sábado, 14 de marzo de 2026

MEMORIA DEMOCRÁTICA Y REPRESIÓN ANTI OBRERA BAJO EL FRANQUISMO

 

Se insiste en estos tiempos sobre la amnesia inducida sobre una parte de la población, en espacial sobre los jóvenes, que ignoran lo que supuso el franquismo en términos de negación de la democracia. En algunas encuestas esta ignorancia del pasado se traduce en opiniones que banalizan el sistema de opresión que supuso la dictadura de Francisco Franco. La reivindicación de este largo período de represión como un tiempo “normal” de desarrollo económico y de paz la llevan a cabo tanto el Partido Popular como muy especialmente VOX, que destaca por la exigencia de derogación en las Comunidades Autónomas en las que influye de las leyes autonómicas de memoria histórica. Frente a este negacionismo orientado a blanquear la dictadura, es común referirse a la situación de negación de libertad para las mujeres o a la represión de las “conductas desviadas” del canon heteropatriarcal. En menor medida sin embargo se recuerda la situación de persecución y represión feroz que sufrieron los trabajadores y las trabajadoras que se organizaban colectivamente en defensa de sus derechos por la mejora de sus condiciones de trabajo.

El Ministerio de Trabajo y Economía Social se ha distinguido en impulsar institucionalmente esta memoria de la represión anti obrera que golpeaba especialmente a quienes se organizaban colectivamente en un movimiento de personas trabajadoras que reivindicaban conjuntamente salarios, seguridad en el trabajo y mejores condiciones de empleo a la vez que exigían el reconocimiento de las libertades públicas y la amnistía de presos políticos y sociales.

En esta línea, es importante señalar – los medios de comunicación no son propicios a recoger estas noticias – la declaración institucional que el Ministerio ha efectuado de los sucesos de Ferrol en marzo de 1972 que se saldaron con el asesinato por la policía de Franco de dos obreros y de mas de 100 heridos que se manifestaban por la negociación de su convenio colectivo y que había sido precedido de despidos de los representantes de los trabajadores que habían participado en las asambleas y convocado la huelga. Una declaración, fechada el 11 de marzo, 54 años después del crimen efectuado por las fuerzas represivas de la dictadura que es un acto de reparación y de memoria que debería sin duda extenderse al reconocimiento público de tantas otras acciones delictivas de la dictadura.

Y que deberían ser conocidas también por la opinión pública y no quedar ocultas o ignoradas por los grandes medios de comunicación, como es la regla en nuestro país.

Aqui la declaración institucional del Gobierno de España:

Declaración institucional de reconocimiento a las víctimas de los sucesos del 10 de marzo de 1972 en Ferrol, se condena la actuación desproporcionada de la Policía Armada en aquellos sucesos y se reafirma el compromiso con la memoria democrática, la verdad, la justicia y la reparación

El 10 de marzo de 1972, la ciudad de Ferrol, Galicia y el resto de España se despertaba con la noticia de uno de los acontecimientos más graves y trágicos vividos por las personas trabajadoras durante la dictadura franquista.

Poco después de las 8 de la mañana, una manifestación pacífica de más de 4000 personas trabajadoras del astillero de la Empresa Nacional Bazán, que se dirigía hacia el barrio de Caranza en busca de la solidaridad de las personas trabajadoras de la construcción y del vecino astillero de ASTANO en Fene, fue interceptada por una compañía de la Policía Armada, que trató de disolverla disparando directamente contra las y los manifestantes, dejando tras de sí dos trabajadores muertos, Amador Rey y Daniel Niebla y más de un centenar de personas heridas, algunos en estado muy grave.

El conflicto sociolaboral se originó en el marco de la discusión del V Convenio Colectivo de la Empresa Nacional Bazán, que se inició en septiembre de 1971, en el que las personas trabajadoras del astillero defendieron su propuesta de un convenio de ámbito local con asambleas, manifestaciones, plante de horas extras y paros parciales. La demanda fue rechazada y la única respuesta fue la represión: prohibición de asambleas; sanciones a los enlaces obreros en el Jurado y amenazas de despidos.

Ante la aprobación en Madrid del V Convenio sin la participación de la parte social de Ferrol, las personas trabajadoras acordaron ir a un paro general, lo que llevó a la empresa a despedir, el 9 de marzo de 1972, a los representantes legales en el Jurado y a los enlaces sindicales. 

Las personas trabajadoras paralizaron la actividad y se reunieron en asamblea permanente delante de la dirección del astillero hasta conseguir su readmisión. Finalmente, el Gobierno Civil y la dirección de la empresa ordenaron la entrada de la policía en el astillero para desalojar, con extrema violencia, la factoría. 

La indignación por lo ocurrido provocó manifestaciones y enfrentamientos en toda la ciudad y el día 10 de marzo de 1972 tendrían lugar los acontecimientos ya mencionados mientras se paralizaba toda la actividad económica de la comarca ferrolana y los paros de solidaridad se extendían tanto por Galicia como por el resto de España.

Diez días después, las personas trabajadoras se reincorporaron al trabajo sin la presencia de las personas heridas y las cerca de cien personas despedidas del astillero, entre ellos todos sus representantes. La represión alcanzó también a más de cincuenta personas trabajadoras de ASTANO y de otras empresas de la comarca, muchas de las cuales fueron multadas y encarceladas. Algunas fueron condenadas en un consejo de guerra y otras fueron procesadas y condenadas por el Tribunal de Orden Público (TOP), en uno de los grandes procesos de la historia del TOP, conocido como el de «los 23 de Ferrol».

 En 1978, recuperadas las libertades, el primer congreso del Sindicato Nacional de las CCOO de Galicia -a las que pertenecían todas las personas represaliadas-, aprobó una resolución que declaraba el 10 de marzo «Día da Clase Obreira Galega» y hoy, 54 años después de los acontecimientos, así es conmemorado por todas las centrales sindicales.  En Ferrol y su comarca, las víctimas del 10 marzo de 1972 han sido reconocidas y homenajeadas anualmente por diversas instituciones y en las ciudades de Galicia existen calles y plazas que llevan de nombre «10 de Marzo».

 El 10 de marzo simboliza hoy la lucha de las personas trabajadoras de Ferrol por la conquista de las liberades democráticas y contra la represión sufrida desde 1936. Así ha sido considerado en el acuerdo de la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática por el que se incoa el procedimiento para declarar a Ferrol ciudad de memoria democrática en reconocimiento de su historia de represión y resistencia obrera.  

En esta Declaración institucional, el Gobierno expresa su reconocimiento y homenaje a las personas fallecidas y a todas las que resultaron heridas, así como a sus familiares. Asimismo, condena la actuación desproporcionada de la Policía Armada en aquellos lamentables hechos y reconoce el sufrimiento y el dolor padecido por las víctimas y sus familias, así como la trascendencia histórica de lo sucedido.

El Gobierno reafirma, además, su compromiso con los principios de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición, así como con el fortalecimiento de las políticas públicas de memoria democrática, convencido de que la consolidación de nuestra democracia exige asumir de manera honesta ante las víctimas, la sociedad ferrolana, gallega y española, los dolorosos acontecimientos del 10 de marzo de 1972 y garantizar que nunca más el ejercicio de derechos fundamentales y laborales sea respondido con violencia.

Cinco décadas después de aquellos hechos, el Gobierno considera que la memoria de las víctimas forma parte inseparable del patrimonio democrático común de Ferrol y del conjunto de la sociedad, y constituye un recordatorio permanente del valor de la dignidad del trabajo, la justicia social, el diálogo y la paz.

 


jueves, 12 de marzo de 2026

LOS DESAFIOS DE LA GOBERNANZA: SEMINARIO INTERNACIONAL EN CIUDAD REAL

 



Emma Rodriguez (en la foto) y Sebastian Copoletta han drigido un libro colectivo que centra en la noción de vulnerabilidad el gran desafío que la gobernazna de las relaciones laborales tiene en el momento actual. Se trata de un libro que ha publicado la Editorial Bomarzo y qie tiene una vocación transnacional, uniendo reflexiones desde la cultura laboralista española a las que provienen de destacados exponentes de diversas naciones de Latinoamérica. 

Este trabajo colectivo es el que ha servido de base a un seminario internacional que organiza el Centro Europeo y Latinoamericano para el Diálogo Social, instituto de investigación de la Universidad de Castilla La Mancha, (CELDS-UCLM) el próximo 18 de marzo en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales del campus de Ciudad Real y cuyo programa se comparte en esta entrada del blog.

Es en efecto un encuentro de interés en el que se abordarán algunos de los temas más impactantes que en el volumen colectivo han sido tratados.

El CELDS -UCLM se honra asi de haber organizado este interesante acto académico que a buen seguro tendrá una excelente acogida en la sede manchega.

 

 

SEMINARIO INTERNACIONAL


Los desafíos sociales a la gobernanza de las relaciones laborales

 

ORGANIZA: Centro Europeo y Latinoamericano para el Diálogo Social

 

Cuadro de texto: Lugar: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales 
Día 18 de marzo 2026
Horario: 11:00h. a 13:30h. 
Evento gratuito y presencial      

 

11:00h  LOS DESAFÍOS SOCIALES A LA GOBERNANZA DE LAS RELACIONES LABORALES: LA VULNERABILIDAD EN EL EMPLEO.

 

Emma Rodríguez Rodríguez. Profesora Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad de Vigo (España).

Sebastián Coppoletta. Profesor de Derecho del Trabajo y Filosofía del Derecho. Universidad Nacional del Litoral (Argentina). Juez de cámara de apelación en Santa Fe (Argentina).

 

 11,30h IDENTIFICACIÓN DE LA VULNERABILIDAD


·       La nueva vulnerabilidad en el Derecho del Trabajo

                               Antonio Baylos Grau. Catedrático Emérito de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla-La Mancha. 

 

·       El concepto de vulnerabilidad en los pronunciamientos de la Corte interamericana de Derechos Humanos

                               Rosina Rossi Albert. Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad Nacional  de la República (Uruguay). Presidenta del Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Uruguay.

 

·       Derecho del trabajo y parentalidades emergentes: la conciliación y la corresponsabilidad en tiempos de diversidad familiar

Milena Bogoni. Profesora Contratada Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla-La Mancha.

 

Ø  Presenta y Modera: Francisco Trillo Párraga. Profesor Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla-La Mancha.

                

 

13:00h                   Debate y clausura


sábado, 7 de marzo de 2026

QUE SIGNIFICA ESTE 8 DE MARZO PARA EL SINDICALISMO. HABLA CAROLINA VIDAL, SECRETARIA CONFEDERAL DE MUJERES E IGUALDAD DE CC.OO

 


Como todos los años, el 8 de marzo se llenarán las calles de las ciudades españolas para festejar el día internacional de las mujeres, lo que originalmente se denominaba día de la mujer trabajadora, centrada en el espacio productivo del trabajo femenino retribuido. 2026 está siendo un año en el que se producen continuamente actos contrarios al derecho internacional humanitario, a los derechos humanos y al derecho internacional. En esta deriva autoritaria en el que la demostración de la fuerza, la violencia y la opresión son los elementos que adornan los actos horrendos de los Estados, está presente en sus múltiples aspectos, un componente ideológico en el que el feminismo se considera un enemigo a abatir, y el sindicalismo, una excrecencia organizativa que debe ser extirpada del tejido social. Vivimos tiempos extremadamente peligrosos para el pensamiento democrático.

Por eso este 8 de marzo el titular de este blog ha solicitado a Carolina Vidal, amiga y compañera de hace muchos años y secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO, un escrito en el que expusiera los elementos que a su juicio dan sentido al 8 de marzo de este año. Y que, como efectivamente apreciará nuestra amable audiencia, constituyen un conjunto de precisiones y argumentos de extraordinario interés. Con nuestro enorme agradecimiento a Carolina Vidal por su generosidad al permitirnos publicar su texto en esta bitácora, presentamos en exclusiva nuestra entrada que anticipa la celebración de mañana , 8 de marzo.

 

 

8 de Marzo. El poder de las mujeres. Poder que construye

 

Carolina Vidal López

Secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO

8 de Marzo de 2026

 

Si hay un día en el año en que las calles de todo el mundo se llenan de marchas feministas, en el que se escuchan las reivindicaciones de las mujeres por sus derechos, su autonomía, su libertad, incluso allí donde están prohibidas, es el 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres. Una jornada mundial vindicativa que, no olvidemos, tuvo su origen en el Día internacional de la mujer trabajadora promulgado en 1910 durante la II Internacional Socialista, impulsado por Clara Zetkin y los centenares de mujeres obreras, sindicalistas de 17 países, que la acompañaban, en la idea de unir con una sola marcha ante el mundo las reclamaciones de las mujeres como ciudadanas (las del sufragio) y como trabajadoras (las laborales).

El 8 de Marzo es un día de unidad feminista. Es el día en que mujeres de todo el mundo juntamos nuestras voces para reivindicar con energía, con determinación, que los derechos de las mujeres no tienen fronteras y no son negociables. Los derechos de las mujeres forman parte inalienable de los derechos humanos y, o son universales o son vulnerados.

Y, no, no son negociables. Ni aquí ni en ningún despacho oval ni en ninguna cumbre oscura de tecno-oligarcas ni en ninguna región del mundo. El feminismo sindical de clase de CCOO es internacionalista; y por ello reivindicamos los derechos y el poder de todas las mujeres del mundo todos los días del año.  Porque nosotras somos las que sostenemos la vida, las que producimos, las que investigamos, las que enseñamos, las que transformamos. Con nuestros trabajos, con nuestro tiempo, con nuestros brazos o nuestra inteligencia, con nuestra empatía y oficio, curamos, cuidamos, asistimos, levantamos, alimentamos, construimos…

Somos trabajadoras sea cual sea nuestro ámbito o sitio de trabajo: el textil, el campo, la enseñanza, el comercio, la seguridad ,el turismo, la hostelería, las administraciones públicas,  los medios de transporte, los medios de comunicación, la sanidad, los servicios sociales, la ayuda a domicilio, la industria del metal, química, farmacéutica, alimentaria, las conserveras, el calzado, del vidrio, la limpieza, los call center, oficinas y despachos, la industria naval o aérea, la construcción, cerámicas, madera, jardinería, el sector postal, la energía, las tecnológicas, la ciencia, la medicina, el hogar… todas somos trabajadoras por igual, solidarias y sororas unas con otras, especialmente con quienes se encuentran en situación laboral o social más precaria.

Y lo hacemos con poder: el poder de la palabra, de la unidad, de la conciencia de clase y feminista, de la organización sindical, de la interlocución institucional, la movilización y de la negociación colectiva. Porque, el nuestro, es un poder compartido, colectivo.

En esto del acceso al poder tenemos que hacer un poco de historia. Nosotras, las mujeres, partimos de un déficit histórico en participación en órganos del poder desde el inicio de las democracias modernas. Además, por la acción de estereotipos y roles sexistas, muchas veces hemos sido socializadas para no participar en el poder, se nos imponían mandatos de género: estar callada, sin autoridad, en posición subordinada. Y a las díscolas, a quienes se atreven a romper moldes, se las castiga, como hemos visto que hace la ultraderecha con comunicadoras, periodistas, políticas y sindicalistas ahora mismo.

Hasta que ha llegó la lucha feminista unitaria y con ella, las sucesivas conquistas de derechos de ciudadanía (derecho al voto, a la participación política, a la representación paritaria). Sin olvidar la base legal de la perspectiva de género, logro del feminismo, su entrada en las políticas públicas, la legislación y las instituciones. Un logro colectivo.

Junto a las estrategias de la acción positiva y la transversalidad de género, se añadió, como factor clave, también en la IV conferencia de Mujeres de la ONU. en Beijing 1995, el llamado empoderamiento de las mujeres: proceso por el cual, en un contexto en el que están en desventaja por las desigualdades estructurales de género, refuerzan sus capacidades, estrategias y protagonismo, tanto en el plano individual como colectivo, para alcanzar una vida autónoma en la que puedan participar, en términos de igualdad, en el acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en todas las esferas de la vida personal y social.

El feminismo sindical es un claro ejemplo de empoderamiento colectivo que empodera a todas porque busca igualdad en empleo digno, principal puerta de entrada a la autonomía económica y la libertad personal; porque trabaja para erradicas todas las violencias machistas, acompañar y proteger a las mujeres que las sufren, por blindar su derecho al aborto, por redistribuir los cuidados y cambiar la organización de los tiempos.

Claro que supone mover muchas inercias: potenciar la mirada crítica desde el feminismo, establecer políticas de igualdad y legislación específica, deconstruir la ideología patriarcal, todavía muy presente en la vida social, rescatar una genealogía feminista, crear redes y alianzas estratégicas, etc. Supone voltear al patriarcado y a su aliado incondicional, el capitalismo neoliberal.

El poder de las mujeres es, lo comprobamos a diario, un poder diferente. Más apegado a la vida cotidiana, más atento a necesidades materiales, de subsistencia (las cosas del comer), introduce en el foco público cuestiones consideradas tradicionalmente como “de mujeres”, por los papeles sociales asignados. Pero ya sabemos que “lo personal es político” y que las cuestiones vinculadas a los cuidados, a las violencias machistas, a los derechos reproductivo, son (deben ser) cuestiones de Estado, porque su afectación a la vida de las mujeres supone de facto una impugnación del Estado democrático y social de Derecho. Es un poder que busca resolver, de manera pragmática; dar respuestas, dar soluciones que mejoren la vida de todas, sin dejar a ninguna atrás, y no dar vueltas en torno a una noria de debates teóricos irresolubles.

Un poder que, cuando hay un número significativo de feministas, una masa crítica (y no una sola “abeja reina”), se muestra como más colaborativo, más horizontal, más comunicativo, más empático, más dialogante, más comprensivo con esos problemas que acucian a las mujeres (empleos dignos, salarios iguales, cuidados, violencias, derechos reproductivos) y que implican una gestión del tiempo más eficaz. Es, en definitiva, un poder que construye (luego transforma), porque construye igualdad.

Un poder que cambia las condiciones laborales, los modelos familiares, los centros de trabajo, las relaciones sociales e instituciones y la sociedad entera.

Claro que no nos conformamos, falta mucho camino aún por recorrer hasta la igualdad efectiva. Pero sabemos reconocer los logros. Hoy trabajan más mujeres que nunca en España (10,46 millones de mujeres trabajando, el 46,6% de la población ocupada, EPA 2025) y están afiliadas a la Seguridad Social más mujeres que nunca (10.211.265 de media en enero 2026). Un avance que ha tenido lugar tras la Reforma Laboral del 2021, con una mejora en el empleo de las mujeres del +16,3% desde el año previo a la reforma laboral. El SMI ha subido un 66% desde 2028, con un innegable impacto en los salarios de las mujeres, hasta el punto en que no nos duelen prendas en decir que es una de las principales medidas feministas, si es que no es la principal.

Ese poder de las mujeres es el resiste ante el avance reaccionario. Siri Hustvedt escribía hace pocas semanas en EL PAÍS sobre el resurgir del nuevo fascismo que capitanea Trump. Todas las versiones del fascismo están obsesionadas con el antifeminismo y con la gloria del heroísmo y la brutalidad viriles. Recordemos que todos los Estados fascistas europeos arrebataron a las mujeres derechos de los que ya disfrutaban. La manosfera bulle de desprecio por las cosas que se consideran de mujeres, desde pedir una ensalada en lugar de un filete hasta estudiar artes en lugar de física, pasando por la compasión, la negociación y la propia democracia. La masculinidad belicosa y la misoginia no son secundarias en el fascismo. En España lo estamos viendo cada día.

Allí donde llega la ultraderecha vocera al gobierno (o donde lo condiciona, o donde hay gobernantes de la derecha tradicional trumpanizados) se reproducen estas consignas de gobierno: contra la Agenda 2030 -o lo que entienden que la representa, porque además de acientíficos son ignorantes-; contra la UE, contra políticas migratorias y las humanitarias, contra los derechos de las mujeres y de la población LGTBI+ y contra los sindicatos de clase.

Contraponemos nuestra fuerza transformadora al poder coercitivo de quienes pretenden retroceder imponiendo su programa autoritario fascistoide: eliminar el Ministerio de Igualdad y los organismos (y políticas y recursos) estatales, autonómicos y locales de igualdad y prevención de violencia de género; eliminar Leyes integral de violencia de género y la de violencia sexual; eliminar legislación feminista que lucha contra la discriminación de las mujeres como los planes de igualdad; derogar leyes de igualdad de trato como la Ley LGTBI (y prohibición de terapias hormonales y tratamientos para el cambio de sexo); derogar el derecho al aborto, políticas natalistas (sin corresponsabilidad); repatriación de migrantes (incluso de los menores), etc. Y otras, que también producen espanto, que son claramente anticonstitucionales y regresivas: en materia laboral, derogación de la Reforma laboral, supresión de obligaciones económicas de las empresas… y otras como derogación de la ley de eutanasia, suprimir las CCAA, las lenguas cooficiales, suprimir financiación a partidos políticos y sindicatos más representativos, acabar con los fondos europeos, la Agenda 2030, ilegalización de partidos independentistas, derogación de la ley de memoria histórica…

Algunas de ellas ya se han puesto en práctica allí donde influyen en gobiernos autonómicos y locales: Han eliminado organismos de igualdad (Concejalías, institutos de la Mujer, DGM,  etc.) con la consiguiente eliminación fulminante de políticas públicas y financiación de actividades de promoción de la igualdad y de prevención de la violencia machista. Añaden obstáculos (a veces, insalvables) en ejercicio del derecho al aborto, incumplen la ley y hacen gala de ello (Ayuso: Váyanse a abortar fuera). Niegan la violencia de género, la brecha salarial, la desigualdad estructural entre mujeres y hombres. Potencian una vuelta a los roles tradicionales de las mujeres (sumisas o subordinadas, madres, en espacios domésticos o alejadas del poder…).

Unas derechas que atacan el feminismo y al sindicalismo de clase porque saben que ahí está su dique de contención.

Frente a su odio, nuestra alegría. Como el poeta Mario Benedetti, defendemos la alegría como una trinchera, como un principio, un destino, un derecho. Porque nos queremos libres, iguales, alegres.

Frente a su destrucción, nuestro poder constructivo. Porque no vamos a dar un paso atrás y vamos a poder seguir decidiendo sobre nuestros cuerpos, nuestro tiempo y nuestros empleos y trabajo y, en definitiva, sobre nuestras vidas.

Desde CCOO reivindicamos ese poder de las mujeres, de las mayores que abrieron camino y de las jóvenes que siguen abriéndolo, para enfrentarse colectiva y sororamente al miedo y construir redes de apoyo donde antes había silencio. De las precarias, las migrantes, las trabajadoras de todos los sectores, las que pelean por subsistir en la economía sumergida, las que no están en el empleo porque se ven obligadas a cuidarlas ancladas en los suelos pegajosos

Ese es el poder que nuestra sociedad necesita para conseguir una democracia plena donde exista la igualdad efectiva entre mujeres y hombres en las relaciones laborales: que se acabe con las brechas salariales, la violencia de género y la violencia sexual, el acoso, la precariedad que castiga a las mujeres e invisibiliza los cuidados. Tejiendo de modo constructivo propuestas de mejoras para las vidas y empleos de todas y todos y, sobre todo, de quienes están más expuestas a la exclusión y a las discriminaciones y/o en situaciones más vulnerables.

Las sindicalistas somos parte esencial del mundo del trabajo, del movimiento sindical y de la defensa de los derechos laborales y sociales. Nuestro poder nace de la organización, de la unión, del trabajo cotidiano desde el feminismo sindical y la lucha colectiva. Venimos de muy lejos, trenzando generaciones de sindicalistas feministas: desde una organización que en su 1º congreso confederal (1978) tenía un 17% de mujeres en su afiliación al actual 48% de afiliadas, rozando el medio millón de mujeres en las CCOO.

Son mujeres el 46% de las 112 mil personas elegidas como delegados/delegadas sindicales por CCOO en las elecciones sindicales, esa “democracia dinámica”, como dice nuestro secretario general Unai Sordo de las representaciones sindicales producto de las elecciones sindicales, legitimadas para negociar normas con fuerza jurídica vinculante y capacidad para ser exigidas ante un tribunal. En palabras de Unai Sordo, “el sindicalismo es la mayor red democrática” de nuestro país.

Y del 7% en las comisiones ejecutivas en el 1º Congreso confederal las mujeres hemos pasado a ejecutivas paritarias. Listas paritarias (o con equilibrio de sexos) y cremallera en nuestros Estatutos.

Este 8 de Marzo tomamos las calles caminando juntas para transformar la sociedad con derechos para las mujeres, por la justicia social, la sostenibilidad del planeta y mejoras para toda la ciudadanía, sin olvidarnos, nunca, de las mujeres del mundo que sufren opresión y violencia, y gritando No a la Guerra.