miércoles, 12 de agosto de 2009

DIAZ FERRÁN, LA CEOE Y LA HUIDA HACIA ADELANTE



En Parapanda han sido recibidas con cierta inquietud las últimas declaraciones de Díaz Ferrán sobre la reducción de salarios ante la inminencia de la crisis. La reflexión que se realiza en estas páginas recuerdan que, como dice Benedetti, "tener un enemigo nos alienta". La fotografía es alegórica respecto a la nebulosa prospectiva de futuro que plantea la hoja de ruta del empresariado.




En recientes declaraciones a un medio de difusión afín, el ABC, el presidente de la CEOE ha defendido la rebaja de salarios en la negociación colectiva del próximo otoño de un 1%, y ha opinado que los sindicatos no entienden las exigencias de la realidad económica y no representan a nadie, salvo a sus militantes “liberados” en especial en el sector público. ¿Por qué el presidente de los empresarios españoles vuelve a la carga después de hacer fracasar el diálogo social sostenido directamente por el Presidente del Gobierno a finales de julio? Si se echa la vista atrás, desde la llegada a la dirección de la asociación empresarial más representativa, Díaz Ferrán ha acabado con el Acuerdo sobre negociación colectiva que se renovaba con UGT y CCOO desde el 2002 – y que sustituía el muy importante AINC de 1997, con cinco años de duración – y que “encuadraba” y ordenaba el sistema de negociación colectiva español. Estos Acuerdos, los ANC, bianuales o anuales, fijaban una política de rentas que contenía de forma razonable el incremento salarial y que orientaba los contenidos fundamentales de los convenios colectivos de sector y de empresa. Además ha hecho imposible el Acuerdo de Concentración Tripartito que tradicionalmente se realizaba entre los interlocutores sociales y el poder público y que reformaba aspectos importantes de la legislación laboral y de seguridad social. La obstaculización al pacto la ha realizado además desde una perspectiva programática de degradación de los derechos de los trabajadores y de vaciamiento de los recursos financieros del sistema de protección social. Algunas de los elementos que se manejaban en ese frustrado acuerdo, como la rebaja de un punto y medio en las cotizaciones sociales para los empresarios, tenían una importancia cuantitativa muy evidente: más de tres mil millones de euros. La CEOE, convocada para respaldar a su líder, formalmente ha manifestado que aprueba esta acción, y que los ejes de cualquier acuerdo futuro con el gobierno y los sindicatos deben pasar por la liberalización del despido y la reducción de su coste indemnizatorio y la exención de cinco puntos de las cotizaciones sociales, sustituidas en la medida de lo posible por impuestos indirectos derivados del IVA que deben pagar los consumidores. Con ello la patronal española piensa que es posible pactar desde la anulación o desaparición de las posiciones de los otros sujetos participantes del acuerdo.

Ahora en una nueva vuelta de tuerca, el presidente de los emprendedores – como gusta de llamar a los empleadores la literatura hagiográfica de la libre empresa – establece una nueva frontera: la reducción salarial en la negociación colectiva, a la que acompaña de una desautorización radical de sus interlocutores, los sindicatos. La reacción de éstos ha sido prudente, aunque firme: “tendremos un otoño conflictivo”.

¿Cuál es el beneficio que para el empresariado español tiene enterrar una estrategia de colaboración y de diálogo y sustituirla por un programa de agresión y de conflicto respecto de los sindicatos y los trabajadores, añadida a un deterioro evidente de las relaciones con el poder público? De alguna manera parecería que Díaz Ferrán arrastra a la patronal a una “huida hacia adelante”, como si no pudiera pararse y recomponer los errores y los daños que ha ido provocando con su acción de este año de la crisis en el tejido social y político de las relaciones laborales españolas. Una presión continuada para empujar a los interlocutores hacia atrás, presentándose como la única fuerza social con poder - económico y social – para imponer sus condiciones y, a partir de ellas, establecer un cuadro nuevo de relaciones entre las partes sociales. Un cambio en la llamada correlación de fuerzas que sitúe en una posición subalterna al poder público respecto de las propuestas del empresariado y que haga aparecer a los sindicatos como sujetos débiles de representación fragmentaria y de escasa capacidad contractual centralizada. Esa demostración de potentia garantizaría sin duda un liderazgo ejemplar y consolidado en el grupo de los empresarios durante un largo tiempo.

El problema de esta “huida hacia adelante” es que debe conseguir sus objetivos implícitos. Y es posible que Díaz Ferrán tenga sus razones para creer que lo logrará. Por un lado, no parece que en el interior de su organización se estén produciendo por el momento disensos consistentes. Tanto SEOPAN como la AEB, que son las patronales sectoriales que han recibido del gobierno una lluvia de millones sobre la base del esfuerzo colectivo del país como respuesta a la crisis, no presionan tanto hacia el interior de la organización como hacia el exterior, sobre el propio gobierno, incitándole a retomar un espacio de acuerdo que satisfaga una parte de las reivindicaciones de la CEOE fundamentalmente en lo referido a la reducción de las contribuciones patronales a la Seguridad Social. Un importante sector del PSOE – normalmente identificado con el “viejo” PSOE, pero no necesariamente – presiona en la misma dirección sobre el gobierno de Zapatero, insistiendo en que la gobernabilidad de un país requiere la aprobación consensuada de los empresarios. Sin embargo, las últimas declaraciones del ministro de trabajo, Corbacho en el sentido de eliminar del contenido de las conversaciones sobre el diálogo social cualquier referencia a las cotizaciones a la seguridad social, y las múltiples declaraciones de Zapatero sobre la oposición a cualquier cambio que degrade las garantías del empleo, demuestran que por el momento, la posición del gobierno es firme y que permite recordar a los empresarios españoles que su actuación de boicot al acuerdo social tiene un coste inmediato, y que en consecuencia, lo que se ha definido por los sicofantes de la derecha económica como un “berrinche” del presidente del gobierno, no era sino una reacción conveniente y oportuna ante el envite político que había sufrido por parte del empresariado, paradójicamente beneficiado de forma exuberante en las primeras medidas anti-crisis.

Respecto de los sindicatos, el presidente de la CEOE parece opinar que quieren pero no pueden. Es decir, que carecen de presencia social y de capacidad de presión para algo que no es la articulación de un movimiento de protesta ante una medida derivada del poder político. Hay por consiguiente una estimación previa de que el sindicalismo confederal sólo puede estar y contar desde la colaboración con la patronal, pero no en conflicto con ella. Lo que por consiguiente lleva a predecir la impotencia de los sindicatos para establecer una estrategia para la consecución de convenios colectivos desde el conflicto sector por sector y empresa por empresa. La patronal piensa que, salvo en algunas empresas grandes y en el sector público de la administración, enseñanza y sanidad, los sindicatos no van a poder movilizar a los trabajadores en los lugares de trabajo y que hay sectores de servicios que nunca van a secundar una medida de presión, desde los grandes almacenes, al sector financiero. En otros sitios, además, los sindicatos ni están ni se les espera, como sucede en los llamados “nuevos sectores productivos”, en las amplias zonas de deslaboralización, en la constelación de las subcontrataciones. Así que Díaz Ferrán se siente como aquel liberal inglés del que cuenta Romagnoli que daba gracias al Creador por encontrarse en el país donde nunca se hace huelga.

Es posible que esta mirada empresarial se corresponda en efecto con déficits de implantación y de acción sindicales muy evidentes. Dice Benedetti (Testigo de uno mismo, Seix Barral, Buenos Aires, 2008) que “tener un enemigo es saludable / es útil revisar la trayectoria / a ver si en un poquito o en un mucho / tiene razones para su diatriba”. El sindicalismo confederal es seguramente consciente de estos problemas, y deberá tomar progresivamente decisiones que ayuden a corregirlos. No constituye por lo demás una buena práctica despreciar de antemano la capacidad de reacción del adversario en un conflicto que hemos declarado previa y conscientemente. Un juicio tan contundente sobre la incapacidad del sindicato para ser un interlocutor consciente y capaz en la negociación colectiva y la simultánea propuesta de rebajar los salarios implican la negación del propio mecanismo contractual y su sustitución por una decisión unilateral derivada de la fuerza de la propia posición de poder. Un esquema de trabajo que no parece que sea muy conveniente para la subsistencia de la representatividad empresarial española, que se había ganado una merecida fama de pragmatismo y de colaboración en la institucionalización del conflicto social y de los sujetos representativos de los intereses enfrentados. En este campo, la “huida hacia adelante” de la CEOE es aún mas sorprendente y plantea muchos interrogantes sobre los costes reales que va a producir esta posición de materializarse en la práctica en el otoño del 2009.

3 comentarios:

tiopuñetas dijo...

Joer, y poníamos a parir a Cueva -q.e.p.d- por ser un funcionario del vertical...

ANTONIO dijo...

Acertado, adecuado y oportuno artículo de Antonio Baylos ante unas declaraciones de Díaz Ferrán que, más allá de la estridencia y el momento (plena canícula) de las mismas, indican una posición política clara de ataque sin cuartel al sindicalismo confederal. Veremos si estas declaraciones se corresponden con la opinión de los empresarios cuando llegue el otoño.

Malafollaíca dijo...

Inquietante esa batalla en el interior del Psoe entre el sector "bussines" y los "cimbrios". Ya veremos en qué acaba esa (por el momento) sorda zahúrda.