Esta
tarde del 23 de marzo se ha conocido que el referéndum convocado en Italia que debía
confirmar una “ley constitucional” que revisaba siete artículos del
Título IV de la Parte II de la Constitución italiana dedicada a la Magistratura
y frente al cual el gobierno Meloni había defendido que se votara SI, ha
sido ampliamente derrotado por el NO, que ha obtenido una victoria amplia tanto
territorialmente como respecto a las franjas de edades de las personas que
votaban. Este hecho es muy alentador no solo para la izquierda italiana sino
también para España, porque es una señal clara de que lo ineludible de la
vistoria en el 2027 de la derecha y ultraderecha, los partido de Trump y
Netanyahu en nuestro país, no está ni mucho menos segura.
El objeto de esta Ley que la ciudadanía
italiana debía “confirmar” tenía los siguientes rasgos distintivos en la
reforma de los órganos de gobiernos de jueces y juezas asi como de la carrera
judicial.
Separación de carreras:
Distinción clara entre la carrera de los jueces y la de los fiscales, poniendo
fin a la posibilidad de pasar de una a otra.
La propuesta de introducir la
separación de las «carreras» como principio constitucional, y por tanto
inderogable, no resulta coherente con el principio recogido en el artículo 107,
apartado 3, C., según el cual los magistrados se distinguen entre sí únicamente
por la diversidad de «funciones»; ni con el principio tradicional del sistema italiano—vigente
desde la reforma Zanardelli de 1890— que considera que tanto los jueces como
los fiscales pertenecen a un único orden de la magistratura.
Reforma del Consejo Superior
de la Magistratura (CSM): El CSM – organismo equivalente a nuestro CGPJ - se
dividiría en dos consejos distintos, uno para los jueces y otro para los
fiscales. Además se constituiría un Tribunal Superior Disciplinario para
juzgar la responsabilidad disciplinaria de los magistrados, en sustitución de
la actual sección disciplinaria del CSM (Consejo Superior de la Magistratura).
La división del Consejo Superior
de la Magistratura en dos órganos distintos (junto con la retirada de la
competencia disciplinaria, que se ha confiado a un tercer órgano, el Tribunal
Superior Disciplinario), no solo contribuye por sí misma a debilitar el orden
judicial frente al poder político, ya que acaba configurando la actividad de
fiscalización de los jueces como un poder autónomo potencialmente en conflicto
con el poder judicial, sino, sobre todo, porque se opta por la elección del
criterio del sorteo para la composición del componente judicial de los dos
Consejos Superiores (y también de los miembros judiciales del Tribunal Superior
Disciplinario) lo que debilita potencialmente la función de garantía que dichos
órganos deben desempeñar en el ámbito de funciones de relevancia constitucional
y busca la eliminación de la influencia en este punto de las “corrientes”
ideológicas que se organizan entre los jueces y magistrados italianos. Este ha
sido un argumento repetido hasta la saciedad por el gobierno Meloni, para quien
el criterio del sorteo sería la única solución viable para evitar los riesgos
de que las decisiones del CSM se vean condicionadas por las lógicas de reparto
de las corrientes asociativas, que han lastrado la labor del CSM.
Realmente esta reforma se inscribe
en un proyecto más a largo plazo del gobierno Meloni de ir cambiando por partes
la Constitución italiana, sustituyéndola por un sistema más cercano al presidencialista
eliminando contrapesos y garantías institucionales presentes en la Constitución
que surge de la derrota del fascismo. Entre estas, la más llamativa es el llamado
“Premierato”, es decir una propuesta para la elección directa del presidente
del Consejo de Ministros con el fin de reforzar la estabilidad del Gobierno y
acabar con la designación actual por el Parlamento a propuesta del Presidente
de la república, y la reforma del sistema electoral, que implica la concesión,
tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, de un «premio de
gobernabilidad», es decir, un premio de mayoría para el partido o la coalición
que obtenga al menos el 40 % de los votos en las elecciones. Si ninguna lista o
coalición obtiene al menos el 40 % de los votos para conseguir la bonificación
de gobernabilidad, la propuesta de reforma prevé la posibilidad de una segunda
vuelta entre las dos listas o coaliciones más votadas, para determinar a quién
se le asigna este “premio”.
Aunque el resultado era dudoso y
el gobierno creía que iba a poder vencer, aunque por estrecho margen, la
afluencia a las urnas ha sido impresionante, ha alcanzado casi el 60% superando
el 50 por ciento de electores censados, lo que es en si una muy buena noticia
porque además desmiente la tendencia última de los electores que se refugiaban
en la abstención. El NO ha ganado con casi un 55% - 14,2 millones frente a 12,2 millones partidarios del SI - y
ha resultado ganador en la mayoría de las regiones italianas, con porcentajes
muy altos tanto de participación como de votos negativos en regiones como
Emilia Romagna y Toscana, entre otras (Se puede consultar los resultados en la
web oficial https://prefettura.interno.gov.it/it/prefetture/modena/referendum-22-e-23-marzo-2026-affluenza-e-risultati-eligendo
). Ha sido por otra parte muy comentado que entre los grupos de edad, el de los
jóvenes ha sido el que más decididamente ha votado por el NO.
Federico Martelloni, catedrático
de Derecho del trabajo de la Universidad de Bolonia y gran amigo y frecuentador
de este blog, ha expresado de modo muy claro el significado democrático de este
resultado. “Millones de ciudadanos han decidido volver a las urnas tras un
largo periodo de desinterés; sería un error creer que han optado por utilizar
el lápiz únicamente como escudo en defensa del orden constitucional: es mucho
más probable que también lo hayan utilizado como espada para hacer realidad un
proyecto constitucional aún muy incompleto. Como en una sinécdoque, han
defendido UNA PARTE de la Constitución para relanzar el TODO que esta
representa, desde el rechazo de la guerra (art. 11) hasta el acceso a la
sanidad (art. 32) y a la educación (art. 33) para todos; desde el derecho a una
remuneración equitativa para trabajadores y trabajadoras (art. 36) hasta la
progresividad de la fiscalidad (art. 53) como pieza esencial en la lucha contra
las desigualdades. La Carta Fundamental de 1948, maltratada, vilipendiada y
amenazada primero en la época del neoliberalismo y, hoy, en la era de la
internacional negra de Trump, Netanyahu, Le Pen, Meloni… sigue representando un
programa político para el futuro. En la Constitución reside la posibilidad de
invertir el péndulo de la historia, siempre que se encuentre el valor para
abrir de par en par puertas y ventanas”
Y añade: “La politización del
voto no ha beneficiado al Gobierno de Meloni: lo ha castigado
severamente. Si por fin esta derecha tan desagradable cojea, es hora de dar
alas a una #alternativa. Como Alianza Verde de Izquierdas (AVS) no se cansa de
repetir, un proyecto alternativo creíble se nutre de dos ingredientes
fundamentales: unidad y radicalidad. El camino hacia las elecciones generales
de 2027 sigue siendo tortuoso —porque esta derecha sigue siendo muy fuerte y al
menos igual de peligrosa en todas partes—, pero ya no es todo cuesta arriba”
Una inyección de optimismo y de recuperación
de las políticas democráticas que defienden la paz, el Estado social y la
interlocución continua con las organizaciones que representan a las personas
trabajadoras como la forma adecuada de responder al avance de las derechas y
ultraderechas, lo que para nuestro país es también una buena señal. Se puede
derrotar a las fuerzas reaccionarias y autoritarias que además son cómplices y
secuaces del imperialismo norteamericano y del colonialismo israelita que están
sembrando la destrucción y el sufrimiento entre la población civil en un largo
proceso de crímenes de guerra, violación de los derechos humanos y prácticas
genocidas. El no a la guerra lleva también consigo una defensa de la democracia
frente a estos nuevos bárbaros que quieren un mundo sin otra regla que la
imposición por la fuerza y el poder sobre el derecho y la obligación de mantener
un nivel de ciudadanía social y política exigente y desarrollado.
El resultado del referéndum en
Italia es por tanto una excelente noticia no solo para las izquierdas políticas
y el sindicalismo italiano, sino también para la renovación del espacio que
logró SUMAR en las elecciones de 2023,
arrebatadas al PP y VOX contra lo que encuestas y forjadores de opinión
defendían como una realidad inobjetable, y la formulación del espacio de las
izquierdas que se ha ido construyendo en torno a IU, Mas Madrid, Comuns,
Compromis y Movimiento Sumar en estas últimas semanas.
Maurizio Landini, secretario
general de la CGIL, que formaba parte del Comité Ciudadano para la defensa del
NO, cuando ha saludado el resultado del referéndum, ha señalado que éste es una
señal de cambio que promete una «nueva primavera para el país», y ha invitado a celebrarlo en la calle, lo que se
está efectuando en prácticamente todas las grandes ciudades de Italia.
Como decía también Martelloni,
“con este referéndum querían detener el paso de las estaciones. ¡Pero hoy es
primavera!”. Y una magnífica noticia también para España y Europa, la Europa
democrática que debemos recuperar.

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