martes, 21 de febrero de 2017

SALARIOS MINIMOS EN EUROPA, MINIMOS SALARIOS EN ESPAÑA


Una de las reivindicaciones esgrimidas por CCOO y UGT es el incremento de los salarios más bajos mediante la mejora sostenida del SMI (más allá del insuficiente aumento aprobado con el apoyo del PSOE y Ciudadanos) que le permita alcanzar los 800 euros en 2017 y aproximarse al objetivo del 60% del salario medio. A continuación se da cuenta de la evolución de los salarios mínimos en Europa.

La institución del salario mínimo ha sido revalorizada paradójicamente por la crisis de la negociación colectiva, al reducirse la tasa de cobertura de la misma y por tanto aumentar el número de trabajadores cuyos salarios no estaban regulados por el convenio colectivo. En otros países, como en Francia, España o Portugal, constituye un elemento importante en la determinación de un suelo de contratación con efectos sobre la propia negociación colectiva. En la discusión sobre el pilar social europeo, el presidente de la Comisión Europea, Juncker, proponía que formara parte del mismo, con carácter general, un salario mínimo en cada país de la Unión Europea (18 de enero 2017). 

En esa fecha, enero del 2017, de los 28 países de la UE, 22 tienen un salario mínimo fijado legal o reglamentariamente. Los seis países que no lo incorporan a su sistema jurídico laboral se basan en el mínimo convencional que fijan, en cada rama de producción, los respectivos convenios colectivos, normalmente de ámbito estatal. Se trata de los tres países escandinavos – Dinamarca, Suecia y Finlandia . junto a Austria, Italia y Chipre, El resto por el contrario tienen regulado este mínimo como base de la contratación laboral.

Como es previsible, el montante de estos salarios mínimos varía de manera muy significativa en los diferentes países de la Unión. Aunque la gran mayoría de los Estados lo fijan mensualmente, otros  - los menos, Irlanda, Gran Bretaña y Alemania – lo determinan por hora o incluso alguno por semana, como Malta. Las diferencias más significativas se dan en su cuantía. Mientras que en Gran Bretaña o en Alemania el salario /hora oscila en torno a los nueve euros (8,80 y 9,25 en Irlanda), y el salario mínimo mensual de Bélgica, Holanda o Francia se sitúa en torno a los 1.500 €, (1.531, 1.551 y 1.480 respectivamente), en los países del este el salario mínimo es inferior a 500 € al mes (235 y 322 € respectivamente en Bulgaria y en Rumania, en torno a los 400 € Croacia, Estonia, Letonia, Lituania Hungría, Eslovaquia y Polonia). El siguiente grupo de salarios mínimos bajos está formado por Malta, Eslovenia, Portugal, Grecia y España, que va desde cerca de 600 € en Portugal y Grecia (557 y 586 € respectivamente) a los 700 españoles y 800 eslovenos. Hay por tanto tres líneas que sitúan las diferencias importantes entre los diferentes ordenamientos, de forma que la mayoría de los países centrales de la UE –con Italia – tienen salarios mínimos por encima de 1.000 euros, y los otros dos grupos marcan muy claramente el diferencial salarial que posibilita el dumping social.


En la crisis sin embargo, se han producido importantes subidas en porcentaje del salario mínimo. La figura siguiente da cuenta de ello.



Se trata sin embargo de subida del salario nominal, y se ha efectuado fundamentalmente en relación con los países de menor nivel salarial. En un mayor período, el siguiente cuadro perite verificar las tendencias que se han dado a lo largo de la crisis a partir de 2010 en una serie de países. En este cuadro no está España, pero su línea de desarrollo es más parecida a Grecia que la de Francia, como sabemos.



Más importante es calcular el incremento del salario mínimo como salario real. Y allí las cosas son aún más evidentes, al tomar en consideración la carestía de la vida, el nivel de precios al consumo, en relación con el aumento del salario mínimo nominal. Salvo en los países del Este, donde el incremento salarial se ha correspondido con un aumento real – desde el 84% en Bulgaria o el 70% en Rumania al 23 % en Estonia – en  otros países del centro y del sur europeos los mínimos salariales han decrecido: un 0,7% en Holanda, un 4,3% en Bélgica, pero un 24% en Grecia, donde el salario mínimo lleva congelado desde el 2010. Inglaterra e Irlanda muestran sin embargo un crecimiento real del 4 y 3% respectivamente, y Portugal en un 4,3%. En España, donde se ha producido “el mayor incremento del salario mínimo desde los años 70” , como rotuló en su momento un diario de régimen, el aumento real del mismo se reduce a un 1,1%., por debajo del 1,3% de Francia.

Estos datos son significativos no sólo porque provienen de Eurostat y por tanto no se trata de un organismo de clase, sino más bien lo contrario, sino porque pone de relieve la situación de los salarios en España como un elemento central de preocupación sindical y colectiva. El ajuste en España se ha hecho a la vez desde el empleo – despidos, desempleo de masa – y desde la degradación salarial. Cada vez el trabajo de todas y todos se retribuye peor y en menor medida, ajustando por tanto el valor del mismo en niveles que permiten una rápida recomposición del beneficio. El trabajo no cualificado se instala en muchas ocasiones en el espacio de lo sumergido y no declarado, aumentan las zonas deslaboralizadas que liberan al empleador de las contribuciones a la Seguridad Social, el trabajo cualificado y cognitivo de los jóvenes se remunera con salarios extremadamente reducidos, y el empleo público permanece desde el 2010 en una zona de atraso salarial y de reducción de empleo que parece definitiva. En ese contexto, por tanto, seguir utilizando el discurso de la moderación salarial como forma de mantenimiento del empleo es un sarcasmo. 

No hay comentarios: