sábado, 10 de septiembre de 2011

SOBRE EL PESIMISMO SINDICAL (A PROPÓSITO DE UNA INTERVENCIÓN DE JOSE MARIA FIDALGO)

Reporta la prensa - “Público” en esta ocasión – que JMF manifestó en el encuentro de Las Palmas organizado por el PP su apoyo a la reforma constitucional que introduce un límite al déficit. De una manera más literaria lo narra el Diario de Las Palmas: Fidalgo, “un punto rojo en el océano azul del PP”, destacó por la ausencia de chaqueta y corbata en su indumentaria y una precisión: "Que nadie se equivoque. Yo no estoy al servicio de nadie". Esto no quita para que hiciera pública su amistad con el actual coordinador de Economía del Partido Popular, Cristóbal Montoro. "A Montoro le dije que cuando uno se aproxima a la moqueta del poder suele tener más amigos de los que necesita".

Fidalgo repartió más consejos, peticiones y advertencias por el océano azul del PP. "Tendréis que subir con chubasquero y carta de navegación", espetó haciendo referencia al probable acceso al poder de Mariano Rajoy y su equipo tras las elecciones generales del veinte de noviembre según "lo que dicen las encuestas. Si no lo hacéis muy bien", agregó, "España entrará en una situación horrible. Y hay una cosa peor que os echen, y es no tener alternativas", sentenció el antiguo sindicalista. Y añadió – dice El País, señalando que su intervención la realizó al lado de Íñigo Sagardoy , conocido abogado de empresa- que no “deben temer a la calle” porque no habrá contestación social “como se entendía en el pasado” a las medidas que el nuevo gobierno popular pudiera emanar frente a la crisis.

No son las declaraciones que se esperan de un ex secretario general de CCOO, y contrastan frontalmente con la actuación de Antonio Gutiérrez, como diputado del PSOE que se ha negado activamente a secundar la vergonzosa maniobra de reforma de la constitución sin consulta popular. Es seguro que serán aprovechadas en el contexto de antisindicalidad difusa que se extiende mediáticamente por todas partes y en el discurso de los políticos de la derecha, que está permeando también una parte de la opinión pública. Posiblemente en este caso la intervención de JMF en la Mesa de Empleo será utilizada desde los sectores que equiparan la actuación sindical con la de los dirigentes políticos al servicio del capital financiero, y , en el otro lado de la mesa, como ejemplo didáctico del “buen sindicalista” frente a los actuales dirigentes de las organizaciones que representan el trabajo asalariado.

Pero de la transcripción efectuada es más relevante a mi juicio la valoración que hace JMF de la capacidad de movilización y de resistencia de los sindicatos a las medidas anti-crisis que puedan arbitrar los poderes públicos después del 20-N. El consejo al futuro gobierno de “no temer a la calle” porque la contestación social “tal como se entendía en el pasado” no se producirá, es muy significativo, proviniendo de alguien que convocó el 20 de junio del 2002 una huelga general contra la reforma Aznar de la legislación de empleo. No se debe interpretar estas afirmaciones como una desautorización del conflicto como forma de modificar la realidad y de imponer una propia visión sobre la regulación de las relaciones laborales, sino como algo más profundo, que no debe con fundirse con la visión armonicista de las relaciones laborales que aún campea en la ideología de la derecha española.

En efecto, la intuición que JMF ha querido trasladar a la plana mayor del PP es que en el contexto actual de paro masivo, de ataque continuado a los sindicatos como elementos no representativos de los trabajadores, y en un escenario productivo en el que la práctica del conflicto es plenamente desconocida en amplios sectores de servicios y en capas importantes de trabajadores inmovilizados en sus condiciones de precariedad, los sindicatos más representativos no pueden mantener una movilización sostenida contra las agresiones de los poderes públicos y privados sin que ellos mismos aparezcan como sujetos débiles, no productivos políticamente. Este es un pronóstico arriesgado, pero sin duda merece una atención especial. Porque desvincula, contra la explicación más difundida, la capacidad de resistencia y de permanencia en la movilización sindical, de la ideología del gobierno frente al que se convocan las acciones de huelga o de manifestación, y la coloca en un contexto social, económico y productivo en el que el sindicalismo representativo es funcional a la negociación y a la gobernanza económica y laboral del sistema, pero resulta incapaz de corregir mediante el conflicto y la presión colectiva las directrices que contradicen su función de tutela de los derechos de los trabajadores y de los derechos sociales. Es decir, que el sindicalismo es un elemento necesario en el sistema de negociación colectiva y en el diálogo social, pero que está incapacitado para afirmar su propio proyecto de regulación y tutela del trabajo asalariado mediante el conflicto y la movilización social, que cada vez más adopta la forma de un ritual sin contenido ni efectos reales.

Este pesimismo sobre el proyecto sindical, conduce a una forma de entender la acción sindical exclusivamente como medio para suavizar, limitar o condicionar las políticas económicas decididas por el poder económico y asumidas por el poder político, sin que nunca se pueda ir más allá de esta labor de “orientación” de las decisiones o de “reducir los daños” de medidas decididas en otro lugar para su aplicación al sistema de derechos laborales. Hay que reconocer que se trata de un modo de pensar extendido en algunos sectores sindicales, que ante el embate terrible al que ven sometidos los puestos de trabajo y las condiciones de prestación del mismo, se revelan impotentes y desanimados y por tanto abrazan ese pesimismo sindical como única forma de reacción ante un escenario de derrumbe de las condiciones habituales de desarrollo de las relaciones laborales que conocían. Pero también hay ejemplos de esta tendencia en una cierta “especialización” de la estructura de rama en la negociación y en el diálogo especialmente con el poder público, - en la “gobernanza” – como terreno casi exclusivo del trabajo sindical, con independencia de cuál sea la situación de malestar o de conflicto en los centros de trabajo, que al final resulta un espacio abandonado a su propia condición mínima (y conflictiva, pero sin que esa micro-conflictualidad se exprese a través del sindicato).

Esta forma de conducirse sindicalmente tiene un correlato casi simétrico en el planteamiento izquierdista según el cual los sindicatos representativos no representan a los trabajadores, sino sólo a sectores específicos de las élites dominantes, por lo que renuncian al conflicto de manera permanente o cuando acuden a él lo hacen de forma hipócrita o deficiente. Para este sector antisindical en cuanto negación de la función de representación del trabajo asalariado, el pesimismo se traduce en la declaración axiomática de la incapacidad de esta forma social de poder llevar a cabo de forma autónoma cualquier proyecto emancipatorio o simplemente de tutela de las condiciones de trabajo y de empleo en un país determinado. Pero por eso mismo, este planteamiento manifiesta desconfianza ante cualquier medida de presión que encabece el sindicalismo confederal, lo que llevará consigo la hostilidad hacia la misma y el rechazo de participar en esas acciones, lo que en consecuencia culmina en la paradójica desafección de los sectores radicales de izquierda frente a la movilización sindical.

Es evidente que hay que seguir profundizando en las relaciones entre las formas de expresión del conflicto, la organización del trabajo, la estructura de la empresa y las características del sector o rama profesional, también en relación con la estructura del sindicato y las consecuencias jurídicas de la regulación de la huelga. Es este un punto central en el discurso sindical. Pero sin desdeñar algunos rasgos de la cultura sindical y política en la que vivimos hoy en día que pueden también condicionar de forma determinante el devenir del conflicto como medio de afirmación del proyecto sindical, y que son las que han constituido la base del consejo de JMF a los dirigentes del PP sobre la respuesta sindical a sus políticas anti-sociales.

12 comentarios:

Elvira Llopis dijo...

Lo llevo diciendo toda la vida: "mi ex nada es". Pero cuánto daño ha hecho, y el que sigue haciendo...

Anónimo dijo...

A Fidalgo hay que quitarle el carnet de CCOO, siguiendo sus palabras en El País "...Hacedlo bien".

Furiosa con este impresentable.

Anónimo dijo...

Sugiero templanza, en la linea del post que comparto. Tal vez el caballero lo que desea es una nueva acumulación de fama (en este caso, triste). No le demos ese placer. Que se busque el aguinaldo con sus propios esfuerzos, no con los nuestros. Saludos, José Luís López Bulla.

Anónimo dijo...

Lo que no termino de ver, Antonio, es la correlatividad que encuentras en el pensamiento de JMF y las posiciones de los sectores radicales de izquierda, los cuales, en mi opinión, por muchas razones, defienden posiciones que no tienen porqué devenir en efectos equivalentes en lo que se refiere a la movilización y la huelga, más allá de lo acertado o no de sus ideas. Quizás dependa de qué sectores en concreto se trate, como quiera que en el propio sindicalismo confederal existen zonas que sin identificarse con el pesimismo sindical a que haces referencia se reclaman de la izquierda crítica o radical. Un abrazo. Giuliano.

Simon Muntaner dijo...

Caro Giuliano, el autor se está refiriendo a sectores "externos" al sindicalismo confederal que piensan que éstos entran en el círculo de los enemigos de clase, por lo que paradójicamente les niegan el derecho a movilizar a la ciudadanía puesto que si así lo hacen no cumplen su función real de sostenedores del capital. El discurso es izquierdista, no de la izquierda radical y así se hace constar, pero se basa asimismo en un muy extendido cuestionamiento de la representación del trabajo por parte de los sindicatos, en donde desde luego habría más cosas que decir.

Anónimo dijo...

Así lo entendí yo, Antonio. Por otra parte, me parece de lo más inteligente y serio la "despersonalización" que has hecho. Mis saludos también a Giuliano. José Luís López Bulla, que recurre al anonimato porque, de vez en cuando, algo pasa en este chisme que no me deja entrar normalmente.

Anónimo dijo...

Mensaje recibido, Antonio. Efectivamente, por desgracia, en ciertos sectores del 15M se aprecia algo parecido, tenemos noticia de que algunos hablan hasta de convocatorias de huelga "contra CCOO y UGT". De nuevo un abrazo para ti y también para José Luis López Bulla. Giuliano.

Anónimo dijo...

Me parece que el texto incorpora una nítida frontera de sentido (no sólo semántica) entre izquierdista y radical de izquierda. y, modestamente, considero que esa diferenciación contextualiza el sentido crítico del texto, considerado éste como una oferta de sentido social explicativo de la violencia simbólica desmovilizante del análisis social del discurso del personaje (personaje, como significante desprovisto de cualquier veleidad peyorativa hacia su soporte material, personasl e, incluso, estético) que irrumpe en un campo de conflicto realmente existente: En el que incluye una reforma constitucional antidemocrática, en el sentido de que como la Democracia no es un estado perenne, sino un proceso, pues hay cosas que la profundizan en términos de libres entre iguales, o que la precarizan, en términos de siervos entre subordinantes.

Pepe Luis López Bulla dijo...

Quien firma lo anterior? Me gustaría tener correspondencia con él.

Simon Muntaner dijo...

Tengo yo una idea aproximada de quien es el que escribe ese comentario, pero no puedo revelar mis fuentes. ¡Mis labios están sellados!

Anónimo dijo...

Gracias, Antonio. No esperaba menos.

Anónimo dijo...

Queridos Antonio y José Luis, confiando en vuestro siempre excelso temple, os pido que pueda mantener este anonimato durante, al menos, un rato. Juanito