lunes, 23 de febrero de 2026

UNA BELLA MAÑANA DE SÁBADO


 

Fue el sábado 21 de febrero por la mañana, en la sala de columnas del Circulo de Bellas Arte de Madrid, donde tuvo lugar el acto “Un paso al frente” donde los partidos que sostienen el gobierno de coalición – el movimiento Sumar, Más Madrid, Los Comunes e Izquierda Unida – presentaban una coalición amplia de izquierdas para las elecciones generales en donde se insistía el carácter abierto y esperanzado de este proyecto que había sido preparado durante los últimos meses. El acto, que fue presentado por Rita Maestre, contó con la participación de Lara Hernández, Ernest Urtasun, Antonio Maillo y Mónica García, en un formato transversal, a través de cuatro intervenciones sin liderazgos que sobresalieran por encima de los otros.

El acto generó una gran expectación pública. A las 300 personas que asistimos a la presentación, se unieron casi 500 en la sala de cine y otra salón en donde se proyectaba el acto, y los más de 80.000 que lo siguieron por streaming. Y tres días antes, un conversatorio entre Rufián y Delgado sobre la necesidad de lograr la unidad de la izquierda cara a las elecciones generales, fue también seguido por más de 100.000 personas en su desarrollo.

Se trataba de que las fuerzas políticas que forman parte del gobierno actual y que apuestan por la continuidad de las políticas sociales que colocan el trabajo con derechos en el centro de la actuación política, como una forma de lograr la mejora de las condiciones de vida de la gente, se comprometan a buscar una convergencia real de personas y organizaciones sociales junto con las estructuras de los partidos en torno a un programa de cambio y de progreso que profundice el proyecto reformista que se ha ido llevando a cabo durante los últimos cinco años.

En el acto del 21 de febrero, apoyando ese “paso al frente” se encontraban personas muy relevantes dentro del ámbito de las gentes de la izquierda social y política, comenzando por los dos secretarios generales de UGT y CCOO, organizaciones fundamentales para sostener cualquier propuesta reformista que amplie y consolide los derechos individuales y colectivos de las personas que trabajan y de quienes forman parte de la más amplia ciudadanía social. Pero junto a Unai Sordo y Pepe Álvarez, también estaban presentes exponentes políticos bien conocidos y de evidente prestigio en el proceso de cambio social y político que tuvo su inicio en el ciclo reformista que da inicio a partir del triunfo de las candidaturas municipalistas en el 2015 – del que son exponentes señalados Ada Colau o Gerado Pisarello – y que se nucleó a nivel general con las coaliciones Unidas Podemos que llevó a la izquierda  autodenominada transformadora o alternativa al gobierno, como  Alberto Garzón, o Nacho Álvarez. La clásica entente que se ha forjado desde hace tanto tiempo en la alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura era recordada por el Ministro de Cultura, y encontraba su reflejo en la presencia de Luis García Montero, siempre atento a promover iniciativas de encuentro de las izquierdas.

Los últimos tiempos que han precedido a un comienzo de año verdaderamente escalofriante que ha exhibido la violencia desencadenada de un autoritarismo mundial encarnado en la afirmación imperialista de Estados Unidos, y en donde el genocidio y los crímenes de guerra, como sigue sucediendo en Gaza, se integran en la normalidad de las comunicaciones y de las informaciones, han generado en el espacio de la izquierda toda una retahíla de intervenciones en las que la derrota de sus ideas parecía inevitable, junto con un amplio despliegue de reproches y de incomprensiones sobre la actuación de las fuerzas políticas que se reclaman de esta posición ideológica. Más aun, el porvenir que se diseñaba por los comentaristas y comentadores influyentes para estas formaciones políticas – y que una buena parte de sus protagonistas asumían en su discurso, ejercitando alguna de las múltiples variantes de la secular autocrítica – podía asemejarse al que el poeta vasco Gabriel Aresti pronosticaba en 1967 : “bronco sufrir, dolor continuo, llanto ronco y un, sin fin, desgarrador sollozo”[1].

Romper esa dinámica de agresión, desmotivación y reproches era por consiguiente indispensable. Y en efecto, en esta tercera semana de febrero, se ha podido revertir por su contrario, la constatación de que existe una amplia base de personas que están motivadas para seguir impulsando un proceso de profundización en la democracia como la única forma de reactivar la pulsión a una sociedad solidaria y fraterna en donde se pueda ir reduciendo la desigualdad, conscientes por otra parte de que este es el único antídoto al avance del pensamiento negativo del individualismo, la deserción social y la acumulación del odio al diferente como clave para explicar el propio sufrimiento. Un trabajo con más derechos que asegure su presencia en la toma de decisiones de las empresas, una sociedad civil en la que la sanidad y la enseñanza, también la universitaria, se afirme como un espacio desmercantilizado que logre una nivelación social en el acceso a unos servicios públicos imprescindibles, la extensión de una cultura popular y libre de censuras, la activación permanente de políticas de cuidados y la extensión de los derechos reproductivos, la integración en un espacio de tolerancia y comprensión de razas y sujetos especialmente vulnerables, son algunos de los elementos centrales de una propuesta de gobierno que garantice la seguridad de la existencia de amplias capas de la población que se sitúan en una posición de subalternidad política, económica, social y cultural. Y en un contexto internacional en el que se denuncia el genocidio en Gaza y las acciones criminales de los gobiernos de Israel y de Estados Unidos, y se proclama expresamente  la solidaridad con el pueblo trabajador de la República argentina, frente a la reforma autoritaria y libertaria del gobierno de Milei.

No sobra nadie, era el leit motiv de las intervenciones del 21 de febrero, y se trata de un proceso de formación de voluntades y de consolidación de sujetos que requiere tiempo y a la vez audacia para su consolidación de nuevo. A efectos electorales, pero mucho más allá de ello. Todos los nombres, tanto los que nos han acompañado en estos tiempos como los que aún no han emergido y los que siempre permanecerán en un relativo anonimato. Pero todos son imprescindibles, dejando de lado los posibles cuestionamientos parciales de su actuación. Por eso en el acto referido se podía percibir una amplia fraternidad entre los diferentes miembros de diversas agrupaciones políticas y sociales, unas “ganas de unidad” que es el presupuesto de cualquier iniciativa de cambio.

Queda por recorrer camino, desde luego. No tanto sobre el programa – el qué se quiere obtener – sino el método – cómo articular la complejidad organizativa e ideológica de las formaciones y de los grupos concernidos – más importante que el quién – lo que se llama el liderazgo compartido de las diferentes fuerzas en liza. Pero todo comenzó bien. Y se abrió paso la esperanza y la confianza de poder articular una alternativa real de cambio social y de progreso.

Por eso fue una bella mañana de sábado, bien agradable, como recordarían luego los titulares de las diversas cabeceras de los medios de comunicación que hemos recogido.

Seguimos adelante. Y todos juntos.

La izquierda exhibe sintonía y activa la maquinaria electoral para intentar rearmarse de cara a las generales (El País)

El espacio de Sumar deja atrás la melancolía y se rearma: “El nuevo sentido común es la unidad”. Los partidos recuperan la ilusión y la autoestima para las generales con guiños a toda la izquierda: “Aquí no sobra nadie” (Info Libre)

“Los partidos de extrema izquierda asumen el discurso de Sumar: "No sobra nadie" (La COPE)

La izquierda presenta su alianza para 2027 con un mensaje de unidad: "Aquí no sobra nadie" (Demócrata)

Sumar llama a todas las fuerzas de izquierda a unirse y pide "dejar los egos a un lado" (RTVE)

Sumar refunda una alianza “no para resistir”, sino para “ganar, gobernar y transformar” (Deia)

La nueva confluencia llama a integrarse al resto de izquierdas y colectivos sociales: "Lo que nos exige el pueblo progresista es ganar" (Público)

La izquierda confederal abre una nueva etapa de unidad y “ambición” electoral: “Se acabó el derrotismo” (El diario)

 



[1] Gabriel Aresti, “Primera vez, Nerea, ante el futuro” / “Lehendabiziz Nerea etorkizunaren aurrean”, de su libro de poemas Euskal Harria, en El ciclo de la piedra. Antología. (Edición de Jon Kortazar, Visor, Madrid, 2020.


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