martes, 22 de marzo de 2016

EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA AMENAZADA EN BRASIL: UN MANIFIESTO




Absorbidos por los sucesos europeos, en especial con la potente degradación de los derechos humanos que se está produciendo en la Unión Europea en torno a la denominada “crisis” de los refugiados y la resolución del Consejo europeo de marzo de este año con el acuerdo con Turquía y las deportaciones masivas de refugiados, en clara denegación de las normas internacionales, se está descuidando la atención sobre otros escenarios de conflicto abierto muy problemáticos que se alinean con un panorama global en el que el neoliberalismo se muestra como un formidable enemigo de la libertad de los pueblos y de los derechos humanos. Es el caso de Brasil, en donde la democracia se encuentra amenazada.

Dilma Rouseff, presidenta de Brasil tras un ajustado escrutinio, no debería haber vencido las elecciones. Los brasileños deberían haber elegido al candidato que lideraba la coalición de centro-derecha. Este era el designio del poder económico-financiero en Brasil, que se correspondía con la necesidad de dar un giro político definitivo en todo el continente sudamericano, y en especial en los dos grandes actores económicos y políticos de la zona, Argentina y Brasil. En Argentina, en gran medida merced a los errores del kirchnerismo en la selección de candidatos y la conocida patrimonialización del espacio público por el peronismo, los pronósticos del conglomerado económico-financiero se cumplieron, y lograron la victoria de Macri y su gobierno repleto de CEOs de las correspondientes multinacionales. En Venezuela, el sistema chavista se encuentra fuertemente debilitado pese a su presidencialismo, ante la victoria de una oposición eficientemente unida desde la extrema derecha hasta una parte del centro-izquierda, que le ha arrebatado el control del parlamento. Son bien conocidas las dificultades del gobierno democrático de Ecuador, y la legitimidad de Evo Morales en Bolivia se encuentra muy deteriorada, tras la pérdida del referéndum. En Chile, el programa de reformas de progreso de Bacehelet se estrella una y otra vez con una oposición post-pinochetista que tiene sólidos aliados en el interior del bloque mayoritario de gobierno, y reproduce los esquemas básicos del neoliberalismo autoritario que se impuso en materia económica y social en la transición a la democracia. Perú se desliza hacia un posible escenario electoral en el que la sombra del fujimorismo y su autoritarismo político y social es una amenaza muy presente, y Colombia, paradójicamente, abre un espacio de debate político democrático interesante con la posible transición que lleve consigo las conversaciones de paz y los esfuerzos por la reinstalación de los combatientes en un tejido social lacerado por el neoliberalismo, la privación de derechos sindicales y la guerra. Frente a ese panorama, sólo Uruguay, con la nueva victoria del Frente Amplio y Brasil, con la re-elección de Rouseff, expresaban el consenso mayoritario de los ciudadanos respecto de las políticas de progreso y de emancipación social en un contexto global especialmente contrario a las mismas.

Pero Brasil es en si mismo un continente y su peso específico en materia económica y en el contexto internacional, algo decisivo. Sucede además que el modelo de desarrollo económico y social que éste país había ido construyendo en los dos períodos de presidencia de Lula (2002-2010) y en el primer cuatrienio de Dilma (2010-2014), estaba posiblemente agotado, y la capacidad del PT de generar un nuevo diseño de las políticas de reforma y de transformación social, se encontraba paralizada entre la división interna en este Partido entre sus sectores social-liberales y los que por el contrario mantenían, de manera más inteligente, la necesidad de dar un salto en la estrategia de reforma. Esta paralización interna del PT permitía, tras las últimas elecciones, una contra-ofensiva de los sectores que habían perdido las mismas, de manera que a través de una estrategia de movilización social orientada mediáticamente, pudieran recuperar no sólo la iniciativa política – obligando al gobierno Dilma a concesiones importantes en su política económica – sino a algo más importante, la ablación de esta mayoría democrática conseguida mediante el peso de los votos de las clases subalternas, a fin de cuentas superior numéricamente. Un resultado que debía revertirse.

A partir de un plan minuciosamente ejecutado, el elemento central de la acusación que permitiera la reversión del resultado democrático era la denuncia de la corrupción del PT – que había ya tenido importantes precedentes en años anteriores, estando Lula de presidente - , la complicidad con la misma de la presidencia de la república y, de manera muy especial, la implicación del ex presidente Lula en la misma, cuestión fundamental puesto que es conocido que la popularidad de éste y su capacidad de liderazgo impediría, si se presentara como es seguro en las próximas elecciones, la victoria de un nuevo candidato conservador. De tal manera que, a través de las investigaciones sobre los vínculos entre la gran compañía estatal de combustible, Petrobrás, y una serie de dirigentes del PT en una amplia operación de lavado de dinero, surge la acusación explícita a Lula de que posee un ático espectacular en Sao Paulo, como fruto ilícito de cohechos y sobornos de la compañía. La operación es dirigida a través de un juez que la inicia, en Curitiba (Paraná), que en sus propios autos se identifica con el sujeto providencial que puede acabar con Lula como en Estados Unidos se acabó con Nixon en el Watergate, y que desarrolla toda una serie de acciones claramente vulneradoras de las garantías que debe rodear a cualquier proceso penal de imputación a una persona, desde la conducción forzada, mediante enorme despliegue policial, a declarar al imputado, cuando éste se podía perfectamente personar voluntariamente, hasta la autorización de las escuchas telefónicas del ex presidente con sus abogados y con la propia presidenta de la República, en plena privación de la intimidad. Estas actuaciones penales, con la plena adhesión del aparato policial, están retroalimentadas por una impresionante campaña de opinión que lleva a cabo el grupo mediático más importante del país – O Globo – que a su vez mantiene una importante tensión movilizadora mediante la convocatoria de actos de repulsa a la corrupción e impresionantes manifestaciones en donde ya abiertamente se pide no sólo la dimisión – el impeachment – de la Presidenta (tramitado en la Cámara de Diputados en diciembre del 2015), sino directamente la declaración de un estado de excepción que gestionen las fuerzas armadas y revierta la decisión democrática que eligió a Dilma Rouseff.

El diseño mediático-policial, es acompañado por las fuerzas políticas de la oposición, pero no lo protagonizan, apareciendo correctamente como comparsas de una operación de la que pueden beneficiarse, pero sólo cumpliendo el rol de legitimar a posteriori el golpe blanco que organiza y dirige el complejo económico-financiero brasileño. La inestabilidad política que normalmente se analiza como un elemento negativo para la economía no parece importar ahora, cuando la inestabilidad proviene de una amplia operación de desestabilización democrática. El clima de odio entre ciudadanos – muy teñido por un prejuicio de clase y de raza – forma parte de este diseño, y da por supuesto que la resistencia del PT y de las clases populares puede quebrarse. Sin embargo, las manifestaciones del 18 de marzo en todo el país – una marea de color rojo, frente a la que ostentaba los colores amarillo y verde de la bandera nacional que distinguían las efectuadas el día 13 del mismo mes contra la presidenta Dilma y por el procesamiento del ex presidente Lula y, mas en extenso, contra el propio Partido de los Trabajadores – pusieron de manifiesto que la mayoría democrática tiene todavía un fuerte arraigo de masas.

El juego no ha terminado. La presidenta ha nombrado a Lula ministro en su gabinete, y esta decisión ha sido a su vez suspendida por otro juez federal – del que por otra parte se ha conocido su posición política públicamente exteriorizada de extrema oposición a Dilma y al PT – y esta decisión ha sido confirmada por otro juez del Supremo Tribunal. Es por tanto posible que en los próximos días Lula ingrese en prisión por orden del mesiánico juez Moro. Lo que está claro es que el diseño desestabilizador es eficaz y está generando un clima de enfrentamiento civil extremadamente fuerte, que sin embargo no se conoce en su complejidad ni se explica por los medios de comunicación de cobertura global, ni particularmente por los medios españoles, siempre proclives a reproducir la visión de sus colegas brasileños, y por tanto a alimentar el proyecto político que quiere deslegitimar y revertir el resultado electoral que llevó a la presidencia de la República a Dilma Rouseff. Es cierto que Brasil no es Honduras – recordemos el golpe que desalojó al presidente Zelaya del poder y lo sustituyó por gobiernos títeres que han procedido a la vulneración sistemática de los derechos humanos en aquel país – pero el diseño de golpe blanco – la destitución de la Presidenta, su sustitución por otra autoridad del Estado y la tutela militar y policial de esta reversión democrática – es muy semejante. Cuando la presión mediática ha sido más fuerte, en perfecta sincronía con la acción policial, se han producido numerosos asaltos a las sedes sindicales y del PT, cuyos militantes están en estado de alerta defendiendo sus locales reunidos en asamblea.

Es decir, que el golpe puede costar caro a sus promotores. Hay una amplia movilización popular en contra, que se ha expresado de forma contundente en la calle el viernes pasado. La crisis en la izquierda brasileña no ha impedido que se cerraran filas en contra de este intento de desarmar la democracia.  También en el ámbito de lo jurídico se suceden los pronunciamientos sobre el aspecto estrictamente garantista y constitucional de estos procesos de desestabilización. Hay muchas declaraciones – desde los colegios de abogados, especialmente agraviados por la ruptura sistemática de las comunicaciones entre letrado y cliente, hasta jueces y magistrados que ponen en duda la actuación del juez instructor, por su carácter mesiánico y por el rol protagonista mediático que asume con entusiasmo, como su condición de miembro del Opus Dei – pero aquí en el blog traemos a colación la que han realizado un amplio grupo de juristas mineros – de Minas Gerais – que ha organizado un viejo amigo y propagandista de este blog, Jose Eduardo de Resende Chaves Junior, o sea, Pepe Chaves, al que se han adherido una larga serie de profesores y magistrados en el ámbito internacional, y del que se ofrece aquí la versión en castellano.

La situación en Brasil merece por tanto la atención de los progresistas de Europa, porque denota la agresividad del poder económico-financiero y el universo político antidemocrático que nutre su acción y alimenta su influencia. También la cada vez mayor capacidad de los medios de comunicación para construir escenarios políticos alejados del debate sobre las condiciones reales de existencia, sustituyéndolo por imágenes y hechos distorsionados que proyectan una falsa realidad manipulada para generar impulsos de violento rechazo del cuadro democrático, donde las condicionantes de clase – las clases medias – y de raza, determinan necesariamente el rechazo a un sistema que permite mayorías sostenidas por las clases subalternas en las que el color de la piel no funciona como un elemento discriminatorio.

La democracia en Brasil está amenazada. Hay que defenderla, y se comienza a hacerlo extendiendo las llamadas a la solidaridad que desde aquel país nos envían a los demócratas progresistas del resto del mundo, en especial a los que nos consideramos tal en el ámbito del Estado español.

Este es el texto del manifiesto:

JURISTAS DE BRASIL (ESTADO DE MINAS GERAIS) EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA


Para el poder ideológico que ataca a la democracia en forma disfrazada, lo importante no es vivir en una democracia, sino que la gente ingenuamente crea que vive en ella. Lo mismo ocurre con el Estado Constitucional. Ahora lo que vemos que sucede de manera agresiva es un teatro en el que la forma oculta el contenido. Juicios, procesamientos, coches de policía, parlamentarios, periódicos, televisión, togas, birretes, trajes y corbatas... un aparato tragicómico, todo para justificar el desmantelamiento de un proyecto de transformación social.

Parece que ya no hay espacio para el “golpe de Estado” al estilo de los años 1960 y 1970. Los tanques de guerra en las calles, las detenciones sin orden judicial, la tortura abierta, no parecen complacer a la mayoría de la opinión pública mundial. Los golpes son ahora más sofisticados. Los medios de comunicación parecen haber perdido la vergüenza respecto a la manipulación, distorsión y ocultación de los hechos. Hay más tecnología para ensimismar a las personas, y el teatro del absurdo es permanente. Asistimos al espectáculo de las cárceles, la exposición de las personas a la destrucción pública.

El discurso de lucha contra la corrupción es instrumentalizado para ocultar los verdaderos intereses que lo mueven, y la historia parece repetirse: Sucedió en 1954  con Getúlio Vargas y  en 1964 con Gulart.


En medio de todo esto, un grupo de personas están perdidas en el fuego cruzado de la guerra ideológica que fomenta el odio a la diferencia. Estudiar, entender lo que está sucediendo, es posible y necesario.

Los militares tienen la función constitucional de preservar la soberanía nacional democrática, nunca podrían intervenir para destruirla como algunos pocos desean. Estamos en medio de una guerra ideológica y económica. La solución es más democracia, mayor participación, información pluralista y respeto a la Constitución.

Lo que se espera de las autoridades estatales y sus poderes es la imparcialidad que les da sentido. El espíritu republicano, más allá de las creencias personales y las ideologías, impone a todos los ciudadanos responsables de la interpretación y aplicación de la ley, del poder judicial o del Ministerio Público, una rigurosa imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

En el desempeño de estas funciones vitales no puede haber preferencias o antipatías ni –mucho menos– odio político o de cualquier otro orden. Estos ciudadanos, en el ejercicio de sus funciones, no pueden tener otra ideología que la que constitucionalmente está precisada: el respeto a la ley, a la Constitución, a las normas, a los principios y a los valores que fija la propia Constitución. Están vinculados por estos conceptos fundamentales, inmodificables por cualquier mayoría parlamentaria o por cualquier decisión que se corresponda con una opinión pública aunque haya obtenido un amplio consenso mediático. Se vinculan, así, a la misión esencial de la función judicial de preservar la norma constitucional de garantía de los derechos fundamentales de la persona humana.

El papel de la Constitución, en la democracia, es evitar que tentaciones mesiánicas puedan llegar a ser en algún momento coercitivamente eficaces. No hay necesidad de probar el veneno para descubrir que mata. No necesitamos volver al autoritarismo para saber que mata, tortura y destruye. La Constitución es intocable; sus preceptos fundamentales y básicos sobre el sistema de derechos y de garantías se confunden con la democracia.


La lista de adhesiones internacionales se puede ver en la entrada en paralelo que se abre en el blog hermano “Ciudad Nativa”: Manifiesto de juristas con adhesiones internacionales



domingo, 20 de marzo de 2016

HISTORIA Y MEMORIA DE CCOO







El pasado 17 de marzo se celebró un acto en el centro Abogados de Atocha en el que se conmemoró el 50 aniversario de la Comisión Inter-Ramas de Madrid, en el que intervinieron Jaime Cedrún como secretario general de la USMR-CCOO, Julián Ariza, Natividad Camacho,  Salce Elvira y Nicolás Sartorius,  como participantes y protagonistas en la Inter , e Ignacio Fernández Toxo, que cerró el acto en su calidad de Secretario General de CCOO. El acto se enmarcaba en una exposición que recogía materiales, fotos e instrumentos que servían para contextualizar el momento histórico y su prolongación hasta la legalización de los sindicatos en abril de 1977. La exposición, cuya Comisaria es Beatriz Gijón, ha contado con el asesoramiento fundamental de Juan Moreno, que es asimismo quien ha escrito el texto del precioso catálogo de la misma.

En él se resume la historia de la Comisión Obrera Provincial Inter Ramas, que se creó a la imagen de la del Metal en noviembre de 1965, y preparó, en enero de 1966 el documento “Ante el futuro del sindicalismo” que constituye sin duda el texto fundacional, doctrinal y didáctico de CCOO. La inter-ramas fue a partir de entonces el órgano representativo de CCOO de Madrid, y fue apoyando y construyendo la organización de CCOO en otros lugares, preparando y acogiendo la I Asamblea Provincial de CCOO de Madrid en la primavera de 1966 y la Primera Asamblea Nacional de CCOO en una finca de Aravaca, en junio de 1967, donde se constituyó una coordinación nacional.

Entre 1967 y 1969 se desata una fuerte represión contra CCOO, declarada asociación ilícita por el Tribunal Supremo y considerada objeto prioritario de la represión anti-obrera de la policía del régimen a través de la terrible Brigada Político-Social, lo que debilitó a la organización a partir de las detenciones y condenas de sus dirigentes y de la catarata de despidos, que se recrudeció en el período 1971-73, pese a los intentos del tardo franquismo en ser capaz de reformarse en el ámbito laboral  (Ley Sindical de 1971, reforma y ampliación de la Ley de Convenios Colectivos en 1973, Ley de Financiación y Perfeccionamiento de la Acción Protectora de la seguridad Social en 1972, nueva Ley de Procedimiento Laboral también de 1973), que se hacían compatibles con la represión fortísima con torturas y muertes, y la detención de la dirección de CCOO a nivel nacional en lo que sería el Proceso 1001, en 1973. En esa etapa el retorno a las empresas y la organización a través de los despachos laboralistas resultó clave para la acción de CCOO.  Sin embargo, la coordinación y el auge de las luchas hizo que CCOO se impusiera en las elecciones sindicales de 1975 y dominara una buena parte de las UTTs (entidades provinciales de rama del sindicato vertical) y construyera un entramado de coordinación que desembocaría en el amplísimo ciclo de luchas entre 1975 y 1976 que conseguirían romper el diseño de la transición “a la turca” – como se decía entonces, nosotros hoy diríamos mejor “a la chilena” – con la liberalización política excluyendo a los comunistas y en el campo sindical, retrasando la legalización de CCOO, como asociación ilícita, hasta que se aposentara un mapa sindical que, con el concurso activo del empresariado, situara en el margen a CCOO. El 14 de noviembre de 1976, la Inter-Ramas se transformó en la Unión Sindical de Madrid – Región de CCOO, y se mantuvo en la clandestinidad hasta la legalización general de los sindicatos en abril de 1977.

CCOO en esa década fue edificando un fuerte liderazgo no sólo en el interior del movimiento obrero, sino que inspiró a otros movimientos sociales tanto en sus fórmulas organizativas como en sus prácticas democráticas y unitarias: comisiones cívicas, del campo, comisiones de barrio, de estudiantes, de pescadores, una red de coaliciones colectivas que unían la lucha por sus problemas concretos con la lucha contra la dictadura. Se ha insistido con razón en el pluralismo en su interior, sin que eso impida reconocer el papel decisivo que el PCE jugó en su constitución y desarrollo, demostrando asimismo la inteligencia de un partido que supo entender las nuevas condiciones que se estaban gestando en el interior del país y que requerían un tipo de estrategia abierta, que hiciera visible la acción reivindicativa y que pudiera sintetizar en lo socio-político las prácticas de lucha y de negociación.

“Pegados al terreno”, sin sectarismos, con un enorme espíritu crítico y capacidad de debate, CCOO hicieron posible la construcción de un sujeto democrático, un movimiento socio-político que resultó decisivo en conseguir el fin de la dictadura y en abrir una salida a la misma democrática. El conjunto de documentos que elaboró y en el que se reflejan los análisis de la realidad social, económica y política del momento, habrían de ser decisivos en su momento, pero leídos aún hoy contienen formas de enfocar la relación entre la teoría y la acción, entre los principios y la organización, extremadamente interesante. Como asimismo la visión de la democracia interna o del pluralismo en el movimiento, lo que Sartorius en un artículo publicado en Zona Abierta explicó como “la dialéctica de la unidad en el movimiento sindical”.

La historia de CCOO implica reivindicar la memoria del antifranquismo, de la clandestinidad y de la lucha, pero también de la capacidad colectiva de construir espacios de agregación de intereses dotados de análisis teórico y de estrategia política para actuar eficazmente en la defensa de los intereses de los trabajadores entendidos éstos en su generalidad, y por tanto construyendo con la acción elementos centrales de la política democrática en la lucha por los derechos y por la transformación de las condiciones de vida y de trabajo. Ignacio F. Toxo señaló en este acto que existe un clima de amnesia colectiva no sólo propiciada por el dominio de otros relatos sobre el franquismo y la transición política, sino porque tampoco CCOO ha valorizado su pasado más allá de un recuerdo épico que pertenece a generaciones de “veteranos”. Es un error no reivindicar la memoria histórica que es patrimonio de este sindicato, cuyo nacimiento y desarrollo se origina en la clandestinidad del antifranquismo, frente al sindicalismo clásico español de CNT y UGT.

Por eso el Consejo Confederal de CCOO ha decidido recuperar la memoria olvidada del movimiento obrero organizado en torno a las comisiones obreras, declarando este año, 2016 , como el año de la memoria de CCOO, lo que se proyectará en exposiciones, actos conmemorativos y presencia en la opinión pública. Especialmente importante en los tiempos de involución democrática que están presentes en Europa y que hemos padecido en España, especialmente tras los cuatro años de destrucción de derechos y de prácticas democráticas por parte del gobierno del PP. Este blog se suma con gusto a ese espíritu de evocación y de presencia de una historia muy reciente que permite reivindicar formas de entender la realidad laboral y social y de reconstruir estrategias de transformación social revisando atentamente las experiencias y los debates de las CCOO. En ello andaremos.

Logotipo de CCOO creado por Angel Aragonés en 1976, popularmente conocido como "el pulpo".

lunes, 14 de marzo de 2016

SE DEBE RECHAZAR EL MODELO LIBERAL AUTORITARIO EUROPEO







En el diario digital bez.es, se encuentra una sección denominada "pensamiento" - que sustituye lo que en otros periódicos se denomina "opinión" - dirigida por Ignacio Muro. Es una sección en la que se despliega un interesante pluralismo ideológico y disciplinar, con aportaciones de diversas personas sobre la realidad actual. En esta sección del digital, se ha publicado el siguiente artículo del titular de esta bitácora, que se incorpora al blog conservando el mismo formato que en el original, aunque debe advertirse que es más recomendable acudir directamente a la página original  Rechazar el liberalismo autoritario europeo del diario bez.es. (La foto que adorna esta entrada es sin embargo de Teresa García, fotógrafa del T.E.)

¿Es posible rechazar el modelo de liberalismo autoritario que se impone en Europa?



Es un hecho evidente, aunque todavía no muy comentado, que el sistema de democracia representativa está en crisis en Europa. La crisis se sustancia en un conflicto directo entre las constituciones nacionales que incorporan elementos esenciales de democracia social, y la fuerza normativa de las instituciones del capital financiero. 

Antonio Baylos

Catedrático de Derecho del Trabajo y director del Centro Europeo y Latinoamericano para el Diálogo Social (CELDS) de la Universidad de Castilla-La Mancha.
@DoctorBaylos
baylos.blogspot.com.es
Las libertades europeas ya son solo las libertades de empresa y de circulación del capitalEl principio de igualdad de trato y la libre circulación de personas han sido negados con la crisis de los refugiados

Las instituciones financieras quieren reescribir el tejido normativo transformando sus necesidades de reproducción de poder y de riqueza -por medio del dinero- en la necesidad de reformas estructurales que devalúen los derechos laborales y sociales de ciudadanía, disuelvan el poder de contratación sindical y contraigan el Estado social y su aparato público.

Se produce entonces una declaración no explícita de un estado de excepción que legitima la imposición de un nuevo ordenamiento jurídico y social, paralelo al que establece la Constitución, que se asienta sobre la desigualdad, el ejercicio del poder económico sin contrapesos y la acción del dinero que hace ineficaz y superflua la política más allá de su consideración como un espacio de opinión no vinculante.
  
Se ha creado un nuevo modelo de intervención sobre las políticas nacionales que expropian de alguna manera la soberanía nacional de éstas
Este no explicitado estado de emergencia económico plantea cuestiones importantes respecto de la democracia y del Estado de derecho. En esa excepcionalidad económica, se transfiere la autoridad sobre el presupuesto económico de un país y por tanto sobre las decisiones fundamentales en materia de gastos y de ingresos, de un nivel relativamente democrático -el nacional estatal- a instituciones europeas intergubernamentales -como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE)- creando un nuevo modelo de intervención sobre las políticas nacionales que expropian de alguna manera la soberanía nacional de estas, puesto que imponen unas políticas -las que realizan las reformas de estructura sobre la base de la llamada austeridad- a cambio de permitir la solvencia y liquidez financiera del Estado.

La administración de estos procesos se lleva a cabo a través de nuevos instrumentos institucionales, como el MEE, gestionados por principios claramente oligárquicos, al servicio, por otra parte, de las instituciones financieras más fuertes. Son los mercados financieros y los mayores bancos los directos beneficiados por las políticas de recorte que satisfacen los intereses de los acreedores -esencialmente los bancos- en el marco de la financiarización internacional, y estos intereses resultan más vitales e importantes que los derechos de los ciudadanos y el compromiso de los Gobiernos en garantizarlos.
   
El caso de Grecia es paradigmático
El caso de Grecia es paradigmático al respecto, porque la posición del Gobierno de Syriza de llegar a soluciones posibles que respetaran elementos mínimos del Estado social y de los derechos de las personas más vulnerables, pese a tener el apoyo mayoritario de todo el pueblo griego en referéndum, fue conscientemente combatido por el Eurogrupo y los acreedores para imponer, a través de la presión insoportable del Banco Central Eeuropeo (BCE), un programa de rescate claramente humillante que castigaba la decisión democrática de la nación griega.

Predominio del liberalismo autoritario

La gestión de la crisis a través de un directorio económico-financiero con poderes de excepción consigue la demolición progresiva de los marcos nacionales de garantía de los derechos sociales incluso al punto de modificar las constituciones de los mismos. Ha conseguido que se implantara en estos ordenamientos internos de las naciones europeas una consideración del campo de los derechos como un obstáculo a la recuperación económica. Las libertades europeas ya son solo las libertades de empresa y de circulación del capital, y la ciudadanía europea sucumbe frente a estas políticas de austeridad que llevan aparejada la inaplicación selectiva de determinados derechos fundamentales de carácter colectivo y social.
El principio de igualdad de trato y la libre circulación de personas han sido, por último, negados con la crisis de los refugiados y elevados a un principio de relación política con Gran Bretaña en el último acuerdo que se ha plasmado en la cumbre de Bruselas en la que se permite a este país discriminar a los europeos residentes en él y violentar la libre circulación de las personas. Europa, ciertamente, se desintegra en la medida en que se transforma en un espacio de discriminación y autoritarismo.
Definir como autoritario este devenir de la gobernanza económica europea es importante porque se sitúa mucho más allá del bien conocido déficit democrático de la UE
Esta crítica descripción del panorama europeo actual confirma la hipótesis sobre el liberalismo autoritario como forma predominante de la cultura y práctica política neoliberal que es hegemónica en el panorama actual europeo. Esta resulta sostenida, en lo esencial, por el centro derecha y el centro izquierda europeo, demostrando la crisis profunda de la socialdemocracia, que ha asumido este código destituyente de la política democrática. No ha reparado en que, bajo la gobernanza económica en la zona euro, se está desplegando una potente actividad de destrucción de las reglas democráticas y de degradación de derechos ciudadanos que edifica Europa sobre la imposición de un plan de apropiación de la riqueza por las oligarquías financieras sostenido por la imposición autoritaria de una política neoliberal. Definir como autoritario este devenir de la gobernanza económica europea es importante porque se sitúa mucho más allá del bien conocido déficit democrático de la UE; supone un salto cualitativo que requiere una atención pormenorizada por parte de las fuerzas sociales y políticas que sí creen en la posibilidad de una Europa federal y democrática.


 Es posible sin embargo apostar por la construcción de un demos europeo que permita traducir el ímpetu de la participación de la ciudadanía en la construcción de una Europa abierta, pluralista y social

Reforzar la política como forma de enfocar la economía; reivindicar la naturaleza policéntrica de la construcción europea; re-democratizar los fundamentos constitucionales y organizativos de la Unión Europea, sin perjuicio de vigorizar los elementos democráticos de cada ordenamiento interno, comenzando por el uso más frecuente del referéndum como elemento de control de las relaciones entre el Estado miembro y la política económica de la UE; la construcción de un espacio cultural democrático transversal a fuerzas políticas de la periferia sur de Europa, que asocie la progresión de la sociedad al mantenimiento de la democracia social. Todas ellas son propuestas que se unen a algunas medidas concretas de reforma que implican el cambio de los presupuestos liberal-autoritarios que se han constituido en el motor actual de Europa.