martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo: una iniciativa sindical sobre una red de mujeres sindicalistas árabes




Joaquin Aparicio ha hecho llegar al Colectivo de Jóvenes Juristas Críticos de Parapanda esta noticia aparecida en el boletín de la CSI "En línea", acompañándolo de estas palabras:


"Las transformaciones en Túnez y Egipto han sido posible en muy importante medida por la presión de los sindicatos y es alentador que la lucha por la democracia pase en esa región especialmente por la conquista de derechos por las mujeres"




Con la misma finalidad, se publica ahora en el blog





La CSI lanza una nueva red de mujeres sindicalistas árabes

Túnez, 8 de marzo de 2011: Con ocasión del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, la CSI pone en marcha en Túnez una nueva red de mujeres sindicalistas árabes, en presencia de la Secretaria General de la CSI Sharan Burrow y con la participación de mujeres sindicalistas de ocho países árabes.

“Es un honor para la CSI lanzar esta nueva red sindical de mujeres árabes en Túnez, país que, por medio de una revolución valerosa y una transición hacia la democracia inédita, incorpora en su estela grandes esperanzas de una mayor justicia social y libertades en el conjunto del mundo árabe. De Egipto, de Yemen, de Palestina, de Argelia, de Jordania, de Marruecos, de Mauritania y de Túnez, las mujeres sindicalistas aquí presentes pueden dar testimonio de la movilización en primera línea de las mujeres en las revoluciones y movimientos de reforma que están teniendo lugar en el mundo árabe”, expresó Sharan Burrow, Secretaria General de la CSI.

Para la CSI, la lucha por la democracia es indisociable del reconocimiento de los derechos fundamentales de los trabajadores, violados de forma masiva en la región árabe, sobre todo para las mujeres. La CSI lleva mucho tiempo denunciando la ausencia de una democracia real, las violaciones de las libertades fundamentales y sindicales en la región, así como unas condiciones de vida socioeconómicas en constante degradación para la mayoría de los trabajadores. La región árabe se caracteriza por la mayor tasa de desigualdades vinculadas al género. El índice de participación de las mujeres en el mercado laboral es el más bajo del mundo, a saber, de apenas un 25%. Debido a las múltiples discriminaciones de las que son víctimas en las sociedades de la región, las mujeres se ven confinadas en su mayoría a unos empleos precarios, mal pagados y no protegidos, ya sea en la economía informal, en las zonas francas industriales en pleno desarrollo, en las actividades de servicios y de cuidados, o bien en la agricultura. Las trabajadoras del hogar, especialmente en Oriente Medio, y más aún en los países del Golfo, están sometidas a unas condiciones de trabajo y de vida particularmente inaceptables. La mayoría de ellas sufren además discriminaciones suplementarias vinculadas al hecho de ser trabajadoras migrantes, privadas de sus derechos más fundamentales.

Para la CSI, la precarización constante del mercado de trabajo y la degradación de las condiciones socioeconómicas, combinadas con unas políticas autoritarias que privan a sus pueblos de sus libertades fundamentales, constituían desde hace mucho una situación explosiva. Por esa razón, el Congreso de la CSI ya había decidido el pasado mes de julio en Vancouver reforzar sus estructuras regionales para la región árabe y, sobre la marcha, lanzar una red de mujeres árabes sindicalistas. La rapidez y la importancia histórica de las luchas actuales por más democracia en la región no hacen sino alentar a la CSI a consolidar todavía más ese apoyo. El establecimiento de la nueva red de mujeres sindicalistas árabes será una herramienta esencial para permitir, en colaboración con las demás organizaciones de la sociedad civil implicadas en la misma lucha, el desarrollo de estrategias y acciones concretas por los derechos de las mujeres, tanto en la ley como en la práctica.

En el seno de las organizaciones sindicales, las mujeres de la región árabe están substancialmente poco representadas, sobre todo a nivel de los procesos de toma de decisiones. Esta nueva red “Camino a la igualdad” será asimismo una herramienta decisiva para mejorar el lugar que ocupan las mujeres en el movimiento sindical árabe.

“El potente viento a favor de más democracia, derechos, justicia social y empleos decentes que sopla en toda la región árabe representa una oportunidad histórica para las mujeres de conseguir la igualdad de posición que se merecen en la sociedad, en el mercado de trabajo y en sus organizaciones sindicales. Las mujeres árabes deben participar plenamente en esta oleada de democratización, tanto en las políticas como en las estructuras, y la CSI se compromete a prestar todo su apoyo en esta lucha por la igualdad en la región árabe”, concluyó Sharan Burrow.


El informe titulado “Vivir con inseguridad económica: Mujeres y trabajo precario” http://www.ituc-csi.org/vivir-con-inseguridad-economica.html?lang=es muestra que aunque la crisis haya tenido consecuencias nefastas para los hombres y para las mujeres, cada vez son más las mujeres que pierden su empleo o que aceptan formas de trabajo más precarias, temporales e informales.

sábado, 5 de marzo de 2011

UNO, CIEN, TRESCIENTOS ECONOMISTAS SIEMPRE IDÉNTICOS






(La profesora Julia López en la Universidad Pompeu Fabra conoce bien el tema del que habla este post. Además es su cumpleaños, así que aprovechamos para festejar su aniversario)




La “estación de las reformas” lleva demasiado tiempo transcurrido. Hemos sufrido la reforma del gasto público y de las privatizaciones de los servicios públicos más lucrativos, el ataque a la fuerza vinculante de los convenios de los empleados públicos, la involución de las garantías de empleo y el incremento del poder unilateral del empleador en la reforma del mercado de trabajo, la reforma del sistema financiero que entrega a la banca y al capital financiero externo el conjunto de entidades que recogían el ahorro de los pequeños impositores en las cajas de ahorros, hemos llegado a un punto de equilibrio en materia de pensiones entre el recorte de derechos y el mantenimiento de un nivel suficiente de prestaciones para la generalidad de los trabajadores y trabajadoras de este país, y todo ello tras un panorama de manifestaciones, una huelga general, y la proximidad de unas elecciones autonómicas y municipales que sellen el cambio de dirección política y consoliden el giro de la política económica y social.

En todo ese tiempo, las pautas de conducta de los orientadores de opinión han sido idénticas. Un grupo de expertos han marcado siempre las líneas a las que se debían plegar las acciones del gobierno, criticando de antemano cualquier desviación o pacto que no siguiese la única vía posible de recuperación económica, esto es, la señalada por los expertos. Es conocido que la capacidad de convicción de estos sabios es extremadamente intensa en los círculos del Ministerio de Economía y del Banco de España, al punto que a veces se puede pensar que nos hallamos ante supuestos de doble personalidad. Muchos confiábamos en que al haberse obtenido en febrero un principio de acuerdo sobre la reforma de la negociación colectiva entre CEOE y el sindicalismo confederal, alejando por consiguiente la siempre amenazadora sombra de una intervención del gobierno que sustituyera la falta de acuerdo - pese a la fecha final, colocada en la Ley 35/2010, de mediados de marzo – los consejeros influyentes no comparecerían de nuevo, dejando por tanto a los interlocutores sociales la libre y autónoma regulación de los procesos de negociación colectiva.
No ha sido así. Sea porque hayan tenido noticias de una orientación determinada del proceso de negociación, sea porque se han tomado muy en serio su rol de influencia, en el periódico El Pais del viernes 4 de marzo aparece el anuncio de la reaparición de los 100 economistas de FEDEA, que se materializará el martes próximo en torno a los conocidos ejes de actuación: acabar con las cláusulas de garantía de los salarios en función de la evolución del IPC, “poner coto” a la prórroga automática de los convenios colectivos tras la expiración de su vigencia, establecer un arbitraje obligatorio en los casos de dificultad de lograr un nuevo convenio, eliminar los convenios provinciales de sector y “centrarse” en los convenios de empresa. A ello añaden un nuevo órgano tripartito de consulta sobre costes laborales que proponga medidas para reducirlos.

Esta reaparición de los 100 economistas deja una sensación de déja vu, una reiteración de una noticia que se plagia a si misma. Posiblemente para romper esa impresión de repetición monótona de quienes son definidos como “reformistas liberales influyentes”, ha surgido otro grupo de economistas, por supuesto, que se hacen llamar Asociación Libre de Economistas, y dice agrupar a 300 profesionales. Es difícil reconocer diferencias ideológicas entre los 100 y los 300 economistas - aunque debe haberlas quizá los 100 más cerca del PSOE y los 300 mas cerca del PP, o quizá se deba a una diferente filiación académica - porque el discurso es idéntico. Un signo de los nuevos tiempos, quizá.

Los 300 de ALE parecen inspirarse en la inamovilidad de los textos sagrados, porque han elaborado un decálogo. En esos diez mandamientos, escritos posiblemente en las alturas del Mont Pélerin al dictado de ese ente omnipresente y todopoderoso que conocemos como “los mercados”, se propone también desligar la indexación de los salarios con los precios, porque garantizar la renta real de los trabajadores no siempre es compatible con la eficiencia económica, se señala lo negativo de la prórroga automática de los convenios en materia de creación de empleo, y, en fin, se exige la potenciación de la negociación de empresa y que se incentive una rebaja en la duración de los convenios.

Para los no iniciados, por tanto, y a la espera de la manifestación pública de ambas revelaciones, la de los 100 y la de los 300 economistas caminan en el mismo sentido. Desprecian la capacidad autónoma de los sujetos sociales que han ido creando, mediante una extensa práctica muy desarrollada, unos modelos de conducta y unas formas de regulación del poder normativo sobre las condiciones de trabajo y empleo. Interfieren de forma grosera en un proceso de negociación autónomo en la idea de obstaculizar y en la medida de lo posible hacer fracasar esta iniciativa para que el poder público imponga de forma unilateral y autoritaria una reforma del sistema legal de negociación colectiva que asuma estas indicaciones.

Ninguna referencia a lo que implica el sistema de tutela de derechos a través de la negociación colectiva. Ninguna referencia a la moderación salarial pactada entre los agentes sociales. Ninguna referencia a la caída real del poder adquisitivo de los salarios en relación con el desenfrenado aumento de los beneficios empresariales. Ninguna referencia a las consecuencias desestructuradoras del sistema sindical mediante la “empresarialización” de las decisiones colectivas y su fragmentación en términos de gobierno de las relaciones laborales. Ninguna referencia a la extensión de tratamientos desiguales y previsiblemente discriminatorios a los que este sistema conduce. Frente a este discurso de los 100 o de los 300 sabios economistas, la perspectiva con que los sindicatos explican el proceso de reforma de la negociación da la impresión de tratarse de una realidad completamente diferente. Ese mismo día, el el diario Público, Toni Ferrer y Ramón Górriz hablaban de problemas de cobertura de la negociación colectiva y de adaptación de las reglas de legitimación a las nuevas estructuras organizativas empresariales, de participación y transparencia en las decisiones empresariales y en el reforzamiento del sindicato en la pequeña y mediana empresa. Otra cosa completamente diferente.

El discurso de los expertos – 100, 300 economistas – se reduce a uno y no admite apertura a visiones complementarias, integradoras. Es un discurso autoritario y prescriptivo, como el decálogo en el que la Asociación Libre de Economistas dice basar sus exigencias. A estas alturas del proceso de reformas, sin embargo, no produce indignación, sino cansancio. Hartazgo ante esa machacona insistencia en la desigualdad y en la reducción de derechos laborales, en el recorte de salarios y en el fortalecimiento del dominio y la subordinación de los hombres y mujeres que trabajan en este país que se deduce de estos consejos que se autodenominan expertos. Cansancio de escuchar salmodias que desde el conocimiento que se presenta como científico imponen políticas de desigualdad y de desestructuración social y que exigen un cambio de reglas que anulen progresivamente los valores de solidaridad y de democracia social. Fatiga ante la continua asociación de las reformas con la libertad del mercado y la libertad de empresa leídas de forma “experta” como negación de la libertad y dignidad de las personas que trabajan. Hastío de la prepotencia de quienes piensan que los sindicatos y las asociaciones empresariales no saben gestionar correctamente, ni siquiera en tiempos de crisis empresarial y de debilidad sindical, las reglas decisivas del instrumento central en la regulación de las condiciones de trabajo y empleo.

Más allá de los 100 y de los 300, hay otros economistas, lo sabemos. Pero se les escucha con dificultad, sus palabras no cruzan el espacio mediático que condiciona la opinión pública. Se interrogan críticamente con los sujetos que actúan en las relaciones sociales. El lenguaje de los derechos no les es desconocido u hostil. Confrontemos su discurso, abierto, con el cerrado en si mismo de los expertos oficiales del comando económico. Ayudaría a enriquecer la opinión pública y a entender los procesos sociales como un momento de debate y de participación democrática. Sigamos atentos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

EN LA MUERTE DE ENRIQUE CURIEL

Conocí a Enrique Curiel en la Facultad de Derecho. Venía de Políticas, y era mayor que nosotros, pero organizaba la agrupación del Partido Comunista en la Universidad. Con una trenka beis, alto y con una voz convincente, intervenía en las asambleas, discutía en los pasillos, se reunía en las mesas del bar. Curiel hablaba en las clases de la orientación reaccionaria de los programas de la licenciatura en Derecho, que provenía de 1953, dirigía con otros tantos la lucha por la eliminación en la práctica del Derecho canónico, exigiendo un aprobado general ante una asignatura clerical y reaccionaria, participaba en los juicios críticos que sus descarriados compañeros políticos de los Comités de Curso organizaban a los catedráticos de economía que, como Naharro Mora o como Prados Arrarte, hablaban del mercado como paraíso, la mercancía como sustancia ontológica y de la curva de indiferencia como forma de orientar la conducta social y no entendían lo que era la economía política ni las necesidades de masas ingentes de población que no podían satisfacerlas a través del mercado. Quiero decir que el dirigente comunista de entonces no sólo hablaba - y claro que lo hacía, faltaría más - de la dictadura y de la lucha por las libertades, sino que se implicaba en el trabajo práctico y teórico de las enseñanzas universitarias, discutía con todos del sentido de las reformas que querían acercar la universidad a un mercado desigual, hablaba de la función de los juristas y de las etapas que había que pasar hacia la democracia y desde allí al socialismo.


Curiel era especialmente odiado por la policía franquista, la brigada político-social. Recuerdo una persecución de película, que terminó en la puerta de la Facultad, en la que fué detenido con Belén Piniés y secuestrado a toda velocidad en un coche negro antes que los estudiantes pudiéramos interponernos para evitar su detención. Fué torturado varias veces, desterrado y condenado a la cárcel. Era muy valiente. Los estudiantes de mi generación recuerdan como se enfrentaba a la policía y de forma para nosotros impresionante exigía la retirada de las fuerzas de seguridad, o la promesa de que no habría carga policial. Hablaba con autoridad moral, una cualidad de la que carecían muchos de las autoridades de la época. Su interlocución con los Decanos y con el Rector de entonces era siempre así, de igual a igual. En los terribles años de la transición, en 1976, fué tiroteado en una pierna en una manifestación a la altura de la calle San Bernardo, por obra de los fascistas o de los agentes de paisano camuflados de la policía. Al verlos, Curiel gritó "a por ellos" y éstos dispararon y le alcanzaron. El franquismo se despidió disparando.


Prohijado por Pilar Brabo - la Laura Rivas de M.O. - Enrique Curiel fué entre 1976 y 1977 una especie de lugarteniente de Carrillo, con Belén Pinies, como ha recordado hoy en El País su camarada y compañero en Políticas Rafael Fraguas. A partir de esa época su presencia pública es muy conocida como dirigente comunista. En 1988 abandonó el partido y su escaño. Dos años después entró en el PSOE donde tuvo una breve carrera política como concejal de Madrid y luego diputado por Pontevedra. En 1995 pasó un bache muy fuerte vícitma de una gran depresión. Luego, casi diez años después, fué elegido para el senado y retomó su vida política de forma más reposada. En la Facultad de Ciencias Políticas trabajaba seriamente sus cursos y seminarios.


Le encontraba a veces durante el verano en Vigo. siempre amable y siempre progresista. La última vez que coincidimos fué en uno de los actos de reivindicación de la memoria histórica que organizó Carlos Berzosa y el equipo de gobierno de la Universidad Complutense, una excepción política en un Madrid gobernado por el neoliberalismo agresivo que reivindicaba el postfranquismo y con un socialismo aletargado y timorato. Era octubre o noviembre de 2008 y coincidimos en el mismo banco del Paraninfo de San Bernardo, y le dije que me había emocionado un artículo que acababa de publicar recordando a su padre y a su tío, sacerdote que es fusilado por interceder ante su hermano rojo en el que no sólo reivindicaba el dolor y el silencio de aquella generación atenazada por la violencia y el terror, sino el derecho a ser resarcidos moralmente y a poder sacar a la luz esos actos indignos en la declaración ante el juez Garzón. Hoy su muerte por sorpresa me ha dolido, como estoy seguro que les ha sucedido a tantos amigos y compañeros de aquel tiempo.


Una trayectoria comunista democrática de una generación que todavía no estamos acostumbrados a glosar. Un símbolo de la lucha antifranquista. Sirva esta entrada de recuerdo a toda esa generación de luchadores demócratas que el partido comunista supo organizar y dar un sentido. Te echaremos de menos, Enrique.


El artículo al que se alude en el texto es el siguiente:
http://memoriadesaparecidos.blogspot.com/2008/10/gracias-juez-enrique-cueriel.html