martes, 8 de agosto de 2023

LECTURAS DE VERANO (II). LA UTOPÍA DEMOCRÁTICA DE TARSO GENRO

 


Tarso Genro es uno de los pensadores políticos más interesantes de este primer cuarto de siglo en América Latina, y sus análisis son siempre extremadamente productivos en términos de sugerencias, intuiciones y propuestas estratégicas. Siempre con un sinfín de referencias culturales y literarias, su escritura es de gran calidad. No sólo es un jurista del trabajo excelente, sino que ha desempeñado un buen número de tareas públicas en el comienzo de este siglo. Fue  alcalde de Porto Alegre donde acogió los primeros grandes encuentros alterglobalziadores, gobernador de Rio Grande do Sul y Ministro de Justicia, ministro de Educación y ministro de Relaciones Institucionales de Brasil bajo la presidencia de Lula. Ha dinamizado una importante serie de encuentros entre intelectuales y fuerzas sociales en España y Portugal con América Latina, propiciado ahora por el Instituto Novos Paradigmas del que es presidente. Escribe un artículo quincenal en la revista Sul21 que es una tribuna permanente de análisis de la situación brasileña yde la evolución de la política global. Mantiene además una larga relación de amistad y compañerismo con el titular de este blog desde hace mucho tiempo que nos ha permitido acceder a algunas de sus reflexiones mediante su presencia en estas entradas. En esta ocasión, como segunda lectura de verano hemos seleccionado estos fragmentos de su última columna de opinión en la mencionada Sul21 sobre los estrechos márgenes que se dan en las democracias políticas para lograr avances sociales, un tema de evidente actualidad también entre nosotros tras la experiencia del gobierno de coalición y la encrucijada en la que nos encontramos ante los resultados electorales del 23 J, y los grandes interrogantes que se plantean al reformismo social en estos tiempos convulsos.

A quienes quieran consultar el artículo de opinión completo, el enlace es el siguiente: https://sul21.com.br/opiniao/2023/08/reforma-sem-revolucao-identidades-sem-rumo-por-tarso-genro/

Reforma sin revolución, identidades sin rumbo

Parto de la constatación, refiriéndome aquí al libro de Hobsbawm, de que no sólo hemos salido -en los últimos 30 años- de la "era de las revoluciones", sino que hemos entrado en un amplio periodo distópico en el que las identidades políticas de la izquierda ni siquiera se conforman en la idea de reformas socialdemócratas "de izquierdas", sino que han derivado simplemente -sin coloración definida- hacia el estrecho campo de la utopía liberal-democrática. Lo han hecho para aferrarse a la utopía de la razón ilustrada, baluarte concreto de la defensa de los derechos humanos, de las políticas sociales compensatorias y de las instituciones del Estado del bienestar que, como en Brasil, aún sobreviven asediadas ante el aliento del fascismo. Todo se hace bajo la garantía de un pasaporte-compromiso con los países rentistas, para que logremos estabilidad política con tipos de interés menos escandalosos. Los ricos -los más ricos del mundo- acumulan identidad y dinero en las reformas liberales, pero nosotros respiramos sin revolución y sin reformas en los pliegues de la resistencia. Y así, retenemos apenas que los pobres se empobrezcan o mueran, o emigren: los supervivientes transan sus identidades de clase en un identitarismo generoso y luchador, pero voluntarista y aún sin capacidad hegemónica.

Dicho esto, no creo que la idea socialista esté muerta y que la democracia, como idea de convivencia social, esté terminando su ciclo de valor político-moral o que la barbarie sea inevitable. Es cierto que la barbarie es más difícil de superar, porque no tenemos la barrera soviética que tuvimos para enfrentar al nazifascismo y no tenemos clases trabajadoras fuertes interesadas en la papeleta democrática y en oponerse al fascismo por la fuerza, con una resistencia orgánica capaz de hacerlos volver a sus cloacas bien remunaeradas. Para hablar del Cono Sur, creo que en Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, tenemos "reservas" de experiencia política y liderazgo para una futura ofensiva por la soberanía democrática compartida, con vistas a la integración regional. Si Brasil no supera, sin embargo, la dominación del capital financiero sobre la política y el Estado - que viene de dentro de las Salas Mágicas del Banco Central - América Latina irá cuesta abajo bajo el dominio del imperialismo irrestricto

(...)

La insatisfacción popular con los precios de la vida, con la desorganización de los transportes públicos, con la delincuencia masiva en las grandes regiones metropolitanas, con la inseguridad de la vida cotidiana, con las limitadas posibilidades de ocio (que depende de la renta) y con el escaso disfrute de los bienes culturales, en el momento en que el fascismo se funde con el neoliberalismo y explora la ficción de la "libertad" empresarial, hace que esta gigantesca insatisfacción no se canalice hacia el orden democrático liberal representativo, sino hacia su destrucción. La democracia liberal, tal y como se plantea como un orden de privilegio absoluto, ya no agrega sino que fragmenta, ya no cohesiona sino que divide, ya no genera identidades de cara al público sino que se dedica a fomentar personalidades ocultas en el subsuelo de las redes. En ella, "cada cual es dueño de su nariz" y la vida en sociedad es un tormento de sumisiones.

Que el neoliberalismo es incapaz de sostener la prosperidad ha quedado demostrado desde el inicio de su ciclo de reproducción política y social, cuyos líderes, acólitos -pequeños y grandes bandidos de la teoría económica- han logrado sofocar cualquier vínculo entre la economía y la situación del "estar" (buen o mal-estar) de los seres humanos. Partirán de ahí por tanto, para naturalizar la discusión circular de la modernización tecnológica sin objetivos sociales, de la acumulación privada a través de la ficción del dinero sin lastre en la producción -apropiado por cada vez menos manos y cada vez más cerebros privilegiados-, normalizando -a partir de este ejercicio retórico- que se prohiba dogmáticamente la discusión de las causas de las disparidades sociales, de la renta cada vez más concentrada y de los orígenes de los impulsos criminales del fascismo, legitimado por una vasta parte de la sociedad, labrada por una red de enemigos invisibles azuzados por la miseria. 

 La construcción de las personalidades individuales en cualquier sociedad democrática no es ni debe ser una función del Estado, pero no habrá sociedad mínimamente justa si las identidades humanas no se forjan a partir de la renuncia consciente a los instintos de la naturaleza. La función del Estado -desde esta concepción- es promover una cultura de la solidaridad y los marcos para la convivencia no violenta, proporcionando un orden político que señale cuáles son las "desigualdades máximas aceptables" en una sociedad civilizada, así como cuáles son las "igualdades mínimas", necesarias para una interacción social en constante cambio (hoy "fluida") con un mínimo de crisis y un máximo de consenso. La identidad nacional se crea en movimiento, como una comunidad de destino, teniendo en cuenta la conciencia que puede adquirirse en el proceso político, por un lado, y las condiciones objetivas del supuesto "mundo feliz", donde las identidades de las clases (desde abajo) son frágiles y las identidades nacionales de los opresores (desde arriba) -como Estado y fuerza- son fuertes y destructivas.

No se trata de una "prédica" doctrinaria en defensa del socialismo o en defensa del capitalismo, hoy estratificado en el capital financiero de la acumulación sin trabajo, sino de la defensa de una posibilidad democrática de bloquear el fascismo en ascenso, que se alimenta de la violencia para promover su "revolución". Y utiliza, legal e ilegalmente, la fluidez de la información y del dinero -en el orden económico mundial- para construir sus formas específicas de opresión, fundadas en otra fluidez, la informacional. Esto no sólo destruye, sino que compone nuevas identidades que atraviesan verticalmente la pirámide de clases y se comunican en redes horizontales y comunidades de culto a la violencia y la autosegregación, a través de las cuales se defienden del mundo exterior, impuro y hostil para ellas. 

Las identidades individuales que han quedado como conciencia -como Mandela y Benedetti- son legados fundamentales del siglo pasado, pero ya no son suficientes para atravesar la historia, porque los lugares, los barrios y las personas son siempre diferentes y la identidad de los opresores -por la fuerza del dinero- se ha fortalecido con la convivencia consciente de gran parte de los oprimidos. Por lo tanto, deben ser apropiados como elementos de una nueva conciencia del deber revolucionario en tiempos de derrota.  La utopía actual -la utopía democrática- puede parecer un paso atrás en comparación con las ambiciones éticas y económicas del socialismo desaparecido. Pero también puede verse como un desafío civilizatorio: combinar e integrar la democracia y el socialismo con una "nueva forma de vida guiada conscientemente" por la soberanía popular, no por los salones burocráticos del Banco Central: tumba de la soberanía popular y fuerza estratégica de la acumulación rentista.


sábado, 5 de agosto de 2023

VERANO Y LECTURAS DE VACACIONES. (I) LOS NOVENTA AÑOS DE TONI NEGRI


 

Comienzan por fin las vacaciones de verano y se abre el tiempo de lecturas de todo tipo. Aunque se supone que este mes de agosto estará atravesado por noticas políticas directas tras la constitución formal del Parlamento el 17 de agosto, hay que aprovechar el tiempo de ocio con el cultivo del espíritu como diría aquel. Pero no todo va a ser sesudas obras de reflexión ni tampoco estremecedoras narraciones literarias. Así, en este comienzo de agosto, en el que cumplen años algunos amigos de hace tanto tiempo, como el profesor y bloguero de culto Eduardo Rojo, conocemos asimismo que un personaje importante en la biografía personal de tantas personas de mi generación, Toni Negri, cumple 90 años. Como forma de festejar su cumpleaños, Roberto Cicarelli le ha realizado una larga entrevista bajo el título Il secolo breve di Toni Negri publicada en Alias, la revista dominical de Il Manifesto, fechada el 5 de agosto de 2023, que puede consultarse en este enlace https://ilmanifesto.it/il-secolo-breve-di-toni-negri y de la que ofrecemos estos extractos traducidos para la amable audiencia del blog que nos siguen aún en este período estival.

Sigues llamándote comunista. ¿Qué significa eso hoy?

Lo que significaba para mí de joven: conocer un futuro en el que pudiéramos ganar el poder de ser libres, de trabajar menos, de amarnos los unos a los otros. Estábamos convencidos de que conceptos burgueses como libertad, igualdad y fraternidad se  encontraban realizados en las consignas de cooperación, solidaridad, democracia radical democracia radical y amor. Así lo pensábamos y así actuábamos, y eso fue lo que la mayoría que votó dejó e hizo que existiera. Pero el mundo era y es insoportable, tiene una relación contradictoria con las virtudes esenciales de la convivencia. Sin embargo, estas virtudes no se pierden, se adquieren con la práctica colectiva y van acompañadas de la transformación de la idea de productividad, que no significa producir más bienes en menos tiempo, ni hacer guerras cada vez más devastadoras. Al contrario, se trata de alimentar a todos, modernizar, hacer felices. El comunismo es una pasión colectiva alegre, ética y política que lucha contra la trinidad de la propiedad, las fronteras y el capital.

(...)

Anna Negri, su hija, ha escrito "Con un pie enredado en la historia” (DeriveApprodi) que cuenta esta historia desde el punto de vista de sus afectos, y de otra generación.

Tengo tres hijos maravillosos Anna, Francesco y Nina que han sufrido indeciblemente lo que ha ocurrido. Vi la serie de Bellocchio sobre Moro y todavía me asombra de haber sido acusado de esa increíble tragedia. Pienso en mis dos primeros hijos, que iban a la escuela. Algunos los veían como los hijos de un monstruo. Estos chicos, de una forma u otra, soportaron enormes acontecimientos. Se fueron de Italia y regresaron, pasaron ellos mismos ese largo invierno. Lo menos que que pueden tener es un cierto enfado hacia los padres que les pusieron en esta situación. Y yo tengo una cierta responsabilidad en esta historia. Hemos vuelto a ser amigos. Esto para mí es un regalo de una inmensa belleza.

A finales de los años 90, coincidiendo con los nuevos movimientos globales, y luego contra la guerra, ganaste una fuerte posición de reconocimiento junto con Michael Hardt a partir de "Imperio". ¿Cómo definiría hoy, en un momento de especialismo y de ideas reaccionarias y elitistas, la relación entre filosofía y militancia?

Me resulta difícil responder a esta pregunta. Cuando me dicen que he hecho una obra, respondo ¿Una ópera*? ¿Se lo puede creer? Tengo que reírme. Porque soy más militante que filósofo. A algunos les hará gracia, pero yo me veo ahí, como Papageno.... He tenido la suerte de encontrarme a medio camino entre la filosofía y la militancia. En los mejores de mi vida he pasado permanentemente de una a otra. Esto me ha permitido cultivar una relación crítica con la teoría capitalista del poder. Pivotando sobre Marx, pasé de Hobbes a Habermas, pasando por Kant, Rousseau y Hegel. Una gente lo suficientemente seria como para tener que combatirla. En cambio, la línea Maquiavelo-Spinoza-Marx era una alternativa real. Para reiterar: la historia de la filosofía para mí no es una especie de texto sagrado que ha mezclado todo el saber occidental, de Platón a Heidegger, con la civilización burguesa y ha transmitido así conceptos funcionales al poder. La filosofía forma parte parte de nuestra cultura, pero debe utilizarse para lo que se necesita, es decir, para transformar el mundo y hacer que sea más justo. Deleuze habló de Spinoza y retomó la iconografía que lo representaba como Masaniello. Ojalá fuera así en mi caso. Incluso ahora que tengo noventa años, sigo teniendo esta relación con la filosofía. Vivir la militancia es menos fácil, pero consigo escribir y escuchar, en una situación de exilio.

(…)

¿Por qué el obrerismo (operaismo) conoce hoy una resonancia mundial?

Porque responde a la necesidad de resistencia y de resurgimiento de las luchas, como en otras culturas críticas con las que dialoga: feminismo, ecología política, crítica postcolonial por ejemplo. Y además porque no es el complemento de nada ni de nadie. No lo ha sido sido nunca, ni ha sido un capítulo de la historia del PCI, como algunos se engañan. Es sin embargo una idea precisa de la lucha de clases y una crítica de la soberanía que coagula el poder en torno al polo empresario, propietario y capitalista. Pero el poder siempre está dividido, y está siempre abierto, incluso cuando parece no haber alternativa. Toda la teoría del poder como una extensión de la dominación y la autoridad elaborada por la Escuela de Frankfurt y sus desarrollos recientes es falsa, aunque por desgracia siga siendo hegemónica. El operaísmo echa por tierra esta lectura brutal. Es un estilo de trabajo y de pensamiento. Retoma la historia desde abajo hecha por grandes masas que se mueven, busca la singularidad en una dialéctica abierta y productiva.

Tus constantes referencias a Francisco de Asís siempre me han llamado la atención. ¿De dónde origina este interés por el santo y por qué lo tomaste como ejemplo de tu alegría de ser comunista?

Desde joven se reían de mí porque utilizaba la palabra amor. Me tomaban por un poeta o un iluso. Al contrario, siempre pensé que el amor era una pasión pasión fundamental que mantiene en pie a la humanidad. Puede convertirse en un arma para vivir. Vengo de una familia que fue desgraciada durante la guerra y me enseñó un afecto que aún hoy me mantiene vivo. Francisco es básicamente un burgués que vive en una época en la que aprovecha la oportunidad de transformar la propia burguesía y hacer un mundo en el que las personas se amen y amen a los vivos. La apelación a él, para mí, es como la apelación al Ciompi de Maquiavelo. Francisco es el amor frente a la propiedad: exactamente lo que podríamos haber hecho en los años 70, invirtiendo ese desarrollo y creando una nueva forma de producir. Hoy nunca se ha retomado lo suficiente con Francisco, ni la importancia que el franciscanismo ha tenido en la historia italiana. Lo menciono porque quiero que palabras como amor y alegría entren en el lenguaje político.

(*) juega con la palabra italiana "opera" como obra literaria, de arte, y "opera" lírica.

jueves, 3 de agosto de 2023

40 AÑOS DE JUECES PARA LA DEMOCRACIA. HABLA AMAYA OLIVAS

 


En 1983, dos años después del fallido golpe de estado del 23F y transcurrido menos de un año del triunfo por mayoría absoluta del PSOE, nació a la vida pública la asociación Jueces para la Democracia – una denominación que hoy amplía a las mujeres juezas y que se corresponde con el acrónimo JJPD. Es una asociación profesional porque la norma constitucional prohibió expresamente que quienes ostentan esa condición no puede afiliarse a sindicatos en tanto se encuentren en activo, configurando así el espacio asociativo como un lugar opara la composición de intereses exclusivamente profesionales, alejados – como cuerpo separado – de los intereses sociales y económicos que representan los sindicatos y que sin embargo si pueden ejercitar el resto de funcionarios del servicio público de la justicia. JJpD es la heredera de un movimiento sociopolítico fundamental en la transición, Justicia Democrática que puso las bases para una renovación ideológica de la judicatura, un sector sin embargo profundamente anclado en el pensamiento conservador y en la defensa de la dictadura franquista.

 

La vitalidad de JJpD, tras estos cuarenta años de existencia, se manifiesta principalmente en su capacidad para producir información y análisis relevante del sistema jurídico, en una perspectiva crítica y alternativa que entronca con el propósito central de esta asociación de extender y profundizar el sistema democrático. Generosamente nos han cedido la intervención de la magistrada Amaya Olivas, que actualmente codirige con Ramón Sáez la muy prestigiosa revista Jueces para la Democracia. Información y Debate, que impulsara en su día Perfecto Andrés Ibañez, en la que se resume la historia, los valores y los fines de la asociación evocados de nuevo ante el hecho feliz de su aniversario. ¡Larga vida a JJpD y esperemos que podamos celebrar en el 2033 su medio siglo de existencia!

 

En el 40 aniversario de JJPD


Solo el cumplimiento cotidiano por parte del juez de las funciones de garantía de los derechos para que la Constitución le inviste de poder, solo la ajenidad en la toma de decisión de todo aquello que no sea la ley, solo la convicción en la importancia de su papel, firme y desesperanzada, propia del que no espera nada a cambio, permite su afirmación

                                                                                                           Luigi FERRAJOLI

 

De dónde venimos

Madrid, 1983, es un excelente ensayo de Arturo Lezcano[i] que refiere el momento convulso que vivió España en la época de la postransición.

 Efectivamente, si echamos un ojo a las portadas de la prensa de aquella época, nos sorprenderá el cúmulo de noticias relacionadas con las luchas vecinales por la defensa de un nivel justo de salario en el contexto de una severa crisis económica, con las huelgas obreras que reaccionaban a las reconversiones industriales sin apenas alternativas, con las elevadísimas tasas de pobreza, donde miles de niños vivían solos en el centro de las ciudades, con los reiterados atentados terroristas o con las miles de muertes causadas por sobredosis de heroína. También, como no, con las reacciones ultraconservadoras de los poderosos sindicatos policiales ante la reforma Ledesma.

 En ese año, marcado efectivamente por un agudísimo conflicto político social, nace en el mes de mayo una corriente “roja” dentro de la Asociación Profesional de la Magistratura, que, finalmente, se constituye en Jueces para la Democracia (JPD), como colectivo judicial independiente en 1984. ¿Cómo resumir el lema que unió a esos valientes juristas que procedían en buen número de la clandestina Justicia Democrática (JD)?  Quizás podría ser, el de los derechos en serio.

 JPD nace en una débil e incipiente democracia, muy unida a la inmensa labor realizada por los despachos de abogados laboralistas, consciente de la barbarie de la dictadura y decididamente enfrentada a oponer a la misma las razones del derecho. No en vano muchos de sus integrantes coincidieron en ambas experiencias.

 JPD, como fiel sucesora de JD, inicia así su andadura en medio de una realidad judicial hermética, funcional a la existencia de valores antidemocráticos, traducidos en la práctica en un general corporativismo pretendidamente apolítico y neutral, ciego a su servilismo al derecho natural del régimen del 18 de julio de 1936 y al amparo absoluto de los aparatos de control social del régimen franquista. 

 La existencia de jueces demócratas que pretendían legítimamente aplicar la Constitución de 1978 como la superior norma de nuestro ordenamiento jurídico no se limitó a una declaración de intenciones.

 Así, su entrada en los respectivos órganos judiciales supuso una transformación radical del estado de cosas: la desaparición de las astillas y diversas corruptelas, de la entrada en las prisiones para intentar dotarlas de humanidad y hacer efectiva la reinserción, de la puesta en contacto con todo tipo de asociaciones comprometidas con la justicia social, de la aplicación como norma procedimental del principio de la presunción de inocencia.

 Hablamos, muy sintéticamente, de jueces que se esforzaron en construir un servicio público al que la ciudadanía acudiera sin miedo en sus entrañas. Y no resulta fácil desmontar 40 años de servidumbre.

 Durante los 40 años de andadura que hemos realizado, nuestra asociación se ha esforzado en aprender y difundir lo que llamamos una cultura democrática de la jurisdicción: hemos debatido de forma incesante sobre los distintos modelos de juez, diferenciando como no puede ser de otra manera el burocrático napoleonista y pretendidamente técnico, de aquel que saca las patas al aire, a la manera acuñada por Zagrebelski, y que pretende aplicar de forma efectiva los derechos fundamentales y sociales, como el principio y fin más hermosos de nuestro oficio.

JPD ha sido, ha querido ser una formación que rompe la odiosa separación impuesta con la sociedad civil. Ha pretendido cuestionar las formas de elitismo histórico de la judicatura y aprender de otras disciplinas: la historia, la economía, la psiquiatría, la literatura, entre otras muchas.

 Esta labor de transversalidad la venimos practicando a través de numerosas jornadas y encuentros con mil y un colectivos, desde los migrantes, los menores no acompañados, las sindicalistas de la fresa, las trabajadoras sexuales, las víctimas de accidentes de trabajo, los trabajadores precarios, y tantos y tantas otras…

 Pero también, como no, con la innegable aportación de nuestras publicaciones: el Boletín para el que escribo, dirigido a toda la carrera, los editados por las Comisiones o nuestra querida revista Información y Debate, Jueces para la Democracia, que cumplió su número 100 en abril del 2021, con aportaciones valiosísimas de las personas asociadas e intelectuales que nos han acompañado y guiado en este difícil y nunca conseguido avance por el verdadero garantismo de los derechos.

  Valores

 Los apartados A y B del Art. 2 de nuestros Estatutos refieren:

  A)   Contribuir decididamente a la promoción de las condiciones que hagan efectivos los valores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político que la Constitución proclama para reforzar el Estado social y democrático de Derecho y la defensa de los Derechos Humanos universalmente conocidos.

B)   Promover la satisfacción del derecho fundamental a la justicia que garantice a toda persona el derecho de protección jurídica y el acceso a los Tribunales de Justicia en condiciones de igualdad.

  Partiendo de ello, nuestras preocupaciones, en la práctica, siguen siendo, entre otras muchas: 

 ¿Por qué el acceso a la oposición a la judicatura sigue siendo caro y excluyente?

¿Por qué el sistema en sí, basado en la pura memoria acróbata, no incluye criterios de reflexión profunda y valoración del caso concreto, en relación con la realidad social?

 ¿De qué manera se hace efectiva la distinción entre autoridad y autoritarismo?

¿Por qué la tasa de jueces por habitante sigue siendo en el Estado español de las más bajas en la Unión Europea?

 ¿Somos jueces comprometidos en serio con la legalidad y la jurisprudencia internacional? 

 Aportaciones de JPD

Creo que resulta innegable el hecho de que el trabajo asociativo ha sido constante para dar respuesta a tales preguntas.

 Así, nuestra propuesta decidida por un sistema público de acceso a la judicatura se ha visto reflejada en nuestras constantes aportaciones ante los gobiernos del Estado, las consejerías de justicia de las Comunidades Autonómicas, el CGPJ y la sociedad civil.

 Más allá, ha sido gracias a nuestro esfuerzo el conseguir la aprobación de un sistema de becas por el Ministerio de Justicia, así como la actualización de nuestro sistema gratuito de preparación para las oposiciones.

 Por otro lado, ha sido igualmente grande la impronta que los profesores de la Escuela Judicial ha dejado en el bagaje teórico-práctico en las personas que tuvimos la fortuna de aprender con ellos. Partiendo del método del caso, integramos cuestiones esenciales como la motivación de las sentencias o la correcta construcción de los hechos probados, que nos han permitido desempeñar la labor judicial con la corrección técnica exigible a un modelo constitucional de jueces demócratas.

 En el mismo sentido, la transmisión de valores intergeneracional y la apertura honesta a las voces de la sociedad más activa nos ha permitido desprendernos de los pésimos hábitos asociados al rancio autoritarismo. Con la reflexión acerca de la ética judicial, hemos constatado el tremendo efecto nocivo que causa el modelo de juez que desprecia al servicio público, con todo lo que ello conlleva. Hemos defendido y practicado, por el contrario, un modelo de justicia amable, cercana, y que da fundada respuesta a los problemas planteados. Practicando en serio la igualdad, la cercanía y la educación como normas básicas de actuación en sala.

 Hemos insistido, siguiendo el hilo planteado, que los medios de la administración de  justicia son manifiestamente mejorables, desde la propia estructura, con demasiados rasgos decimonónicos que no se corresponden con la actual organización del Estado y de las Comunidades Autonómicas, hasta la situación lamentable de muchas sedes judiciales y la imposibilidad de dar a cada asunto el tiempo de calidad que merece, por el excesivo volumen de entrada.

 Creo honesto poner de manifiesto la labor generosa de todas y cada una de las Comisiones de la Asociación, destacando su calidad técnica, atenta a las novedades legislativas y jurisprudenciales, efectuando interpretaciones que hacen lo más efectivo posible el contenido esencial de cada derecho.

 Asimismo, las propuestas de cursos en el plano de la formación inicial y continuada demuestran la plasmación práctica de nuestras señas de identidad: garantizar la independencia judicial como un derecho de la ciudadanía, no como privilegio, el respeto del principio cognoscitivo, la batalla por el fin de la impunidad de crímenes como la tortura, la defensa de la memoria democrática, y tantas otras.

 A nivel europeo, podemos estar igualmente orgullosos de los avances realizados tras la interposición de diversas cuestiones prejudiciales en los distintos órdenes, que han obligado al Estado a corregir prácticas contrarias al Derecho de la Unión.  

 Y a nivel internacional, nuestra presencia activa en organizaciones como MEDEL o la Red Iberoamericana garantiza la defensa de los derechos humanos más allá de nuestras fronteras.

  Por qué afiliarse a JJPD

 Creo que ninguna asociación judicial como la nuestra cumple con el mandato de que el  poder judicial debe comprometerse a hacer efectiva la función de garantizar los derechos y la cláusula de igualdad material del Art. 9. 2 CE como un imperativo de su existencia: preservar los servicios sociales y proteger a la población vulnerable.

 Desde los primeros destinos, el acompañamiento de las nuevas promociones es constante. Permite así que desde la soledad o el lógico miedo a la toma de decisiones sea mitigado por la experiencia de compañeros con más antigüedad.

 La vida asociativa, encarnada en los múltiples encuentros de las Secciones Territoriales y Comisiones, Jornadas temáticas con colectivos sociales, el Comité Permanente o los Congresos anuales, permiten el intercambio de ideas y criterios y el conocimiento de compañeros que devienen en amistades imprescindibles.

 La brillantez profesional pero sobre todo humana de las personas asociadas hacen posible el proyecto. En estos tiempos amenazados por la pérdida de libertades y conquistas sociales, JJPD es hoy más necesaria que nunca.

 

[i] Lezcano, Arturo. 1983. Ed. Libros del K. O. , 1ª Ed. Septiembre del 2021