domingo, 31 de mayo de 2009

LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES. EL MODELO EUROPEO


La Editorial Bomarzo acaba de publicar una monografía de José Luis Monereo Pérez sobre el sistema de garantía de derechos sociales en el marco europeo. La obra ha sido presentada en el Círculo de Amigos de la Europa Social de la ciudad de Parapanda, ante nutrida presencia de iuslaboralistas, uno de cuyos grupos posa con el autor del libro. La obra será comentada en el número 46 de la Revista de Derecho Social, pero hemos conseguido como primicia su publicación primero en este blog.
La problemática de la validez y vigencia de los derechos humanos en una dimensión supraestatal constituye actualmente un tema que ha polarizado una buena parte de los esfuerzos analíticos y teóricos de los juristas de distintas áreas de conocimiento. En lo que respecta a la Unión Europea, además, la articulación de los proyectos políticos constitucionales democráticos en cada uno de sus Estados miembros y la constitución de mercado que da sentido al espacio integrado económico y monetariamente en que se concentra la idea de Europa, ha dado lugar a un esfuerzo de interpretación que quiere explicar las contradicciones entre estos espacios y sus resultados en términos de validez y de vigencia de los derechos fundamentales de los ciudadanos europeos. Es además un debate que se ha revalorizado en el contexto de la discusión sobre la llamada Constitución Europea y los sucesivos rechazos que en algunos países ha cosechado ésta a partir de las consultas refrendarias organizadas para su aprobación. En este contexto, la desatención a la dimensión social de la Unión Europea y la falta de voluntad política en construir políticas sociales comunes sobre la base del respeto de una ciudadanía social europea modelada al estilo de las constituciones sociales de la segunda posguerra europea, ha situado en un primer plano de análisis el campo de los derechos ciudadanos, su formulación y las garantías de la que se disponen para su ejercicio. La importancia de la garantía judicial y en concreto la decisiva determinación que de este aspecto ha realizado el Tribunal de Justicia, se incrusta también con una cierta autonomía en este discurso.

El libro comentado de Monereo se inscribe en esta línea de discusión y viene a representar una aportación de carácter crítico muy relevante en el panorama doctrinal del iuslaboralismo español. A través de un recorrido que va desde la esfera de las declaraciones de derechos en las Constituciones nacionales y la exposición detallada del garantismo jurídico como técnica jurídica y política de preservación de los derechos sociales, desemboca en las declaraciones de derechos en el sistema de los Tratados de la Unión Europea, definido como un marco “constitucional” insuficiente. El libro contiene un enjundioso esfuerzo explicativo del garantismo jurídico y sus consecuencias en orden a la vigencia y eficacia de los derechos sociales, que le permite con más facilidad definir el marco constitucional europeo basado en los Tratados fundacionales como un constitucionalismo débil y flexible sobre el que se mantiene una mirada crítica al describir tanto el modelo en general como al analizar los grupos de derechos clave : los derechos del empleo, las políticas de empleo y la inmigración, la autonomía colectiva y los instrumentos de gobernabilidad social, y, en fin, el sistema de seguridad social.

Las conclusiones de la monografía son pesimistas. Desde una constatación general de que en la crisis del constitucionalismo social, “se tiende a hacer prevalecer el principio axial de eficiencia económica y competitividad sobre el principio de protección del trabajo”, se extiende un cierto Derecho del Trabajo flexible – sobre el que el autor ya ha teorizado a partir de su monografía de 1996 – que permite la declinación en Europa de las nociones de subsidiariedad respecto de la política social, flexibilidad en la regulación jurídica de los mercados de trabajo y autonomía de los interlocutores sociales entendida no tanto como autorregulación cuanto como desresponsabilización pública de la economía de mercado que es consustancial a un Estado “post-social”. Y aunque la crítica aventura en el plano de los principios una reacción a este estado de cosas, en la obra no se llega a arbitrar un mecanismo interpretativo o propositivo alternativo a este “constitucionalismo débil”.

El libro cuenta con una extensa lista bibliográfica quizá redundante con la que se ha ido manejando de forma tan abundante como exhaustiva a lo largo del texto, y un anexo normativo sobre textos internacionales sobre derechos humanos en donde sólo se incorpora como texto europeo la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea en su versión última de Lisboa, de 2007, que acompaña a los textos clásicos de la Declaración Universal de derechos humanos, el Pacto Internacional para los derechos civiles y políticos, y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
José Luis Monereo Pérez. La protección de los derechos fundamentales. El modelo europeo. Editorial Bomarzo, Albacete, 2009. 334 páginas.

sábado, 30 de mayo de 2009

LA DECLARACION DE PARIS DE LA CES





Es tiempo de declaraciones que preceden a la acción. El documento que aqui se inserta es el resultado de una reunión celebrada a comienzos de semana en Paris en la que la Confederación Europea de Sindicatos toma posición y propone algunas medidas a adoptar necesariamente en la dimensión comunitaria, y que tienene que comportar cambios normativos y decisiones políticas. Sorprende que pese a que estemos teóricamente en medio de un proceso electoral para la conformación del Parlamento Europeo, nadie haya hecho referencia a esta declaración y a sus presupuestos de cambio en el debate político. En el restaurante Chiquilín de Parapanda los comensales (en la imagen) discutían si esta invisibilidad mediática y discursiva correspondía a una intención política de ocultar la mirada sindical sobre el espacio social europeo, o si se trataba de pura indiferencia ante este hecho social y político.


La Declaración de París de la CES, mayo 2009.


Europa se enfrenta a un retorno del desempleo masivo. El número de empleos llamados a desaparecer en el transcurso del año es tan elevado que hay que remontarse a los años 30 para encontrar cifras comparables. Y sin embargo, a día de hoy, la respuesta de las autoridades (tanto europeas como nacionales) es inadecuada para la magnitud del problema.Este fuerte aumento del desempleo se explica por el dominio del modelo económico neoliberal en el curso de los 30 últimos años, un modelo cuyo colapso ha provocado la catástrofe económica que Europa y el resto del mundo están viviendo actualmente. Son muchos los que se han dedicado, en el ampuloso sector de los servicios financieros, a practicar una versión moderna de la alquimia. Se ignoró la prudencia a largo plazo, mientras la codicia y la especulación se convertían en el orden del día de Wall Street, Londres y otros grandes centros financieros. El resultado, antes del colapso, fue un rápido incremento de la desigualdad, el aumento de los empleos precarios y la presión para recortar la influencia de los estados de bienestar, los derechos de los trabajadores y la negociación colectiva. Ahora hay que añadir a esto un mayor desempleo, recortes en el gasto público y un colapso de la demanda en muchos países. Los ciudadanos se dirigen a los gobiernos mediante la acción del sector público y a los sindicatos para restaurar el equilibrio democrático que se había cedido a los mercados. La CES pide que no se permita “nunca más” que el capitalismo financiero pueda infligir una crisis comparable al mundo, a Europa y a los trabajadores; y que nunca más el aumento de las desigualdades suscite el estímulo, la indiferencia o la negligencia de los gobiernos democráticos. La CES apoya plenamente la causa del movimiento sindical internacional en la lucha contra la crisis. Europa tiene un papel importante y específico que jugar en este contexto. La UE es la única en el mundo que tiene la capacidad de ejercer una acción directa y coordinada sobre lo que constituye la mayor entidad económica individual en el mundo. Debe, por tanto, liderar el camino, y no seguir a otros. Con demasiada frecuencia ha dado la impresión de estar relegada a un papel secundario, detrás de países importantes. Y, si la UE no es capaz de llevar a cabo una acción concertada, sus principales logros que son el mercado único, la moneda única y la ampliación se verán sometidos a una fuerte presión, porque los Estados miembros buscarán el desarrollo de sus propios enfoques en materia de comercio, política monetaria y relaciones internacionales. La UE debe asumir sus responsabilidades en relación con los Estados miembros, aguantando la presión más extrema, y actuar de forma que evite depender del Fondo Monetario Internacional. La intervención del FMI debería, en todo caso, intentar preservar la cohesión social, más que reducir el gasto público y los servicios públicos. La UE debe adoptar un enfoque convincente ante el desempleo. La CES reclama un nuevo Pacto Social en la UE que actúe como motor de la justicia social y en favor de más empleos y de mejor calidad, con los siguientes puntos principales:Más y mejores empleos: Inversión en un plan de recuperación europea ampliado para dar un nuevo impulso en favor del crecimiento y el empleo. La CES pide que el Consejo Europeo y la Comisión diseñen un plan europeo de inversión que totalice el 1% anual del PIB para ofrecer más empleos y de mejor calidad, promover la innovación, la investigación y el desarrollo, favorecer el empleo en sectores clave, invertir en nuevas tecnologías verdes y sostenibles, y asegurar servicios públicos de gran calidad. Sistemas de protección social más fuertes para ofrecer más seguridad e igualdad y evitar la exclusión social. La CES reclama una agenda social europea significativa y fuerte para permitir a las personas conservar un empleo bien remunerado y garantizar la protección a todos los trabajadores, así como una formación adecuada, teniendo en cuenta la diversidad y la necesidad de mantener la cohesión social y el acceso a los servicios públicos para todos. La política social y los servicios públicos en toda Europa no deberían verse debilitados por una aplicación demasiado rígida del Pacto de Estabilidad, obligando a recortes demasiado prematuros y demasiado importantes en los déficits presupuestarios, una vez que la actividad económica deje de retroceder.Derechos más fuertes para los trabajadores y fin de la preponderancia de los principios del mercado a corto plazo. Para poner fin a las desigualdades crecientes, debemos disponer de derechos más fuertes. La CES exige un Protocolo de progreso social que dé prioridad a los derechos sociales y a la acción colectiva y una Directiva sobre desplazamiento de trabajadores más fuerte, basada en la igualdad de trato y en el respeto al derecho que se aplica en el lugar donde tiene lugar el empleo. La CES reclama igualmente una participación efectiva de los trabajadores y democracia laboral. Es especialmente urgente reforzar los derechos de los trabajadores para poner fin a la creciente utilización de diversas formas de trabajo atípicas y poco seguras.Mejor salario: fortalecimiento de la negociación colectiva. Hay que rechazar la congelación salarial y el recorte de los salarios nominales. En un momento en el que la demanda se derrumba, es esencial proteger el poder de compra. La CES exige por tanto un fortalecimiento de la negociación colectiva y de los instrumentos de formación del salario con el objetivo de asegurar aumentos del salario real para apoyar la recuperación económica. El Banco Central Europeo (BCE) debe igualmente estar implicado en el crecimiento y estar comprometido con el pleno empleo de calidad, y no simplemente con la estabilidad de precios. El BCE no debe pretender influir y debilitar las negociaciones salariales aumentando prematuramente los tipos de interés en cuanto parezca que la crisis inmediata ha terminado. La CES exige al BCE un consejo consultivo de interlocutores sociales europeos.La solidaridad europea como protección frente a los excesos del capitalismo financiero: es esencial poner en práctica una reglamentación efectiva de los mercados financieros y una distribución equitativa de la riqueza, y evitar un retorno al capitalismo de casino o al 'estatus quo' de los últimos 20 años en los mercados financieros. La CES reclama un aumento importante de los gastos sociales europeos aumentando las actividades de los fondos estructurales europeos, sobre todo del Fondo social europeo y del Fondo europeo de ajuste a la globalización. También hay que luchar contra la competencia fiscal proveniente de los mercados desregulados porque amenaza la Europa social. Es necesaria una iniciativa europea sobre la fiscalidad de las operaciones financieras.En el transcurso del próximo periodo, la CES elaborará más políticas específicas para hacer frente a los enormes desafíos que nos esperan, sobre todo en la perspectiva de una estrategia laboral basada en la innovación, la investigación y el desarrollo sostenible.Es esencial reforzar la integración de las cuestiones sociales en todas las políticas europeas e introducir disposiciones sociales en los mercados públicos, reconociendo los convenios colectivos apropiados, y asegurando que la competencia no se pervierte por el dumping social o por políticas deflacionistas, protegiendo las pensiones y las prestaciones y reforzando los salarios mínimos y el alcance de los convenios colectivos. La dimensión social de Europa es demasiado modesta desde hace demasiado tiempo. Ha llegado el momento de reforzar Europa y de restablecer sus ambiciones sociales

miércoles, 27 de mayo de 2009

ALGUNAS ANOTACIONES SOBRE LA CRISIS. OPINA PACO TRILLO.





Son tiempos de movimiento. Hoy mismo se ha avistado en la capital al propio López Bulla de incognito, llamado a un trabajo a largo plazo sobre el sindicalismo en la globalización. Ha sido sorprendido en plena calle por dos reconocidos miembros del Colectivo de Juristas Críticos de Parapanda, sección internacional, François Gaude y Luigi del Colle, quienes no han desaporvechado el momento para empujar al cofrade hacia la barra de un bar cuyo nombre tiene las mejores resonancias fordistas: La fábrica total, en donde han trasegado algunas cañas con banderillas. En ese acto de fraternidad han estado comentando lo que otro miembro del Colectivo, Paco Trillo, había propuesto como tema de debate en la reunión de célula del CJC de Parapanda del próximo sábado. El texto, que recoge la intervención oral del joven jurista crítico, es el que se publica a continuación, y ha generado un intenso intercambio de opiniones hasta la hora de la cena.












La crisis económica actual aparece relacionada, como ocurriera antaño, con una situación de superproducción. Dicho de otro modo, la producción de determinados bienes y servicios ha tocado techo, y con ello el sistema financiero dispuesto a su derredor para favorecer aquella producción, desde el momento en que se verifica una saturación del mercado de determinados bienes como la vivienda o el automóvil. Y ello, a pesar de que el sistema de producción capitalista había metabolizado las externalidades de la crisis de superproducción del siglo XX, mutando hacia un nuevo proceso de producción preparado precisamente para evitar este tipo de crisis. Si se recuerda, la producción posfordista se coloca en una relación de causa-efecto respecto de la producción fordista, a modo de vacuna frente a las patologías de interrelación entre producción y mercado. Para ello, se acuñó un nuevo modelo de producción basado en la denominada “producción ligera” y en el manido “just in time”. O lo que es lo mismo, redimensionar las plantillas de las empresas a la baja y ajustar los momentos de la producción para que se produjera una mejor adecuación entre oferta y demanda. A este respecto, los sectores productivos más afectados han hecho gala en todo momento de aquellos principios acudiendo de forma recurrente al adelgazamiento de las plantillas y consiguiente creación de un mapa de empresas satélites; a la instauración de la contratación temporal como modalidad de contratación preferente; o, en última instancia, al recurso de la flexibilidad en materia de jornada de trabajo. Con ello, al menos así se ha defendido –y se defiende al día de hoy por sectores proempresariales del iuslaboralismo- se aseguraba la productividad de las empresas, su posición competitiva y la evitación de crisis relacionadas con la superproducción. Sin embargo, todo el conjunto de acciones y principios de la producción que se conocen como proceso de producción posfordista no han servido mínimamente para evitar la situación de crisis aguda en la que nos encontramos inmersos. Es por ello que, de nuevo, se debe hacer referencia al discurso determinista e interesado del proceso de producción.
¿Cuáles han sido, entonces, los fallos de este sistema que han hecho desembocar esta crisis del año nueve?
El principal motivo, que hunde sus raíces también en la regulación del trabajo por cuenta ajena, ha sido la ausencia de planificación de la economía y de racionalización de la regulación laboral flexible. O lo que es lo mismo, desde la década de los años 90 se ha instaurado un sistema flexibilidad laboral empresa a empresa basado en la obtención del beneficio empresarial desde, estrictamente, el ahorro del coste laboral. Con ello, se ha asistido a una espiral de degradación de condiciones de trabajo justificadas en la buena marcha de la economía, cuando en realidad se estaba dando pábulo a los intereses privados de lucro de un empresariado desinteresado absolutamente por la puesta en marcha de estrategias y de políticas económicas a largo plazo. Ha sido este hecho, y no otros, el que ha desencadenado el feroz desplome económico al que nos enfrentamos hoy. De ahí, que una de las principales soluciones a esta crisis venga de la mano de la necesaria planificación económica. Situación ésta que, a pesar del efecto desmemoria padecido en las últimas dos décadas, encuentra su fundamento en la propia Constitución española cuando afirma que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”, reconociendo “la iniciativa pública en la actividad económica” (art. 128 CE). No se trata, pues, de resucitar fórmulas, sino de utilizar las existentes.
Otro de los arietes que han contribuido a esta crisis ha sido la escisión de dos identidades que, como se demostró en el pasado fordista, se encuentran irremediablemente unidas: la identidad del trabajo y la del consumo. Así, el nivel de consumo de las familias se ha logrado en estas dos últimas décadas a través del endeudamiento de las propias familias. De ahí que cuando la crisis ha explosionado, las entidades financieras se hayan encontrado con la situación consistente en que una buena parte de sus consumidores no se encuentran respaldados por una fuente de ingresos (identidad del trabajo) que le permitiera, aún con dificultades, hacer frente a su endeudamiento. Por ello, otra de las claves de superación del momento actual se localice en una adecuada indexación de los salarios al consumo.
Por último, se debe apuntar a la cuestión del empleo para completar un recorrido de por dónde se debe caminar, desde el ámbito del trabajo, para salir de la crisis en la que nos hallamos. Esto es la superación de las desigualdades sociales que reguardan al tiempo de trabajo. Es decir, superar las desigualdades socioeconómicas que siembran la sociedad salarial por la convivencia en una misma Sociedad de situaciones relacionadas con el disfrute de un empleo cuyo tiempo de trabajo excede con creces de los límites legales y/o convencionales; junto a situaciones de subempleo o de empleo marginal, a consecuencia de un tiempo de trabajo insuficiente para satisfacer las necesidades del propio trabajador; y situaciones de desempleo. A este respecto, un reciente informe de la OIT ha puesto de manifiesto la extensión global de este fenómeno y las repercusiones fatales que de él se derivan[1]. Algunas de éstas acusadas actualmente en España con ocasión de la resurrección del debate sobre la suficiencia de nuestro modelo de Seguridad Social. En resumidas cuentas, otro de los factores nucleares que coadyuvarían a la superación de esta crisis económica sería la instauración de un proceso de redistribución del empleo, con o sin reducción de tiempo de trabajo.

[1] Vid. S. LEE, D. McCANN y J. C. MESSENGER, El tiempo de trabajo en el mundo. Tendencias en horas de trabajo, leyes y políticas en una perspectiva global comparativa. Ministerio de Trabajo e Inmigración, Madrid, 2008.