lunes, 9 de enero de 2012

FORMAS NUEVAS Y VIEJAS DE EXPRESIÓN DEL CONFLICTO



Siguiendo las reflexiones que sobre el conflicto social iniciaba ayer López Bulla, a continuación se coloca en el blog una serie de apreciaciones sobre el conflicto que nacen de un debate largo en la Fundación 1 de Mayo durante el pasado otoño.



Se constata desde hace mucho tiempo la especialidad de la organización del servicio en la determinación del alcance del conflicto. Es más actual sin embargo comprobar cómo los cambios en la organización empresarial y la acción combinada de la privatización y la externalización de los servicios “esenciales” no sólo han generado cambios importantes en las formas de acceso a los derechos satisfechos a través de éstos, sino en las formas del conflicto, mucho más “horizontales” o “segregacionales” que los antiguos conflictos “generales”, lo que a su vez induce a un debilitamiento de la solidaridad y de la igualdad como motor del conflicto. En ese sentido, el auge de otras formas de protesta, no reconducibles al concepto de huelga como abandono colectivo y concertado del trabajo es una tendencia creciente que tiene que ver con la eficacia última de la medida de presión en contextos de trabajos más cualificados y posiblemente en mejores condiciones de negociar sus condiciones de trabajo. También, con carácter general, el desplazamiento indirecto de la eficacia del conflicto del área de la producción al espacio de la comunicación como forma de incidir sobre una opinión pública que se percibe determinante en el éxito o en la aceptación de las reivindicaciones sostenidas mediante la huelga.

El desplazamiento al espacio de la comunicación de una parte de la presión de los trabajadores como condición de eficacia de la misma repercute necesariamente en la práctica sindical, obligándole a “sacar” del ámbito de los lugares de trabajo la efectividad de las medidas adoptadas, o al menos, a “compartir” el lugar del conflicto: del espacio de la producción al espacio de la comunicación. Tradicionalmente este ligamen se hacía a través de la “salida” del conflicto a la calle a través de manifestaciones o las marchas desde los lugares de la empresa a la ciudad en la que se encuentran los centros de decisión económica. En los años 80, la marcha de los mineros de Crimidesa constituyó un hito en su cobertura informativa. Pero ahora el espacio de la comunicación en el que se mueve el movimiento sindical es más complejo. De un lado está totalmente enajenado, no le pertenece y es claramente hostil, en relación con los medios de comunicación clásicos, en su abrumadora mayoría favorables a la dominación económica y social. Pero ha crecido de forma exponencial un cierto espacio de comunicación informal y en alguna medida alternativo, aunque difuso y no concentrado. Por eso es importante reflexionar sobre los medios que proporciona ese “entorno” comunicativo como forma de acceder a la distribución y conocimiento de informaciones “alternativas” a aquellas por las que naturalmente discurre el flujo de información “oficial”. Conviene desarrollar un trabajo específico sobre el sindicato como “red” e “instrumento” de comunicación, y sobre los medios que éste puede utilizar para construir ese “entorno comunicativo” que asegure, extienda y fortalezca la defensa de sus posiciones en el conflicto.

Se aprecian ciertas tendencias a la “escenificación” de las posiciones en conflicto y a la “caricaturización” de las posiciones antagonistas. Una formalización en la que la imagen tiene un peso muy fuerte. En este sentido, la utilización de la técnica del “escrache” que en Latinoamérica se ha empleado ante todo para “señalar” a los verdugos de las dictaduras militares, tiene también aquí una aplicación “laboral”. En nuestro país, la movilización de los trabajadores de Sintel en el “Campamento de la esperanza” en plena Castellana, oponiendo su imagen de trabajadores sin empleo en el centro de las finanzas de Madrid, resultó extraordinariamente efectivo. Es una vía que se ha explorado en otras ocasiones, pero que requiere una organización muy compleja y una puesta en tensión de toda la solidaridad sindical posible para que pueda cumplir sus fines de forma completa.

Normalmente, la utilización de formas de expresión del conflicto que implican un daño a los bienes de la empresa, como el sabotaje, pertenece al pasado ludista del movimiento obrero. Pero en algunas huelgas se ha utilizado el sellado de cajeros o de puertas, o el recurso al sabotaje como forma de “cerrar” los centros de trabajo en huelga. Estas acciones suelen llevar aparejado un efecto muy negativo en el plano de la comunicación y de la información, puesto que son aprovechados como manera de mostrar los elementos negativos del conflicto. La repetición en todas las televisiones del país de la caída de una anciana porque durante la huelga de la limpieza del metro se había volcado aceite en los torniquetes de entrada al andén, es un ejemplo de las consecuencias negativas de una acción que daña la imagen de una lucha organizada y constante. Sin embargo recientemente la tendencia a la escenificación del conflicto que se ha señalado se confunde con la necesidad de convertir el mismo en un acto de “retorsión” de la violencia sufrida por los trabajadores ante despidos combatidos. Los secuestros de directivos que se han producido en Francia en este año, irían en esa dirección. Habría que distinguir no obstante estos nuevos secuestros que buscan llamar la atención sobre situaciones individuales, y la ocupación de la empresa con “retención” de los directivos, como forma de conflicto más ligada al mantenimiento del empleo y de la empresa como proyecto de viabilidad. Otras formas de ganar publicidad del conflicto pueden incorporar acciones clásicas del movimiento pacifista, del tipo huelgas de hambre, encadenamiento a una grúa o a algún otro lugar arriesgado.

El uso de Internet, Youtube, blogs, o mensajería móvil se viene empleando ante todo como forma de preparación de movilizaciones masivas, además del “clásico” de asambleas y reuniones con los trabajadores. Es cada vez más frecuente la apertura de páginas en redes sociales como facebook y otras que recogen conflictos concretos de empresas o de trabajadores, o en ocasiones, editar videos en youtube aprovechando fragmentos de películas o de serie que se subtitulan o se doblan sobre la base de los hechos acaecidos en el conflicto. Por esta vía se llega también a la utilización de la realidad virtual como forma de exteriorización de un conflicto antes de que éste se efectúe en la realidad. El ejemplo más conocido es la huelga de los empleados de IBM en Second Life a través de sus avatares, como primer paso antes de emprender una medida de presión clásica. También en ese plano de la expresión del conflicto como pura visibilidad, sin que éste se plasme en repercusiones sobre el trabajo o en la suspensión del mismo, se emplean pegatinas, chapas, o indumentarias especiales y excéntricas como forma de hacer ver a la empresa en primer lugar, que se está en una situación de conflicto, aunque sin llegar a la paralización de la producción.

En algunos supuestos, esta “virtualización” relativa de la presión laboral puede que sea útil porque hay sectores en los que la experiencia de una huelga se ha perdido. Es decir, que es posible que una generación de sindicalistas y de trabajadores no hayan conocido jamás una huelga en su empresa o rama de actividad, y por tanto carezcan de la experiencia concreta de cómo prepararla y mantenerla, más allá de la participación que se les requiere en huelgas generales de un día. Y hay otros sectores nuevos, de trabajo disperso y difuso, en donde la convocatoria de una huelga es algo totalmente nuevo y posiblemente inapropiado en los términos protocolarios o rituales del conflicto en el trabajo industrial. Hay además sectores y trabajadores que se creen – y lo están – especialmente expuestos a las represalias en forma de pérdida de su empleo. En la huelga general del 2002, muchos de los trabajadores precarios no adhirieron a la convocatoria de huelga en sus centros de trabajo porque ello implicaba casi de forma segura – o al menos eso era lo que pensaban – la pérdida del empleo. Sin embargo, muchos de ellos participaron en la manifestación de la tarde de ese día de huelga general, con pleno entusiasmo.

Pero en todo caso, el proyecto sindical de tutela de los derechos de los trabajadores con carácter general debe “procesar” en su trabajo estratégico la necesidad de encontrar formas de lucha y de conflicto apropiadas tanto a los diferentes sectores en liza, con especial atención a las formas del conflicto en un panorama de descentralización productiva y de dispersión de los trabajadores, como en lo relativo a la relación que existe entre dichas formas de presión y las diferentes identidades subjetivas que pueblan el sindicato, en especial, mujeres, jóvenes e inmigrantes como sectores cualitativamente importantes y en donde el sujeto colectivo debe actuar de forma más intensa para ir suturando el desgarro en las condiciones de trabajo y empleo respecto del resto de los trabajadores. En el debate por tanto sobre la acción sindical y la tutela de los derechos, las nuevas formas que ha de adoptar el conflicto para proteger más eficientemente el interés de los trabajadores, deben ocupar un espacio importante de reflexión.



 

CONFLICTO SOCIAL: INTIMIDACIÓN Y FORMAS DE LUCHA (HABLA LÓPEZ BULLA)



En la última entrada de su blog Metiendo Bulla, José Luis López Bulla introduce un tema para el debate de enorme trascendencia, recogiendo una idea que ya había expresado hace algunas semanas sobre la actitud de los poderes económicos y políticos de soportar las movilizaciones sociales sin variar para nada el programa de acción que en materia social, laboral y económica llevan a cabo. Se trata de la capacidad de "intimidación" de los movimientos populares y más en general del conflicto social, que lleva consigo la necesidad de un debate sobre las formas de lucha en un contexto porductivo y social transformado en el que además la crisis económica está generando una amplísima franja de no-trabajo. A continuación se reproduce la entradilla de este "post".



“Las élites económicas (o las clases altas, si se prefiere) se están desentendiendo unilateralmente del pacto del Estado del bienestar porque consideran innecesarios los costes que les pueda ocasionar, en la medida en que las clases populares han perdido capacidad de intimidación”, escribe Josep Ramoneda en su artículo en la separata de hoy en El País (el subrayado es mío). Pienso que Ramoneda da, con mucha aproximación, en el clavo.

El movimiento sindical lleva unos cuantos años con potentes movilizaciones ya sea de ámbito nacional como europeo. Y sin embargo todas ellas han sufrido un rotundo ninguneo. El problema no es, así las cosas, la ausencia o endeblez de la presión sostenida sino la ausencia de salida de las mismas o –dicho en plata— la no consecución de sus objetivos. Lo que comporta, en palabras de Ramoneda, a la “pérdida de intimidación”. Esta es una cuestión de primer orden que desafía y –no nos vayamos con remilgos— pone en entredicho las alternativas del sindicalismo confederal.


Hace tiempo que reflexioné sobre el asunto vinculando el ejercicio del conflicto social a la innovación tecnológica. Ahora el asunto se nos complica porque los poderes contrarios se encogen de hombros como diciendo “allá vosotros con lo que hacéis; no vamos a cambiar ni un ápice del guión que tenemos escrito”. Es una situación que puede acarrearnos graves complicaciones en nuestra capacidad de representación. Así las cosas es necesaria una amplía reflexión sobre ello. Y en concreto: ¿de qué manera se puede y debe ejercer el conflicto de masas para que cumpla con su objetivo?

Sugiero, por lo tanto, que es fundamental repensar estas cosas.
 
A continuación JLLB incorpora un texto de 1997 en el que relaciona el conflicto con un contexto productivo y tecnológico que ha modificado la práctica de la lucha derivada del fordismo. (http://www.lopezbulla.blogspot.com/2012/01/carmen-rodriguez-viuda-de-simon-sanchez.html). Pero seguramente que deberemos seguir reflexionando sobre estos asuntos en siguientes "entradillas" del blog.

sábado, 7 de enero de 2012

NO HAY DERECHO(S). UN LIBRO DE PISARELLO Y ASENS




Es de suponer que los Reyes Magos hayan traído lecturas provechosas. Aquí va una de ellas, que recomendamos fervientemente en la blogosfera de Parapanda. Se trata del libro de Gerardo Pisarello y Jaume Asens, No hay derecho(s). La ilegalidad del poder en tiempos de crisis. Icaria /Antrazyt, Barcelona, 2011, 239 pp. 18€.

Gerardo Pisarello y Jaume Asens son una "marca" bien conocida en sus intervenciones en la prensa, en especial en el periódico hoy amenazado en su supervivencia Público. Utilizando el título de una emblemática revista argentina de los años noventa en cuyo diseño trabajaron Bovino, Abramovich y Courtis, estos dos señalados exponentes del Observatorio de Derechos Sociales y Culturales (DESC) con sede en Barcelona, han cuajado un libro que recopila y ordena una serie de artículos publicados en diversos medios de comunicación entre el 2005 y el 2011 sobre un fondo común: la importancia creciente del respeto de las garantías jurídicas individuales y colectivas como elemento central no sólo del sistema democrático sino de la propia conformación de unas políticas progresistas.

Como son dos los autores, también tienen dos prologuistas. El primero de ellos, Carlos Taibo, aun desconfiando de ese planteamiento entiende que los autores abordan de forma directa y convincente los grandes temas cruciales de la política en estos años de crisis ideológica de las izquierdas políticas. El segundo, que es Ramón Sáez, coherentemente con su posición que relaciona el derecho y el poder desde una perspectiva que privilegia la razón y la cultura, revaloriza la convicción de esta extraña pareja de que el derecho es un espacio de confrontación y que es preciso intervenir en la esfera pública para “apuntalar, garantizar y dotar de eficacia a los derechos de los más débiles en un mundo dividido donde el capital se ha impuesto con paso firme, haciendo tabla rasa de muchas conquistas”.

En la introducción Pisarello y Asens explican de forma muy clara la intención de las intervenciones que siguen: la tendencia del poder económico y político de las clases dominantes a actuar saltándose la propia legalidad estatal en unos tiempos que se califican continuamente como “de excepción”. Por eso la obsesión de los “leviatanes públicos y privados” de este tiempo intentan día a día afirmar que no hay derechos, y lo vehiculan con brutalidad indisimulada a través de sus políticas de excepción. Por eso el discurso del derecho y de los derechos debe servir como arma para deslegitimar las actuaciones arbitrarias del poder.

La Comisión de Defensa del colegio de Abogados de Barcelona y el Observatorio DESC han sido el reservorio donde gran parte de los temas que abordan los autores han ido desenvolviéndose. Y los presentan agrupados temáticamente en torno a doce ítems entre los que destacan los relativos a la crítica de la globalización capitalista y el militarismo junto a la de los problemas de la seguridad y la policía y la emergencia de una cultura antirrepresiva, un amplio elenco de problemas derivados de derechos y libertades fundamentales, ante todo respecto de la libertad de expresión la reivindicación de la libertad de crítica y el derecho a la protesta, pero también la libertad religiosa y el laicismo, o los derechos sociales en tiempos de crisis y los derechos de los inmigrantes en particular, sin olvidar los temas trascendentales de la memoria histórica o los grandes problemas políticos de la configuración federal o autonómica del Estado español, de la construcción europea o “las señales del sur”, es decir, los nuevos procesos constituyentes en la América andina.

El libro se debe leer asimismo como un recordatorio de los grandes problemas que se plantean ahora de manera más aguda con la crisis. La crisis que “ha dejado al descubierto la existencia de un modelo muy singular de capitalismo inmobiliario-financiero, basado en el sobreendeudamiento privado y en la corrupción administrativa y con drásticas consecuencias desde el punto de vista social y ambiental”. Los textos reunidos en No hay derecho(s) quieren dar cuenta de toda una problemática muy extensa a partir de una suerte de collages que desde el punto de vista estilístico se inscriben en “la tradición de la polémica”, que no llega a al invectiva ni al libelo, y que además están muy bien y claramente escritos.

En síntesis, Pisarello y Asens preparan el camino para una renovación de la política y de la esfera pública a partir de un entendimiento dialéctico y radicalmente democrático del papel del derecho y de los derechos. Sus artículos, como señala su segundo prologuista, son siempre “una noble expresión de la lucha cultural contra la barbarie”