martes, 17 de septiembre de 2019

DESCONEXIONES (TAMBIÉN POLÍTICAS)



Como ya se ha comentado en este blog, durante un cierto tiempo se ha producido una desconexión con la audiencia. Han sido más de diez días sin entablar ese diálogo a ciegas del que sólo se constata su efectividad a través del contador de visitas que presta Google. El comienzo de las clases en el grado, el inicio del curso de especialistas latinoamericanos en relaciones laborales que se desarrolla en Toledo y que este año homenajea a su coordinador  e impulsor, Pedro Guglielmetti, poder terminar una ponencia para el próximo congreso anual de la AESS, que sigue la moda de solicitar los textos que se van a debatir en el encuentro con anticipación al mismo para poder publicarlo, cerrar la última lectura del verano, reencontrarse pacientemente con las y los amigos, todo ello explica la ausencia en estos días de la cita con el blog, que se ha ido convirtiendo en una suerte de ritual cotidiano para la autorreflexión o la llamada de atención sobre temas que parecen merecerla.

También la política, claro. O al menos lo que aparece repetido como política en todos los medios de comunicación y que se centra en los relatos – es la palabra clave – que narran los desencuentros entre PSOE y UP en la formación de un gobierno de cambio y de progreso como el que ambas formaciones habían prometido a sus electores en abril del 2019. Una narrativa que se concentra en el método y los objetivos – gobierno de coalición o gobierno sostenido en torno a un programa acordado – que se van desplegando ante los ojos y los oídos de la población en una continua sucesión de enfrentamientos y desplantes que hace previsible la desembocadura del proceso en un final que todos dicen no desear, la convocatoria de elecciones.

Aunque en mi formación cultural sea fundamentales Puro Veneno y 19 días y 500 noches, tales gustos por la poética musical y los personajes que retratan ambas obras no me llevan a plantearme siquiera la posibilidad de abstenerme como síntoma del rechazo ciudadano a la incapacidad de la política para dar respuesta a las aspiraciones colectivas que se plasmaron en los resultados electorales de abril, cuando todo parecía seguro. Votaré, como tantos otros, pero será ineludible plantearse el sentido de esa libertad cívica fundamental. Libertad ¿para qué? ¿Para qué sirve que haya una izquierda relevante electoralmente si no consigue sus objetivos inmediatos? Los 71 diputados de UP permitieron la moción de censura y fueron, al fin, claves en el cambio político. Los 42 diputados de las elecciones de abril no han logrado lo que parece ser el fin al que todo se debe subordinar, entrar en el gobierno. Y la legislatura agoniza entre reproches justificados a la obstaculización del proyecto diseñado.

¿Por qué se vota a una opción política determinada? Normalmente en la intención del voto cuentan de manera fundamental las pretensiones y las aspiraciones de los ciudadanos que ejercitan el derecho al sufragio. Modificar los aspectos más nocivos de la reforma laboral, imponer la revalorización de las pensiones y derogar el factor de sostenibilidad, depurar la ley mordaza de los elementos más ofensivos contra la democracia, derogar el precepto penal que permite la incriminación penal de los piquetes de huelga, diseñar una estrategia de reindustrialización en un marco de sostenibilidad,  regular el precio de los alquileres y promover eficazmente el derecho a la vivienda digna, impulsar un pacto educativo que financie adecuadamente y reconstruya la destrucción del sistema por la Ley Wert, revertir la privatización en servicios públicos clave como la sanidad, abrir un amplio debate sobre la democracia en la empresa, todas ellas son las razones por las que una persona orienta su voto. Eso es lo que conforma el contenido de las reivindicaciones y los programas electorales, pero ese es el debate que se ha ocultado en los relatos que se trasladan a la ciudadanía informada. Todos conocemos al dedillo las ofertas concretas que Sánchez e Iglesias han ido cuajando – o, para ser más preciso, las propuestas y los rechazos a las mismas – sobre la forma que debe adoptar la cooperación o coalición entre ambas fuerzas políticas, pero en esa narración se difumina o incluso se borra por completo el contenido de la regulación que pretenden ambas fuerzas políticas, la construcción de un programa común en el que se pueda llegar a una suerte de compromiso que recoja el eje central de las reivindicaciones sostenidas por los sindicatos y otros movimientos sociales.

No resulta muy sugerente discutir sobre quien es el culpable del desencuentro, ni tampoco cuál es el peso relativo de la culpa de cada cual. Todos tenemos nuestras preferencias y las podremos justificar con toda suerte de detalles. Pero lo que es evidente es que ambas fuerzas políticas, en diferente grado desde luego, han incurrido en una gran irresponsabilidad al no ser capaces de afirmar un campo de encuentro en el que se asentaran líneas centrales de cambio social y de reforma en coherencia con lo que los electores habíamos votado en abril. El contexto económico tanto en España como fundamentalmente europeo, la remodelación de las instancias de gobierno en la UE, no han sido tampoco elementos que hayan acelerado o favorecido la necesidad de estabilizar un panorama de cambio social y de profundización democrática como la que exigían la mayoría de los electores en abril.

No hablemos de las incertidumbres que se plantean con las nuevas elecciones, cuyos resultados se confían por parte de las fuerzas políticas de la izquierda, a la predictibilidad de las encuestas. Un lenitivo para la opinión de los dirigentes políticos y en especial para los spin doctors del presidente del gobierno, pero que no asegura por el contrario la confianza de los ciudadanos en que todo seguirá igual pero mejor, permitiendo por fin un gobierno monocolor apoyado desde donde sea menester, izquierda o derecha, sin claudicaciones ni presiones. Un escenario que también aseguraría a quienes desde la izquierda siempre han apostado porque el PSOE se sitúe en un centro más cómodo con sus aliados de la derecha económica que sostenido por la izquierda social. Al contrario, para la gente común, está escrito que la convocatoria de nuevas elecciones supondrá la decepción y el retroceso sobre sus aspiraciones y reivindicaciones que tuvieron una posibilidad de afirmarse tras los resultados de abril.

A la hora de escribir estas líneas, confiamos todavía en un gesto audaz e inteligente desde la izquierda que permita salvar la situación, por el momento y desde hace tiempo, empantanada. Al fin y al cabo, hemos heredado un optimismo antropológico en el progreso y la intuición sobre el manejo de los últimos minutos de la partida política que se juega también en los gestos y en las sorpresas nunca ha abandonado a la izquierda. Así que aun hay esperanzas. Ponme esa cinta otra vez.

domingo, 15 de septiembre de 2019

SOBRE EL OSTRACISMO Y LOS POLÍTICOS. HABLA JOAQUIN APARICIO


Tras un período de cierta desconexión al que posiblemente nos referiremos en las entradas sucesivas, el blog recupera su activación, aunque siempre dentro de la informalidad que le caracteriza. Lo hace de la mejor de las maneras, con una intervención de Joaquín Aparicio que ha publicado en su blog y del que generosamente nos ha dado permiso para reproducirlo en éste. A fin de cuentas la blogosfera de Parapanda es un espacio abierto de comunicación horizontal. El texto habla de lo que todos estamos hablando en estos días de septiembre, de lo que nos repiten las radios, las televisiones y los periódicos en papel o digitales. Y dice lo que muchos piensan, pero con la elegancia y el saber clásico en el que siempre Aparicio ha sabido beber para ilustrarnos. De hecho, la imagen que abre esta entrada lo sitúa en el Palacio de Invierno, ya pueden suponer los lectores con qué intención. A continuación, este es su texto.

OSTRACISMO

Joaquin Aparicio Tovar.

Es muy frecuente ver cómo, incluso personas instruidas, analizan o juzgan instituciones y hechos del pasado sin desprenderse de los hábitos mentales y la percepción del mundo de los tiempos actuales sin caer en la cuenta de que los seres humanos de las sociedades europeas de hoy no se colocan en el mundo cómo lo estaban los de otras épocas, en especial los de la antigüedad clásica. Esto provoca errores graves de comprensión y juicios muy equivocados que se hacen particularmente evidentes en las referencias a la cuna de la democracia, a Atenas. La democracia ateniense fue producto de lo que podemos decir lucha de clases. Lucha de los demócratas contra los aristócratas, aunque ambas palabras no tenían exactamente la misma acepción que ahora. Los aristócratas también se opusieron en su momento a los tiranos, o gobierno unipersonal, pero entendían que el gobierno de la ciudad debería quedar en manos de los más preparados que, naturalmente, solía coincidir con los más ricos. Tucídides, en su historia de la guerra del Peloponeso, nos muestra que en aquella guerra civil entre griegos cuando los atenienses entraban en una cuidad que les había sido hostil se apoyaban de inmediato en el partido de los demócratas contra los aristócratas que generalmente estaban aliados con Esparta y, de ese modo, trataban de consolidar más allá de Atenas la polis como sistema político. Pero, por supuesto, todo aquel mundo estaba lleno de complejidades y muchos matices. La polís se estaba inventando.

Con todo no cabe duda de que muchas lecciones podemos seguir sacando de aquel mundo, a sabiendas de que no es posible hacer traslaciones mecánicas, ni de aquí para allá, ni de allá para acá. Uno de los mecanismos más curiosos de que disponía la polis para evitar atisbos de regreso a un sistema aristocrático, o simplemente para evitar que la excesiva presencia (excesiva en la opinión de la mayoría de los ciudadanos) en la vida pública de una personalidad relevante acabase perturbando el bien común, era el ostracismo. Los helenistas nos dicen que si en asamblea solemne, con un quorum de 6000 ciudadanos, y tras votación por mayoría absoluta, alguien era mandado al ostracismo, debería abandonar la ciudad en un plazo de diez días durante diez años. Aunque en otra votación posterior ese plazo podía ser reducido en una especie de amnistía. El ostracismo, en contra de los que hoy suele pensarse, no era algo infamante, no se entendía como una pena por cometer delito y quienes eran mandados al ostracismo no perdían la ciudadanía. Simplemente se entendía por esa mayoría de ciudadanos que determinada persona, generalmente muy relevante, estaba con su papel público conduciendo la vida en común por derroteros que perturbaban el bienestar de la ciudad. Personajes muy relevantes, como Temístocles, el principal estratego que llevó a la victoria sobre los persas en la Segunda Guerra Médica, fueron mandados al exilio mediante el ostracismo. A lo que parece era una llamada a la humildad para aquellos cuyos triunfos les habían hecho arrogantes y se habían alejado del sentir de la mayoría, aunque a veces la mayoría pudiera estar equivocada.

Una institución así es impensable en nuestras democracias parlamentarias, en las que la responsabilidad política se dirime, mayormente, en las elecciones o en las mociones de censura o en las revueltas internas de los partidos, como últimamente hemos visto en el partido conservador de Gran Bretaña o, lo que es peor, en los linchamientos mediáticos. En las circunstancias actuales de la política española es casi inevitable que el ostracismo venga a la mente de la ciudadanía. No estará mal que Carmen Calvo, Pablo Echenique, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pensaran un poco si no se están alejando del sentir muy mayoritario de la población española que les votó. En especial Pedro Sánchez, como líder del partido más votado y principal candidato a presidente de Gobierno que es quién, de acuerdo a la Constitución, tendría que haberse ganado los apoyos necesarios y por ello tiene una responsabilidad mayor. No deberían todos ellos olvidar que esa población que les votó puede que muy gustosa les mandara al ostracismo, a un ostracismo suave apartándoles de las negociaciones para formar gobierno, sin por ello desconocer su valía. Un ostracismo menos suave lo pueden tener si hay elecciones en noviembre, lo que sería un desastre. 


martes, 3 de septiembre de 2019

LOS COLOQUIOS Y SEMINARIOS SOBRE EL CENTENARIO DE LA CONSTITUCIÓN DE WEIMAR


El centenario de la Constitución de Weimar está atrayendo la atención de una larga estela de pensadores y estudiosos que quieren rescatar ese momento tanto en su contexto histórico como en su  trascendencia con vistas a la actualidad. El primero de los coloquios de enorme interés lo van a realizar en Paris, en la Universidad de Cergy Pontoise, en el marco del Centro de  Filosofía Jurídica y Política que dirige Carlos M. Herrera y en colaboración con la Universidad de Toulouse y el Instituto de Francia, el próximo 13 de septiembre. 

Carlos M. Herrera es un reconocido especialista en el estudio de la cultura jurídica democrática de entre guerras, con ensayos esclarecedores sobre Kelsen, pero también sobre el pensamiento francés de Duguit  y de Hauriou, y más en general, sobre el sentido del constitucionalismo social. Su trabajo sobre la teoría política es fundamental para la comprensión de los ejes fundamentales de referencia para el pensamiento europeo sobre el Estado Social, una labor que también ha proyectado sobre la presencia histórica del pensamiento socialista en Argentina. Aurore Gaillet , de la Universidad de Toulouse, ha realizado importantes estudios en derecho público alemán, y es miembro de la sección juvenil del prestigioso Instituto de Francia. Ambos son los coordinadores de este interesantísimo coloquio.

El programa se estructura en primer lugar en torno a la teorización de dos grandes juristas democráticos y socialistas que defienden el sentido y la función de la constitución de Weimar, Hermann Heller y Hans Kelsen, para a continuación proceder a establecer algunas interrelaciones entre la problemática de Weimar y la actualidad. En torno a la ambivalencia de la democracia representativa respecto de la posibilidad de una real transformación social, el papel que en la Constitución se otorgaba a la dimensión internacional de los compromisos estatales, o la fuerte tensión entre la institucionalización de un marco constitucional abierto y la presión hacia un cambio social radical que lo desbordaba, temas todos ellos centrales en la revisión de la experiencia weimariana.

El coloquio se cierra mediante la presentación y el diálogo en torno a un libro cuyo título es perfectamente expresivo de un juicio anticipado: 100 años de una buena Constitución en un mal momento, un libro de Christoph Gusy, profesor en la Universidad de Bielefeld y reconocido especialista de esta época histórica. 

Hay eventos académicos a los que no asistir parece irrelevante, puesto que en principio se piensa uno suficientemente informado o simplemente prefiere esperar a encontrar la versión escrita de lo debatido. Otros, sin embargo, son actos tan atractivos por el contenido como por los participantes, que la ausencia, aunque sea obligada por la asunción de compromisos previos, genera una cierta sensación de frustración. Este es el sentimiento que se experimenta al no poder acudir a este espléndido coloquio. Pero quizá entre la distinguida audiencia del presente blog haya alguien que pueda hacerlo. No se arrepentirá, desde luego.

Weimar seguirá siendo analizado y recordado en nuevos encuentros. Sin ir más lejos, en este blog ya se dará cuenta de un largo seminario que se prevé realizar a mediados de noviembre en Madrid sobre este mismo tema. Pero sin duda el coloquio de Cergy Pontoise es un punto de referencia en el examen de aquella experiencia tan decisiva para la teorización del Estado Social y del propio derecho del trabajo del siglo XX.

Este es el programa. La lengua de trabajo, como suele ser habitual en las universidades galas, es exclusivamente el francés.

Université de Cergy-Pontoise - Site des Chênes I -Salle des thèses
33, boulevard du Port, 95011 Cergy-Pontoise
Renseignements : cpjp.droit@ml.u-cergy.fr

Weimar
Réflexions autour d’une constitution centenaire
13 septembre 2019

Université de Cergy-Pontoise
Salle des thèses

Programme

9 h : Introduction : Aurore Gaillet et Carlos M. Herrera, responsables de la journée
9 h 15 - 10 h 45
Olivier Jouanjan (Université Paris II Panthéon-Assas) : Défendre la République de Weimar: Hermann Heller, Hans Kelsen
Constance Grewe (Université de Strasbourg) : De l’ambivalence de la démocratie représentative à Weimar et aujourd’hui
11 h - 12 h 30
Gesa Dannenberg (Université de Cergy-Pontoise) : La Constitution de Weimar et le droit international public
Carlos M. Herrera (Université de Cergy-Pontoise) : Constitution et transformation: la double tension, de Weimar à nos jours

14 h - 16 h Table-ronde autour du livre de Christoph Gusy 100 Jahre Weimarer Verfassung. Eine gute Verfassung in schlechter Zeit (Tübingen, 2018)

Dialogue de l’auteur avec Renaud Baumert (Université de Cergy-Pontoise) Aurore Gaillet (Université Toulouse 1)

Responsables : Aurore Gaillet (IUF - Université Toulouse 1), Carlos M. Herrera (CPJP - Université de Cergy-Pontoise)