lunes, 9 de mayo de 2016

EL TRABAJADOR AUTONOMO ECONÓMICAMENTE DEPENDIENTE (TRADE): ASPECTOS JURÍDICOS


Advertía Fernando Valdés de “la formidable expansión que el trabajo autónomo ha experimentado en el curso de los últimos años de la mano de la descentralización productiva; expansión ésta alentada e incentivada, por otra parte, mediante acciones normativas, nacionales y europeas”, y explicaba asimismo que el trabajador autónomo había mudado su fisonomía, y planteaba que “la utilización del trabajo autónomo como instrumento privilegiado de la externalización de actividades ha tenido el efecto de desvelar las carencias de la  protección jurídica del trabajo autónomo y, por consiguiente, la exigencia de instituir un estatuto profesional al que no pueden ser ajenos algunos mecanismos de tutela ya probados en el ordenamiento laboral”, de donde surgió la propuesta de crear un estatuto intermedio para una categoría específica de trabajadores autónomos jurídicamente pero económicamente subordinados, inspirados en  algunas experiencias comparadas, singularmente el para subordinato italiano. Y esa propuesta encontró, con algunas restricciones importantes respecto de los proyectos iniciales, el cauce legislativo oportuno en la Ley 20/2007.

De esta Ley, la figura del TRADE – o trabajador económicamente dependiente -  resultó ser, sin duda alguna, la más emblemática y sobre esta se volcó en poco tiempo una bibliografía a estas alturas abrumadora que concentró los esfuerzos de la doctrina iuslaboralista durante dos años consecutivos, pero que, a la llegada de la crisis, ha remitido de forma importante. La escasa densidad estadística del TRADE y la sustitución de este paradigma de relación laboral por el del emprendimiento y el emprendedor (siempre en masculino singular, para acentuar la importancia del individualismo en esta nueva figura) han hecho remitir el interés por esta materia.

Sin embargo, el trabajo autónomo ha ido creciendo durante la crisis, y se han dado fenómenos de migración desde el desempleo a este sector, pero sin que el espacio específico del TRADE se amplíe considerablemente. Sin embargo, son muchas las prescripciones legales que han sido modificadas después del 2007, en especial a partir de la llegada del Partido Popular al gobierno, y lógicamente también la jurisprudencia sobre este asunto ha ido acumulando fallos que desarrollan los preceptos legales.

Joaquin Pérez Rey , que ha estudiado este tema de manera exhaustiva, ha publicado un libro en la colección básicos de la Editorial Bomarzo en el que pretende dar cuenta de estas novedades legislativas y jurisprudenciales, en el contexto del análisis y exposición de la figura del TRADE. Es un libro muy completo que  pasa revista a los elementos característicos del TRADE, se examinan los puntos por los que esta figura tiene dificultades para ser integrada en la práctica empresarial, y se analiza incluso esa forma atípica de negociación colectiva que se denomina Acuerdo de Interés Profesional.  Un trabajo que seguramente va a resultar muy útil no solo para las asociaciones de Autónomos y organizaciones afines, sino para el iuslaboralista en general, asesores sindicales y abogados, asi como a estudiosos de las relaciones laborales.


A continuación se incluye el índice-sumario del libro y su localización


El régimen profesional del trabajo autónomo económicamente dependiente: novedades legales y jurisprudenciales





Introducción.

1. Definición de trade.

2. Exclusiones de la condición de trade.

3. El contrato del trade y el cliente principal.

4. Condiciones del contrato trade.

5. Interrupciones justificadas de la actividad profesional.

6. La extinción del contrato trade.

7. Los acuerdos de interés profesional.

8. Competencia jurisdiccional.

9. Solución autónoma de conflictos.

10. Bibliografía

Precio: 14 €
ISBN: 978-84-16608-27-0FECHA DE EDICIÓN: 2016FORMATO: 14x21 NÚMERO DE PÁGINAS: 120COLECCIÓN: Básicos de Derecho Social



domingo, 8 de mayo de 2016

AUSTERIDAD, DESARROLLO Y DERECHOS SOCIALES



Se ha realizado el 7 de mayo en el Centro de Estudios Judiciais de Lisboa, un encuentro internacional patrocinado por este organismo junto con la Fundación Ebert para el análisis y el debate sobre las políticas de austeridad en el sur de Europa y su impacto sobre los derechos sociales. El evento, que presentaron Viriato Reis por parte del CEJ y Reinhard Naumann por parte de la Fundación Ebert, se nucleaba en torno a la presentación en Portugal del número 1 de la Revista de Derecho Social Latinoamérica en su versión digital. En él por tanto se pretendía generar un espacio de debate en donde pudieran avanzar líneas de discusión no sólo en torno a la problemática europea, sino también respecto de la situación en América Latina.

El acto se estructuraba en torno a una primera serie de intervenciones que planteaban los grandes temas del debate en cuatro escenarios nacionales diferentes. En primer lugar, en el caso español, la intervención de Antonio Baylos insistió en las consecuencias políticas negativas para la democracia y la degradación de los derechos sociales que se ha ido progresivamente afirmando en los últimos cuatro años en una tensión hacia la remercantilización del trabajo y el reforzamiento del poder del empresario en el gobierno concreto de la relación salarial. Para el caso portugués, Maria de Paz Campos Lima, efectuó un exhaustivo examen de las reformas estructurales en ese país, enfatizando que la crisis del 2008 es una crisis del neoliberalismo que se intenta solventar con mayores recetas neoliberales, no solo en estos cuatro años de austeridad, sino todavía hoy como se manifiesta en  la resistencia a la que actualmente todavía se enfrentan las medidas del gobierno de izquierda portugués respecto del incremento del salario mínimo, que se define por los informes de la Comisión como un elemento negativo para el empleo y la productividad que obstaculiza la flexibilidad negociada de las condiciones de trabajo a la baja, y  terminando con una advertencia sobre la negociación del TTIP como instrumento importante de reforzamiento de las empresas transnacionales.

A continuación Wolfgang Däubler presentó una larga intervención en la que analizaba tres importantes retos a los que se enfrenta el derecho del trabajo actualmente: la globalización y la emergencia de la empresa transnacional como sujeto activo en este espacio, que puede, a través de mecanismos fuertes como el TTIP o el CETA, poner en peligro políticas sociales y del medio ambiente si éstas defraudan “las legítimas expectativas de inversión” de las empresas en el espacio de mercado de que se trate. En segundo término, el avance de la desigualdad en las relaciones de trabajo y la continua segmentación y segregación de franjas de trabajadores, y en último lugar, los retos que la digitalización plantea al derecho del trabajo, tanto en materia de tiempo de trabajo / tiempo de vida y en cuanto cantidad de trabajo, como en lo referente al cloudworker o la digital economy. Por último, Sayonara Grillo Coutinho efectuó un análisis crítico general sobre los impulsos a la remercantilización del trabajo y se interrogó sobre el papel que el derecho constitucional, el derecho internacional y la alegación de los derechos humanos pueden aportar al garantismo judicial y la participación democrática como grandes líneas de resistencia ante estos procesos, insistiendo en la importancia de la función judicial como garantía frente a la desconstitucionalización del trabajo.  

En una segunda mesa, el tema se replicó, primeramente a través de una introducción de Manuel Carvalho que enfatizó la transferencia de rentas del trabajo a las de capital como efecto fundamental de las políticas de austeridad en Portugal , mediante la exposición de Isabelle Daugareilh  de los últimos cambios normativos y las reformas del 2015, incluido el debate sobre la ley de trabajo que está discutiéndose en la actual, mostrando además el espacio de experimentación de las prácticas derogatorias por parte del empleador, y las discriminaciones sindicales que se realizan en el marco del proceso de negociación colectiva. El proyecto de ley que está debatiéndose, con más de 5.000 enmiendas, contiene una serie de cuestiones muy negativos, que están siendo objetadas en las calles y en el movimiento de “La noche en pie”, pero hay también en el área individual algunos elementos interesantes y garantistas, incluido la incorporación al texto de un capítulo sobre los principios del derecho del hombre que trabaja, en la línea de la propuesta de Badinter  y Lyon Caen. Pero lo más llamativo es la atribución a la negociación colectiva, también derogatoria de toda la materia del tiempo de trabajo, salvo los mínimos salariales. El tema de la flexibilidad a la baja en el tiempo de trabajo y la desregulación de la norma estatal en estos aspectos constituye por tanto un eje central de las nuevas medidas. Por último Joaquín Aparicio efectuó una aproximación a la crisis desde la descripción de la crisis económica, social, política y ética que ha devastado España, explicando los principales instrumentos legislativos de la austeridad, desarrollando especialmente la problemática del factor de sostenibilidad como instrumento de contención y degradación de las pensiones y la tendencia a convertir la Seguridad social en un conjunto de prestaciones mínimas de carácter asistencialista.

El acto ha servido asimismo para presentar y dar a conocer la Revista de Derecho Social Latinoamérica de cuyo número 1 se han hecho una serie de ejemplares en papel como forma de “materialización” de la versión digital en la que ésta se distribuye y a la que se puede suscribir. Los materiales de esta conferencia servirán así de materiales básicos para el próximo número 2 de la Revista que saldrá a la luz en octubre del 2016.

Previamente, el dia antes, con prácticamente los mismos protagonistas - Sayonara Grillo, Antonio Baylos y Wolfgang Däubler - se había realizado un acto cultural organizado también por la Fundación Ebert en cooperación con DINAMIA-CET/ISCTE-IUL, Lisboa y presentado por Eduarda Gonçalves,y Reinhard Naumann con la participación de Paulo Marques, economista de este Instituto, en el que se abordó asimismo, desde una perspectiva más generalista, las consecuencias de la austeridad sobre las sociedades a las que se había aplicado estas políticas de ajuste.  Se añaden algunas fotografías de ambos actos.     



jueves, 5 de mayo de 2016

DEMOCRACIA AMORDAZADA



Bajo este título, se celebra hoy, 5 de mayo, en el Auditorio Marcelino Camacho de Madrid, un acto, en el mes dedicado a la Cultura y el Trabajo que ha organizado el Ateneo 1 de Mayo de la USMR de CCOO, que dirige Paula Guisande. En él intervendremos Rafa Fraguas, Pedro de Alzaga, Concha Roldán y un servidor de ustedes. A continuación se colocan unas reflexiones generales que tangencialmente abordan el tema objeto del debate.

No es ningún secreto para nadie que desde hace ya mucho tiempo la libertad de prensa y la libertad de información no cumplen los objetivos que decían perseguir en una democracia liberal. La prensa libre ofrecía a la ciudadanía información sobre los acontecimientos desde una visión pluralista de manera que ésta pudiera formar su opinión libremente basada en su propio juicio y razón, lo que consecuentemente convertía a la prensa y a la imprenta en elementos fundamentales para pensar y decidir políticamente. La creación de la prensa obrera se insertaba en este paradigma liberal, ofreciendo un punto de vista diferente y alternativo a la prensa burguesa, pero compartiendo la idea de la función iluminista y formadora de opinión de ésta. Hace ya mucho tiempo que con la llegada de los medios de comunicación de masas, estas nociones se han modificado, pero aún se puede encontrar una fuerte reivindicación del valor informativo de una televisión pública y de calidad, de unos medios de comunicación que educan, informan y suministran una valoración ponderada y plural de la realidad.

Las dictaduras aborrecen la libertad de información y el pluralismo y conforman una suerte de monopolio informativo acompañado de la censura previa. De estas cosas en España sabemos mucho, porque la dictadura de Franco pasó cuarenta largos años sobre estas bases, aunque agrietadas en el tardofranquismo especialmente a partir de las revistas mensuales o semanales de opinión – Cuadernos para el Diálogo, Triunfo – o las revistas de humor – Hermano Lobo, Por Favor – que recibieron en muchas ocasiones los zarpazos de la ley de Prensa de Fraga y que tenían un contrapunto en la numerosa y cada vez más desarrollada prensa clandestina. La instauración del sistema democrático trajo consigo una explosión pluralista de medios de expresión libre, que conocieron su cénit entre 1976 y 1986. Prensa y comunicación libre y pluralista, con una fuerte influencia de la cultura de izquierda que se prolongaba en la producción de libros, la prensa sindical y política, las librerías.

A partir de la década de los noventa, sin embargo, la situación comienza a cambiar, y la despolitización generalizada incide en un cambio importante en el tejido televisivo y en la propia conformación paulatina de los medios de comunicación como una importante oportunidad de negocio. La lucha de las plataformas digitales, la concesión de licencias de radio, y la globalización de las inversiones en medios de comunicación, van cambiando de manera acelerada el espacio de la información, que progresivamente se va homogeneizando políticamente, impidiendo la expresión del disenso o simplemente de opiniones discordantes.

La situación es ya muy crítica en la primera década del siglo, cuando se producen las últimas escaramuzas para crear una prensa diferente, dando por perdida cualquier posibilidad de encontrar un espacio plural en las televisiones públicas, como señalan los terribles casos de Tele Madrid o de Canal 9 y luego repetidos en tantas otras. La fusión de cadenas y la concentración de empresas en este medio es a su vez otro elemento característico. Los periódicos “formales” se sitúan ideológicamente de forma cada vez más pétrea y la consecuencia es doble: la invisibilización de la protesta social y la desinformación y el adoctrinamiento como norma de estilo. 

La libertad de información se ha convertido en libertad de empresa. Grandes corporaciones financieras e industriales dominan plenamente el soporte mediático de la información, y condicionan la libre expresión de las ideas, impidiendo de hecho el pluralismo ideológico y político. Más aún, conscientes de su capacidad de “construir” realidad, tergiversan y manipulan los hechos, silencian las voces y las opiniones discordantes, marginan las expresiones de resistencia y de disenso que excluyen de la crónica continua de una normalidad inducida, y desacreditan de forma impresentable cualquier actitud, opinión o decisión que sea crítica con ese estado de cosas. Las televisiones púbicas en nuestro país, tras los cuatro años del Partido Popular, se han convertido en un vertedero de tópicos y consignas de apoyo al gobierno y al partido que le sostiene. Una parte de la prensa sostenida y “empotrada” en el poder económico sirve con entusiasmo esos mismos fines, y es premiada por ello como demuestra el esperpento de nombrar al director de La Razón comisario honorario de policía por los servicios prestados. Otra, con más nervio, muestra su autoridad exigiendo – y obteniendo- actitudes concretas de los sujetos políticos en liza, denigrando con violencia cualquier iniciativa de cambio social o económico. Sólo algunos medios digitales nacen como residuo de la información plural.

Todo ello en medio de un panorama de destrucción de empleo, despidos y desaparición de la profesionalidad del oficio del periodista. Que se encuentra cada vez más precarizado y sin derechos, mano de obra que tiene que servir voluntaria y colaborativamente las indicaciones del patrón. Aunque éstas sean indignas y falsas. La libertad de prensa se encuentra amenazada, y el oficio de periodista es hoy un espacio de trabajo sin apenas autonomía, inestable y de baja remuneración. Los medios tradicionales se recomponen económicamente a cada instante, y la información se refugia en medios digitales principalmente. Con la crisis económica general, los despidos colectivos recorren este sector diezmando a sus profesionales.

La voz de los trabajadores, la libre expresión y opinión de quienes se encuentran en una posición subordinada social y económicamente, sus vivencias y sus problemas, no encuentran acomodo en el panorama mediático actual. No sólo son silenciados e invisibles, sino que con gran frecuencia la imagen que se proyecta es plenamente deformada. En especial respecto de las organizaciones que representan a las trabajadoras y trabajadores de este país. Hay un preconcepto sobre el sindicato que oscila entre la ineficiencia y la impotencia, en las visiones más “positivas”, hasta su prescindibilidad y arcaísmo, pasando por la clásica retahíla de corruptelas y complicidades. El sindicato que se construye para la opinión pública no tiene mucho que ver con el sindicato que actúa en los lugares de trabajo, pero justamente esa es la consecuencia posiblemente buscada, la de desconectar esa experiencia organizativa y de acción colectiva de la capacidad de ese mismo sujeto de presentar un proyecto de reforma y transformación de la sociedad. De esta manera se muestra como algo inviable la acción colectiva que tiene sus raíces en la explotación del trabajo, al oscurecer cualquier vínculo del sindicalismo – preferentemente el confederal, u “oficial” según la prensa – con esa situación básica del dominio del poder privado en el trabajo concreto, exhibiéndolo por el contrario como un sujeto público, casi una para-administración pública que gobierna de manera ineficaz los vaivenes del empleo y es incapaz de lograr soluciones a la realidad social del país.

Este uso desviado de la información que silencia y deforma a la vez tiene su momento exasperante con ocasión de los grandes conflictos o huelgas promovidas por los sindicatos. Entonces se presenta al sindicato como un grupo de matones que amenazan a las personas hornadas que quieren trabajar o abrir su negocio en el día de huelga, y la cobertura mediática busca fotografiar el enfrentamiento con la policía, las hogueras en las calles, las nubes de humo. La represión posterior y selectiva frente a estas medidas de conflicto no aparece, ni siquiera como una consecuencia natural de la forma de mostrar el desarrollo de la huelga. En el caso de la represión penal de los piquetes de huelga y la aplicación del delito de coacciones laborales, ha tenido que ser la movilización sindical en las calles la que consiguiera que – no todos, principalmente los medios digitales – se hicieran eco de esta ofensiva represiva.

La libertad de expresión de las clases subalternas es extremadamente débil, y la voz de la clase social de quienes trabajan, pese a poseer instrumentos organizativos de densidad afiliativa y representativa consistentes – mucho mayores que los partidos políticos – no se transmite al resto de la sociedad. La mediación que ejercita una información sometida plenamente a los intereses de los grandes grupos económicos que la controlan, obstaculiza esta conexión entre la situación de origen, el trabajo asalariado, devaluado en gran medida y precarizado de forma importante, y el proyecto de sociedad más igualitaria y libre, en el que la democracia implique pleno ejercicio de derechos sociales en el marco de un Estado comprometido en la nivelación social y el impulso a una economía plural, no plenamente dominada por las instituciones financieras.