Vivimos
tiempos convulsos. La agresividad del imperio norteamericano se ha materializado
en una serie de hechos que están marcando un inquietante comienzo de año. El 15
de enero, en el Congreso de los Diputados español, ras el ataque de EEUU a
Venezuela y el secuestro de su presidente en activo Nicolas Maduro y la
publicitada anexión de Groenlandia por la administración Trump, Agustín
Santos Maraver, diplomático y diputado de SUMAR, efectuó un análisis
extremadamente interesante de la situación que la revista amiga Sin Permiso ha
reproducido en su último numero de enero y que ahora, por su evidente interés,
la incorporamos a este blog agradeciendo este “préstamo de uso”, en la idea de
que la problemática internacional es en este momento el espacio de actuación política
wue exige una respuesta más acuciante con un cambio de política y de estrategia
diplomática fundamental. La intervención de Agustín Santos (esta vez sin
utilizar la identidad del añorado Gustavo Buster) suministra claves de interpretación
de la situación y propuestas creíbles de cambio de estrategia más allá de las reacciones
más vehementes pero posiblemente de mucha más dudosa realización que mantiene otra parte de la izquierda
política. La amable audiencia del blog previsiblemente apreciará el análisis y
la reflexión operativa sobre este tema que captura nuestra atención en este
comienzo del año.
La administración Trump han
bloqueado Venezuela, realizado asesinatos extrajudiciales, secuestrado a su
presidente en ejercicio Nicolás Maduro, bombardeado el país con más de 100
víctimas. Ha sido una violación descarnada del derecho internacional y del derecho
humanitario que ha convertido a Venezuela, bajo el chantaje de más violencia,
en un protectorado de Trump, que expropia ya su petróleo y decide como venderlo
en flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas. Creo que todos hemos
comprendido lo que significa la Doctrina Monroe para el presidente Trump, que
ya pretende situar a Marcos Rubia como presidente de una pseudo república,
mientras aprieta el cerco a Cuba, a pesar de la resolución anual de NNUU contra
el bloqueo de la Isla. Este es el clima en el que se prepara la Cumbre
Iberoamericana de noviembre de 2026 en Madrid, si no impide Trump su
celebración. Como escribió Simón Bolívar en 1829: “Los EEUU parecen destinados
por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.
Ayer se decidió probablemente en
Washington el destino de Groenlandia, porque Trump no cree que la OTAN, que
Dinamarca, son capaces de defenderla en el nuevo reparto de zonas de influencia
del Ártico, cuyos fondos marinos son por el Tratado del Mar, patrimonio de toda
la Humanidad. Y después, con los mismos argumentos, la administración Trump
pretenderá las Islas Svaldbard, de soberanía noruega, como apuntó ayer el New
York Times.
Es verdad que los precedentes son
un cúmulo de horrores aún mayores: la guerra y la invasión rusa de Ucrania; el
genocidio que no cesa en Gaza; las guerras vicarias de Sudán, Yemen y Congo; la
guerra civil de Birmania, la sangrienta represión estos días en Irán…y otras
cuantas.
La fuerza sustituye al derecho
internacional
La utilización descarnada de la
fuerza, solo limitada por la dudosa moralidad personal de Trump, que tan bien
ha explicado Stephen Miller, es la expresión de un imperialismo neocolonizador
que pretende sustituir unilateralmente el sistema multilateral de NNUU -un
sistema surgido de la derrota del fascismo y de la descolonización, que
representa a 196 estados miembros-, por un reparto de zonas de influencia
multipolar basado en la amenaza nuclear. Es como si la civilización no hubiera
aprendido nada de los horrores de los siglos XIX y XX y estuviéramos condenados
a repetir aquella barbarie. La geopolítica se está convirtiendo en algo más
peligroso para la Humanidad que la pobreza, las epidemias o las catástrofes
climáticas y amenaza con bloquear toda esperanza de futuro.
Venezuela, Irán, Groenlandia
Efectivamente, hay que acompañar
la situación en Venezuela para evitar que sea un protectorado de Trump. Alentar
el diálogo nacional de todas las fracciones políticas para reconstruir su
soberanía violada, crear el clima para ello con la liberación de todos los
presos, incluido Nicolas Maduro, levantar unas sanciones que, como en la
mayoría de las ocasiones, perjudican sobre todo a los más desfavorecidos.
Gracias al expresidente Zapatero y a nuestra embajada en Caracas por haber
hecho de la liberación de los presos uno de los ejes de su trabajo. De la
firmeza de ese acompañamiento, de la amplitud de las alianzas tejidas, depende
el futuro de América Latina, de la Comunidad Iberoamericana, de que en nombre
de la Doctrina Monroe no se secuestre, se deporte a migrantes, se asesine
extrajudicialmente en nombre de MAGA y se ahoguen los sueños republicanos de
Bolivar, San Martín, Martí y también del general Riego.
Efectivamente, hay que condenar
sin ambages la represión en Irán por el régimen teocrático, que ya suma más de
2.500 muertos, que niega los derechos más elementales de las mujeres, pero
evitar que se convierta en una excusa que permita una nueva intervención de
EEUU o Israel que desestabilice aún más Oriente Medio.
El Presidente Trump, después de
exigir el aumento del gasto militar al 5% de los estados miembros, puede acabar
con la OTAN si anexiona Groenlandia. ¿Qué sentido puede tener el art. 5 del
Tratado Atlántico si el enemigo está dentro, como ha advertido la primera
ministra danesa, si se reparten Ucrania Trump y Putin? ¿Qué garantía tenemos
que Rota, base esencial de gestión del sistema antimisiles de EEUU en Europa y
el Mediterráneo no esté nuclearizada, en violación de nuestra participación en
el TNP? ¿Para cuándo nuestra adhesión al Tratado de Prohibición de Armas
Nucleares?
Tres ejes para una nueva
política exterior y de defensa
Es evidente que España, que todos
los estados de la Unión Europea necesitan reconstruir sus estrategias
diplomáticas y de seguridad.
El primer pilar de nuestra
estrategia diplomática y de seguridad es sin duda la defensa del
multilateralismo, de Naciones Unidas, de sus organizaciones, que representan a
196 estados y cuya sustitución por una cooperación jerarquizada y limitada a
las zonas de influencia de las grandes potencias sería el preámbulo de
confrontaciones militares mayores. Hay que apoyar de manera decidida, impulsar
a la UE para que lo haga, su financiación, su funcionamiento, haciendo de la
Asamblea General su eje, mediante alianza entre la Unión Europea y el Grupo de
los 77 que tenga mayoría y que pueda abordar aquellas tareas que impide el
bloqueo del Consejo de Seguridad por el veto de las grandes potencias. La
elección del nuevo secretario general, en sustitución de Antonio Guterres, será
una prueba de fuego decisiva para la supervivencia de NNUU.
El segundo pilar es obviamente el
europeo. Necesitamos si, más Europa, capaz de jugar su peso económico en la
actual confrontación geopolítica. Pero Europa se encuentra dividida por el
fracaso de la austeridad neoliberal, los regímenes autoritarios y el ascenso de
la extrema derecha. Reconstruir la UE como sujeto internacional exige cambiar
su rumbo. La vía de la economía de guerra, del rearme, de la austeridad y la
inflación implícitas debilitarán su cohesión interna, cuyos motores son la
democracia y el estado de bienestar. Esa vía lleva a menos Europa, no a más
Europa. Porque a corto y medio plazo, cuando se necesita una alternativa
independiente al imperialismo y el neocolonialismo, se seguirá gastando el 69%
del presupuesto militar en armamento de EEUU, en el chantaje y las falsas
garantías de misiles nucleares de alcance medio a utilizar en suelo europeo a
conveniencia de las grandes potencias. Esa Europa potencia quedará rápidamente
bloqueada porque los países del este europeo, en su giro autoritario, preferirán
negociar bilateralmente su vasallaje estratégico con Trump o Putin.
La Unión Europea que necesitamos
es otra, es la Europa de los ciudadanos, asentada en un auténtico rearme moral
de la democracia, el reforzamiento del estado de bienestar y el abandono
definitivo del neoliberalismo. Capaz de volver a discutir y adoptar un Tratado
Constitucional y una gobernanza plenamente democrática, que pueda pasar de la
coordinación de capacidades a un auténtico ejército europeo basado en la
ciudadanía europea como fuente de soberanía.
Los pasos prácticos en esta vía
se harán cada vez más evidentes: una diplomacia europea capaz de negociar el
cese el fuego en Ucrania, su observación y negociación de un acuerdo de paz que
dé seguridades a todas las partes implicadas, a partir del multilateralismo de
la OSCE y Naciones Unidas. Hay que recuperar el espíritu de la Declaración de
Astana de 2010. La partición de Ucrania entre Trump y Putin solo harán
permanentes la inseguridad y la confrontación geopolítica en Europa, a costa de
los europeos.
El tercer pilar exige volver a
mirar a las alternativas diplomáticas y de seguridad del Estado español al
final del franquismo. Se acabó imponiendo, como en tantos otros aspectos
esenciales, una interpretación del atlantismo resultado de la guerra fría, del
vasallaje antidemocrático, convirtiendo los desiguales acuerdos del franquismo
con EEUU en la base de los actuales acuerdos bilaterales que justifican la
presencia de armas y tropas extranjeras en nuestro suelo y fuera en la práctica
de nuestra soberanía. Y finalmente la entrada en la OTAN en 1986 y
posteriormente en su organización militar, a pesar de las condiciones del
referéndum, sin las cuales no se hubiera aprobado.
No era la única vía. Fernando
Morán propuso entonces recuperar la noción de una neutralidad profundamente
enraizada en la aspiración europeísta, volcada en el multilateralismo, capaz de
recuperar, como establece la Carta de Naciones Unidas, la renuncia a la fuerza
en el ámbito de las relaciones internacionales y limitándola estrictamente a su
uso defensivo. De este principio se desprende una estrategia diplomática
europeísta y multilateral como eje de la defensa de nuestros intereses en un
mundo de tensiones geopolíticas, pero también una doctrina de seguridad
nacional y de defensa distinta a la actual otanista, basada en el compromiso
europeo y la defensa territorial.
El Trumpismo no durará 1.000
años
Todos los imperios prometen durar
1.000 años. Pero la propia complejidad de la civilización globalizada e
industrial desmiente esta posibilidad cuando se basa en la fuerza y no en el
derecho internacional.
El Trumpismo ganó su segundo
mandato por un estrecho margen. En un año ha sido incapaz de cumplir ninguna de
sus promesas electorales, a pesar de contar con una mayoría absoluta. Según las
encuestas, su base social se está erosionando por el coste de la vida, los
precios de la vivienda y la educación, la crisis de infraestructuras. Su
intento de enfrentar a la emigración más pobre con una clase trabajadora
precarizada y desindustrializada esta provocando una cadena de movimientos
sociales cuyo último ejemplo estamos viendo en Minesotta. Mamdani, un demócrata
socialista ha sido capaz de barrer primero en las primarias demócratas y ganar
la alcaldía de Nueva York. Trump puede perder su mayoría absoluta institucional
en las elecciones de medio término y ver bloqueado su unilateralismo en la
Cámara de Representantes. De las nueve guerras que dice haber mediado para
exigir el Premio Nobel, en ninguna han callado las armas.
El reto que tenemos ante nosotros
es civilizatorio, una encrucijada para la humanidad, que se encontrará
gestionando unos márgenes climáticos catastróficos desde mediados de este siglo
XXI. Sustituir el multilateralismo por el imperialismo y el neocolonialismo es
la vía equivocada, es el camino al desastre.
Así que estamos de acuerdo en lo
fundamental: resistir el asalto a la razón, recomponer las mayorías sociales
articulando sus intereses, defender la democracia, con tenacidad y paciencia
estratégica…..Eso exige una reorientación de raíz de nuestra política exterior
y de defensa.
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