Cunde el
desánimo entre las personas progresistas en nuestro país ante la que se pregona
como inminente e irresistible ascensión de un nuevo Arturo Ui, personificado en
el bloque de poder de la derecha extrema y la ultraderecha, que sobrepasa
cualquier límite moral y democrático gracias a la modificación sustancial de
una opinión pública en la que la antropología de la solidaridad que promueve la
forma de conciencia creada por la ideología ecosocialista y comunista ha sido
sustituida por la aceptación del resentimiento y del miedo, de los rencores
privados, las desilusiones particulares y las exclusiones de los diferentes o
de los extraños que se suponen invasores de nuestro espacio vital caracterizado
por el éxito personal y la confortabilidad del dinero. La violencia permanente
que crea el tecno fascismo impulsado desde el gobierno actual de los Estados
Unidos y la pulsión de muerte y desolación que lleva aparejado el genocidio de
los pueblos árabes de Palestina por el estado de Israel, sostenido en su extremo terror por la gran
potencia norteamericana, está alterando de manera consciente los confines
dentro de los que se movía hasta hace relativamente poco tiempo la democracia y
los derechos cuyo reconocimiento y ejercicio aparecían garantizados por este
sistema político.
En América Latina, esta irrupción
del dominio violento de la era Trump ha ido extendiéndose no sólo mediante
intervenciones militares directas como en Venezuela o un cerco de privación de energía
y de suministros como en Cuba, sino de manera destacada a través de sucesivas
victorias electorales frete a candidatos de la izquierda, incluso moderada, como
las sucedidas en Argentina, en Ecuador y en Chile, o, más contestadas en cuanto
a su resultado, en Perú o en Colombia, en donde la victoria de Abelardo de
la Espriella ha sido contestada respecto al contenido final de los
votos y en todo caso se ha efectuado con un margen estrechísimo de victoria.
El nuevo presidente de Colombia
es un personaje grotesco, que exalta la violencia junto a un sectarismo religioso
imponente y que ha rechazado la ayuda internacional ante el grave terremoto
padecido de todos aquellos países que no sintonizaban políticamente con su
ideario reaccionario, mostrando además una inmediata sumisión al estado de
Israel y la aceptación de su actuación criminal y genocida. Colombia debe estar
muy atenta a las evoluciones que este presidente puede imponer a la democracia de
aquel país, que ha trabajosamente logrado superar la guerra civil interna para
llegar a una paz siempre complicada y en equilibrio inestable.
Tarso Genro, gran amigo de
este blog y un de los más brillantes analistas políticos de América Latina, interviene
a través de la ventana de X con observaciones siempre agudas y radicales sobre
la realidad política de esa región. Sus tesis sobre el desdoblamiento de dos
niveles del capitalismo (el financiero y el criminal) y la posterior capacidad
de ambos de crear una base de opinión pública que se siente representada por las
pulsiones de violencia y destrucción que estas estructuras de clase son capaces
de producir, permiten una explicación profunda de algunas tendencias sociales e
ideológicas en nuestra actualidad. Aunque siempre pensando en última instancia
en la posibilidad de una vía alternativa y socialista que surja de un bloque
común democrático, para lo cual la evolución de las elecciones brasileñas de octubre
son decisivas, ha intervenido recientemente comentando un “post” del presidente
colombiano en el que éste recomienda una dieta determinada, con baile y
fornicación permanente, como la clave que explica su figura envidiable y su
estilo inigualable, en el contexto de la enorme tragedia humana que su pueblo
está sufriendo en estos días.
El texto de Tarso Genro es
conciso y muy claro, e introduce estos elementos de comprensión que va
progresivamente desarrollando en muchas de sus intervenciones en el marco de la
elaboración teórica del Instituto Novos Paradigmas que el mismo dirige.
Este es el texto que incorporamos,
oportunamente traducido por la versión gratuita de DeepL, revisada posteriormente
por el curador de este blog.
LA DECADENCIA DEL PEOR
NEOLIBERALISMO
Tarso Genro
Es muy humano afirmar que el
pueblo que eligió a Abelardo de la Espriella se merece a este psicópata
megalómano y debe padecer lo que está haciendo como presidente. Pero no se lo
merece. Tenemos que comprender que este sórdido tipo humano es un fenómeno
mundial que asola las democracias liberales occidentales, impregnadas por
completo de los valores de la decadencia
del peor neoliberalismo: aquel impulsado por el capitalismo financiero global clandestino, marginal y
criminal. Esta producción criminal de capital está articulada con el sistema
financiero global dentro de la legalidad de Occidente (y más allá de
Occidente), cuyos reflejos organizativos, tanto materiales como de naturaleza
moral, están presentes en el sistema de poder de Epstein y su lista de
invitados infames. En ese sistema se pone de manifiesto la radicalización de
los antivalores de la deshumanidad y la perversión, que se alimentan de las
nuevas formas materiales (científico-tecnológicas) e inmateriales de producir
bienes mercantiles e informativos. Pero allí también se producen conciencias,
cada vez más uniformes, vendibles y comprables, en el mundo irreal y real de la
manipulación de las redes. Agnes Heller —discípula de Lukács— ya
había expuesto una nueva posibilidad en un libro publicado originalmente en
1970 («La vida cotidiana y la historia»), en el que examina las «esferas
heterogéneas» que pueden chocar en la producción de valores.
Una posibilidad —que no tiene por
qué ser contradictoria— es la que se da en la esfera material de la producción
del capitalismo industrial clásico, en la que se producen los bienes materiales
mediante la agregación colectiva de valor en las fábricas modernas. En estas,
la producción de valores materiales se refleja en la esfera inmaterial de la
conciencia social y política, vivida y negociada de manera pública —en las
calles y en las plazas— en el capitalismo de la democracia liberal «clásica».
Aquí, los valores materiales y morales en proceso de producción no chocan de
manera radical, sino que se armonizan relativamente en espacios sociales
visibles.
En Colombia, quien está en el
poder es la marginalidad global del capital pirata, que responde al «gran hermano»
estadounidense, controlador de ambos flujos del capital financiero globalizado:
los flujos criminales «fuera» de la ley y los flujos legales, «dentro» de la
ley. Agnes Heller afirma: «La articulación de los valores se produce, por
tanto, en esferas heterogéneas. Como hemos dicho, estas se desarrollan de forma
desigual» (una va en una dirección y la otra en otra) «pero la colisión entre
esferas heterogéneas es solo una de las continuas colisiones de valores que
tienen lugar a lo largo de la historia». En las colisiones entre estas esferas
—cuando el sistema multipolar de poder puede llegar al delirio de la
destrucción de la humanidad— aparecen los monstruos-payasos y los
payasos-monstruos. Abyectos y siniestros.
Y ya están presentes en muchos
países de lo que el presidente de Estados Unidos quiere denominar el «patio
trasero latino» de los Estados Unidos de América del Norte. Ganar con Lula en
la primera vuelta supone reducir aquí, en nuestro país —que no se consagra a la
guerra, sino a la paz—, este peligro del mal absoluto, ya presente en toda la
humanidad.
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