domingo, 18 de enero de 2026

UNA NUEVA ESTRATEGIA DIPLOMÁTICA ANTE EL IMPERIALISMO NEOCOLONIZADOR DE TRUMP (HABLA AGUSTIN SANTOS, DIPUTADO DE SUMAR)

 


Vivimos tiempos convulsos. La agresividad del imperio norteamericano se ha materializado en una serie de hechos que están marcando un inquietante comienzo de año. El 15 de enero, en el Congreso de los Diputados español, ras el ataque de EEUU a Venezuela y el secuestro de su presidente en activo Nicolas Maduro y la publicitada anexión de Groenlandia por la administración Trump, Agustín Santos Maraver, diplomático y diputado de SUMAR, efectuó un análisis extremadamente interesante de la situación que la revista amiga Sin Permiso ha reproducido en su último numero de enero y que ahora, por su evidente interés, la incorporamos a este blog agradeciendo este “préstamo de uso”, en la idea de que la problemática internacional es en este momento el espacio de actuación política wue exige una respuesta más acuciante con un cambio de política y de estrategia diplomática fundamental. La intervención de Agustín Santos (esta vez sin utilizar la identidad del añorado Gustavo Buster) suministra claves de interpretación de la situación y propuestas creíbles de cambio de estrategia más allá de las reacciones más vehementes pero posiblemente de mucha más dudosa realización  que mantiene otra parte de la izquierda política. La amable audiencia del blog previsiblemente apreciará el análisis y la reflexión operativa sobre este tema que captura nuestra atención en este comienzo del año.

La administración Trump han bloqueado Venezuela, realizado asesinatos extrajudiciales, secuestrado a su presidente en ejercicio Nicolás Maduro, bombardeado el país con más de 100 víctimas. Ha sido una violación descarnada del derecho internacional y del derecho humanitario que ha convertido a Venezuela, bajo el chantaje de más violencia, en un protectorado de Trump, que expropia ya su petróleo y decide como venderlo en flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas. Creo que todos hemos comprendido lo que significa la Doctrina Monroe para el presidente Trump, que ya pretende situar a Marcos Rubia como presidente de una pseudo república, mientras aprieta el cerco a Cuba, a pesar de la resolución anual de NNUU contra el bloqueo de la Isla. Este es el clima en el que se prepara la Cumbre Iberoamericana de noviembre de 2026 en Madrid, si no impide Trump su celebración. Como escribió Simón Bolívar en 1829: “Los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Ayer se decidió probablemente en Washington el destino de Groenlandia, porque Trump no cree que la OTAN, que Dinamarca, son capaces de defenderla en el nuevo reparto de zonas de influencia del Ártico, cuyos fondos marinos son por el Tratado del Mar, patrimonio de toda la Humanidad. Y después, con los mismos argumentos, la administración Trump pretenderá las Islas Svaldbard, de soberanía noruega, como apuntó ayer el New York Times.

Es verdad que los precedentes son un cúmulo de horrores aún mayores: la guerra y la invasión rusa de Ucrania; el genocidio que no cesa en Gaza; las guerras vicarias de Sudán, Yemen y Congo; la guerra civil de Birmania, la sangrienta represión estos días en Irán…y otras cuantas.

La fuerza sustituye al derecho internacional

La utilización descarnada de la fuerza, solo limitada por la dudosa moralidad personal de Trump, que tan bien ha explicado Stephen Miller, es la expresión de un imperialismo neocolonizador que pretende sustituir unilateralmente el sistema multilateral de NNUU -un sistema surgido de la derrota del fascismo y de la descolonización, que representa a 196 estados miembros-, por un reparto de zonas de influencia multipolar basado en la amenaza nuclear. Es como si la civilización no hubiera aprendido nada de los horrores de los siglos XIX y XX y estuviéramos condenados a repetir aquella barbarie. La geopolítica se está convirtiendo en algo más peligroso para la Humanidad que la pobreza, las epidemias o las catástrofes climáticas y amenaza con bloquear toda esperanza de futuro.

 Es sobre el pesimismo global, la falta de una alternativa basada en la libertad y la igualdad republicanas, como crece la extrema derecha, el autoritarismo, la oligarquía tecnocrática, en un nuevo asalto a la razón, en el momento en el que es más necesario que nunca mantener la cooperación, guiarse por la ciencia y buscar soluciones multilaterales a los problemas globales, como los acuerdos climáticos de Paris o la Agenda 2030, que son el programa mínimo de supervivencia de la Humanidad en este siglo XXI.

Venezuela, Irán, Groenlandia

Efectivamente, hay que acompañar la situación en Venezuela para evitar que sea un protectorado de Trump. Alentar el diálogo nacional de todas las fracciones políticas para reconstruir su soberanía violada, crear el clima para ello con la liberación de todos los presos, incluido Nicolas Maduro, levantar unas sanciones que, como en la mayoría de las ocasiones, perjudican sobre todo a los más desfavorecidos. Gracias al expresidente Zapatero y a nuestra embajada en Caracas por haber hecho de la liberación de los presos uno de los ejes de su trabajo. De la firmeza de ese acompañamiento, de la amplitud de las alianzas tejidas, depende el futuro de América Latina, de la Comunidad Iberoamericana, de que en nombre de la Doctrina Monroe no se secuestre, se deporte a migrantes, se asesine extrajudicialmente en nombre de MAGA y se ahoguen los sueños republicanos de Bolivar, San Martín, Martí y también del general Riego.

Efectivamente, hay que condenar sin ambages la represión en Irán por el régimen teocrático, que ya suma más de 2.500 muertos, que niega los derechos más elementales de las mujeres, pero evitar que se convierta en una excusa que permita una nueva intervención de EEUU o Israel que desestabilice aún más Oriente Medio.

El Presidente Trump, después de exigir el aumento del gasto militar al 5% de los estados miembros, puede acabar con la OTAN si anexiona Groenlandia. ¿Qué sentido puede tener el art. 5 del Tratado Atlántico si el enemigo está dentro, como ha advertido la primera ministra danesa, si se reparten Ucrania Trump y Putin? ¿Qué garantía tenemos que Rota, base esencial de gestión del sistema antimisiles de EEUU en Europa y el Mediterráneo no esté nuclearizada, en violación de nuestra participación en el TNP? ¿Para cuándo nuestra adhesión al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares?

Tres ejes para una nueva política exterior y de defensa

Es evidente que España, que todos los estados de la Unión Europea necesitan reconstruir sus estrategias diplomáticas y de seguridad.

El primer pilar de nuestra estrategia diplomática y de seguridad es sin duda la defensa del multilateralismo, de Naciones Unidas, de sus organizaciones, que representan a 196 estados y cuya sustitución por una cooperación jerarquizada y limitada a las zonas de influencia de las grandes potencias sería el preámbulo de confrontaciones militares mayores. Hay que apoyar de manera decidida, impulsar a la UE para que lo haga, su financiación, su funcionamiento, haciendo de la Asamblea General su eje, mediante alianza entre la Unión Europea y el Grupo de los 77 que tenga mayoría y que pueda abordar aquellas tareas que impide el bloqueo del Consejo de Seguridad por el veto de las grandes potencias. La elección del nuevo secretario general, en sustitución de Antonio Guterres, será una prueba de fuego decisiva para la supervivencia de NNUU.

El segundo pilar es obviamente el europeo. Necesitamos si, más Europa, capaz de jugar su peso económico en la actual confrontación geopolítica. Pero Europa se encuentra dividida por el fracaso de la austeridad neoliberal, los regímenes autoritarios y el ascenso de la extrema derecha. Reconstruir la UE como sujeto internacional exige cambiar su rumbo. La vía de la economía de guerra, del rearme, de la austeridad y la inflación implícitas debilitarán su cohesión interna, cuyos motores son la democracia y el estado de bienestar. Esa vía lleva a menos Europa, no a más Europa. Porque a corto y medio plazo, cuando se necesita una alternativa independiente al imperialismo y el neocolonialismo, se seguirá gastando el 69% del presupuesto militar en armamento de EEUU, en el chantaje y las falsas garantías de misiles nucleares de alcance medio a utilizar en suelo europeo a conveniencia de las grandes potencias. Esa Europa potencia quedará rápidamente bloqueada porque los países del este europeo, en su giro autoritario, preferirán negociar bilateralmente su vasallaje estratégico con Trump o Putin.

La Unión Europea que necesitamos es otra, es la Europa de los ciudadanos, asentada en un auténtico rearme moral de la democracia, el reforzamiento del estado de bienestar y el abandono definitivo del neoliberalismo. Capaz de volver a discutir y adoptar un Tratado Constitucional y una gobernanza plenamente democrática, que pueda pasar de la coordinación de capacidades a un auténtico ejército europeo basado en la ciudadanía europea como fuente de soberanía.

Los pasos prácticos en esta vía se harán cada vez más evidentes: una diplomacia europea capaz de negociar el cese el fuego en Ucrania, su observación y negociación de un acuerdo de paz que dé seguridades a todas las partes implicadas, a partir del multilateralismo de la OSCE y Naciones Unidas. Hay que recuperar el espíritu de la Declaración de Astana de 2010. La partición de Ucrania entre Trump y Putin solo harán permanentes la inseguridad y la confrontación geopolítica en Europa, a costa de los europeos.

El tercer pilar exige volver a mirar a las alternativas diplomáticas y de seguridad del Estado español al final del franquismo. Se acabó imponiendo, como en tantos otros aspectos esenciales, una interpretación del atlantismo resultado de la guerra fría, del vasallaje antidemocrático, convirtiendo los desiguales acuerdos del franquismo con EEUU en la base de los actuales acuerdos bilaterales que justifican la presencia de armas y tropas extranjeras en nuestro suelo y fuera en la práctica de nuestra soberanía. Y finalmente la entrada en la OTAN en 1986 y posteriormente en su organización militar, a pesar de las condiciones del referéndum, sin las cuales no se hubiera aprobado.

No era la única vía. Fernando Morán propuso entonces recuperar la noción de una neutralidad profundamente enraizada en la aspiración europeísta, volcada en el multilateralismo, capaz de recuperar, como establece la Carta de Naciones Unidas, la renuncia a la fuerza en el ámbito de las relaciones internacionales y limitándola estrictamente a su uso defensivo. De este principio se desprende una estrategia diplomática europeísta y multilateral como eje de la defensa de nuestros intereses en un mundo de tensiones geopolíticas, pero también una doctrina de seguridad nacional y de defensa distinta a la actual otanista, basada en el compromiso europeo y la defensa territorial.

El Trumpismo no durará 1.000 años

Todos los imperios prometen durar 1.000 años. Pero la propia complejidad de la civilización globalizada e industrial desmiente esta posibilidad cuando se basa en la fuerza y no en el derecho internacional.

El Trumpismo ganó su segundo mandato por un estrecho margen. En un año ha sido incapaz de cumplir ninguna de sus promesas electorales, a pesar de contar con una mayoría absoluta. Según las encuestas, su base social se está erosionando por el coste de la vida, los precios de la vivienda y la educación, la crisis de infraestructuras. Su intento de enfrentar a la emigración más pobre con una clase trabajadora precarizada y desindustrializada esta provocando una cadena de movimientos sociales cuyo último ejemplo estamos viendo en Minesotta. Mamdani, un demócrata socialista ha sido capaz de barrer primero en las primarias demócratas y ganar la alcaldía de Nueva York. Trump puede perder su mayoría absoluta institucional en las elecciones de medio término y ver bloqueado su unilateralismo en la Cámara de Representantes. De las nueve guerras que dice haber mediado para exigir el Premio Nobel, en ninguna han callado las armas.

El reto que tenemos ante nosotros es civilizatorio, una encrucijada para la humanidad, que se encontrará gestionando unos márgenes climáticos catastróficos desde mediados de este siglo XXI. Sustituir el multilateralismo por el imperialismo y el neocolonialismo es la vía equivocada, es el camino al desastre.

Así que estamos de acuerdo en lo fundamental: resistir el asalto a la razón, recomponer las mayorías sociales articulando sus intereses, defender la democracia, con tenacidad y paciencia estratégica…..Eso exige una reorientación de raíz de nuestra política exterior y de defensa.


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