizan relativamente en espacios sociales visibles.

En Colombia, quien está en el poder es la marginalidad global del capital pirata, que responde al «gran hermano» estadounidense, controlador de ambos flujos del capital financiero globalizado: los flujos criminales «fuera» de la ley y los flujos legales, «dentro» de la ley. Agnes Heller afirma: «La articulación de los valores se produce, por tanto, en esferas heterogéneas. Como hemos dicho, estas se desarrollan de forma desigual» (una va en una dirección y la otra en otra) «pero la colisión entre esferas heterogéneas es solo una de las continuas colisiones de valores que tienen lugar a lo largo de la historia». En las colisiones entre estas esferas —cuando el sistema multipolar de poder puede llegar al delirio de la destrucción de la humanidad— aparecen los monstruos-payasos y los payasos-monstruos. Abyectos y siniestros.

Y ya están presentes en muchos países de lo que el presidente de Estados Unidos quiere denominar el «patio trasero latino» de los Estados Unidos de América del Norte. Ganar con Lula en la primera vuelta supone reducir aquí, en nuestro país —que no se consagra a la guerra, sino a la paz—, este peligro del mal absoluto, ya presente en toda la humanidad.


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