La huelga
general convocada para el 11 de noviembre – salarios, vivienda, precios –
intenta plasmar un gran acuerdo social entre trabajadores asalariados,
autónomos, consumidores y la ciudadanía en general en torno a la realización
del derecho a una vivienda digna y adecuada que reconoce el art. 47 CE. Pero
esta acción colectiva tiene también un componente de género que la Secretaría
Confederal de la Mujer de CCOO ha querido poner de manifiesto en un documento
interno que sintetizamos a continuación en este blog gracias a la mediación de
nuestra amiga Carolina Vidal. La huelga del 11 de noviembre no puede
parangonarse a la llamada “huelga feminista” del 2018 que fundamentalmente se definía
como una huelga de cuidados llevada a cabo exclusivamente por mujeres. Pero sin
embargo el texto enumera los elementos que subrayan la importancia de la huelga
desde una visión feminista de la acción colectiva.
● Una
huelga que permita vivir mejor
Trabajar y recibir un salario no
garantiza llegar a fin de mes… especialmente a las mujeres.
Porque la pobreza tiene rostro de
mujer y la pobreza laboral también tiene rostro de mujer.
El trabajo reproductivo
(precario) y los cuidados no remunerados, y las menores y peores
condiciones de acceso y permanencia en
el mercado laboral (segregación, suelos pegajosos)
En general, la feminización de la
pobreza se refleja en la combinación de factores estructurales, laborales y
sociales: la sobrerrepresentación de las de mujeres en los contratos parciales
y con baja remuneración; la asunción desproporcionada, casi siempre en
solitario, de las responsabilidades de cuidados no remunerados (rol de
cuidadora por mandato de género), y las consiguientes interrupciones en la
trayectoria laboral o periodos de inactividad no deseada (carreras
profesionales discontinuas, mayores interrupciones como paradas). A ello se
suman otras dimensiones laborales como: la discriminación (discriminaciones
indirectas, como reflejan las brechas de género, las brechas salariales, las
desigualdades en el acceso a la protección social (brechas en prestaciones por
desempleo, en pensiones), la falta de plenos derechos laborales en trabajos
altamente feminizados como son el empleo de hogar o trabajos precarizados y
desregulados en las plataformas digitales de cuidados, limpieza, etc.
● Una
huelga para el derecho a una vivienda asequible
- Para que no haya ninguna mujer
como Maricarmen
Los desahucios impactan más en
las mujeres. En España se producen una media de 44 desahucios al día y, aunque
faltan datos oficiales desagregados por género, sabemos que las mujeres son la
inmensa mayoría, en torno a un 70%.
Como consecuencia, la presencia
de las mujeres en el sinhogarismo no cesa de crecer (está en torno al 23% según
'Hogar sí'), pero existe un sinhogarismo femenino invisible que hace referencia
a aquellas situaciones, normalmente de sumisión, en las que las mujeres
conviven en viviendas y situaciones indeseadas antes de quedarse en la calle.
Un colectivo muy precarizado en
términos de vivienda son las mujeres mayores que viven solas. No es casual que
el rostro humano de la movilización haya sido Maricarmen. Un 23% de las
personas +65 años vive en hogares unipersonales. Son mujeres el 70%. Este
porcentaje sube en mayores de 85 años al 78%. Es un grupo especialmente
empobrecido (subsisten con pensión de viudedad o no contributiva,
mayoritariamente).
● Una
huelga por salarios dignos
Las mujeres, son las personas más
afectadas por tener bajos salarios, al estar feminizados los sectores y
ocupaciones con salarios medios más bajos, por el peso del tiempo parcial
involuntario y las reducciones de jornadas por cuidados (con merma salarial),
por sufrir además una brecha salarial de género en todos los sectores y todas
las ocupaciones.
Debido a que son más las mujeres
que dependen del suelo del SMI, hay que valorar el Impacto positivo de género
de las subidas del SMI (desde 2018, +66%), pero entender que 2 de cada 3
personas que cobran el SMI son mujeres) Fruto y que, como consecuencia de de la parcialidad, 1 de 4 mujeres gana igual o
menos que el SMI en términos de salario anual, frente a solo el 10% de los
hombres.
Esta diferencia se materializa
asimismo en el Informe sobre la Brecha salarial : En España el
salario medio anual del empleo principal se situaba en 31.116 euros entre los
hombres y 25.958 euros entre las mujeres en 2024, según los datos de salarios
de la EPA. Eso supone una diferencia de 5.158 euros entre la ganancia media
anual de mujeres y hombres. El salario medio de las mujeres tendría que
aumentar un 20% para igualar el salario medio anual de los hombres. De nuevo aquí
la jornada a tiempo parcial explica el 55% de la brecha.
Los Salarios medios más bajos se
dan en sectores feminizados: El salario medio del empleo principal era de 2.387
euros brutos al mes en 2024. Los siete sectores con salarios medios muy
inferiores a la media son: empleo doméstico (1.138 euros), hostelería (1.520
euros), agricultura, ganadería y pesca (1.684 euros), actividades
administrativas y servicios auxiliares (1.675 euros), otros servicios (cuidados
personales, actividades asociativas, reparación bienes) con 1.731 euros,
actividades artísticas y recreativas (1.814 euros) y comercio (2.005 euros). En
todos ellos el predominio de mujeres es evidente.
● Una
huelga para que las mujeres vivan una vida libre de violencias
- Para que no haya ninguna mujer
como Olga, que se suicidó tras su desahucio
Una mujer que intenta huir de la
violencia de género, o sencillamente separarse de un maltratador, debe contar
con alternativa de vivienda procurada por la atención integral a víctimas de
violencias machistas. Salir de la violencia de género, sexual o de trata y
explotación sexual, debe comportar resolver la situación de necesidad
habitacional para las mujeres de manera permanente y sostenida, especialmente
ante la falta de recursos económicos. A la violencia que una mujer en estas
situaciones está sufriendo no debe añadirse la desprotección social.
● Una
huelga por empleos dignos
Un empleo de calidad es la
principal llave para la autonomía económica, y la libertad personal.
Decimos que la pobreza laboral
tiene rostro de mujer porque las mujeres somos mayoría en los factores
causantes de la pobreza laboral:
- somos mayoría en el desempleo,
y muy especialmente en el desempleo sin empleo anterior, de mayores de 45 años
o de larga duración;
- somos mayoría en la economía informal (empleo del hogar,
plataformas digitales);
- somos mayoría en la
contratación temporal y a tiempo parcial, a veces en ambas, de manera clara en
la contratación a tiempo parcial sobre todo en la parcial;
- somos mayoría en sectores con salarios medios
más bajos;
- somos mayoría en la realización de horas
extraordinarias sin pagar –calculamos 2,5 millones de horas a la semana, la
mayor parte en sectores feminizados: educación, comercio, hostelería…;
- estamos mayoritariamente ancladas, sin
promoción, a ocupaciones sujetas al SMI y - a veces, a cargo de familias
monoparentales, donde las mujeres, somos
el 80% de estas familias.
● Una
huelga por servicios públicos de calidad
Los servicios públicos,
gratuitos, son una forma de salario en diferido, de redistribución de la
riqueza común, en buena parte sostenida por las rentas del trabajo. Al tener
carácter gratuito, son esenciales para las mujeres, que dependen como usuarias
(y como trabajadoras): sanidad, educación, dependencia, servicios sociales…
● Una
huelga por los cuidados
El actual modelo denota
desigualdad de clase y de género.
Llevamos ya unos años señalando,
en desde el papel que nos corresponde, como sindicato de clase y feminista, que
hay que abordar la transformación del actual modelo de cuidados.
Por la sostenibilidad de la vida,
por la igualdad efectiva, por un pleno Estado social, por la solidaridad y la
inclusión, por la democracia: hay que transformar el sistema de cuidados.
Consecuencias para las mujeres
(trabajadoras y pobres): las mujeres hemos sido expropiadas de nuestro
tiempo. El rol de género que nos sitúa
como cuidadoras vitalicias supone en la práctica que el tiempo no nos pertenece,
que debemos ponerlo al servicio de “los otros”. Y esto tiene consecuencias. Entre otros, interfiere en el empleo
(inactividad, jornada a tiempo parcial, excedencias, abandono temprano,
penalización laboral de la maternidad de facto, etc.) Los cuidados tienen que
dejar de ser una trampa para las mujeres (las trabajadoras, las pobres) que nos
ata a los suelos pegajosos y ser un derecho para todas las personas,
individualmente consideradas.
Algunos datos simplemente para
dar cuenta de lo anterior:
● Inactividad
por “labores del hogar”. De los 3,3 millones de personas inactivas que lo están
por “labores del hogar”, 9 de cada 10 son mujeres (el 85,31%), más de 2,8
millones de mujeres.
● Excedencias
por cuidados. Datos 1º Trimestre 2026. De cada 10 excedencias, 8 de mujeres:
mujeres, el 81,3%, y el 18,7%, hombres.
● Tiempo
parcial por cuidados. Se ven abocadas al tiempo parcial por cuidados: medio
millón de personas, el 91,6% mujeres (9 de cada 10)
Además, las trabajadoras de los
sectores de cuidados soportan unas condiciones de sobre-precariedad. Cuanto más próximas a las tareas de cuidado,
más precarizadas y desvalorizadas, lo vemos claramente en la ayuda a domicilio,
las educadoras escolares de 0 a 3 años, las auxiliares de geriatría, las
trabajadoras de las plataformas digitales de cuidados y atención a las
personas, etc.
Y, aunque a nuestro entender, las
trabajadoras del hogar no son trabajadoras de cuidados, en muchos casos las
emplean con esa finalidad, especialmente a las migrantes.
Por todas estas razones, por
tanto, participar en la huelga general del 11 de septiembre supone asimismo denunciar
estas condiciones de trabajo, de empleo y de vida de la mujer trabajadora y manifestar
colectivamente que esta es también la lucha de todas las personas trabajadoras.

