martes, 11 de septiembre de 2018

IMAGINANDO EL FUTURO DEL DERECHO DEL TRABAJO: REFLEXIONANDO SOBRE LA GIG ECONOMY, LA DIGITALIZACIÓN Y LAS RELACIONES ENTRE LA ECONOMÍA Y EL DERECHO




Un seminario que lleva por título Trabajando el futuro del derecho del trabajo no podía por menos que abordar un tema recurrente actualmente, la referencia a la economía digital y su influencia en la transformación del trabajo y de las relaciones individuales y colectivas que de él se desprenden en la actualidad. Antonio García-Muñoz, asistente y cronista de este seminario de jóvenes iuslaboralistas europeos, pone asi punto final al relato de los interesantes debates que se desarrollaron en Puglia coincidiendo con el final del verano.

Llegamos al final de la crónica de lo sucedido en San Vito dei Normanni con el relato de las dos últimas jornadas, en las que los temas propuestos eran automatización y digitalización de la economía (jornada tercera) y una reflexión sobre la relación entre economía y derecho (jornada cuarta).

La digitalización de la economía, la automatización, los robots y los algoritmos se han convertido en los últimos años en temas recurrentes para el iuslaboralismo, frecuentemente en un tono distópico y casi apocalíptico que profetiza nada menos que el fin del trabajo tal y como lo conocemos. No ha habido prácticamente conferencia o seminario en el que no se haya abordado el tema, y las publicaciones sobre el mismo son inabarcables. No obstante, no está para nada claro qué hay detrás de tanto ruido, ¿se trata realmente ante un cambio de paradigma o es más bien un discurso interesado en proclamar el final del trabajo (subordinado y dependiente)?, ¿qué hay más allá del evidente atractivo que tiene en la imaginación humana la imagen del robot (que podemos rastrear en lejanos antecedentes como los autómatas de Hefesto o el Golem de Praga,) que sustituye al trabajador humano?, ¿tenemos que empezar a imaginar un futuro de sociedades sin trabajo? Todas estas preguntas y muchas otras se plantearon en la tercera sesión del seminario, que estaba a cargo de Ewan McGaughey (King’s Collegue, Londres) y el propio Vincenzo Pietrogiovanni.

La intervención de Vincenzo Pietrogiovanni apuntaba, más allá de las grandes cuestiones sobre el fin del trabajo o el impacto en los niveles de ocupación de los robots (que por cierto, no son cuestiones nada novedosas), a otros temas de gran relevancia para el derecho del trabajo relacionados con la interacción entre humanos y robots: problemas de seguridad y salud, privacidad o conflictos con la libertad y dignidad de los trabajadores en el puesto de trabajo.

En efecto, se pueden encontrar ejemplos actuales de estos problemas, tales como los derivados de la propuesta de una conocida empresa de que sus empleados vistan prendas inteligentes en el trabajo que indican su posición y graban sus interacciones con los clientes o los derivados de la utilización de sofisticadas tecnologías para cuantificar el desempeño de los trabajadores y su productividad. El patrón recurrente es una utilización de la tecnología de manera tal que acaba cosificando al ser humano en lugar de humanizar a la máquina, todo en nombre de la productividad y la competitividad. Se produce así, mediante la utilización de la tecnología por parte del capital, un incremento de las capacidades del empleador para dirigir, controlar y castigar a sus empleados, es decir, la tecnología, en su utilización unilateral, refuerza los poderes empresariales, lo que debe ser objeto de una reflexión desde el laboralismo en su búsqueda de límites a la explotación. La necesidad de restringir las posibilidades de utilización de la tecnología en aras del respeto y la protección de los derechos y dignidad de los trabajadores va en esta línea. Aquí también la negociación colectiva, mediante la inclusión en su agenda negociadora de estos temas, puede tener un papel relevante.

En el debate posterior, y muy en línea con las propuestas de Vincenzo Pietrogiovanni, se indicó la necesidad de democratizar la tecnología y su control, de tal manera que, partiendo de la constatación de que en la actualidad su diseño, producción y utilización no es neutral (la famosa falta de neutralidad del algoritmo), se llegue a propuestas para desarrollar una tecnología más compatible con la democracia y los derechos humanos.

Por su parte, Ewan McGaughey proponía un interesante recorrido por la historia de las relaciones entre tecnología y trabajo (con famosos precedentes como el movimiento ludita) para poner de relieve argumentos que deconstruyen la narrativa dominante. El desempleo masivo y la desigualdad no son tanto un efecto del desarrollo tecnológico como un problema democrático; el foco debería ponerse más en una política del derecho que persiguiese el pleno empleo y una mayor igualdad entre los participantes en el mercado laboral que en responsabilizar a la tecnología de los problemas señalados. Profundizar en una democracia social y extenderla a nivel global son elementos clave para que la tecnología, lejos de ser una amenaza a las condiciones de vida de millones de trabajadores, sirva para mejorar la vida de los seres humanos en todo el planeta.

En el tercero y último de los de los debates abiertos del seminario se produjo una situación paradójica y muy ilustrativa de los problemas del sur de Italia: en el debate iban a estar presentes Michele De Palma (sindicalista en la CGIL-FIOM, concretamente en FIAT) y Roberto Ciccarelli (filósofo y periodista italiano) para hablar sobre automatización y digitalización y su impacto en el trabajo. Sin embargo, el tren que debía conducir a este último desde Roma hasta las proximidades de San Vito nunca llegó a su destino, puesto que una avería le obligó a detenerse al poco de abandonar la capital italiana, lo que demuestra que los robots pueden convivir con problemas típicos del siglo XIX en perfecta armonía.

Por lo tanto, el debate se reconvirtió en un dialogo sobre el papel del sindicato en relación con las transformaciones del mundo del trabajo, en especial en relación con las nuevas tecnologías, que se extendió, en un ejemplo de mala praxis laboral, hasta pasada la media noche. Entre las ideas lanzadas por el sindicalista, en perfecta armonía con los debates de la mañana, estaban la necesidad de control en la aplicación de las nuevas tecnologías en el trabajo así como la conveniencia de una mayor colaboración entre los sindicatos a nivel supranacional para coordinar sus acciones dentro de las grandes empresas transnacionales, que son frecuentemente las pioneras en la utilización (o incluso producción) de las nuevas tecnologías.

Finalmente, la última de  las jornadas del seminario se dedicó a reflexionar sobre las relaciones entre economía y derecho. Esta sesión estaba coordinada por Gwenola Bargain (Universidad de Tours, autora del libro Normativité Economique et Droit de Travail, editado por Lextenso) y Auriane Lamine (vía teleconferencia, en un ejemplo de utilización positiva de las nuevas tecnologías).

Aquí se planteaba la gran pregunta sobre la independencia del derecho del trabajo del discurso económico o economicista, es decir, la autonomía científica de la disciplina. El punto de partida es el evidente impacto que el discurso económico dominante ha tenido sobre el derecho del trabajo, sobre sus contenidos, pero también sobre su misma concepción o las pretendidas funciones del mismo. Así, en la Unión Europea hemos podido contemplar el devenir de la idea de flexiseguridad como receta para ‘modernizar’ el derecho del trabajo o, a nivel nacional, el auge de la conceptualización del derecho del trabajo como herramienta funcional a la creación de empleo o como receta para ganar competitividad en un contexto de crisis económica, lejos de su papel como herramientas de protección o emancipación de las clases trabajadoras. Sería poco útil negar que este impacto se ha producido y que las políticas de derecho de los últimos años en relación con nuestra disciplina han sido concebidas desde perspectivas más cercanas a la economía ortodoxa y su percepción de la regulación laboral (derecho del mercado de trabajo) que desde perspectivas más acordes con la tradición legal, el laboralismo o el sindicalismo.  Como explicaba Gwenola Bargain, en los debates sobre las reformas laborales en Francia, los expertos invitados a los platós de televisión eran siempre influyentes economistas que hablaban en términos de competitividad y ocupación, manejando los paradigmas de la economía neoclásica dominante.

Parece necesario, por tanto, que los iuslaboralistas entendamos cómo se ha producido esta influencia para poder encontrar argumentos, no necesariamente económicos, aunque también puedan ser económicos, desde los que dotar de unos contenidos propios al derecho del trabajo. Contrastar los argumentarios economicistas con la realidad, dotar de contenido propio, laboral, al concepto de mercado (para desde ahí poder disputar su significado), explorar las avenidas de democracia industrial o constitución económica en su formulación original por Hugo Sinzheimer, son tareas que debemos emprender para recuperar la centralidad del trabajo en el discurso. Antes que rechazar la relación entre economía y derecho, que sería en todo caso una reacción defensiva sin anclaje en la realidad social, defender el papel del derecho en el funcionamiento de la economía para que este sea acorde con unos determinados valores democráticos que sin embargo se niegan desde una lógica exclusivamente mercantilizada. En juego esta, al fin y al cabo, una determinada concepción de justicia y sociedad, que pueda aceptar otros valores que los de eficiencia económica para la ordenación de su funcionamiento.

No obstante, lo complicado es encontrar un equilibrio en la exploración y el debate con los argumentos economicistas de la regulación del mercado del trabajo de tal manera que no caigamos en la necesidad de tener que justificar los contenidos y/o funciones del derecho del trabajo sobre la base de argumentos necesariamente económicos. El derecho del trabajo funciona con otras lógicas y protege otros intereses que los puramente económicos (aunque estos también están presentes), y dichos argumentarios también deben ponerse en valor por sí mismos, y no exclusivamente en función de su adecuación a un determinado modelo económico o a una determinada concepción economicista de la sociedad que insiste en la remercantilización del trabajo y de las necesidades sociales, olvidando en consecuencia los elementos igualitarios y sociales que conforman el ideal democrático del Estado Social.

No querría terminar estas crónicas sin una pequeña muestra de agradecimiento no solo a los organizadores, sino también a todos los participantes, que han hecho posible el evento. Así, más allá de los nombres que han ido apareciendo, los debates que he intentado resumir en estas líneas se han alimentado de la participación activa de Helena Ysas (Universidad Autónoma de Barcelona), Andrea Peripoli y Nastazja Potocka-Sionek (Instituto Universitario Europeo, Florencia), Attila Kun (Universidad Károli Gáspár, Budapest), Claire Claire Mummé (Universidad de Windsor, Canadá), Cristina Inversi (Universidad de Manchester), Eva Grosheida (Universidad de Ámsterdam), Gabór Fodór Law Partnership Ferencz, Fodor (Hungría), Inga Thiemann (Universidad de Exeter), Markus Capello (Universidad Modena y Reggio Emilia), Samiha Said y Silvia Rainone (Universidad de Tillburg), Venera Protopapa (Universidad de Verona) y Vladimir Bogoeski (Hertie School of Governance, Berlin). Todas y todos hemos dedicado un tiempo importante a trabajar el futuro del Derecho del Trabajo, tiempo de trabajo intenso, pero también tiempo de vida en común, de fraternidad y de provecho colectivo.



viernes, 7 de septiembre de 2018

REPENSANDO EL TEMARIO DEL DERECHO LABORAL: INMIGRACIÓN Y TRABAJO



No es de extrañar que en la cultura jurídica laboralista el tema de la inmigración destaque como una materia central sobre la que se debe reflexionar tanto en relación con las políticas que disciplinan el flujo migratorio como sobre las condiciones concretas que se aprecian en el trabajo materialmente prestado por los inmigrantes, su relación con el llamado trabajo irregular o informal, y la necesidad de no separar a este colectivo del resto de identidades que pueblan el espacio del trabajo asalariado. Sobre esta tema se ha discutido también en el campo de verano “Trabajando el futuro del derecho del trabajo” que se comentaba en el post anterior del blog, y también en esta ocasión nuestro cronista es el profesor de la UCLM Antonio García-Muñoz Alhambra. En ese debate hay que tener en cuenta que las sensibilidades del sur y del norte pueden variar a la hora de comprender “el lado laboral” de la inmigración, que sin embargo no puede concebirse sin la afirmación de un radical principio de igualdad de trato en las condiciones de trabajo y empleo con las y los trabajadores del Estado en el que presten sus servicios, con independencia de si tienen o no permiso de trabajo, como afirma la LOEX española – aunque este principio no se traslade incorrectamente a la relación jurídica de seguridad social – y mediante el fomento de la organización colectiva en sindicatos como forma de responder a las vulneraciones cotidianas de derechos laborales y humanos que sufren estas personas. Este es el resumen de los debates que se celebraron en el final del verano:

La segunda jornada del encuentro en San Vito dei Normanni abordaba un tema de completa (y en el caso italiano, trágica) actualidad: el fenómeno migratorio. Se trata, sin duda, de un tema clave en el momento histórico actual, con especial urgencia en Europa, donde la migración se ha convertido en el centro del debate político en muchas elecciones nacionales y regionales, como lo fue en el Brexit y lo será probablemente en la próxima campaña de las elecciones europeas.

La coordinación de la sesión estaba a cargo de Manoj Dias-Abey (Universidad de Bristol) y Andrea Iossa (Universidad de Lund), que llevaron a cabo sendas presentaciones en las que, por un lado, ponían en contexto global la realidad de las migraciones y, por otro, analizaban como caso de estudio la evolución de las políticas suecas de migración y asilo.

A diferencia de lo que sucedía en relación con el medio ambiente, la migración no es un tema ajeno al pensamiento laboralista.  El punto de partida del debate estaba en la reflexión sobre las intersecciones entre derecho del trabajo y régimen migratorio y la interacción entre ambos, que genera como es sabido distintos niveles de vulnerabilidad y explotación de las personas migrantes y tiene un mayor o menor impacto en el mercado de trabajo y su regulación. 

En el análisis de esta intersección, la visión convencional de la regulación del fenómeno migratorio puede, y debe, ser contestada desde una óptica laboralista. En efecto, se trata de una visión excesivamente preocupada en regular el fenómeno migratorio en sí mismo, sin una conciencia clara de su impacto en el mercado de trabajo y mucho menos en las condiciones en las que las personas migrantes acceden o se ven excluidos del mismo (o al menos no una conciencia que se pueda expresar abiertamente, volveré sobre este punto). Así, la regulación en materia de migración genera en muchas ocasiones situaciones de vulnerabilidad laboral que deben ser combatidas: el estatuto de una persona de acuerdo a la regulación migratoria no debería tener como consecuencia una lesión de sus derechos laborales y, en este sentido, el discurso iuslaboralista debería defender la independencia de las protecciones que ofrece el derecho laboral a los trabajadores con independencia de su estatuto jurídico de acuerdo a las leyes migratorias. 

Gran parte del debate se centró en reflexionar sobre capacidad del derecho para excluir/incluir a los individuos en una comunidad, y en como pensar una relación entre derecho laboral y regulación de la migración que resulte incluyente e integradora y disminuya la vulnerabilidad (y por lo tanto la tendencia a ser explotados a niveles inaceptables) de las personas migrantes. De alguna manera, la tensión entre comunidad y pertenencia (identidad, podríamos decir) y migración es sumamente compleja. No obstante, la capacidad de la realidad material del trabajo como herramienta de inclusión social es incuestionable, por lo que evitar los estatutos diferenciados que fragmenten a los trabajadores es una medida funcional a la inclusión de las personas migrantes y a la creación de comunidad.

Sin embargo, el discurso no debe limitarse al impacto de la migración en las sociedades de acogida (y en el mercado laboral receptor) sino que el fenómeno migratorio se debe entender en una perspectiva más amplia, global, donde se aplica sobre los propios trabajadores el principio de división internacional del trabajo (se adivinan aquí divisiones estructuradas por criterios como la raza, además del sexo y la clase, residuos del sistema colonial). Es en esta perspectiva global donde las políticas migratorias de los Estados se vuelven sospechosas en relación con la conciencia de su impacto en el mercado de trabajo: parece que desde la perspectiva de la división global del trabajo la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes aparece estructurada por los Estados en favor de sus propios intereses (por ejemplo, en relación con los trabajos de cuidados, como una forma barata de welfare, necesidad acentuada en la época de la austeridad) o de los intereses de los empleadores. O en otras palabras: permitir un mayor nivel de explotación de los trabajadores migrantes es funcional a la acumulación capitalista global. En un sistema donde los movimientos de bienes y capitales son prácticamente libres y muy fluidos a nivel global, el control selectivo y estructurado por las leyes de migración del movimiento de trabajadores es uno de los atributos “normales” de funcionamiento del sistema que hacen posible una mayor explotación del factor trabajo.

En este sentido los laboralistas, más allá de la denuncia de casos extremos de abuso en el discurso de la esclavitud moderna, deben denunciar la vulnerabilidad estructural que generan los regímenes de regulación de la migración y oponerse a que tengan un impacto negativo en los derechos de las personas migrantes como trabajadores. No se trata necesariamente de una política de fronteras abiertas, sino de inclusión y participación igualitaria en la comunidad en la que se vive y trabaja.

De enorme interés resultó asimismo la segunda sesión abierta al público, donde participaron la profesora de la Universidad de Foggia Madia D’Onghia, el abogado laboralista (avvocato di strada, prefería definirse) Claudio di Martino y la activista Rosa Vaglio. Los tres invitados analizaron, desde distintos ángulos, la situación de los trabajadores inmigrantes en el sector agrícola de Puglia, más concretamente en la recogida del tomate, materia prima de la salsa de tomate que, desde esta región italiana, se exporta a todo el mundo. En las charlas de los invitados, donde se describía la realidad material de los inmigrantes, que viven en auténticos guetos en mitad del campo (desmantelados periódicamente por orden de los jueces),  entre el rechazo social al inmigrante (cuando es pobre) y la necesidad económica de su presencia como mano de obra barata, y que trabajan por salarios de miseria debido a su extrema situación de vulnerabilidad, se podía ver claramente la conexión entre el sistema económico global (que impone precios, como ironizaba Claudio di Martino, de 0,39 céntimos de euros por una lata de 700 gramos de tomate, lo que supone que el productor recibe un precio aún menor) y la realidad material de unas personas que se hace visible a nivel local, en este caso, en los campos y plazas (donde son recogidos de madrugada por los caporales) de las localidades agrícolas de Puglia.

Sin duda los insoportables niveles de explotación de estos trabajadores son posibles por su estatuto jurídico de inmigrantes ilegales, que facilita la inaplicación de cualquier tipo de legislación a su actividad, incluyendo cualquier tipo de norma laboral. Si, de hecho, se aplicaran las normas italianas vigentes en la recogida del tomate de la región de Puglia, como hacen en la iniciativa Sfrutazero (#SfruttaZero) presentada por Rosa Vaglio, sus condiciones de vida mejorarían muchísimo (podrían, por ejemplo, acceder a una vivienda) pero el precio de una lata de 500 gramos  de tomate queda por encima de los tres euros (aunque de momento las venden todas, gracias a los consumidores concienciados, no parece una alternativa que pueda competir a gran escala con los precios anteriormente señalados para los 700 gramos).

De nuevo la extensión de la crónica recomienda para aquí, aunque esta serie finalizará, si el titular del blog lo tiene a bien, con una tercera y última entrega.

jueves, 6 de septiembre de 2018

IMAGINANDO NUEVOS ESCENARIOS: DERECHO DEL TRABAJO Y MEDIO AMBIENTE




Es claro que hoy en día existe una verdadera y propia cultura de las y los juristas del trabajo europeos, que se entronca con el constitucionalismo democrático y social de cada ordenamiento interno respectivo, y que por otra parte es crítica con el formato que está adoptando la regulación del trabajo en el marco europeo y nacional, cuestionando las indicaciones neoliberales que remercantilizan el trabajo asalariado y lo confinan en el puro intercambio individual remunerado. Frente a ello, la comunidad de juristas no sólo proceden al cuestionamiento de estas tendencias, sino que también proponen modelos de regulación alternativos e imaginan nuevos escenarios en los que el derecho desempeña un rol relevante. Uno de estos espacios de debate y análisis, promovido por  Vincenzo Pietrogiovanni , docente italiano en la Universidad de Lund (Suecia) y en la de Bolonia, ha tenido lugar al final del verano, en una localidad de la Puglia, al que ha asistido el profesor de la UCLM y asiduo participante en este blog, Antonio García - Muñoz Alhambra, que ha realizado una primera crónica del evento examinando el debate sobre las relaciones entre Derecho del Trabajo y Medio ambiente. Este es el resumen de esta cuestión, a la que seguirá otras crónicas sobre las discusiones habidas en ese grupo de jóvenes iuslaboralistas europeos que quieren trabajar juntos el futuro del derecho del trabajo.

TRABAJANDO EN EL FUTURO DEL DERECHO DEL TRABAJO
(Working on the Future of Labour Law)
San Vito dei Normanni, Italia, 29 de agosto-2 de septiembre de 2018

“Trabajando en el futuro del derecho del trabajo” ha sido un evento atípico. Organizar un seminario internacional en San Vito dei Normanni, un pueblo agrícola de Puglia, donde no llega el tren ni hay servicio de autobuses digno de tal nombre, no ha sido un mero capricho, sino toda una declaración de intenciones de alto valor simbólico. Tampoco se ha dejado al azar el lugar elegido, llamado ExFadda: una antigua bodega abandonada y recuperada para la comunidad que ofrece trabajo a una media de 70 jóvenes en una localidad con altos niveles de desempleo. El evento ha estado, además, abierto a los ciudadanos de San Vito, los inmigrantes de los campos italianos, los trabajadores y sus representantes, y a todo aquel que tuviera interés. Desde el principio estaba claro que no iba a ser una conferencia al uso. En palabras del organizador principal, Vincenzo Pietrogiovanni, las razones de la localización del evento en San Vito eran las siguientes:

“(…) è stato facile capire dove tutto ciò dovesse aver luogo: in Italia, in Puglia, all’ExFadda. Lì non è semplice arrivarci. C’è chi ha viaggiato dal Canada per ben due giorni, o chi da Vienna ha comunque passato più di 10 ore bagagli alla mano. San Vito è la tipica provincia italiana. Lontana dal potere e dai grandi flussi finanziari, periferia dell’impero. Eppure, il camp non poteva non farsi qui. Ed è solo qui che sarebbe potuto andato così bene. Perché è qui che si intrecciano (nel peggiore dei modi) i problemi sociali, culturale, economici e politici di un intero paese, ma è sempre qui che la bellezza resiste ancora, è qui che le soluzioni possibili si fanno più affascinanti.”

El objetivo final del encuentro era constituir una plataforma, un lugar de encuentro para laboralistas críticos que se interrogan sobre el significado, actual y futuro, del derecho del trabajo. El pretexto: reflexionar sobre el derecho del trabajo; su vigencia y estatuto científico, sus bases teóricas, su relación con otras disciplinas y ramas de conocimiento y, en fin, el papel de los iuslaboralistas en la re-creación del mismo.

No obstante su carácter de pretexto, la reflexión propuesta ha estado perfectamente estructurada.  Durante cuatro días, se han debatido cuatro temas desde los que reflexionar sobre el derecho del trabajo y el papel de los laboralistas: medio ambiente, economía, migraciones, y automatización/digitalización del trabajo. Las sesiones se abrían con una presentación del tema, a cargo de alguno de los participantes, con referencias a una serie de lecturas propuestas en torno al mismo. No obstante, esta presentación era breve y servía más bien para plantear preguntas e iniciar el debate, que era el objeto central de las sesiones.

Durante el primer día el tema propuesto, derecho del trabajo y medio ambiente, colocaba a los participantes ante unos contenidos normalmente ajenos al derecho del trabajo. Las organizadoras de la sesión Ania Zbyszewska (Universidad de Warwick) y Miriam Kullmann (Universidad de Viena), presentaban la cuestión medioambiental como el tema más urgente que deben afrontar nuestras sociedades y del que, sin embargo, los laboralistas apenas hablan. ¿Cuál puede ser el papel del derecho del trabajo en relación con la crisis medioambiental?, ¿qué contenidos medioambientales se pueden pensar desde el trabajo?, ¿cuál puede ser el papel de los laboralistas en relación con este tema? Estas eran las difíciles preguntas que se ponían sobre la mesa.

Y sin embargo, trabajo y medioambiente, derecho del trabajo y crisis medioambiental, tienen algunos elementos en común sobre los que merece la pena detenerse. No en vano, ambos tienen su origen en la revolución industrial y existen en la forma en que los conocemos debido a un determinado modelo de producción (y consumo) industrial-capitalista. La externalización de los costes y los riesgos (y de la contaminación), la privatización de los beneficios, la apropiación de los comunes, o la división internacional de la producción y el trabajo, que suponen una explotación cada vez más intensa de los recursos naturales, conectan de manera evidente ambos fenómenos en la realidad.

Desde esta conciencia de que ambos fenómenos están intrínsecamente conectados, uno de los puntos abordados en el debate ha sido la existencia de una posible contraposición de intereses entre el trabajo (y los representantes del trabajo organizado, los sindicatos) y el medioambiente (y los grupos organizados de defensa del mismo, normalmente ONG). Es cierto que, a nivel intuitivo, parecería que ambos grupos tienen intereses contradictorios, puesto que a los trabajadores, en cuanto tales, les interesan niveles cada vez mayores de producción y consumo que se traduzcan en mayores posibilidades de trabajo, mientras que las ONG medioambientalistas defienden modelos de consumo decreciente y producción limitada. No obstante, la realidad demuestra que ambos grupos defienden con frecuencia los mismos intereses, aunque quizás de una manera no del todo evidente. En efecto, los trabajadores son también ciudadanos, y quieren vivir en un mundo habitable y saludable. El conflicto real no es entre trabajo y medioambiente, sino entre un modelo de producción industrial-capitalista y de acumulación de capital que necesita un crecimiento constante del PIB de un lado, y la sostenibilidad medioambiental, que obedece a un ritmo natural de renovación de los recursos, de otro. Esto ha sido entendido, también en la práctica, por los sindicatos de clase y las ONG medioambientalistas, que frecuentemente defienden los mismos intereses (así ha ocurrido, por ejemplo, en las cumbres por una globalización alternativa), aunque los sindicatos más corporativos o vinculados a un concreto lugar de producción o industria suelen anteponer los intereses cortoplacistas de los trabajadores (defensa de los puestos de trabajo) a los intereses más generales del medioambiente.

Otro de los puntos debatidos es el concepto mismo de sostenibilidad. Parece que no es suficiente con una definición tan vaga e imprecisa como “pacto intergeneracional”, sino que la persecución de la sostenibilidad debe centrarse en limitar y corregir los excesos de un modelo productivo que, liberado a sus propias fuerzas, conduce al colapso medioambiental. Vemos aquí una similitud con la función del derecho del trabajo, que es también un derecho de los límites a la explotación laboral y la iniciativa empresarial, para preservar valores ajenos al beneficio del empleador, como son la dignidad o la salud de los trabajadores.

Muy interesante ha sido también la reflexión acerca de los paralelismos entre la crítica feminista al modelo de producción (y al derecho del trabajo) y la cuestión medioambiental. La idea feminista de que la posibilidad del sistema de producción industrial-capitalista se ha basado históricamente en gran medida en apropiarse del trabajo “gratuito” de millones de mujeres que hacen posible la reproducción de la fuerza de trabajo, es trasladable a la capacidad del sistema capitalista de funcionar sin interiorizar las externalidades negativas que genera en el medio ambiente. La “reproducción” de los recursos naturales, que el sistema se apropia, hace posibles unos ingentes beneficios a costa del bienestar de todos. Beneficios que no se destinan, desde luego, a reparar el daño causado.

En cuanto a los contenidos del derecho del trabajo que pueden más directamente enlazar con la cuestión medioambiental, o, mejor dicho, desde los que se puede intentar expandir las fronteras de la disciplina para incorporar elementos de racionalidad ecológica, destaca una concepción amplia de la idea de seguridad y salud en el trabajo. Seguridad y salud en el trabajo, entendidos de una manera ambiciosa, no deben quedar circunscritos al lugar de trabajo en sentido estricto (medio ambiente laboral), sino que deben acompañar al trabajador fuera del lugar de trabajo, donde vive y donde reproduce su fuerza de trabajo (medio ambiente general). Así, la responsabilidad empresarial en relación con el medio ambiente (desde la perspectiva del derecho del trabajo, más allá del derecho penal y/o administrativo) debe expandirse a los impactos en el medio ambiente más allá del perímetro de la empresa. Esta concepción amplia, abriría la puerta a la intervención de los representantes de los trabajadores en cuestiones relacionadas con el impacto medioambiental de la actividad empresarial, por poner un ejemplo.

Es de destacar la atención que en esta sesión ha despertado una publicación pionera en castellano (lo que es remarcable en un evento internacional, en el que solo suelen tener visibilidad las obras publicadas en inglés), publicada por la editorial Bomarzo, y coordinada por la profesora de la UCLM Laura Mora Cabello de Alba y el profesor de la Universidad de Almería Juan Escribano Gutiérrez, titulado “La ecología del trabajo, el trabajo que sostiene la vida”, donde se abordan algunos de los debates comentados.

La primera jornada se cerraba con una de las charlas abiertas a la comunidad a las que se aludía más arriba, donde se presentaba el caso paradigmático de relación entre trabajo y medio ambiente que supone la existencia y funcionamiento de ILVA, la mayor acería de Europa, localizada en la localidad italiana, muy próxima a San Vito, de Tarento.

Activistas, políticos locales y académicos debatían, ante los ojos atentos de los vecinos, sobre una empresa que genera 14.000 empleos directos en la región y supone un porcentaje superior al 40% del valor total de las exportaciones de Puglia, pero que al mismo tiempo tiene un impacto medioambiental enorme (y desastroso), especialmente en la ciudad de Tarento. Tanto es así, que los jueces italianos han intentado en diversas ocasiones paralizar la actividad de la empresa hasta que la misma acometiese reformas estructurales que limitasen el impacto medioambiental de su actividad, pero el poder gubernativo, recurriendo a leyes ‘ad hoc’ basadas en el interés estratégico y económico de la empresa (que en la actualidad es privada), ha estado siempre dispuesto a corregir al poder judicial y dejar sin efecto las sentencias.

Quizás la reflexión más interesante del caso es la realidad de la ciudad de Tarento, donde algunas manifestaciones de trabajadores de la fábrica, defendiendo la continuidad de la misma como medio de proteger sus puestos de trabajo, se encontraban con la oposición de otras manifestaciones, defiendo la paralización de su actividad, protagonizadas por sus mismos familiares, que defienden su derecho a respirar un aire limpio y no enfermar prematuramente debido a las altas concentraciones de polvos tóxicos generados por ILVA.

Desde el sindicalismo italiano (FIOM /CGIL), se hacía una reflexión sobre la necesidad de abordar el conflicto desde una perspectiva más amplia, que supere la dimensión local, y que ofrezca alternativas a los trabajadores que pudieran verse afectados como consecuencia de las necesarias medidas de reestructuración de una empresa que destruye, literalmente, el medio en el que se asienta.
Termina de momento aquí esta crónica, visto que de otra manera la extensión de la misma seria poco razonable, prometiendo sin embargo futuras entregas que aborden el resto de las sesiones del encuentro.