miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA CONDUCTA ANTISINDICAL DEL PODER PÚBLICO EN LA HUELGA DE LIMPIEZA




La huelga de limpieza viaria de Madrid sigue generando intervenciones muy interesantes que analizan alguno de sus aspectos más relevantes. Joaquín Pérez Rey ha escrito un artículo en El diario.es en el que fundamentalmente analiza la conducta antisindical del poder público - el ayuntamiento madrileño - en la huelga, señalando con gran claridad tanto la existencia de un marco regulador de la huelga que permite una cierta seguridad en el desarrollo del ejercicio de este derecho, como la irresponsable actuación del poder público que vulnera los límites constitucionales y legales que éste le impone. Entre tantas voces equivocadas - o simplemente ignorantes - el presente artículo de Joaquín Pérez Rey es enormemente pedagógico.




JUEGO SUCIO EN LA HUELGA DE LA LIMPIEZA.
Joaquín Pérez Rey.
 
Que más de un millar de puestos de trabajo se salven en la sangría de empleos en la que se ha convertido el mercado de trabajo español debería ser una gran noticia y, en efecto, lo es. Si estos trabajos hubieran surgido como consecuencia de alguna inversión extranjera que atraída por el descenso de los costes laborales decidiera abrir una explotación industrial en España, sería difícil encontrar un hueco en la inauguración de la nueva fábrica. Pero si, como ha sucedido en Madrid, los empleos se han mantenido gracias a una huelga de los trabajadores frente a los intentos empresariales de despedir a una parte significativa de la plantilla, la foto ya no es tan concurrida y amenaza con quedar desierta o incluso podría ser que alguien no la considere deseable.

Esta paradoja es una muestra más de la incomodidad que tradicionalmente causa la huelga en el poder y sus aledaños, molestia que, conviene no olvidar, pretendió evitarse durante una buena parte de nuestra historia más reciente haciendo de aquélla un delito.

Justo las antípodas de lo que ahora sucede una vez que la Constitución dio cabida a la huelga entre sus artículos y la rodeó de las más amplias garantías, convirtiéndola ni más ni menos que en un derecho fundamental. Esto, tantas veces repetido, tan sabido, no consigue, sin embargo, calar en el poder político, especialmente cuando es él quien, de una u otra forma, se ve afectado por el conflicto laboral que adopta la huelga como forma de expresión. Tampoco lo hace en el poder económico que no se deja impresionar por la retórica de los derechos humanos.

Los ejemplos podrían multiplicarse y van desde la manipulación informativa de la huelga y su seguimiento (condena a RTVE como consecuencia del tratamiento dado a la huelga del 20 de junio de 2002) a los frecuentísimos supuestos en los que el conflicto se pretende invisibilizar imponiendo abusivamente el mantenimiento de la actividad con la excusa de los servicios mínimos o recurriendo directamente al esquirolaje tradicional o tecnológico. Televisiones emitiendo programas previamente grabados y sin contenido informativo, directivos sustituyendo a redactores en un periódico, transportes con una frecuencia cercana a la habitual en las horas punta, servicios más dotados de personal en caso de huelga que en los días normales. Todo ello en detrimento del derecho de huelga y su capacidad para paralizar la producción y todo ello normalmente considerado contrario a la Constitución por los Tribunales, el Constitucional entre ellos, años después cuando ya no queda del conflicto más que un leve recuerdo.

El conflicto en la limpieza de Madrid es un nuevo ejemplo de este accidentado camino por el que el derecho de huelga parece resignarse a transitar. Contratar con empresas externas, empresas de trabajo temporal incluidas, o a trabajadores para que sustituyan a los huelguistas es un comportamiento opuesto al derecho constitucional. No en vano la denominada prohibición de esquirolaje es una consecuencia obligada del reconocimiento de la huelga como derecho, precisamente porque ha sido la forma históricamente más común de dejar vacío de contenido el paro de los trabajadores. Esta prohibición sólo cede en contadas y excepcionales circunstancias que, en todo caso, requieren ser fehacientemente acreditadas, y no puede basarse en suposiciones o afirmaciones retóricas, sobre todo cuando quien las hace es una de las partes del conflicto. Mucho menos puede adoptarse un comportamiento tan drástico simplemente porque el servicio, el de limpieza en este caso, no se desarrolle con normalidad, pues precisamente este es un efecto ineludible de la huelga.

Los servicios mínimos que se imponen en aquellos casos en los que las huelgas afectan a servicios esenciales de la comunidad no son, insiste desde hace años el Tribunal Constitucional, un instrumento para mantener la normalidad productiva como si nada acaeciese. Su función es la de, afectando lo mínimo imprescindible al derecho de huelga, garantizar otros derechos o bienes constitucionales pero no la de mantener el servicio como si la huelga no se estuviera produciendo. Adviértase también que desde bien temprano el Tribunal Constitucional negó la posibilidad de que el Gobierno impusiera la reanudación del trabajo, permitiendo tan sólo, en caso de huelgas que causan un perjuicio grave de la economía nacional, lo que no parece ser el caso de Madrid, el sometimiento del conflicto a un arbitraje obligatorio y siempre y cuando el árbitro designado sea imparcial.

Es llamativo, además, que de todas las actuaciones que el Ayuntamiento de Madrid podría haber desplegado para evitar o atenuar las consecuencias del conflicto se haya decantado por aquella que cuestiona de manera más severa el ejercicio de un derecho fundamental. Un golpe de autoridad, como la ha calificado laudatoriamente el Ministro de Justicia, que parece también olvidarse de que el respeto a los derechos fundamentales y la garantía de su ejercicio constituyen una obligación para los poderes públicos, incluso cuando ese derecho sea uno tan incómodo como el de huelga, de cuya conculcación no se debería presumir y mucho menos empeñarse en reprimir.

Por curioso que parezca, ahora que surgen voces por doquier pidiendo una ley de huelga, es precisamente la regulación actual, nada favorable al ejercicio del derecho sino todo lo contrario, la que permite estas agresiones cotidianas a los paros laborales por parte del poder público y da lugar a una verdadera anomalía jurídica.

Un derecho, el de huelga, mal regulado, difícil de ejercitar en el mar de precariedad en el que se ha convertido el mercado de trabajo español por el temor a sufrir represalias, a perder el puesto de trabajo. Un derecho asediado por todo tipo de conductas empresariales y políticas empeñadas en dejarlo sin efecto. Un derecho, en suma, que exigiría una urgente atención legislativa destinada a tutelarlo, poniendo freno eficazmente a las vulneraciones de las que suele ser objeto. Pero incluso así, rodeado de alambre de espino, el derecho de huelga consigue en ocasiones componer bellas sinfonías de solidaridad y resistencia, recordándole al ciudadano aplastado por el fatalismo que se puede romper con el "es lo que hay", como advertía estos días un veterano sindicalista. Una lección que algunos parecen empeñados en borrar del temario, incluso pese a la Constitución.

martes, 19 de noviembre de 2013

ESTUDIO DE CASO: LA HUELGA DE LIMPIEZA DE MADRID



La huelga de limpiezas de Madrid ha sido objeto de numerosos comentarios y reflexiones en la blogosfera de Parapanda (LA HUELGA DE LAS LIMPIEZAS DE MADRID, CAPITAL DE LA GLORIA: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2013/11/la-huelga-de-las-limpiezas-de-madrid.html), y en otros blogs amigos, como En Campo Abierto, con intervenciones de Bruno Estrada http://encampoabierto.wordpress.com/2013/11/18/la-huelga-de-basuras-de-madrid-1/ (“Gracias, compañeros y compañeras de la limpieza de Madrid”) y de Héctor Maravall,  http://encampoabierto.wordpress.com/2013/11/18/la-huelga-de-basuras-de-madrid-3/ (“La lucha sindical sirve, y mucho”). Lo que a continuación sigue es un estudio de caso a modo recopilatorio.

Lo que conocemos por los variados medios de información: 

La limpieza viaria de la ciudad de Madrid es una competencia central del Ayuntamiento. Este servicio público es gestionado por empresas privadas, fundamentalmente constructoras a través de sus filiales de limpieza. En el verano del 2013 el Ayuntamiento modifica el pliego de condiciones del concurso y fija como suelo del mismo una rebaja de al menos 10% sobre el precio del 2012. Ganan el concurso tres empresas constructoras cuya oferta implica el 18% del precio anterior. Así OHL, Cespa (de Ferrovial), Valoriza (de Sacyr Vallehermoso) y Alfonso Benítez (FCC) se repartieron el contrato por casi 2.000 millones de euros, casi un 18% menos que el precio inicial. En el pliego de condiciones no hay  ninguna cláusula de estabilidad de la plantilla. Las empresas “madre”, o sea las constructoras OHL, Ferrovial, Sacyr y FCC, son mencionadas en la trama Gürtel – tienen por lo que parece grandes afinidades selectivas con el PP -, y declaran haber tenido en 2012 beneficios por valor de mil doscientos cincuenta millones de euros. Comienzan en el verano los primeros despidos de contratados temporales ( 200 personas). Al inicio del otoño las empresas concesionarias inician un ERE en el que proponen, como condición de viabilidad de las empresas, 1.134  despidos y la rebaja del 40% del salario de los trabajadores restantes, además de una regulación temporal de empleo de 30 días para cada trabajador. Las asambleas de trabajadores y los sindicatos convocan la huelga indefinida.

La huelga arranca con una gran manifestación. El Ayuntamiento impone unos servicios mínimos. Los trabajadores designados comparecen pero las empresas no sacan los camiones, posiblemente temiendo que puedan ser averiados. La huelga deja las calles de Madrid en pocos días llenas de basura. Los vecinos y ciudadanos de Madrid no culpabilizan a los trabajadores. La alcaldesa de Madrid entiende al comienzo de la huelga que su dinámica y resolución es un “asunto privado” entre las concesionarios y los trabajadores. Conforme avanza la huelga, este cargo público es más virulento respecto del “vandalismo” sindical y el incumplimiento de los servicios mínimos. Sin embargo, el Ayuntamiento no es capaz de dar una cifra concreta sobre el grado de incumplimiento de estos servicios.   En la negociación del ERE, las empresas reducen la cifra de despedidos y el monto de la reducción salarial, pero son ofertas rechazadas por los sindicatos. La presión política interna del propio Partido Popular lleva al Ayuntamiento a anunciar que recurrirá a Tragsa, una empresa pública, para remplazar a los huelguistas y limpiar la basura que se amontona por doquier. Los sindicatos con presencia en esta empresa se niegan a esta posibilidad mediante un comunicado público al entender que es un acto ilegal que vulnera el derecho de huelga de los trabajadores de la limpieza viaria y jardinería. 

Los trabajadores y sus sindicatos negocian el ERE y llegan a un preacuerdo en el que las empresas se comprometen a no despedir a trabajadores ni a bajar el salario. Se llega a un compromiso de congelación salarial y de realización de un Expediente de Regulación de Empleo. Esa noche, una serie de trabajadores contratados la mayoría por una Empresa de Trabajo Temporal, Ranstad,  designada por el Ayuntamiento a 85 euros la jornada, comienzan la limpieza de las calles de Madrid, ante la tolerancia de los huelguistas que conocen el preacuerdo obtenido. Para justificar este hecho, prohibido por la Ley de Empresas de Trabajo Temporal, el Ayuntamiento denuncia ante la Fiscalía que se han producido determinados actos vandálicos como desparramar las bolsas y quemar contenedores. Se produce un gran despliegue mediático del Ayuntamiento en esta operación de limpieza por trabajadores sustitutos de los huelguistas. 

A la mañana siguiente las empresas concesionarias se desdicen del pre-acuerdo y vuelven a plantear despidos y rebaja de sueldos. La reacción sindical y de los trabajadores es virulenta, amenazando con un salto cualitativo del conflicto. CCOO impugna el acto del Ayuntamiento de contratar trabajadores para sustituir a los huelguistas. Continua la huelga. Por fin, de madrugada, se consigue un acuerdo que es ratificado por las asambleas de trabajadores en el que las empresas renuncian a despedir a los 1.250 trabajadores y al recorte de salarios. A cambio se comprometen los trabajadores a la congelación de sus salarios durante el tiempo de vigencia del convenio y a un ERTE de 45 días por rotación en el plazo de estos mismos cinco años. El resultado concreto es el siguiente, tal como lo publican las páginas sindicales (no los periódicos ni la televisión, siempre tan prolija en explicar las normas emanadas del gobierno legislador): Retirada de los expedientes de regulación de empleo previstos para 1134 personas. No hay bajada salarial en tablas y se consolida el 5'9 adeudado desde hace tiempo.

Se pagarán atrasos en la nomina de noviembre.  Bajas voluntarias con 28 días por año con un tope de 22 mensualidades. Excedencias de hasta 10 años. El convenio no se rebaja ni modifica. Queda como estaba salvo en el periodo de vacaciones, que ahora se dividirán en 10 días en invierno y 21 en verano. La antigüedad se mantiene. ERTE de 45 días / año durante cuatro años. Las empresas se comprometen a no aplicar más despidos durante el periodo de concesión (ocho años). 

La huelga obtiene una resonancia mediática impresionante. Se considera con razón un éxito de los trabajadores y de sus sindicatos. Es percibida con simpatía por el pueblo de Madrid, que ha apoyado en su inmensa mayoría el conflicto, como inmediatamente se comprobó en las encuestas de opinión que manejaban los grupos políticos. La victoria de la huelga ha incomodado a los portavoces mediáticos de los poderes privados, así como al Partido Popular. La alcaldesa de Madrid, el Presidente de la CAM y la omnipresente ex presidenta Aguirre, han exigido una “ley de huelga” ante los abusos que permite la presente regulación, que, se recuerda, proviene de 1977. Aunque algunas voces hacen pedagogía de este tema, es general el desconocimiento patente de cuál es el sistema de regulación del derecho de huelga en España. 

Cómo ha sido posible la convergencia de una voluntad unitaria de los trabajadores en dar una respuesta contundente a una propuesta asiática por parte de empresas que implicaba una violencia excepcional, es un relato que se debe construir por parte de los propios protagonistas. Es un hecho importante, que posiblemente sea referente en los conflictos futuros, y conviene por consiguiente documentarlo en su cotidianeidad organizativa, en la descripción de los distintos momentos del proceso, de cómo superar los obstáculos y las dificultades en el camino hacia la solución final. 

Es interesante comprobar cómo en el discurso oficial no hay ningún espacio para la exigencia de responsabilidades, no sólo políticas. A las empresas, que sin duda hicieron una oferta en el concurso plenamente temeraria a la baja, conscientes que el precio de la concesión le serviría para subvencionar las indemnizaciones por despido a un quinto de la plantilla, en la idea que menos trabajadores, con casi la mitad de su salario, deberían cumplir los cometidos del servicio público. A la autoridad del ayuntamiento para la que cumplir con el servicio público de limpieza viaria no constituye un deber público sino una actividad económica que debe servir al lucro de empresas privadas, de manera que el servicio y su desarrollo no se guía por el interés general sino por la lógica del mercado: rebaja de costes para un servicio muy degradado e ineficiente. En la primera respuesta de la alcaldesa hay toda una filosofía del gobierno, la que ignora el servicio público como función de la actividad pública y lo confina en un intercambio mercantil sobe el precio del trabajo en el que el resultado de este proceso – la degradación de las condiciones de trabajo – no tiene relación con los objetivos de eficiencia, participación popular y respeto de los derechos de los ciudadanos. Tampoco hay responsabilidad por las continuas descalificaciones del hecho sindical y la declaración rimbombante de soluciones contrarias a la Constitución (las emisoras de derecha llegaron a preconizar la intervención militar) o el empleo de técnicas de restricción de la eficacia del derecho de huelga no permitidas, como sucede con el reemplazo de los huelguistas por empresas de trabajo temporal. 

La huelga de limpiezas de Madrid ha tenido una visibilidad muy importante. En los comentarios al conflicto de Madrid, los representantes de los trabajadores establecían un cierto axioma: “Se ha mostrado el camino para otros conflictos”. Y en efecto, se está produciendo una extensión evidente de conflictos en el campo de la limpieza viaria y de la limpieza pública en distintas partes del Estado español (ayuda a domicilio, trabajadoras de limpieza de escuelas públicas, residencias de tercera edad, etc). Pero además eso plantea el problema de las otras huelgas, los conflictos industriales que permanecen en una especie de espacio privado, opaco al conocimiento público, y cuya existencia y desarrollo son completamente ignorados por los ciudadanos. Este es un tema sobre el que deberemos insistir en adelante, sobre la base de las intuiciones muy valiosas que ofrece Jose Luis López Bulla en el blog hermano Metiendo Bulla (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2013/11/la-visibilidad-del-conflicto-social.html ). 

En un momento histórico en el que el paro masivo y la gestión asiática de las relaciones laborales, unidas a un concienzudo ataque mediático antisindical, parece conducir a las relaciones laborales a un estado pre-democrático, la huelga y el conflicto aparecen como los instrumentos más idóneos para defender los derechos y limitar al máximo las lesiones que el poder privado inflige a los derechos laborales individuales y colectivos amenazando la dignidad de la existencia social del trabajo. Es sin embargo necesario abordar este recurso al conflicto en el contexto de la estrategia sindical y de la práctica concreta de las relaciones de poder en la empresa y en los sectores de producción de bienes y de servicios en un contexto de crisis y de cambio de paradigmas productivos. En esas coordenadas, el encuadre jurídico de la huelga es también importante, y la búsqueda de la eficacia de la huelga como medida de presión, imprescindible. La huelga de limpiezas de Madrid puede posiblemente ayudar a abrir un debate sindical amplio sobre este medio de acción en los momentos presentes.

viernes, 15 de noviembre de 2013

SIGUE LA CRISIS, AUNQUE SE DIGA LO CONTRARIO








Desde hace al menos dos meses, casi con el comienzo del otoño, políticos y gobernantes, autoridades monetarias y banqueros individuales, medios de comunicación sumisos y medios de comunicación globales, todos en fin menos los ciudadanos y las ciudadanas de a pie, han dictaminado que la crisis ha terinado, que henos salido de la recesión y que "el dinero llega a raudales". La explicación es muy evidente. Las recetas de la austeridad han dado sus frutos y ahora ya todo termina bien, pasados los malos momentos. El PIB se recupera y fluye el dinero. Una visión tan prescriptiva es sospechosa y casamal con la percepción ordinaria de las cosas. Las relaciones laborales en España - pero no solo aquí  - están adquiriendo unos contornos muy peligrosos de desestructuración y descomposición del sistema que las encuadraba. Estamos ante un modelo asiático de gestión de la mano de obra como mercancía depreciada. 

Frente a estas afirmaciones tan unánimes - y en ocasiones tan ridículas como exasperadas - conviene tener una visión de conjunto que alimente la mirada crítica sobre una realidad profundamente separada de un discurso oficial y delirante que solo biusca la autojustificación de sus medidas autoritarias y antidemocráticas. El último número de la revista digital Insight permite acumular materiales de discusión con informaciones muy valiosas no sólo sobre la situación española ( en esta ocasión se contiene la voz muy autoricada de Berzosa, Navarro y Flores) sino también europea y americana. Este es el resumen de sus contenidos, que se encuentran siempre en ese almacén de ideas que es www.insightweb.it



Noviembre 2013 / En este número

Insight (www.insightweb.it)
Insight es una publicación multilingüe que tiene como objetivo el análisis de la crisis y de sus desarrollos económicos y sociales.

Artículos
Mario Nuti y Ruggero Paladini  hablan sobre la crisis de la zona euro y las responsabilidades de Alemania en ella.
Jeff Faux  interviene sobre Estados Unidos y China, y  Gordon Lafer habla sobre “salario mínimo” en América. .
Sobre la crisis en España, se incluyen colaboraciones  Gabriel Flores,  Vicenç Navarro y Carlos Berzosa..
Marcello Colitti
 alerta de la disminución de los flujos de inversión en la crisis.
Paola Brianti
 reflexiona sobre la nueva política medioambiental..
Judit Kiss
 lo hace sobre la involución autoritaria de Hungría. .
Antonio Lettieri
sobre desarrollo y política industrial entre realidad e ideología..
Papers:
Lorenzo Zoppoli  habla (en español) sobre las políticas del trabajo. Mario Pianta  lo hace sobre políticas industriales en Europa..
Un ensayo de Schmid y Stein  sobre la desigualdad de las rentas en Alemania.
Este es el índice detallado:
  • Ruggero Paladini
  • D. Mario Nuti
  • Jeff Faux.
  • Gabriel Flores
  • Carlos Berzosa
  • Vicenç Navarro
  • Paola Brianti
  • Marcello Colitti
  • Antonio Lettieri
  • Gordon Lafer
  • Yudit Kiss
Lorenzo Zoppoli
Mario Pianta
Kai Daniel Schmid and Ulrike Stein
D.Mario Nuti
Views Taking Aim at the Wrong Deficit, Lei do Passe Livre
Economistas Frente a la Crisis y las propuestas del Comisario Olli Rehn
Chrysler’s Owners Are Racing for the Cliff; Public Debt and Economic Growth

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Editor  Antonio Lettieri   Co-Editors  Bruno Amoroso,  Antonio Baylos
Editorial Board 
Margarita Barañano; Ramón Baeza; Barry Bluestone; Carlo Clericetti; Marcello Colitti; Oscar Ermida; Jeff Faux; Jacques Freyssinet; Tarso Genro; Jayati Ghosh; Guillermo Gianibelli; Stuart Holland; David Howell; Jesper Jespersen; Elvira S. Llopis; Mario Nuti; Ruggero Paladini; Thomas Palley; Guido Rey; Umberto Romagnoli; Mario Rusciano; Herman Schmid; Hartmut Seifert
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