miércoles, 28 de octubre de 2026

LA HUELGA GENERAL DEL ONCE DE NOVIEMBRE Y EL FEMINISMO

 


La huelga general convocada para el 11 de noviembre – salarios, vivienda, precios – intenta plasmar un gran acuerdo social entre trabajadores asalariados, autónomos, consumidores y la ciudadanía en general en torno a la realización del derecho a una vivienda digna y adecuada que reconoce el art. 47 CE. Pero esta acción colectiva tiene también un componente de género que la Secretaría Confederal de la Mujer de CCOO ha querido poner de manifiesto en un documento interno que sintetizamos a continuación en este blog gracias a la mediación de nuestra amiga Carolina Vidal. La huelga del 11 de noviembre no puede parangonarse a la llamada “huelga feminista” del 2018 que fundamentalmente se definía como una huelga de cuidados llevada a cabo exclusivamente por mujeres. Pero sin embargo el texto enumera los elementos que subrayan la importancia de la huelga desde una visión feminista de la acción colectiva.

●           Una huelga que permita vivir mejor

Trabajar y recibir un salario no garantiza llegar a fin de mes… especialmente a las mujeres.

Porque la pobreza tiene rostro de mujer y la pobreza laboral también tiene rostro de mujer.

El trabajo reproductivo (precario) y los cuidados no remunerados, y las menores y peores condiciones  de acceso y permanencia en el mercado laboral (segregación, suelos pegajosos)

En general, la feminización de la pobreza se refleja en la combinación de factores estructurales, laborales y sociales: la sobrerrepresentación de las de mujeres en los contratos parciales y con baja remuneración; la asunción desproporcionada, casi siempre en solitario, de las responsabilidades de cuidados no remunerados (rol de cuidadora por mandato de género), y las consiguientes interrupciones en la trayectoria laboral o periodos de inactividad no deseada (carreras profesionales discontinuas, mayores interrupciones como paradas). A ello se suman otras dimensiones laborales como: la discriminación (discriminaciones indirectas, como reflejan las brechas de género, las brechas salariales, las desigualdades en el acceso a la protección social (brechas en prestaciones por desempleo, en pensiones), la falta de plenos derechos laborales en trabajos altamente feminizados como son el empleo de hogar o trabajos precarizados y desregulados en las plataformas digitales de cuidados, limpieza, etc.

●           Una huelga para el derecho a una vivienda asequible

- Para que no haya ninguna mujer como Maricarmen

Los desahucios impactan más en las mujeres. En España se producen una media de 44 desahucios al día y, aunque faltan datos oficiales desagregados por género, sabemos que las mujeres son la inmensa mayoría, en torno a un 70%.

Como consecuencia, la presencia de las mujeres en el sinhogarismo no cesa de crecer (está en torno al 23% según 'Hogar sí'), pero existe un sinhogarismo femenino invisible que hace referencia a aquellas situaciones, normalmente de sumisión, en las que las mujeres conviven en viviendas y situaciones indeseadas antes de quedarse en la calle.

Un colectivo muy precarizado en términos de vivienda son las mujeres mayores que viven solas. No es casual que el rostro humano de la movilización haya sido Maricarmen. Un 23% de las personas +65 años vive en hogares unipersonales. Son mujeres el 70%. Este porcentaje sube en mayores de 85 años al 78%. Es un grupo especialmente empobrecido (subsisten con pensión de viudedad o no contributiva, mayoritariamente).

●           Una huelga por salarios dignos

Las mujeres, son las personas más afectadas por tener bajos salarios, al estar feminizados los sectores y ocupaciones con salarios medios más bajos, por el peso del tiempo parcial involuntario y las reducciones de jornadas por cuidados (con merma salarial), por sufrir además una brecha salarial de género en todos los sectores y todas las ocupaciones.

Debido a que son más las mujeres que dependen del suelo del SMI, hay que valorar el Impacto positivo de género de las subidas del SMI (desde 2018, +66%), pero entender que 2 de cada 3 personas que cobran el SMI son mujeres) Fruto y que, como consecuencia de  de la parcialidad, 1 de 4 mujeres gana igual o menos que el SMI en términos de salario anual, frente a solo el 10% de los hombres.

Esta diferencia se materializa asimismo en el  Informe  sobre la Brecha salarial : En España el salario medio anual del empleo principal se situaba en 31.116 euros entre los hombres y 25.958 euros entre las mujeres en 2024, según los datos de salarios de la EPA. Eso supone una diferencia de 5.158 euros entre la ganancia media anual de mujeres y hombres. El salario medio de las mujeres tendría que aumentar un 20% para igualar el salario medio anual de los hombres. De nuevo aquí la jornada a tiempo parcial explica el 55% de la brecha.

Los Salarios medios más bajos se dan en sectores feminizados: El salario medio del empleo principal era de 2.387 euros brutos al mes en 2024. Los siete sectores con salarios medios muy inferiores a la media son: empleo doméstico (1.138 euros), hostelería (1.520 euros), agricultura, ganadería y pesca (1.684 euros), actividades administrativas y servicios auxiliares (1.675 euros), otros servicios (cuidados personales, actividades asociativas, reparación bienes) con 1.731 euros, actividades artísticas y recreativas (1.814 euros) y comercio (2.005 euros). En todos ellos el predominio de mujeres es evidente.

 

●           Una huelga para que las mujeres vivan una vida libre de violencias

- Para que no haya ninguna mujer como Olga, que se suicidó tras su desahucio

Una mujer que intenta huir de la violencia de género, o sencillamente separarse de un maltratador, debe contar con alternativa de vivienda procurada por la atención integral a víctimas de violencias machistas. Salir de la violencia de género, sexual o de trata y explotación sexual, debe comportar resolver la situación de necesidad habitacional para las mujeres de manera permanente y sostenida, especialmente ante la falta de recursos económicos. A la violencia que una mujer en estas situaciones está sufriendo no debe añadirse la desprotección social.

●           Una huelga por empleos dignos

Un empleo de calidad es la principal llave para la autonomía económica, y la libertad personal.

Decimos que la pobreza laboral tiene rostro de mujer porque las mujeres somos mayoría en los factores causantes de la pobreza laboral:

 

- somos mayoría en el desempleo, y muy especialmente en el desempleo sin empleo anterior, de mayores de 45 años o de larga duración;

- somos mayoría  en la economía informal (empleo del hogar, plataformas digitales);

- somos mayoría en la contratación temporal y a tiempo parcial, a veces en ambas, de manera clara en la contratación a tiempo parcial sobre todo en la parcial;

-  somos mayoría en sectores con salarios medios más bajos;

-  somos mayoría en la realización de horas extraordinarias sin pagar –calculamos 2,5 millones de horas a la semana, la mayor parte en sectores feminizados: educación, comercio, hostelería…;

-  estamos mayoritariamente ancladas, sin promoción, a ocupaciones sujetas al SMI y - a veces, a cargo de familias monoparentales, donde las mujeres,  somos el 80% de estas familias.

●           Una huelga por servicios públicos de calidad

Los servicios públicos, gratuitos, son una forma de salario en diferido, de redistribución de la riqueza común, en buena parte sostenida por las rentas del trabajo. Al tener carácter gratuito, son esenciales para las mujeres, que dependen como usuarias (y como trabajadoras): sanidad, educación, dependencia, servicios sociales…

●           Una huelga por los cuidados

El actual modelo denota desigualdad de clase y de género.

Llevamos ya unos años señalando, en desde el papel que nos corresponde, como sindicato de clase y feminista, que hay que abordar la transformación del actual modelo de cuidados.

Por la sostenibilidad de la vida, por la igualdad efectiva, por un pleno Estado social, por la solidaridad y la inclusión, por la democracia: hay que transformar el sistema de cuidados.

Consecuencias para las mujeres (trabajadoras y pobres): las mujeres hemos sido expropiadas de nuestro tiempo.  El rol de género que nos sitúa como cuidadoras vitalicias supone en la práctica que el tiempo no nos pertenece, que debemos ponerlo al servicio de “los otros”. Y esto tiene consecuencias.  Entre otros, interfiere en el empleo (inactividad, jornada a tiempo parcial, excedencias, abandono temprano, penalización laboral de la maternidad de facto, etc.) Los cuidados tienen que dejar de ser una trampa para las mujeres (las trabajadoras, las pobres) que nos ata a los suelos pegajosos y ser un derecho para todas las personas, individualmente consideradas.

Algunos datos simplemente para dar cuenta de lo anterior:

●           Inactividad por “labores del hogar”. De los 3,3 millones de personas inactivas que lo están por “labores del hogar”, 9 de cada 10 son mujeres (el 85,31%), más de 2,8 millones de mujeres.

●           Excedencias por cuidados. Datos 1º Trimestre 2026. De cada 10 excedencias, 8 de mujeres: mujeres, el 81,3%, y el 18,7%, hombres.

●           Tiempo parcial por cuidados. Se ven abocadas al tiempo parcial por cuidados: medio millón de personas, el 91,6% mujeres (9 de cada 10)

Además, las trabajadoras de los sectores de cuidados soportan unas condiciones de sobre-precariedad.  Cuanto más próximas a las tareas de cuidado, más precarizadas y desvalorizadas, lo vemos claramente en la ayuda a domicilio, las educadoras escolares de 0 a 3 años, las auxiliares de geriatría, las trabajadoras de las plataformas digitales de cuidados y atención a las personas, etc.

Y, aunque a nuestro entender, las trabajadoras del hogar no son trabajadoras de cuidados, en muchos casos las emplean con esa finalidad, especialmente a las migrantes.

Por todas estas razones, por tanto, participar en la huelga general del 11 de septiembre supone asimismo denunciar estas condiciones de trabajo, de empleo y de vida de la mujer trabajadora y manifestar colectivamente que esta es también la lucha de todas las personas trabajadoras. 

 


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