lunes, 18 de febrero de 2019

NUEVAS FORMAS DE TRABAJO Y NUEVAS ESTRUCTURAS EMPRESARIALES. RETOS PARA EL DERECHO DEL TRABAJO




Nadie habla de Europa en el debate político actual. Todo se desarrolla como si la variable europea, que ha sido determinante en la imposición de las políticas de austeridad, no tuviera trascendencia. Tampoco se analiza la previsible quiebra de la legitimidad europea y la incapacidad de reacción de la UE pese a haber lanzado la iniciativa del pilar social europeo. Sin todo ellos temas que sin embargo asoman con relativa frecuencia a este blog, convencidos de que la interrelación entre el nivel nacional-estatal y el supranacional europeo es un elemento decisivo en orden a la articulación de un proyecto de resistencia y de reconstrucción democrática.

Claro que somos muchos los que abordamos esta perspectiva integrada europea, aunque lamentablemente este tipo de enfoque no tenga reflejo en la difusión mediática del debate político, ni por otra parte el relato mantenido fundamentalmente por las fuerzas políticas hoy en liza lo ignoren de manera expresa. La dimensión sindical y social reivindica desde hace tiempo esta perspectiva europea, pero lo hace de forma crítica, señalando sus déficits e incomprensiones respecto de lo que debería constituir el eje de actuación de la Unión Europea en torno al reforzamiento de la democracia y al desarrollo de los derechos sociales.

Desde hace mucho tiempo, este enfoque es compartido también por organizaciones de la sociedad civil. Entre ellas la red de Juristas Europeos de los Trabajadores, un significativo grupo de abogados laboralistas de toda Europa – realmente en su inicio de la Europa Central, de Gran Bretaña y de Francia – que desde el comienzo de la crisis han duplicado su actuación  buscando la ampliación de la red al sur de Europa y manteniendo posiciones radicalmente opuestas a las decisiones políticas derivadas de la gobernanza económica europea.

Este año han realizado su conferencia anual en Frankfurt. Francisco Trillo  y Antonio García – Muñoz Alhambra, ambos profesores de la UCLM y este último actuando en la conferencia como consultor de CCOO, han participado en la misma como ponentes. La crónica de este evento la suministra Paco Trillo en rigurosa primicia para este blog.

Los días 15 y 16 de febrero ha tenido lugar el sexto encuentro organizado por la red European Laywers for Workers Network (ELW). Después de las Conferencias de Bruselas, París, Berlín, Madrid y Florencia, Frankfurt ha sido la ciudad anfitriona de este evento que ha reunido a más de sesenta expertos procedentes de quince países diferentes. El apoyo de otros colaboradores ha sido fundamental como es el caso de IG Metall, quien puso a disposición de los organizadores sus magníficas instalaciones.

El tema de la Conferencia, en línea con los debates más actuales del Derecho del Trabajo, ha sido la relación entre los nuevos modelos de negocio, fundamentalmente aquellos relativos a las denominadas plataformas digitales, y las formas de trabajo que estos arrojan. Para ello, la organización elaboró un programa bien trabado en el que se analizaron los aspectos de la relación laboral más expuestos al impacto de la organización empresarial que se esconde tras la Gig economy.

Tras una intervención inicial del responsable del Gabinete Jurídico de IG Metall (Frankfurt), Boris Karthaus, quien insistió en la importancia de la acción jurídica promovida por y desde la acción sindical en relación con las nuevas formas de trabajo (digitales), tuvieron lugar cinco densas intervenciones que abordaron las materias más controvertidas del Derecho del Trabajo de las plataformas digitales. Aspectos como la calificación de la relación de trabajo, los derechos colectivos, el régimen jurídico del tiempo de trabajo, o la protección de la salud de los trabajadores, fueron los principales temas abordados junto a la presentación de algunas estrategias sindicales y jurídicas desarrolladas hasta el día de hoy.  

La reconstrucción del tiempo de trabajo fue presentada por Cristina Inversi, Lecturer en la Universidad de Manchester, quien, a partir del estudio del caso Deliveroo en diversas ciudades inglesas, procedió a desmontar el misticismo del que se ha rodeado la teórica capacidad de los trabajadores de elegir la cantidad y distribución de su tiempo de trabajo. Así, llamó la atención sobre la diferente forma de expresarse aquella libertad en función de la dedicación, a tiempo parcial o completo, de los “riders”. A mayor dedicación -necesidad-, dicha libertad parece menguar en la práctica a través de la amenaza de salarios menores y de la posible desconexión del “rider”. Aude Cefaliello, contribuyó con una interesante presentación sobre los riesgos laborales que se derivan de las plataformas digitales, entre psicosociales y musco-esqueléticos, apuntando una relación entre la organización que provoca el riesgo, la identificación del empresario y la calificación de la relación de trabajo.

La segunda mesa del día 15 de febrero comenzó con la intervención de Reingard Zimmer en materia de derechos colectivos. El foco de atención de esta presentación se localizó en la importancia creciente de dotar a los trabajadores de un gran paraguas de derechos colectivos a través de los cuales hacer efectivos sus derechos, también relacionados con la calificación de la relación de trabajo. En ese sentido, Francisco Trillo, que tenía encomendado profundizar sobre las vías de reconstrucción de la laboralidad en el ámbito del trabajo en plataformas digitales, señaló la importancia que a estos efectos ha tenido la degradación/precarización del estatuto jurídico del trabajador por cuenta ajena a propósito de las políticas de austeridad, todavía hoy vigentes. Jan Cremers expuso con contundencia los fenómenos más relevantes de fraude empresarial, tanto en materia laboral, fiscal como medioambiental. De esta forma, Cremers delineó una relación directa entre estos comportamientos fraudulentos y la conformación de un mayor beneficio empresarial.

Al día siguiente, la conferencia dio comienzo con la intervención de Christiane Benner, co-secretaria general de IG Metall (Frankfurt), quien relató la experiencia del sindicato con el trabajo en plataformas en las diferentes fases de conflicto, defensa jurídica y negociación. A partir de ahí, tuvieron lugar dos paneles donde se dio cuenta de las principales estrategias sindicales y jurídicas desplegadas en el seno de algunos Estados miembro. El primer panel fue desarrollado por Esther Lynch (ETUC), Emilie Durlach (CFDT), Ewa Podgórska (NSZZ) y Antonio García-Muñoz Alhambra (UCLM/CCOO), quienes con carácter general avanzaron una serie de estrategias sindicales diferenciadas en función del desarrollo e implantación del trabajo en plataformas digitales en cada experiencia nacional. Todos ellos coincidieron en la urgente necesidad de impulsar una Europa más social a través de la movilización sindical y, más concretamente, a propósito de estas “nuevas” formas de trabajo.  

La Conferencia concluyó con una exhaustiva narración de las experiencias judiciales producidas en la materia. Este panel lo conformaron Declan Hendy (UK), Bas van Dis (Netherlands) y Elena Gramano (Italia) en donde se dieron cuenta de las convergencias judiciales hacia la laboralidad de estas nuevas identidades laborales de la digitalización.

En resumen, un encuentro entre juristas europeos – muchos de ellos dedicados a las tareas universitarias – que permite una coordinación informada sobre una de las urgencias que se plantean tanto al movimiento sindical como a la reflexión académica y profesional sobre las nuevas identidades laborales que pueblan el mundo de la digitalización y que requieren una respuesta en el marco de la regulación institucional de una parte y de la integración en las estructuras sindicales de otro.

Es un tema hoy en pleno candelero. La semana que viene el CGPJ dedicará un curso de formación a jueces y magistrados sobre los derechos digitales reconocidos en la LO 3/2018 de protección de datos, y el 28 de febrero el Gabinete de Estudios Jurídicos de CCOO presenta su 53ª Jornada de Estudio en Madrid sobre “Los efectos laborales de la nueva regulación de protección de datos personales”, con especial atención a las obligaciones empresariales, las garantías frente a las tecnologías de control empresarial, las facultades de los representantes de los trabajadores, y en fin el papel de la negociación colectiva. Conocer en qué medida en los países de Europa más importantes se está construyendo un espacio colectivo y normativo de regulación de las nuevas formas de trabajo en la digitalización y su consideración como fenómenos en donde ley y convenio colectivo pueden intervenir eficazmente; entender que sin la implantación de figuras de representación colectiva en ellas, estas formas de trabajar se degradan como actividad productiva y se encuadran en un marco de disminución de derechos que pone en cuestión la misma noción de trabajo decente.




viernes, 15 de febrero de 2019

CONVOCATORIA DE ELECCIONES: TANTO POR HACER




Nos lo habían dicho, pero al final hasta la comparecencia de hoy a las diez de la mañana, no ha sido oficial: el día de las elecciones generales será el 28 de abril, a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Una fecha que coincide con el día internacional de la salud laboral y antecede al “puente” del 1 de mayo. Atrás quedan las declaraciones del presidente Sánchez en las que enfáticamente aseguraba que llegaría en todo caso al 2020 y que “si fracasan los Presupuestos, gobernaré con Decretos” (PedroSanchez gobernará aunque no le aprueben los presupuestos). Poco dura la alegría en la casa del pobre, como diría mi inolvidable tía Viti.

Dejando de lado las consabidas explicaciones sobre la necesidad de recomponer el tablero político, la inamovible cuestión catalana que sabemos reconducida al peor de los escenarios posibles, y otras zarandajas mediáticas, lo que de verdad importa es comprobar en qué medida sirvió a los intereses ciudadanos estos ocho meses de gobierno del PSOE tras la moción de censura al gobierno del PP de Mariano Rajoy y más en concreto los efectos de esta etapa de gobierno sobre la  cuestión social, que es, pese a que los grandes medios conspiran para ocultarla y hacerla invisible, la cuestión principal en este país tras los seis años de aplicación de las políticas de austeridad por los gobiernos del PP.

En los periódicos digitales más interesantes se enumeran algunas de las carencias o por mejor decir las medidas que la convocatoria de elecciones no podrá llevar a cabo. Lo que en esta entrada se quiere poner de relieve por el contrario es lo que el gobierno ha hecho hasta ahora en políticas sociales, cuáles han sido sus referencias para ello, el alcance de las reformas efectuadas y finalmente el significado de los temas que han quedado pendientes.

Conviene recordar brevemente, en efecto, que antes de la moción de censura que desalojó felizmente al nefasto gobierno del PP de Mariano Rajoy, el PSOE mantuvo una escasa actividad legislativa, y además fue paralizada por el gobierno del PP sobre la base del art. 134.6 CE según el cual el Gobierno puede negar su conformidad a una proposición de ley si ésta supone “aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios”. En efecto, una proposición de ley del Grupo socialista para la modificación de la subcontratación de servicios laboral (art. 42 ET) fue vetada por el gobierno y el Tribunal constitucional en STC 44/2018, de 26 de abril, entendió que este veto es inconstitucional porque debe justificarse mínimamente. La proposición de Ley se tramitó a partir de ahí y es ese testo al que el gobierno confiaba la introducción de importantes modificaciones de la norma laboral en materia de registro de jornada y negociación colectiva, como luego se verá.

En ese período previo, la mayor actividad legislativa de reforma corresponde al Grupo Parlamentario de Unidos Podemos – En Comú  Podem. En Marea, con una larga serie de proposiciones de ley de entre las cuales solo se ha tramitado hasta el momento la proposición de ley sobre igualdad salarial y eliminación de la brecha de género, pero donde hay un dilatdo elenco de temas bien desarrollados que dan cuenta de un proyecto de regulación de las relaciones laborales que desmonta los elementos centrales de la reforma laboral del 2012 y desarrolla aspectos importantes de un programa progresista de derechos laborales. El aislamiento institucional en el que paradójicamente se mueven estas iniciativas - ¿no es el Parlamento el espacio en el que se producen los grandes debates que interesan a la opinión pública? - impiden que sean conocidas por la ciudadanía en general y ni siquiera por una buena parte de los que serían sus protagonistas, las y los trabajadores del Estado español.

A partir del 2 de junio de 2018, se entra en una fase caracterizada por una serie de declaraciones y acuerdos que no necesariamente van a tener una traducción normativa, pese a la trascendencia de alguna de estas decisiones.  En efecto, se entra en un período de declaraciones a cargo de diferentes miembros del gobierno que en muchas ocasiones se desmienten unos a otros sobre los propósitos de reformas incoherentes entre sí sobre la reforma laboral y sobre la seguridad social. Pese a que en la justificación política del nuevo gobierno resultaba un elemento clave la derogación de la reforma laboral y la reconstrucción de las garantías precisas para enlazar  las pensiones con el IPC, el resultado concreto de estos compromisos se postergaban a lo que se decidiera en el diálogo social o en el Pacto de Toledo, en el bien entendido de que el Gobierno pretendía priorizar la reforma de algunos aspectos de la reforma del 2012 especialmente en materia de negociación colectiva y la derogación de la reforma de Seguridad social del 2013.

La firma del IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva 2018-2020 (IV AENC) en julio de 2018 entre CCOO y UGT se una parte y CEOE-CEPYME de otra, contenía dos elementos fundamentales, el establecimiento de un salario convenio mínimo de 14.000 € anuales, 1.000 € al mes y un compromiso de diálogo con los interlocutores sociales y el gobierno para intervenir sobre aspectos concretos de la reforma laboral del 2012 especialmente en materia de negociación colectiva. Esta última estipulación permitió al Gobierno incentivar el diálogo social a través de la apertura de mesas de negociación sobre este particular y por consiguiente dilatar la resolución de aspectos centrales y perentorios de la reforma esperando la conclusión de un acuerdo entre los interlocutores sociales que le garantizarían el acuerdo del Congreso en la convalidación de un Decreto Ley al respecto. Mientras tanto, la única señal de acción concreta por parte del gobierno en materia laboral fue la aprobación de un Plan Director para el Trabajo Digno el 27 de julio 2018 que comprometía la actuación de la Inspección de Trabajo en el incumplimiento del fraude en la contratación temporal y tiempo parcial y en la persecución de los supuestos de falsos autónomos, lo que habría que arrojar buenos resultados en los siguientes meses.

En octubre de 2018 se llega al trascendental Acuerdo Presupuestario entre el Gobierno y el grupo de Unidos Podemos- En Comú Podem – En Marea que contiene un importante contenido laboral y social: tanto el SMI a 900 euros, como la revalorización de pensiones, la derogación del factor de sostenibilidad, la reforma del contrato de obra y servicio desligándolo de la duración de la contrata, la eliminación de la preferencia aplicativa del convenio de empresa y el establecimiento de la ultra actividad sin límite, el subsidio de mayores de 52 años, la nueva contribución de los autónomos, la ratificación del convenio 189 de la OIT sobre trabajo doméstico, la ratificación de la Carta Social Europea modificada, y en general todo un programa de prestaciones en dependencia, mejoras en el desempleo, junto con la promesa de configurar un grupo de estudio para la realización de un nuevo Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI. Es mucho más que un acuerdo sobre los presupuestos, da sentido y fuerza a un programa de gobierno y permite por tanto pensar en un horizonte de reformas que reviertan durante el tiempo de la legislatura los elementos más negativos de la reforma laboral del 2012 y las reformas en materia de Seguridad social del 2013. Con este Acuerdo, la identidad social del gobierno queda marcada y definida por los objetivos sociales del mismo, aunque se asistirá posteriormente a continuas tensiones en el seno del PSOE para achatar o incluso anular el alcance de estos compromisos, que en unos casos se resolverá positivamente mediante la presión de los votos de Unidos Podemos y que en otras ocasiones se buscará su solución en el aplazamiento de la toma de decisiones al respecto.

Por último, la urgencia sindical por revertir la reforma laboral logró que en diciembre del 2018 se llegara a un preacuerdo entre Gobierno y CCOO y UGT sobre derogación de la prevalencia del convenio de empresa sobre el sectorial, reponer la ultra actividad de los convenios, establecer el registro de jornada, reformar el art 42 ET para que los trabajadores “secundarios” de la contrata cobren el salario de los trabajadores de la empresa principal, reestablecer la jubilación forzosa pactada en convenio y el subsidio de mayores de 52 años. La CEOE-CEPYME se opuso a este acuerdo con una sobreactuación en la prensa que no sólo buscaba establecer implícitamente un principio de veto ante cualquier reforma laboral que no contara con su anuencia, sino que quería bloquear la incorporación de estos temas a una norma de urgencia como el Decreto-Ley. El gobierno fue sensible a este veto y derivó la regulación de estos temas a la proposición de ley que se estaba tramitando sobre modificación del art. 42 ET sobre subcontratación de obras y servicios, donde iba a incluir las modificaciones del Estatuto de los Trabajadores pactadas bilateralmente con los sindicatos y sin embargo mediados a través de las enmiendas al texto tramitado.

Es a finales de año cuando se produce el único impulso gubernativo a las reformas sociales, mediante una emanación en cadena de decretos y sobre todo de Decretos –Leyes que luego habrán de ser convalidados por el Parlamento. De manera muy sintética se pueden recordar los principales temas de esta intervención: En primer lugar y de manera destacada, el RD 1462/2018, de 21 de diciembre por el que se fija el salario mínimo para el año 2019 en 900 euros al mes / 30 € día. En la misma dirección, el RDL 24/2018, fija un incremento de las retribuciones de los empleados públicos en un 2,5 %. Se trata sencillamente de recoger el II Acuerdo para la mejora para el empleo Público firmado con los sindicatos del sector con el Ministro Montoro  que el PP no había puesto en práctica.

Además otros aspectos de relieve: Nueva jubilación parcial en el RDL 20/2018 para los trabajadores de la industria manufacturera, coeficiente de temporalidad para incremento cotización en contratos temporales de corta duración, cotización de becarios y estudiantes en prácticas a la Seguridad Social, Jubilación forzosa en convenios colectivos, todo ello en la norma “escoba” RDL 28/2018, que aun contiene otras prescripciones como la derogación de contratos e incentivos que la reforma del 2012 había previsto como “excepcionalidad social” ante las cifras de desempleo en la crisis, vinculados a la tasa de desempleo de un 15%, derogación del Contrato de Apoyo a los Emprendedores (CAE) que había sido impugnado por inconstitucional al prever un período de prueba de 1 año, del contrato de primer empleo Joven y de una larga serie de incentivos económicos aparecidos en el 2012 y 2013.

Además, el RDL 25/2018 prevé ayudas especiales y prestaciones en la “Transición justa” de la minería del carbón, fruto de un Acuerdo entre las Federaciones de Industria de CCOO y UGT  y la patronal del Carbón, o la compatibilidad de la pensión de jubilación con los derechos de autor y promesa de modificación de la relación laboral de carácter especial de los artistas en espectáculos públicos en el RDL 26/2018. El gobierno a su vez ha iniciado los trámites para ratificar la Carta Social Europea revisada en 1995, pero no sabemos si también lo hará con el protocolo de reclamaciones colectivas. No parece tampoco que cumpla su compromiso de ratificar el Convenio 189 de la OIT.

En materia de Seguridad Social, aunque lo más importante quedaba para la Ley de Presupuestos, se establece la revalorización de las pensiones en un 1,6% y un 3% las pensiones mínimas y no contributiva y la subida de las bases mínima de cotización en el porcentaje de aumento del salario mínimo, junto con el “destope” leve – un 7% - de las bases máximas de cotización. También se prevé el incremento del período de percepción de la prestación por cese de actividad hasta 24 meses (frente a los 12 actuales) para los Trabajadores Autónomos y aumento del 1,25 % para estos de las bases mínimas de cotización en la Seguridad Social, y la creación de un “convenio especial para los afectados por la crisis”, para “recuperar” dos años de cotizaciones a la Seguridad Social perdidos durante la etapa de la crisis económica, al objeto de completar lagunas de cotización, mediante la suscripción de este convenio con la TGSS. Finalmente, mejora en la cuantía de la pensión de viudedad (un 4%).

Este tipo de reformas son sin embargo muy modestas – salvo la relativa al Salario Mínimo – en relación con las que deberían haberse aprobado y han quedado pendientes ante la convocatoria de elecciones. Basta con enunciar las más conocidas para entender su importancia: Vinculación de las pensiones al IPC y derogación del factor de sostenibilidad (el eje de la reforma del 2013 en la que tanto el pacto político como el acuerdo social eran plenamente coincidentes), ampliación del permiso de paternidad a ocho semanas, y ante todo las reformas urgentes ya señaladas sobre la desvinculación del contrato de obra y servicio de la duración de la contrata, la implantación del registro de horas –al que en poco tiempo nos obligará el TJUE – el establecimiento de un principio de igualdad salarial y de condiciones de trabajo de los trabajadores subcontratados respecto de los previsto en el convenio sectorial como mínimo garantizado, la derogación del principio de preferencia aplicativa del convenio de empresa o la afirmación del principio de ultra actividad una vez extinguido el convenio colectivo, elementos todos ellos centrales en el acuerdo tanto con los sindicatos como con Unidos Podemos que sin embargo ahora decaerá al no poder terminar la tramitación del texto legislativo en el que se incluían.

La emanación de normas de urgencia por parte del Gobierno en el período que resta hasta la disolución de las cámaras y las elecciones no parece que pueda pasar el filtro de una Diputación Permanente en donde tiene mayoría el PP y Ciudadanos. Por tanto el grueso de las reformas acordadas quedarán una vez más sin poder aplicarse. Un rasgo inquietante de la actuación del gobierno del PSOE que no ha sabido – ni tal vez querido – arbitrar los medios para llevar a la práctica los pactos establecidos. Un éxito para la CEOE que ha visto confirmada su capacidad de vetar las reformas laborales que no tengan su consentimiento, y que posiblemente espera que el resultado de las elecciones le permita seguir manteniendo el eje ideológico que reivindica respecto de la negociación colectiva de empresa fundamentalmente. Un horizonte negativo para la negociación colectiva que tiene que afrontar una irresponsable actitud de algunas patronales territoriales y de sector que se niegan a aplicar los compromisos adoptados en el IV AENC en un contexto legislativo inconveniente. Un incumplimiento evidente de núcleo central de los acuerdos alcanzados en el plano social y político que posibilita una vez más la no reversibilidad de los aspectos más negativos de la reforma laboral del 2012 de la que precisamente en estos días se cumplen siete años de ominosa vigencia.

Posiblemente no es ahora el momento para insistir en la movilización ya iniciada que actualmente tiene que cambiar de rumbo ante el anuncio de elecciones generales y la amenaza de que éstas sean ganadas por la ultraderecha tripartita y neoliberal que se ha manifestado de forma explícita en la Plaza de Colón el domingo 10 de febrero. Tiempo habrá para calibrar ésta, teniendo en cuenta además que se cruza en ese tiempo la importante convocatoria de la huelga feminista del 8 de marzo. Ahora solo queda recordar qué pese a haber trabajado duramente y haberse empeñado tanto los sindicatos más representativos y la izquierda parlamentaria en sintonía con los planteamientos de la ciudadanía social, sus esfuerzos han sido baldíos no sólo por la connivencia entre las fuerzas de la derecha y las que representan el independentismo catalán, sino por la incapacidad del gobierno del PSOE en encontrar las vías apropiadas en el tiempo oportuno para dar satisfacción a los acuerdos básicos que legitimaban su presencia institucional y daban confianza en su gestión de gobierno al servicio de los que han sido castigados por las políticas de austeridad en los últimos seis años.


martes, 12 de febrero de 2019

LA INVISIBILIDAD DE LAS MANIFESTACIONES Y CONCENTRACIONES SINDICALES



En los últimos días, hemos sido bombardeados con la inminencia de una manifestación en la Plaza de Colón de Madrid que tenía por objetivo preservar la unidad de la nación española y que había sido precedida de una fuerte descalificación personal y política del presidente del gobierno a cargo de los dirigentes políticos de la oposición tripartita en la que se integran, por orden de gradación a la derecha extrema Ciudadanos, Partido Popular y Vox. La manifestación ha generado a su vez innumerables comentarios sobre la base de la fotografía final de la misma con los tres partidos en pie de igualdad y la presencia en la concentración de significativas personas e instituciones, desde el ex ministro del interior Corcuera, y la incorporación del Sindicato Unificado de Policía (SUP) a la pancarta de Abascal, el líder de Vox, hasta el vedetismo de dos personajes mediáticos, el premio nobel Vargas Llosa y el ex ministro socialista francés Manuel Valls, flamante candidato a alcalde de Barcelona.

La temática sobre la que se construye la protesta era, como se sabe, la negociación del gobierno con los independentistas catalanes en el marco de las conversaciones para obtener el apoyo a los presupuestos presentados en el congreso, unos presupuestos que en líneas generales responden a unos acuerdos con Unidos Podemos y que plantean una mayor capacidad de gasto social y de inversiones. La protesta de la derecha no habla de este objetivo sino de la “traición” que supone intentar abrir un proceso de diálogo con el presidente de la Generalitat y los partidos que gobiernan Catalunya, lo que para este frente tripartito de partidos supone una claudicación de la idea nacional y por tanto un motivo seguro para la destitución del presidente del gobierno.

Todos hablan / hablamos de este asunto. Nadie sin embargo coloca la agenda social en el centro de las preocupaciones del país, como si la opinión pública no pudiera debatir más que a propósito de la estructura emocional de la nación española, envuelta en el color rojigualda de la bandera omnipresente.

Y sin embargo, coincidiendo con este evento político interno, se han producido en toda Europa en la semana pasada algunos hechos que deberían haber llamado la atención de los medios de comunicación. Si la convergencia entre la CGT francesa y el movimiento de los Chalecos Amarillos a partir de una huelga general el 5 de febrero no mereció apenas comentarios, mucho más en sordina pasó la convocatoria de una asamblea de cuadros sindicales de CCOO y UGT realizada en Madrid, en la Caja Mágica, el 8 de febrero viernes, con la asistencia de 10.000 delegadas y delegados en un mar de banderas rojas y violetas. Bajo el tema de “Más Hechos, menos palabras”, la asamblea sindical  se inscribía en la campaña de movilización acordada por las dos centrales para exigir a las organizaciones empresariales el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en el IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva; para exigir la aprobación de los consensos alcanzados con el Gobierno en las mesas de diálogo social para mejorar derechos laborales y sociales, así como la derogación de la reforma de pensiones de 2013; para impulsar la lucha por la igualdad y contra la brecha salarial; para establecer un contrapeso a las presiones que recibe el Gobierno para concretar avances sociales, y para romper el bloque sistemático que ejerce la mesa del Congreso y los grupos parlamentarios a las reformas que necesitan los trabajadores y trabajadoras. Un conjunto de temas cuya relevancia y trascendencia son evidentes, pero que apenas llamó la atención de algunos comentaristas económicos y un discreto lugar en las páginas interiores de los periódicos digitales al uso.

La movilización sindical en España no tenía nivel para situarse en las primeras noticias del día, pese a los muy cuidados e interesantes discursos de Pepe Álvarez y Unai Sordo, cuyo contenido debería ser escuchado con atención, y no solo por el Gobierno. Pero tampoco la inmensa manifestación sindical unitaria que al día siguiente, 9 de febrero, colapsó Roma y llenó la plaza de San Juan de Letrán de aquella ciudad en donde el recién elegido secretario general de la CGIL, Maurizio Landini exigió que el gobierno escuchara al pueblo del trabajo y cambiara el rumbo de la política económica, un discurso que no sólo no ha gustado a los miembros de la Lega de ese gobierno, sino que ha sido atacado en toda la línea por el inspirador del Movimiento 5 estrellas - ¿el relator del movimiento? – Beppe Grillo. Tampoco la huelga general prevista para mañana, 13 de febrero en Bélgica merecerá una sola nota de redacción de los periódicos ni desde luego las televisiones.

El trabajo no es ya un espacio sobre el que la información está interesada. Invisibilizándolo como elemento social y político, es decir como elemento central de la cohesión social y como clave de la inclusión democrática de las clases subalternas que propenden a construir espacios más amplios de ciudadanía social, se esconde también y fundamentalmente la figura social que lo representa, el sindicato como representante general de éste. La idea es la de desplazar el centro de gravedad de la discusión política hacia un espacio de debate alimentado por la crispación y el conflicto perpetuo con instituciones y adversarios predeterminados cuya solución a través de transacciones mutuas tras el conflicto no es aceptada y se denuncia como una práctica incompatible con la democracia. 

La libertad de información se transmuta en libertad de empresa, la que rige los propósitos de los grupos económicos que dominan los principales medios de comunicación privados en nuestro país. La pedagogía que llevan a cabo los medios de comunicación y a la que se arrastra a la opinión pública española – con la complicidad, voluntaria o forzosa, de los partidos democráticos – descorporeiza la realidad social que refleja la problemática material del trabajo y fomenta el desdibujamiento de los sindicatos, una subjetividad potente y activa que sin embargo es borrada del espacio virtual con la idea de obtener su desvitalización efectiva en la vida real, alejando de las preocupaciones inmediatas de la ciudadanía los temas que deberían ser su preocupación más acuciante: la nivelación salarial y la recuperación de condiciones de trabajo a través de la negociación colectiva, la revalorización de las pensiones y la derogación del factor de sostenibilidad, la reversión de los elementos más negativos de la reforma laboral del 2012, cuyo séptimo aniversario tampoco ha sido recordado posiblemente para que no se pudiera hablar de las consecuencias gravosas de devaluación salarial e incremento exponencial de la desigualdad como efecto inmediato de estos procesos normativos.

Es este por tanto un aspecto extremadamente negativo que complica de forma adicional la situación de los sindicatos en nuestro país. Un país acostumbrado a la mentira y a los insultos como práctica habitual de una estrategia de la crispación que desprecia y excluye cualquier planteamiento divergente del proyecto autoritario que se quiere imponer como forma “nacional” frente a la forma democrática y la complejidad que ésta reúne. Un país donde el símbolo más evidente de la tolerancia cómplice del oligopolio de los medios de comunicación con la ultraderecha es la presencia de tres periodistas leyendo un manifiesto plagado de mentiras e inexactitudes, tres profesionales de la información cuya praxis asume la falsedad y el odio como ejercicio cotidiano de su actividad.

Reaccionar frente a esta construcción inducida de una realidad proto-fascista de la que el trabajo es inexistente porque se le niega una cualidad política o social diversa de su condición estricta de mercancía, y, en la que consecuentemente, se anula la presencia, la voz y la imagen de las figuras sociales que lo representan, los sindicatos, es cada vez más urgente. Una tarea en la que hay que ser conscientes que la democracia se juega mucho y las y los trabajadores bastante más.