jueves, 21 de octubre de 2010

HUELGAS EN FRANCIA: ALGUNAS ANOTACIONES DESDE ESPAÑA

La progresión del conflicto en Francia está generando interesantes debates entre nosotros. Especialmente animados están resultando los que se celebran en el Foro Social "La querencia", en la periferia de Parapanda, uno de cuyas sesiones recoge la fotografía.




Las movilizaciones en Francia contra la reforma de las pensiones y el recorte del gasto social se suceden más allá de los Pirineos. Comenzaron antes del verano, pero a partir de septiembre se han ido encabalgando unas con otras. La del 19 de septiembre fue la sexta jornada de huelga general, y las manifestaciones masivas y pacíficas denotan una participación cada vez más extendida de apoyo a los huelguistas y de rechazo a la política antisocial del gobierno francés y del Presidente Sarkozy. En España los medios de comunicación han dado un amplio seguimiento a estos procesos de lucha, y es inevitable una comparación con los que se han ido construyendo en España frente a las diferentes etapas del uso antisocial de las medidas contra la crisis, que por el momento se han concretado en el RDL 8/2010 sobre recorte de gasto público y salarios de los empleados públicos y en el RDL 10/2010 que procede a la reforma laboral, que dio lugar a la huelga general del 29-S. Se prepara ahora la modificación del sistema de pensiones y los órganos de dirección de ambos sindicatos, CCOO y UGT han decidido reanudar las movilizaciones contra la reforma laboral, aunque de momento no bajo la forma de huelga general. Ahí es donde entra la comparación con Francia. Se dice que el éxito de la huelga “a la francesa” debe hacer reflexionar a los sindicatos.
No obstante, como ha señalado sintéticamente Fernando Lezcano, “las movilizaciones deben estar acompasadas a la coyuntura y realidad de los distintos países”, de forma que “un intento de trasladar miméticamente la estrategia francesa a España estaría condenada al fracaso”. Entre otros motivos, Lezcano recuerda muy oportunamente que en Francia la izquierda política, incluido el Partido Socialista, se opone a las medidas del gobierno, mientras que en España es quien las promueve, posiblemente consciente el mundo económico y los llamados “mercados” que este tipo de reformas que desestructuran el sistema de derechos y garantías en el trabajo y reducen el alcance del Estado Social remercantilizando una buena parte de las necesidades sociales sólo puede llevarlo a cabo nuestro país el ahora enfáticamente denominado “proyecto socialista”. Ese hecho, apostilla Lezcano, “modifica de forma significativa el cuadro resultante”.

El proceso de movilizaciones en Europa, en el que la experiencia francesa es muy notable, está alcanzando un nivel y una extensión muy importante, aunque su carácter fundamentalmente nacional-estatal esté impidiendo una percepción global de estos fenómenos como tendencia política, ante la desmembración de la izquierda política europea. La movilización sindical requiere una coherente y activa dirección coordinada de las mismas en el plano europeo. Con razón en el informe de Toxo al Consejo confederal de CCOO, insiste en hacer de la Confederación Europea de Sindicatos la organización capaz de agrupar y dar coherencia a las movilizaciones que se están llevando a cabo en cada país. López Bulla ha propuesto, de forma más creativa, la constitución de unos Estados Generales Sindicales en los que se visibilice la figura social del sindicalismo en el ámbito de la Unión Europea como sujeto político con un proyecto de transformación social. Esta convergencia en un plano supranacional de los distintos procesos de movilización tiene que irse haciendo visible, más aún ahora que las luchas no sólo afectan a países periféricos del sur o del este de Europa – Grecia, Rumania y Bulgaria, luego Portugal y finalmente España -, sino que junto a Francia está iniciando la senda ascendente de la conflictividad Italia y los planes de brutal reducción del gasto social y de personal en Gran Bretaña hace presagiar una bajada a la calle del sindicalismo británico. La convocatoria de una próxima jornada de movilización europea para el mes de diciembre es un buen paso en la dirección correcta, pero posiblemente es necesario un salto cualitativo en esta serie de conflictos sociales.

Las huelgas en Francia sugieren también algunas anotaciones efectuadas desde el contexto español. La primera es el tipo de movilización elegida. Aunque se denominen huelgas generales, la estrategia francesa está más cercana a la de un despliegue de huelgas sectoriales en serie, que fundamentalmente afectan a los transportes y a las comunicaciones, haciéndolas coincidir con manifestaciones masivas, abiertas a toda la ciudadanía, en las fechas de convocatoria de huelga. Y en un proceso que va tensionando “en cascada” la resistencia y el rechazo frente a la propuesta legislativa, se van incorporando otros sectores tanto de asalariados, como el sector del combustible, o el muy sensible de la educación y los estudiantes. En España, en cambio, la práctica del conflicto frente a las medidas de los poderes públicos concentra en un solo día una convocatoria de huelga general de los trabajadores y empleados públicos de todos los sectores de la producción, a la que siguen manifestaciones también abiertas a toda la ciudadanía como cierre – y test de seguimiento – de la acción convocada. La forma de expresión diferenciada de las “jornadas de huelga” francesas y la convocatoria de “huelga general” en España, permiten ver con cierta nitidez el ámbito del conflicto directamente ligado al trabajo como hecho social y como situación subalterna, que se expresa en el conflicto de manera diversa a través de las formas de convocatoria que privilegian los sujetos sindicales de uno u otro país. Entre nosotros, sin embargo, se ha oscurecido este ámbito real de la convocatoria de huelga y se ha sustituido por una llamada indiferenciada a la totalidad de la población en solidaridad con el hecho material del trabajo y la subjetividad del mismo situada en una posición de subordinación económica, social y política. El propio sindicalismo ha tomado parte en esa cierta confusión de planos, puesto que en su proyecto político, el trabajo materialmente prestado y su valor político y social se quiere constituir en el centro de la sociedad, por lo que el reflejo solidario de la totalidad de la población y de los trabajadores integraba el objetivo de la huelga y en consecuencia debía medir su efectividad. Con ello se confunde, como señala López Bulla, la noción de la huelga general con la de la huelga nacional, cuya mejor expresión se encuentra en la realizada el 14 de diciembre de 1988. Las otras huelgas generales contra las medidas de los poderes públicos no fueron huelgas nacionales, aunque se juzgaron como si lo fueran, en especial en lo relativo a su incidencia y al grado de paralización del espacio público.

La segunda anotación que proviene de la experiencia francesa y que merece la pena señalar como un hecho significativo para el cuadro español de referencia, es la relativa a la relevancia democrática de la huelga. Las jornadas de huelga en Francia cada vez más se revelan como una forma poderosa de expresar la vigencia del debate pluralista y democrático sobre las grandes opciones que determinan políticamente la existencia social de los ciudadanos. Es decir, que la reforma del Estado Social no puede ser despachada como una decisión de la mayoría del gobierno, sino que ha de ser ampliamente debatida no sólo en los procedimientos legislativos previstos, sino en el seno de un prolongado debate en la opinión pública. Por eso en la huelga se alude con insistencia en los valores de la república, y es frecuente encontrar la tricolor como señal identitaria tanto en los parlamentarios de la izquierda como en los estudiantes que manifiestan. La defensa del Estado Social es el leit motiv de la resistencia, pero además es importante destacar la percepción plena por la ciudadanía que está en la lucha de que la reforma de ese constructum cultural y político sólo puede realizarse después de una discusión generalizada y pública, en la que el respeto a las formas de producción de las leyes resulta decisiva. Lo dicen los estudiantes que se manifiestan: una reforma como las pensiones debe negociarse durante meses, y deben reformularse las opciones de gobierno que permiten el decisionismo unilateral de la mayoría y la excesiva concentración de poder en manos del ejecutivo y del presidente.

Esta reivindicación del debate democrático como componente fundamental en el acompañamiento de las reivindicaciones sindicales sirve para reflexionar sobre lo que posiblemente haya sido una carencia en el razonamiento político que se ha desplegado con la huelga general del 29-S. Aunque se ha mencionado como un elemento negativo del proceso, la utilización del Decreto Ley como fórmula elusiva de cualquier debate parlamentario, con el antecedente de una sentencia del Tribunal Constitucional que declaró ilegítimo su empleo en el precedente de la reforma laboral del 2002, y el vergonzoso empleo de un procedimiento de urgencia con modificación del calendario de las Cortes para lograr que se aprobara, sin debate, el texto de la vigente Ley 35/2010, no se ha valorado como síntoma del desprecio democrático en el que nos estamos moviendo en el panorama de la gobernanza española actual. Es sin embargo un tema muy decisivo, porque viene a sustraer del debate parlamentario, en el que se manifiesta la lucha ideológica entre los proyectos de regulación social, la situación política y la distribución del poder en las relaciones laborales, con la inmediata conclusión de degradar la importancia del trabajo como eje de la regulación social y económica de un país y su sustitución por un decisionismo monista que sólo o principalmente se basa en la consideración económica de las relaciones sociales, interpretada desde su reflejo en términos de mercado. Esta vertiente no democrática de la producción de normas sobre la regulación del trabajo, su aislamiento de cualquier posibilidad de abrirlo al debate social y político, y la opacidad de la creación de opinión en los medios de comunicación, son elementos muy significativos que las movilizaciones sindicales podrían enfatizar en las acciones que van adoptarse en el inmediato futuro, muy en concreto respecto de la reforma de las pensiones y la degradación de los estándares de protección en estos temas.


lunes, 18 de octubre de 2010

MOVILIZACIONES EN ITALIA: HACIA LA HUELGA GENERAL


El sábado 16 de octubre, una masiva manifestación organizada por la FIOM CGIL ha recorrido Roma. Cientos de miles de personas han desfilado por las calles de la capital de Italia. Tantos que cuando se ha preguntado a los convocantes su estimación de la cifra de asistentes, se han permitido una respuesta casi castiza: ¿Cuantos manifestantes? ¡Contadlos vosotros!.



Los procesos de movilización de los trabajadores frente a las políticas antisociales como respuesta a la crisis se están extendiendo por Europa meridional. Mientras que Francia es objeto prioritario de la atención mediática, y la huelga general española es negada conscientemente en el perímetro de la comunicación “interna” y reconocida por el contrario en toda su importancia en el exterior, las movilizaciones italianas se ven reducidas al silencio entre nosotros. Ni siquiera unas líneas en los periódicos más atentos a los acontecimientos comparados, que solamente trasladan sus corresponsales a Italia para reportarse sobre las vicisitudes del presidente del consejo de gobierno o sus dificultades para conseguir una gobernabilidad fuerte.

Sin embargo, en Italia se está gestando un importante movimiento de protesta centrado en los trabajadores y protagonizado por la Federación de Metalúrgicos de la CGIL, que se ha constituido en un ariete de resistencia y de rechazo a una política económica que genera sufrimiento y no reactiva la economía en una línea de progreso. Ello en un contexto de división sindical y de una muy equivocada apuesta de la CSIL por devenir el interlocutor sindical del poder público y económico italiano dominante y sin que el proceso de desestructuración de la izquierda política italiana se haya detenido (por utilizar un eufemismo, como puede comprobarse en http://lopezbulla.blogspot.com/2010/10/la-izquierda-italiana-esa-chucheria-del.html ).

La multitudinaria manifestación del sábado en Roma, que preludia otra convocada para el 27 de noviembre, es posiblemente un hito en el movimiento antiliberal que se está haciendo explícito en Italia. Es interesante resaltar el papel que en la resistencia y en el rechazo está desempeñando un sector clave en la cultura sindical industrial, los metalúrgicos italianos. Es un elemento sobre el que se debe reflexionar, porque también en España la huelga general ha sido sostenida de forma directa y predominante por los trabajadores de la industria y de los transportes y medios de comunicación, una “asincronía” como ha sido definida por el blog hermano Metiendo Bulla. Pero que posiblemente permite una lectura “en sentido opuesto” al que tradicionalmente estamos manejando en términos de implantación y capacidad de proyecto de un sindicato en el nuevo siglo.

Legalidad, democracia, derechos, trabajo. Ese era el lema más repetido en la manifestación de Roma, que permite descubrir la política, con mayúsculas, como eje de una acción sindical de defensa de los valores básicos del Estado social que no puede ser comprometido sobre la base de una crisis económica promovida por el descontrol y la desregulación de los mercados financieros. En la calle, la movilización no termina en esta prueba de fuerza. Lo pide el secretario general de la FIOM, Maurizio Landini, pero lo recoge el propio Epifani: Si a los derechos, no al chantaje. El trabajo es un bien común. “Estamos en la calle para defenderlo”, y “tenemos el deber de continuar esta lucha”. Para ganarla “se debe llegar a la programación de la huelga general”.

El país está moviéndose y son los trabajadores quienes impulsan ese movimiento. Habrá que seguir con atención estos procesos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

PENSAR PARA OTRO, PENSAR COMO SE DEBE

El marcador de entradas señala que la presente es la número 400 en la ya continuada existencia de este blog. El hecho naturalmente ha causado un cierto revuelo en los círculos intelectuales de Parapanda. Algunos de los protagonistas de esta bitácora se han reunido para celebrarlo, bajo un título conscientemente cinematográfico: "¿Los 400 golpes?". Por si acaso, se anexa una reflexión sobre el libre pensamiento y su apropiación laboral y mediática. Continuará.




Nada más libre que el pensamiento. Es una característica de cualquier sistema democrático garantizar la libertad de pensamiento y de su expresión. Sin embargo la actividad intelectual en que normalmente se resume el acto de pensar no se produce en el círculo restringido de la individualidad de cada persona. Tiene un condicionamiento social, cultural y económico muy importante. Y la capacidad de pensar libremente puede resultar orientada o dirigida desde el exterior de las personas.

En uno de los textos de J.M. Coetzee más sugerentes - y desoladores - , Juventud, se describe la presencia del joven protagonista en la empresa IBM en los años sesenta de Londres y sus impresiones sobre ese lugar de trabajo. “Todo el mobiliario de la oficina es de color gris. En el cajón del escritorio encuentra papel, una regla, lápices, un sacapuntas y una pequeña agenda con cubiertas de plástico negro. En la tapa, en mayúsculas, pone PIENSA, PIENSA, es el lema de IBM. Lo que tiene de especial IBM, deduce, es su constante compromiso con el hecho de pensar. Los empleados deben pensar todo el tiempo (…). Los empleados que no piensan no pertenecen a IBM, que es la aristocracia del mundo de los negocios de las máquinas. (…) Todo lo que tienen que hacer a cambio es pensar”.

En este párrafo se describe la importancia de una producción intelectual en el proceso de creación de máquinas de tercera generación, pero a través de una sencilla equiparación con la función intelectual del pensamiento de los trabajadores. Éstos deben necesariamente, - obligatoriamente - pensar, pero todo ese pensamiento es apropiado por la empresa, constituye la condición de selección y de mantenimiento de la mano de obra de la misma, de sus “recursos humanos”. Se debe pensar, pero para otro y el pensamiento es estimado en la medida en que se aprovecha por el titular del ámbito de organización y dirección del trabajo de los “pensadores” a su servicio.

Esa expropiación del valor de uso del pensamiento y su consideración exclusiva como elemento integrante del intercambio de trabajo por salario, es una realidad que gana progresivamente presencia en todas las actividades de producción de bienes y de servicios. El pensamiento es libre cuando se piensa por cuenta ajena. De lo contrario, el pensamiento debe silenciarse o aplazarse al tiempo – después – del – trabajo o al tiempo de no trabajo. La estructura del dominio en la relación de trabajo impone esta subsunción del pensamiento libre en las figuras concretas del trabajo material o inmaterial.

Hay un paralelismo entre esta práctica negación en el trabajo de un pensamiento propio que sustenta la diferencia y la identidad de los grupos sociales subalternos y la que se está extendiendo a nivel social a través de la construcción mediática de una realidad y de un pensamiento situado ideológicamente en planteamientos radicalmente conservadores y autoritarios. En efecto, los medios de comunicación conforman un pensamiento homogéneo que niega los aspectos mas problemáticos de la realidad y que se origina en la mediación ideológica propiciada por los intereses de los grandes grupos económicos que controlan los media. En ese espacio de reproducción de la realidad también es oportuno que los ciudadanos piensen, pero sólo en la medida en que lo hagan encuadrados en los esquemas que son suministrados de forma permanente y en todos los aspectos de la existencia, por un proceso de colonización ideológica y cultural del pensamiento libre. Deben pensar como se debe y sólo así se puede admitir la opinión “pública” de los ciudadanos informados.

Este violentar la realidad y la forma de narrarla como presupuesto del pensamiento “homologado” mediáticamente se ha podido comprobar últimamente con ocasión de la huelga del 29-S. A través de una unanimidad matizada en los detalles y en los acentos, los medios de comunicación españoles – frente a lo que han recogido los medios extranjeros – han emprendido una importante operación de deslegitimación de la movilización sindical y de los efectos reales de la misma durante la huelga general. Con ello han explicado de forma neta que solo se puede pensar como conviene, sin que un pensamiento colectivo que exprese una opción alternativa de reforma, de rechazo o de insumisión pueda poder expresarse a través de la información que ofrecen los medios de comunicación y los grupos económicos que los dirigen. Cobrar conciencia de esa terrible realidad puede orientar algunas respuestas colectivas y sindicales en el futuro. Ante todo porque la huelga conforma un hecho conflictivo de rechazo del trabajo temporalmente acotado, y ese hecho permite la generación de un discurso nuevo y alternativo. A través del hecho de la huelga como acto de insubordinación social y de reivindicación de un proyecto social diferente se afirma un discurso que busca reducir progresivamente las desigualdades sociales, culturales y económicas existentes en nuestra sociedad. Un discurso que permite expresar un pensamiento libre que se expande en un espacio colectivo que se incrementa progresivamente y que, paradójicamente, no puede alcanzar generalidad a través de la opinión construida mediáticamente.