viernes, 8 de septiembre de 2023

CRÓNICA DE CHILE EN EL CINCUENTA ANIVERSARIO DEL GOLPE MILITAR CONTRA LA DEMOCRACIA.

 


Hace prácticamente cuatro años, en octubre de 2019, comenzó el estallido social en Chile que dio origen a un cambio constituyente en el país que, superando la feroz represión de las manifestaciones, condujo a unas elecciones presidenciales que ganaron las fuerzas de izquierda en torno al presidente Boric que derrotó a un candidato de extrema derecha con conexiones directas con la dictadura, Kast. En este blog se dio cuenta de este tránsito a través de la importante movilización popular que lo sostuvo, y, junto a una contribución importante de la profesora de Derecho Laboral de la Universidad de Valparaiso, Daniela Marzi, que criticaba la represión alentada desde el poder político  ( y que se puede releer en este enlace https://baylos.blogspot.com/2019/10/chile-el-fin-de-la-democracia-que.html) , se publicaron dos manifiestos , uno de la central sindical unitaria de trabajadores, la CUT y otro de las universidades públicas de Chile, ambos bajo el título “Chile insurrecta y ocupada militarmente”. Esta última entrada, que se puede consultar aquí https://baylos.blogspot.com/2019/10/chile-insurrecta-y-ocupada-militarmente.html, es la que más visitas ha recabado de los usuarios y usuarias del blog, y ha llegado a las 30.700 consultas.

En esa época, Chile se ganó la atención mediática mundial y por supuesto durante toda la etapa posterior al estallido – antes del Covid -, un seguimiento casi continuo en la prensa española al compás del plebiscito para abrir un período constituyente que suprimiera la Constitución de Pinochet de 1980, lo que se materializó el domingo 25 de octubre de 2020 (de nuevo en este blog con un comentario de Daniela Marzi, https://baylos.blogspot.com/2020/10/chile-desperto-el-plebiscito-como.html)   y se acentuó con ocasión de la contienda electoral referida que encumbró al joven presidente Gabriel Boric en la segunda vuelta efectuada en diciembre de 2021 con el mayor número de votos recibidos por un candidato presidencial en la historia del país, 4,6 millones de personas, y que en este blog se alentó a través de la publicación del manifiesto de la combativa Asociación Gremial de Abogados Laboralistas (AGAL) que pedía el voto para este candidato ( https://baylos.blogspot.com/2021/12/elecciones-presidenciales-en-chile-para.html) .

El tema entonces se desplazaría a la redacción de la Constitución, en cuya preparación hubo una serie de iniciativas y documentos que proponían una verdadera constitución social o laboral como forma de profundizar y preservar la democracia, entre las cuales sobresalía la que provenía del llamado “Consejo Asesor para la elaboración de Propuestas Constitucionales del Mundo Sindical”, iniciativa de la CUT en conjunto con la Fundación Instituto de Estudios Laborales (FIEL), cuya presidencia asumió el ex director general de la OIT, Juan Somavía, y cuyas conclusiones se presentaron en julio de 2021. El proyecto final, que se presentó el 4 de julio de 2022, se presentó a la aprobación por el conjunto del pueblo chileno en plebiscito del 4 de septiembre. De nuevo en este blog el contenido laboral del proyecto de Constitución se dio a conocer de manera favorable en la entrada de 17 de julio de ese año (https://baylos.blogspot.com/2022/07/los-derechos-laborales-en-la.html).

Hasta aquí el momento ascendente de la democracia chilena, pero el éxito arrollador de la opción de “rechazo” del texto constitucional (casi un 62% de los votos) que había promovido el bloque de derecha y extrema derecha (UDI, Republicanos) fue un golpe político muy duro al proyecto de refundación democrática que había surgido del estallido de octubre de 2019. A partir de ese momento, además de incrementarse el asedio mediático sobre el gobierno y el presidente, comenzó una estrategia de desgaste continuo frente a la acción de éste. La necesidad de negociar una nueva constitución fuera del proceso constituyente, a través del pacto pluripartidista, ha desembocado en una situación muy complicada y de salida difícil ante las exigencias y desplantes de los partidos de la derecha y de la extrema derecha. El nuevo “proceso constitucional” inicia con una declaración consensuada sobre los principios a que se debe ajustar el nuevo texto, un dictamen de una comisión de expertos formada a instancias partidarias y su revisión por un Consejo constitucional, el órgano encargado de discutir y aprobar una propuesta de texto de una nueva Constitución, de base electiva, que el 7 de mayo de este año reflejó un cambio muy importante en las orientaciones del electorado, puesto que la formación de ultraderecha consiguió el 35% de los votos en las elecciones a los consejeros constitucionales, mientras que Unidad por Chile, la candidatura oficialista del presidente Gabriel Boric, quedaba en segundo lugar con el 29% de los votos.

El problema que se plantea ahora es si este texto, sensiblemente diferente al que se propuso en septiembre de 2022, va a ser aprobado o rechazado en un nuevo referéndum de diciembre de este año. El rechazo supondría la continuidad de la vigencia de la vieja constitución pinochetista, pero la aprobación defrauda de manera considerable las expectativas de cambio producidas en el ciclo del cambio político a partir del estallido de octubre de 2019. Una situación que admite valoraciones muy diversas en cuanto a la decisión que se debe adoptar y ante la cual la posición que adopten las fuerzas que apoyan la presidencia y el gobierno actual repercutirán en la conformación de la opinión pública sobre la eficacia del impulso reformista que caracteriza a esta presidencia.

Este año además se cumplen cincuenta desde el sanguinario golpe civil y militar que acabó con el experimento democrático protagonizado por Allende y la Unidad Popular y que inauguró una larga estación de terror materializada en detenciones, secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones de las víctimas. El momento simbólico es muy importante para reivindicar la memoria democrática, y en Chile en esta semana se desarrollan cientos de actos – manifestaciones, presentaciones de libros, charlas – que rememoran esa fractura terrible del devenir del sistema político chileno. Se han reunido todas las personas que han ostentado la presidencia de la república y han firmado un documento en el que repudian el golpe y se comprometen “con la democracia, siempre”, y es importante que entre estos presidentes figura también el inmediatamente anterior y responsable político de la violencia policial frente a las manifestaciones de octubre de 2019, Sebastian Piñera. (https://elpais.com/chile/2023-09-07/boric-y-cuatro-expresidentes-chilenos-firman-una-carta-por-los-50-anos-del-golpe-de-estado-por-la-democracia-siempre.html).

Sin embargo, si se atiende a la prensa y a las declaraciones de los tertulianos en muchos y diversos programas, se puede comprobar que hay una fuerte tendencia al revisionismo histórico sobre la cuestión, y un ascenso fácilmente reconocible de la virulencia verbal – lo que en España se llamaría crispación – contra los “mitos de la izquierda” entendiendo por tales los hechos que dieron lugar a la preparación y ejecución del golpe civil y militar con el apoyo fundamental de Estados Unidos. Mientras que hasta hace unos años la derecha justificaba el golpe en el contexto pero lamentaba las desapariciones, torturas y asesinatos, defendiendo los derechos humanos como un elemento fundamental para la convivencia ciudadana, la extrema derecha chilena actual no habla de golpe, justifica de manera prácticamente explícita la represión civil y militar, y achaca al gobierno y a la izquierda que honrar la memoria de las víctimas supone avivar la discordia entre chilenos.

Frente a este ambiente tóxico, en materia de reformas laborales, y una vez superado el debate sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas, el centro de la discusión se fija en el cambio normativo que permita la negociación colectiva de ámbito sectorial – negociación ramal en la terminología chilena – o multinivel, como aparece en el programa electoral que el presidente Boric se ha comprometido a cumplir. Hay un gran interés en este punto, y en el último año, han sido muchas las personas que han reflexionado y presentado sus análisis tanto a la Dirección del Trabajo del Ministerio de Trabajo como a otros espacios académicos, como el Congreso internacional Cielo, en Santiago antes del verano. En esta ocasión, también se ha articulado un conversatorio específico entre los funcionarios de la Dirección de Trabajo sobre las posibles vías de avance en torno a unos talleres ramales o espacios de coordinación y consulta entre los interlocutores sociales y el poder público que permitiera posteriormente desarrollar unidades de negociación formales. La oposición patronal a este punto parece que refleja más una postura puramente ideológica que correspondiente a una observación realista de la conformación del sistema de relaciones laborales. Los empresarios chilenos apuestan por la disolución de la libertad sindical a partir de la promoción de la atomización sindical de empresa – hay más de trece mil sindicatos, de los cuales seis mil no están federados ni asociados en ninguna Central Sindical – de forma que su negativa a la negociación de sector es realmente un acto intencionalmente antisindical. La fragmentación va unida a la despolitización del sindicalismo chileno y ello repercute en la debilitación del rol directivo que debería desempeñar la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), de la que justo en este año se cumple su 35 aniversario y, mirando hacia atrás, el 70 aniversario de su predecesora, la histórica CUT como central única que fue disuelta al llegar la dictadura de Pinochet.

La izquierda parece haber perdido la iniciativa del cambio social y político en el país. La solución de la cuestión constitucional dista de ser segura, de forma que se habla cada vez más del posible rechazo de la nueva Constitución, lo que volvería a poner en vigor la vieja Constitución pinochetista de 1980 aunque su modificación podría llevarse a cabo mediante una mayoría no cualificada como hasta el momento, una posibilidad que parece que hace que muchas personas se inclinen por el rechazo de un texto nuevo que se aleja de forma evidente del propuesto por la izquierda en la Convención Constitucional.

Hay que seguir los procesos que están en marcha en Chile. Por el momento, el 50ª aniversario del golpe civil y militar que quebró la democracia y generó sufrimiento y muerte en tantas personas y colectivos, permitirá concentrarse sobre la importancia de preservar un sistema de garantía efectiva de derechos humanos y la necesidad de rescatar la memoria de un tiempo y un lugar en el que se rompió de manera profunda el ligamen existente entre las aspiraciones mayoritarias de un pueblo y las políticas del gobierno  ante la oposición feroz y armada de la violencia terrible de las fuerzas del privilegio económico y sus servidores.

 

 

 


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