miércoles, 17 de julio de 2013

SOBRE EL DESPIDO INDIVIDUAL: UN ENFOQUE DESDE EL DERECHO COMPARADO










Se está celebrando en Módena, en la sede de la Fundación Marco Biagi de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, el seminario para jóvenes investigadores conocido por el nombre de su primera sede, en la Abadía de Pontignano, en Siena, que cumple su treinta edición. (En la foto, dos de los expertos participantes antes de acudir al encuentro)

Se trata de un seminario de estudios comparados promovido en 1983 por personalidades centrales en el derecho del trabajo europeo de la época, como Bill Wedderburn y Gino Giugni, proseguido por Silvana Sciarra y Guido Balandi, Antoine Lyon-Caen, Thomas Blanke o, en España, por Miguel Rodriguez-Piñero senior. El seminario de Pontignano – que se realizó asimismo en otras sedes europeas en Francia, en España, Alemania e Inglaterra – se proponía alentar una red amplia de laboralistas europeos a partir del estudio y la reflexión comparatista de temas monográficos sobre los que se trabajaba desde los distintos ámbitos culturales nacionales. El método de trabajo impone unas primeras intervenciones a cargo de profesores seniors de cada uno de los países convocados en las que se hace una exposición de las líneas fundamentales de regulación en estos ordenamientos sobre la materia que se aborda en el mismo, para a continuación confeccionar una serie de grupos de trabajo en donde se integran los jóvenes investigadores mezclando sus respectivas nacionalidades de origen, grupos animados por profesores juniors que dirigen el debate. Tras dos días de discusión, cada grupo debe presentar un informe colectivo en el que se analiza desde la perspectiva concreta que se ha elegido, la materia objeto de examen, en un trabajo que intenta ofrecer una reflexión comparatista clásica.

En la convocatoria de este año, el tema es el de “los despidos individuales”. Sugerido por la Asociación Italiana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social – entidad que patrocina el seminario – posiblemente en su decisión ha pesado la reforma de la llamada Ley Fornero del art. 18 del Estatuto de los Trabajadores, y la conveniencia de comprobar cuál es el marco normativo sobre el despido individual en una serie de países europeos. En esta ocasión, y por vez primera, han sido nueve los ordenamientos analizados – los de Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Reino Unido, Austria, Polonia y España – junto a las indicaciones del derecho europeo. La dirección académica del Seminario la han llevado los profesores italianos Edoardo Ales (Universidad de Cassino) y Lorenzo Gaeta (Universidad de Siena), y han contado con un amplio plantel de especialistas de los nueve países examinados. Por España han intervenido los profesores de la UCLM Joaquín Aparicio y Antonio Baylos. 

Más allá de la regulación concreta de las figuras que resume en todos esos ordenamientos la noción de despido individual, lo que en el seminario se ha puesto de manifiesto es la transformación no evidente de ésta en el contexto primero de la flexiseguridad y posteriormente con las políticas de austeridad. En síntesis, se trata de un deslizamiento progresivo del concepto y función del acto de despido, su consideración en el marco de un ordenamiento jurídico determinado. En el derecho del trabajo de la crisis europea, se está produciendo una paulatina sustitución de la lógica individual-contractual del despido como elemento que explica el ejercicio por el empresario del poder de rescindir unilateralmente el contrato (el interés empresarial en la terminación del contrato sobre la base de un incumplimiento o de una excesiva onerosidad de la ejecución del mismo) por una temática previa, la aceptación social y económica de la libre voluntad del empleador en la conformación del empleo como coste /racionalidad económica de la empresa, como base de la decisión de despedir. Desde este “deslizamiento” se van afirmando dos maneras de enfocar el tema de los despidos que se separan del marco contractual típico, ambas por otra parte en constraste entre ellas. De una parte, el régimen del despido se concibe como el campo en el que se desarrollan los límites al poder privado del empleador y las garantías de los trabajadores subordinados al mismo, es decir, la regulación del despido como expresión de los límites del poder unilateral económico que se expresa en la libertad de empresa y de iniciativa económica como un poder encauzado para evitar que se corrompa en arbitrariedad. Esta forma de planteamiento del discurso revela una cierta “politicidad” del tema y su remisión a esquemas de ciudadanía, y enlaza bien con la enunciación legal de los “despidos prohibidos” – discriminatorios, vulneradores de derechos fundamentales – aunque no sólo. De otra parte, el despido se acepta como una medida más que integra la  forma de gestión ordinaria de la empresa y de su estructura de organización de la producción de bienes y servicios para la obtención de un beneficio en el mercado, desconectada de una lógica contractual, anclada en una lógica organizativa no contrastable y por así decir “normalizada” en una governance de base fundamentalmente técnico-organizativa.

Este deslizamiento no siempre anotado por los comentaristas de las reformas recientes de los diversos ordenamientos nacionales, ha permitido que surgiera una figura central de despido como eje en torno al cual gira cualquier nueva regulación, desde la española del 2010 y 2012, a la italiana del 2011 o a la reciente ley francesa del 14 de junio de 2013 sobre la seguridad en el empleo. Esta figura es la del despido económico, que desborda la conformación contractual clásica del despido, que va asumiendo progresivamente un rol marginal en la determinación de las prácticas empresariales y en la actuación legislativa. Esta figura lleva consigo todos los signos de la reforma: el abaratamiento del coste de despido y la minoración de los derechos y garantías colectivas, el refuerzo del poder del empleador en la decisión de despedir y la paralela restricción de las facultades del juez en la revisión de la decisión sobre lo procedente del despido, la intención declarada en la norma de la intangibilidad de las decisiones unilaterales del empresario sobre el motivo del despido y sus efectos.


Todo ello claro está reposa sobre una ecuación reiterada hasta la saciedad. La regulación del despido como manifestación del derecho al trabajo con garantías en el empleo es la culpable de una situación negativa del mercado de trabajo y del nivel de empleo. La derogación progresiva de estas garantías – la desnaturalización de los elementos básicos de la figura del despido, directamente relacionados con una lógica contractual – y la revigorización del poder privado del empleador en todas sus facultades organizativas, directivas y de gobierno del trabajo y del empleo, invertirán esa tendencia negativa y generarán más ocupación y más riqueza. La aplicación de este aserto reiterado hasta la saciedad ha generado por el contrario niveles cada vez más altos de desocupación y de destrucción de empleo para los asalariados del sector privado y del sector público. Es un hecho constatable en todos los países a los que se les ha prescrito el tratamiento de la austeridad y de las reformas estructurales en el sur de Europa, pero se extiende asimismo al este de la Unión y comienza a causar problemas muy fuertes en otros ordenamientos. En términos de política del derecho, la demolición del régimen garantista del despido no ha generado el efecto tantas veces profetizado de la creación de empleo. Por el contrario, ha producido desigualdad, sufrimiento y destrucción del trabajo de tantas mujeres y hombres que sólo poseen esa actividad para poder hacer frente a sus condiciones de existencia.

domingo, 14 de julio de 2013

NACHO MONTEJO


Un correo de Matías Movilla me ha hecho llegar la noticia de la muerte de Nacho Montejo esta tarde. Luego un mensaje de Román Gil, que me ha enviado una necrológica con Manuela Carmena y Juan Puig de la Bellacasa.



Lo he conocido desde hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo. Era el abogado joven, intuitivo, simpático, que gozaba del aura de la resistencia frente a la represión. En 1975, cuando yo acababa quinto de derecho, vi por primera vez su nombre ligado a otros que eran para mí referencias ineludibles de  abogados y abogadas comprometidas con la democracia y el socialismo: Manuela Carmena, Cristina Almeida, Manolo López, Lola González Ruiz, Juanjo del Águila, Rafa Zorrilla, Jaime Axel, Javier Sauquillo, Nacho Salorio, Cristóbal González, Jose María Mohedano, Román Oria, Diego Carrasco, Luis Ramos. Le frecuenté muchas veces de lejos, le escuché en el despacho de Españoleto, y reforcé mi relación con él cuando el despacho de Bilbao, con Ricardo Bodas, Emilio Palomo y Pablo Aramendi, un cuarteto que además de ejercer una inmensa labor de defensa de los trabajadores y trabajadoras, puso en práctica una revista emblemática, 35 horas, en la que yo colaboré durante su corta vida. Son incontables los encuentros en el Comercial – recuerdo las conversaciones sobre la creación del sindicato de actores – o en tantos otros cafés, restaurantes, bares, en muchos de ellos  con Enrique Lillo y con Nieves San Vicente.  Y más allá, las comidas en su casa o sus divertidas fiestas en su casa, especialmente en Nochevieja. Siempre acogedor, hospitalario, camarada.

No había una iniciativa de defensa de los trabajadores y de la democracia en el ámbito del derecho que no fuera organizada y dirigida por él. Jornadas, asociaciones – la de abogados laboralistas de Madrid – iniciativas, panfletos y anuncios en El Pais siempre subvencionados por él. Defendía la necesidad de que cualquier persona pudiera ser representado y defendido dignamente, y luchó por garantizar esa libertad frente al poder público, frente a los tribunales, frente a cualquiera que lo impidiera.

Desde la creación de Bomarzo y la Revista de Derecho Social, fue un entusiasta participante de las Jornadas de Albacete. Intervenía siempre, actuaba, mantenía la línea política que convenía, sugería. Expresaba también sus fobias, era vehemente. Ante todo libre. Un hombre libre. Muchos – en la derecha, pero también entre la propia o soi disant izquierda – le criticaban. No soportaban su capacidad de ser feliz porque era libre. Libre y solidario. Como muy poca gente he conocido.

Nacho Montejo era mi amigo. Y estoy desolado porque ya no esté ahí, como siempre, al volver de una esquina en el barrio, en la sesión matinal de las Jornadas de Albacete, respondiendo al teléfono sobre cualquier cuestión, atendiendo a algún cliente que le envío. Triste porque nunca pensé que podría estar escribiendo una nota en su memoria para mi blog. Abatido porque hemos perdido a una persona irrepetible y necesaria. Conmovido por su ausencia, demasiado grande que nos deja un vacío inmenso en estos tiempos sombríos.

viernes, 12 de julio de 2013

POLÍTICA DE AUSTERIDAD Y APATÍA DE LA IZQUIERDA EN EUROPA






Las políticas de austeridad que obligan a recortar los gastos públicos para equilibrar los déficit fiscales, contribuyen a profundizar la crisis y transfieren sus costes a las clases sociales que no los han generado. El texto que se trae a continuación está extraído de un artículo más largo de Antonio Lettieri que está publicado en el último número de Insight. En él se mantiene que el objetivo estratégico de la austeridad es imponer unas "reformas de estructura" que descabalguen el modelo social de los países del sur de Europa y anulen el poder de los sindicatos en la ordenación de las relaciones laborales. Una tesis atractiva que debería impulsar un debate sin autocensura en el seno de la izquierda europea y preparar una alternativa fuerte en las elecciones europeas del 2014.





AUSTERIDAD Y APATÍA DE LA IZQUIERDA EN EUROPA
Antonio Lettieri
(Extraído de “Lotta di clase e apatía nell’eurozona”, Insight jul-agosto 2013,

Si los efectos catastróficos de la austeridad son evidentes y han sido denunciados por la mayoría de los economistas, ¿por qué los líderes europeos se obstinan en una política claramente sin sentido? El sentido se comprende sin embargo mirando la otra cara de la medalla. Para la élite política que gobierna la eurozona la austeridad no es el fin último, sino el instrumento para llevar adelante las autodenominadas reformas estructurales, dicho en otras palabras, el cambio del modelo social europeo.

La austeridad es sólo una cara de la moneda. Las reformas estructurales (contracción del gasto social, desregulación del mercado de trabajo y privatización progresiva de los servicios públicos) son la cara natural, estratégica, de la moneda. Tras la máscara de la austeridad, la derecha política y tecnocrática combate su moderna lucha de clases no declarada y unilateral frente a adversarios que la crisis y la austeridad han debilitado.

En Norteamérica, Buffet, con un típico ataque de sinceridad, refiriéndose al crecimiento vertiginoso de la desigualdad social, había afirmado: “Hemos ganado una lucha de clases sin combatirla”. En Europa se prefiere, con una hipocresía extendida, denunciar la austeridad, pero sin apuntar al blanco central, que es la desintegración del modelo social europeo, el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la aniquilación del poder contractual de los sindicatos.

El caso italiano es en este sentido ejemplar. Conviene recordar que en el verano del 2011, el BCE había realizado una síntesis inequívoca de la política de la zona euro. La carta, inicialmente confidencial, dirigida al gobierno Berlusconi y firmada conjuntamente por Jean-Jacques Trichet, presidente en funciones y por Mario Draghi presidente in pectore, fijaba los puntos centrales de la política de reformas estructurales en el tema de trabajo:
-          La enésima reforma del sistema de pensiones destinada a elvar la edad de jubilación hasta los 70 años.
-          La liberalización de los despidos mediante la modificación del Estatuto de los Trabajadores
-          La liquidación de la negociación colectiva de sector estatal – que en el sistema italiano equivale a la fijación de un salario mínimo en relación con el sector de pertenencia – poniendo en el centro la negociación de nivel empresarial, donde el número de trabajadores cubiertos por un convenio colectivo no supera el 20% de los trabajadores empleados.

El gobierno Monti, fiel ejecutor de las políticas de austeridad y reformas europeas adoptó las prescripciones que provenían de Frankfurt y de Bruselas como su auténtico programa de gobierno igual que los Rajoy, Samaras y Passos Coelho, que, en nombre y por cuenta de Berlín y Bruselas, gobiernan España, Grecia y Portugal. El resultado no puede ser peor. Italia entra en la recesión más larga de la segunda posguerra y el desempleo que era el 6,1 % antes de  la crisis, se duplica actualmente con un 12,2 %.

Desaparecido Monti de la escena política tras la derrota electoral, el gobierno Letta, sostenido por una alianza contra natura, tiene su futuro, de un lado en las manos de Berlusconi que busca en el gobierno un escudo aunque sea de latón, frente a las sentencias condenatorias que le persiguen, de otro en el apoyo de Berlín, Frankfurt y Bruselas, que por el momento no han salvado del desastre a ninguno de los otros países de la periferia mediterránea.

Muchos cultivan la esperanza que Alemania cambie su política tras las elecciones de septiembre. Es una esperanza ilusoria. Es mas que probable que Angela Merkel, que goza del más alto consenso popular de todos los gobiernos occidentales, conquiste su tercera presidencia del gobierno. Incluso si tuviera que formar una Gran Coalición con SPD o con Los Verdes o con ambos, es prácticamente improbable que Alemania cambie su política. Pese a haberse reducido la velocidad del crecimiento, Alemania ha obtenido de la crisis de la Zona Euro la ventaja doble de tasas de interés extremadamente bajas y un cambio del euro infravalorado respecto a su enorme superávit comercial. Berlín tiene un poder de veto y de orientación al que ningún partido pensará no digamos renunciar, sino ni siquiera poner en discusión.

Otra cosa es lo que suceda en las elecciones para el parlamento europeo en la primavera de 2014. Las revueltas populares, que hasta ahora han ocupando las calles y las plazas griegas, españolas, portuguesas, y el creciente euro-escepticismo que atraviesa a los partidos italianos y a la izquierda francesa podrían manifestarse en las urnas, sacudiendo la hegemonía de Berlín y la arrogancia tecnocrática de Bruselas.

Pero es muy arriesgado hacer previsiones hoy. La única razonable es que, sin un cambio radical de la política de austeridad y de las reformas estructurales, de las que son el complemento estratégico, la zona euro está destinada a una agonía más o menos ñlarga. Lo paradójico es que los partidos políticos de la izquierda tradicional viven en un estado de filo-europeismo metafísico que impide que nazca un debate franco y abierto sobre el futuro de Europa. Desde este punto de vista, las elecciones europeas de la próxima primavera se presentan como una buena ocasión para impulsar a las izquierdas europeas a salir de su apatía.


Nota de la redacción: El texto de la carta de TRichet / D raghi a que se refiere el texto fue publicada en la blogosfera de Parapanda en el blog de Joaquín Aparicio : La carta secreta del Banco Central Europeo
Como se sabe, el gobierno Zapatero también recibió una misiva. Lamentablemente permanece secreta.