viernes, 20 de septiembre de 2019

PEDRO GUGLIELMETTI CUMPLE 90 AÑOS


La siempre atenta audiencia del presente blog conoce de la celebración durante estas dos semanas en Toledo del Curso de Especialización para Expertas/os Latinoamericanos en Relaciones Laborales, que se ha ido realizando en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UCLM, en el Convento de San Pedro Mártir de aquella ciudad. En esta última semana, han participado en el curso personalidades muy relevantes como Luis Jimena, catedrático de derecho constitucional en la Universidad de Valencia y ex presidente del Comité Europeo de Derechos Sociales, o Joaquín Nieto, director de la Oficina de la OIT en España, seguidos de una nutrida participación de profesores italianos delas universidades de Bolonia, Ferrara, Verona y Venecia, que contaban con traducción simultánea de sus intervenciones. El martes comenzaron Federico Martelloni y Laura Calafá, y el miércoles se armó una mesa redonda con la participación de Guido Balandi, Andrea Lassandari y Luigi Mariucci, en torno al tema sobre el que la revista Lavoro e Diritto ha construido su último fascículo bajo el sugerente título de “La OIT: ¿Cien años de soledad?”. El bloque italiano se cerró con la esperadísima ponencia de Umberto Romagnoli denominada “El trabajo no es una mercancía, pero el mercado de trabajo es una realidad”.

Tradicionalmente, la terminación del Curso en Toledo – que se efectúa mediante la exposición de los trabajos de síntesis sobre el tema tratado por los diferentes grupos de asistentes – se conecta con la organización de un Congreso dos meses después, a comienzos de noviembre, en algún país de América Latina al que acuden como últimos invitados los asistentes a la última promoción del curso y que está organizado y abierto a todos los que en algún momento han participado en él – hay que pensar que las primeras ediciones del Curso lo fueron entre la OIT y la Universidad de Bolonia – y canalizado por las respectivas organizaciones nacionales de “ex becarios”.

Este año sin embargo, el Congreso se ha adelantado, haciéndolo coincidir con la finalización del Curso de Toledo. Y ello porque este año se da la feliz circunstancia de que Pedro Guglielmetti cumple 90 años y todos y todas quienes han formado parte en algún momento de esta experiencia quieren / queremos homenajearle. Pedro Guglielmetti ha sido el creador e impulsor permanente del Curso, desde sus primeras manifestaciones, y ha constituido, con Umberto Romagnoli, el alma de esta iniciativa. En las últimas ediciones desempeña además el rol de coordinador y animador del mismo, y es una persona insustituible en la dinámica y desarrollo de los debates y discusiones. Para los y las integrantes del Grupo – ex becarias y becarios, como se denominan – Pedro es il Nonno, una presencia constante y protectora de esta actividad.

Pedro Guglielmetti cumple 90 años y nadie lo diría, si se atiene uno a su porte físico, a su capacidad desbordante de trabajo y de ilusión, a su talante siempre activamente propositivo, empeñado en cambiar un mundo que desde hace mucho tiempo critica y combate ideológica y políticamente. Asombrosamente informado, curioso y nada dogmático, siempre abierto a las ideas que le parecen que pueden ayudar a construir un pensamiento contrahegemónico, il Nonno genera un torbellino de propuestas y de iniciativas que se plantean de forma alternativa a un sistema económico y social profundamente injusto. Es siempre partidario de la unidad de las fuerzas progresistas sin exclusiones, y su campo de acción gira siempre conectando el pensamiento y la acción política, social e ideológica, entre América Latina y Europa – España e Italia como referentes fundamentales – en la promoción de proyectos emancipatorios y de reforma progresista. Pedro Guglielmetti tiene la lucidez del análisis y la pasión por la revuelta: nadie como él para cimentar la confianza y la seguridad en que la igualdad y la justicia tienen finalmente que imponerse por obra dela acción de grandes mayorías sociales, y que las derrotas de las fuerzas del progreso nunca son definitivas.

Il Nonno es excepcionalmente querido por una inmensa cantidad de personas, entre las que nos encontramos toda la sección laboralista de la ciudad de Parapanda, como es natural. En este Congreso, en la sesión de tarde, una larga serie de intervenciones harán explícito ese cariño y esa admiración. Lo celebramos entre amigos, de aquí y de allí, en las dos orillas del Océano, con la proyección de un video emocionante y la dedicatoria de un libro expresamente construido para él, bajo la dirección de los magistrados Héctor Mercado y Maria Rosario Jiménez en el que se sitúan intervenciones de ocho países sobre la garantía judicial de los derechos laborales. En el mismo acto, el grupo argentino ha presentado la transcripción de los informes y el debate del Encuentro celebrado en Buenos Aires el año pasado, que hacía el ordinal 27.  Pero Pedro Guglielmetti no podía permitir que se invirtiera tanto tiempo en él. Así que en esa sesión se discutirá también aprobar un manifiesto que presentó Carlos Tomada en el que se proclama la centralidad del trabajo en nuestras sociedades de la post-crisis como elemento básico de cohesión social y de fundamentación política de los sistemas democráticos. Un manifiesto del que desde luego se dará noticia inmediata en este blog.
Más de ciento veinte personas venidas de diez países brindarán con il Nonno para festejar su cumpleaños. Feliz aniversario, Pedro: Avanti il Popolo”!!

martes, 17 de septiembre de 2019

DESCONEXIONES (TAMBIÉN POLÍTICAS)



Como ya se ha comentado en este blog, durante un cierto tiempo se ha producido una desconexión con la audiencia. Han sido más de diez días sin entablar ese diálogo a ciegas del que sólo se constata su efectividad a través del contador de visitas que presta Google. El comienzo de las clases en el grado, el inicio del curso de especialistas latinoamericanos en relaciones laborales que se desarrolla en Toledo y que este año homenajea a su coordinador  e impulsor, Pedro Guglielmetti, poder terminar una ponencia para el próximo congreso anual de la AESS, que sigue la moda de solicitar los textos que se van a debatir en el encuentro con anticipación al mismo para poder publicarlo, cerrar la última lectura del verano, reencontrarse pacientemente con las y los amigos, todo ello explica la ausencia en estos días de la cita con el blog, que se ha ido convirtiendo en una suerte de ritual cotidiano para la autorreflexión o la llamada de atención sobre temas que parecen merecerla.

También la política, claro. O al menos lo que aparece repetido como política en todos los medios de comunicación y que se centra en los relatos – es la palabra clave – que narran los desencuentros entre PSOE y UP en la formación de un gobierno de cambio y de progreso como el que ambas formaciones habían prometido a sus electores en abril del 2019. Una narrativa que se concentra en el método y los objetivos – gobierno de coalición o gobierno sostenido en torno a un programa acordado – que se van desplegando ante los ojos y los oídos de la población en una continua sucesión de enfrentamientos y desplantes que hace previsible la desembocadura del proceso en un final que todos dicen no desear, la convocatoria de elecciones.

Aunque en mi formación cultural sea fundamentales Puro Veneno y 19 días y 500 noches, tales gustos por la poética musical y los personajes que retratan ambas obras no me llevan a plantearme siquiera la posibilidad de abstenerme como síntoma del rechazo ciudadano a la incapacidad de la política para dar respuesta a las aspiraciones colectivas que se plasmaron en los resultados electorales de abril, cuando todo parecía seguro. Votaré, como tantos otros, pero será ineludible plantearse el sentido de esa libertad cívica fundamental. Libertad ¿para qué? ¿Para qué sirve que haya una izquierda relevante electoralmente si no consigue sus objetivos inmediatos? Los 71 diputados de UP permitieron la moción de censura y fueron, al fin, claves en el cambio político. Los 42 diputados de las elecciones de abril no han logrado lo que parece ser el fin al que todo se debe subordinar, entrar en el gobierno. Y la legislatura agoniza entre reproches justificados a la obstaculización del proyecto diseñado.

¿Por qué se vota a una opción política determinada? Normalmente en la intención del voto cuentan de manera fundamental las pretensiones y las aspiraciones de los ciudadanos que ejercitan el derecho al sufragio. Modificar los aspectos más nocivos de la reforma laboral, imponer la revalorización de las pensiones y derogar el factor de sostenibilidad, depurar la ley mordaza de los elementos más ofensivos contra la democracia, derogar el precepto penal que permite la incriminación penal de los piquetes de huelga, diseñar una estrategia de reindustrialización en un marco de sostenibilidad,  regular el precio de los alquileres y promover eficazmente el derecho a la vivienda digna, impulsar un pacto educativo que financie adecuadamente y reconstruya la destrucción del sistema por la Ley Wert, revertir la privatización en servicios públicos clave como la sanidad, abrir un amplio debate sobre la democracia en la empresa, todas ellas son las razones por las que una persona orienta su voto. Eso es lo que conforma el contenido de las reivindicaciones y los programas electorales, pero ese es el debate que se ha ocultado en los relatos que se trasladan a la ciudadanía informada. Todos conocemos al dedillo las ofertas concretas que Sánchez e Iglesias han ido cuajando – o, para ser más preciso, las propuestas y los rechazos a las mismas – sobre la forma que debe adoptar la cooperación o coalición entre ambas fuerzas políticas, pero en esa narración se difumina o incluso se borra por completo el contenido de la regulación que pretenden ambas fuerzas políticas, la construcción de un programa común en el que se pueda llegar a una suerte de compromiso que recoja el eje central de las reivindicaciones sostenidas por los sindicatos y otros movimientos sociales.

No resulta muy sugerente discutir sobre quien es el culpable del desencuentro, ni tampoco cuál es el peso relativo de la culpa de cada cual. Todos tenemos nuestras preferencias y las podremos justificar con toda suerte de detalles. Pero lo que es evidente es que ambas fuerzas políticas, en diferente grado desde luego, han incurrido en una gran irresponsabilidad al no ser capaces de afirmar un campo de encuentro en el que se asentaran líneas centrales de cambio social y de reforma en coherencia con lo que los electores habíamos votado en abril. El contexto económico tanto en España como fundamentalmente europeo, la remodelación de las instancias de gobierno en la UE, no han sido tampoco elementos que hayan acelerado o favorecido la necesidad de estabilizar un panorama de cambio social y de profundización democrática como la que exigían la mayoría de los electores en abril.

No hablemos de las incertidumbres que se plantean con las nuevas elecciones, cuyos resultados se confían por parte de las fuerzas políticas de la izquierda, a la predictibilidad de las encuestas. Un lenitivo para la opinión de los dirigentes políticos y en especial para los spin doctors del presidente del gobierno, pero que no asegura por el contrario la confianza de los ciudadanos en que todo seguirá igual pero mejor, permitiendo por fin un gobierno monocolor apoyado desde donde sea menester, izquierda o derecha, sin claudicaciones ni presiones. Un escenario que también aseguraría a quienes desde la izquierda siempre han apostado porque el PSOE se sitúe en un centro más cómodo con sus aliados de la derecha económica que sostenido por la izquierda social. Al contrario, para la gente común, está escrito que la convocatoria de nuevas elecciones supondrá la decepción y el retroceso sobre sus aspiraciones y reivindicaciones que tuvieron una posibilidad de afirmarse tras los resultados de abril.

A la hora de escribir estas líneas, confiamos todavía en un gesto audaz e inteligente desde la izquierda que permita salvar la situación, por el momento y desde hace tiempo, empantanada. Al fin y al cabo, hemos heredado un optimismo antropológico en el progreso y la intuición sobre el manejo de los últimos minutos de la partida política que se juega también en los gestos y en las sorpresas nunca ha abandonado a la izquierda. Así que aun hay esperanzas. Ponme esa cinta otra vez.

domingo, 15 de septiembre de 2019

SOBRE EL OSTRACISMO Y LOS POLÍTICOS. HABLA JOAQUIN APARICIO


Tras un período de cierta desconexión al que posiblemente nos referiremos en las entradas sucesivas, el blog recupera su activación, aunque siempre dentro de la informalidad que le caracteriza. Lo hace de la mejor de las maneras, con una intervención de Joaquín Aparicio que ha publicado en su blog y del que generosamente nos ha dado permiso para reproducirlo en éste. A fin de cuentas la blogosfera de Parapanda es un espacio abierto de comunicación horizontal. El texto habla de lo que todos estamos hablando en estos días de septiembre, de lo que nos repiten las radios, las televisiones y los periódicos en papel o digitales. Y dice lo que muchos piensan, pero con la elegancia y el saber clásico en el que siempre Aparicio ha sabido beber para ilustrarnos. De hecho, la imagen que abre esta entrada lo sitúa en el Palacio de Invierno, ya pueden suponer los lectores con qué intención. A continuación, este es su texto.

OSTRACISMO

Joaquin Aparicio Tovar.

Es muy frecuente ver cómo, incluso personas instruidas, analizan o juzgan instituciones y hechos del pasado sin desprenderse de los hábitos mentales y la percepción del mundo de los tiempos actuales sin caer en la cuenta de que los seres humanos de las sociedades europeas de hoy no se colocan en el mundo cómo lo estaban los de otras épocas, en especial los de la antigüedad clásica. Esto provoca errores graves de comprensión y juicios muy equivocados que se hacen particularmente evidentes en las referencias a la cuna de la democracia, a Atenas. La democracia ateniense fue producto de lo que podemos decir lucha de clases. Lucha de los demócratas contra los aristócratas, aunque ambas palabras no tenían exactamente la misma acepción que ahora. Los aristócratas también se opusieron en su momento a los tiranos, o gobierno unipersonal, pero entendían que el gobierno de la ciudad debería quedar en manos de los más preparados que, naturalmente, solía coincidir con los más ricos. Tucídides, en su historia de la guerra del Peloponeso, nos muestra que en aquella guerra civil entre griegos cuando los atenienses entraban en una cuidad que les había sido hostil se apoyaban de inmediato en el partido de los demócratas contra los aristócratas que generalmente estaban aliados con Esparta y, de ese modo, trataban de consolidar más allá de Atenas la polis como sistema político. Pero, por supuesto, todo aquel mundo estaba lleno de complejidades y muchos matices. La polís se estaba inventando.

Con todo no cabe duda de que muchas lecciones podemos seguir sacando de aquel mundo, a sabiendas de que no es posible hacer traslaciones mecánicas, ni de aquí para allá, ni de allá para acá. Uno de los mecanismos más curiosos de que disponía la polis para evitar atisbos de regreso a un sistema aristocrático, o simplemente para evitar que la excesiva presencia (excesiva en la opinión de la mayoría de los ciudadanos) en la vida pública de una personalidad relevante acabase perturbando el bien común, era el ostracismo. Los helenistas nos dicen que si en asamblea solemne, con un quorum de 6000 ciudadanos, y tras votación por mayoría absoluta, alguien era mandado al ostracismo, debería abandonar la ciudad en un plazo de diez días durante diez años. Aunque en otra votación posterior ese plazo podía ser reducido en una especie de amnistía. El ostracismo, en contra de los que hoy suele pensarse, no era algo infamante, no se entendía como una pena por cometer delito y quienes eran mandados al ostracismo no perdían la ciudadanía. Simplemente se entendía por esa mayoría de ciudadanos que determinada persona, generalmente muy relevante, estaba con su papel público conduciendo la vida en común por derroteros que perturbaban el bienestar de la ciudad. Personajes muy relevantes, como Temístocles, el principal estratego que llevó a la victoria sobre los persas en la Segunda Guerra Médica, fueron mandados al exilio mediante el ostracismo. A lo que parece era una llamada a la humildad para aquellos cuyos triunfos les habían hecho arrogantes y se habían alejado del sentir de la mayoría, aunque a veces la mayoría pudiera estar equivocada.

Una institución así es impensable en nuestras democracias parlamentarias, en las que la responsabilidad política se dirime, mayormente, en las elecciones o en las mociones de censura o en las revueltas internas de los partidos, como últimamente hemos visto en el partido conservador de Gran Bretaña o, lo que es peor, en los linchamientos mediáticos. En las circunstancias actuales de la política española es casi inevitable que el ostracismo venga a la mente de la ciudadanía. No estará mal que Carmen Calvo, Pablo Echenique, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pensaran un poco si no se están alejando del sentir muy mayoritario de la población española que les votó. En especial Pedro Sánchez, como líder del partido más votado y principal candidato a presidente de Gobierno que es quién, de acuerdo a la Constitución, tendría que haberse ganado los apoyos necesarios y por ello tiene una responsabilidad mayor. No deberían todos ellos olvidar que esa población que les votó puede que muy gustosa les mandara al ostracismo, a un ostracismo suave apartándoles de las negociaciones para formar gobierno, sin por ello desconocer su valía. Un ostracismo menos suave lo pueden tener si hay elecciones en noviembre, lo que sería un desastre.